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lunes, 28 de enero de 2019

"Viene junto con" poemario de Rolando Revagliatti





Se encuentran disponibles gratuitamente para ser leídas, impresas o incorporadas a bibliotecas virtuales, las ediciones electrónicas en PDF y en versión FLIP (Libro Flash) de la tercera edición corregida de “Viene Junto Con”, poemario (inédito en soporte papel) de Rolando Revagliatti.

Hemos agregado enlaces de ida y vuelta desde el índice a los poemas y viceversa para una navegación más cómoda por el documento.

Diseño integral y diagramación: Patricia L. Boero.

Puede descargarse en

lunes, 14 de enero de 2019

Fundación Vicente Huidobro: una evolución permanente



Por Luis Benítez



(De izq. a der.) Vicente García-Huidobro Santa Cruz, presidente de la Fundación; el poeta Mario Meléndez, encargado internacional de ésta, y el poeta argentino Carlos Juárez Aldazábal, en el Centro Cultural de la Cooperación, Buenos Aires, Argentina.

Establecida en 1990 en Santiago de Chile, la Fundación Vicente Huidobro preserva el legado del gran poeta chileno, uno de los nombres mayores del género en toda América, difundiendo su obra a través de múltiples actividades desarrolladas dentro y fuera del país. Entrevistamos a su presidente, Vicente García-Huidobro Santa Cruz –nieto del poeta- quien se refiere al pasado, el presente y los proyectos a futuro de esta pujante organización cultural.

¿Cuáles son los principios y objetivos que animan a la fundación que usted preside?

La principal responsabilidad de la Fundación es difundir la vida y obra de Vicente Huidobro, y conservar su patrimonio en condiciones adecuadas, y de acuerdo a las mejores técnicas. Otros quehaceres de la Fundación son estimular la investigación de las obras de Huidobro y actualizar permanentemente la cronología de su vida y obra, y participar en retrospectivas nacionales e internacionales sobre Huidobro, o sobre sus contemporáneos. También, difundir la obra de otros autores nacionales y extranjeros, estimular la lectura y el surgimiento de nuevos talentos.
Asimismo, estimular y apoyar desde nuestra experiencia la organización, clasificación y conservación de otros patrimonios artísticos. Chile es un país pequeño que posee un repertorio de voces poéticas singulares, algunas de ellas con presencia mundial, al punto que suele distinguírsele como país de poetas. Nuestra misión es educar a los jóvenes, y a los críticos, a conocer y valorar el maravilloso fresco de nuestras voces, más que a abanderizarse con una u otra. También, contribuir a la difusión de la poesía contemporánea, tanto latinoamericana como universal.

¿A qué se debe la vigencia de un poeta como Vicente Huidobro, dado el marcado interés que lectores y publicaciones manifiestan permanentemente acerca de él y sus obras?

De seguro no hay una razón única. Su personalidad creadora en constante evolución, su extraordinaria habilidad para anticipar lo nuevo, hacen que su obra siga siendo contemporánea, y que cada nueva generación la redescubra desde matices que la anterior no percibió, o valoró de igual manera. Al respecto, es reveladora la evolución del nombre de algunas retrospectivas y exposiciones internacionales montadas con motivo de su obra: “Huidobro en vanguardia”, “Huidobro vanguardia de la vanguardia”, y “Huidobro más allá de la vanguardia”.

Como se ha señalado, el elemento más constante en la vida de Huidobro es su evolución permanente y la fidelidad que mantuvo con su pensamiento en la medida que evolucionaba.
En las últimas décadas, cuando todo el mundo de la cultura ha revisado y recuperado las creaciones de los años 20, utilizándolas como fuente de inspira-ción, se aprecia que pese a los años transcurridos todavía la vanguardia histórica está vigente, y que Vicente Huidobro sigue también vigente. Sin duda, la evolución de la cultura y de la sensibilidad artística, favorece el reconocimiento de la obra Huidobro y que el lector la mire con ojos nuevos. Asimismo, la actual hegemonía de las comunicaciones, de las artes visuales y de la imagen, favorece a la obra de Huidobro; en particular, aquella poesía que no solo es para ser recitada, sino también, para ser vista. 
Como dice, Neruda, en 1968: “No hay poesía tan clara como la poesía de Vicente Huidobro… Multitud de sus versos siguen teniendo una frescura que parecían no tener, porque nacieron tal vez como elaborados por la inteligencia. Ahora vemos rocío en ellos, como si fueran hierbas matinales”.

El corriente año, 2018, marca el septuagésimo aniversario de la desaparición física del gran poeta chileno. ¿De qué modo la fundación que lleva su nombre conmemora este acontecimiento?

Estamos trabajando con mucho entusiasmo y energía en diversas iniciativas culturales: creación de las bases para el otorgamiento de un Premio internacional de Literatura Vicente Huidobro, lo mismo para un Festival Internacional de Poesía, a realizarse en Cartagena, Chile, de 2019 en adelante.
Este año creamos Ediciones Altazor, una iniciativa que ya publicó su primer libro - Poemas árticos-, y que busca editar 5 colecciones: Colección Espejo de Agua, obra poética de VH; Colección Vientos Contrarios, obra de VH en prosa: novelas, teatro, ensayos, manifiestos, cartas, etc. Colección Ecuatorial, obras de los autores más destacados de Hispanoamérica; Colección Horizon Carré, publicación de autores destacados de la poesía universal contemporánea; Colección Otoño Regular, publicación de antologías poéticas por países latinoamericanos y del mundo; Colección Pasando y Pasando, publicación de los estudios más relevantes sobre Vicente Huidobro.

Asimismo, en coedición con Editorial Universitaria, de la Universidad de Chile, publicaremos otras dos colecciones: La adormecedora de mares, que dará cuenta de las autoras más destacadas de la poesía latinoamericana y universal, y El oxígeno invisible, que publicará ensayos, artículos y entrevistas de destacados autores de la poesía hispanoamericana y universal.
En la actualidad, 18 libros de Huidobro están siendo editados en diversos países que parten desde Eslovenia, pasando por Croacia, Grecia, Italia, España, México, Costa Rica, Colombia, Brasil, Uruguay, y otros países más hasta llegar a Buenos Aires, lo que nos habla de su vigencia y del interés que despierta su obra en el mundo, donde incluso se están reeditando libros que cumplen 100 años de vida este año, como Hallalí, Ecuatorial, Tour Eiffel, Poemas Árticos, y el año pasado se editó Horizon Carré, que también cumplía 100 años.

En Chile, ya hemos editado en conjunto con la DIBAM, Adán, y están en prensa Papá o el diario de Alicia Mir, La próxima y Cagliostro, que editaremos con Pequeño Dios Editores. Y Tour Eiffel, en edición bilingüe; francés/español, que editaremos próximamente.

Otro capítulo muy importante han sido los numerosos homenajes a Huidobro en prestigiosas revistas internacionales. Recientemente estuvimos presentes en la exposición "Juan Gris, María Blanchard y los cubismos (1916-1927)", concretada en el museo Carmen Thyssen de Málaga, España, entre el 6 de octubre de 2017 y el 25 de febrero de 2018; y actualmente estamos en la exposición “Colección Telefónica. Cubismo(s) y experiencias de la modernidad”, que se concreta en el Museo Reina Sofía de Madrid, España, sin fecha de término. Posiblemente se extenderá por 3 años.
Además, estaremos presentes en varias ferias internacionales con obras de VH.

Para el futuro mediato, ¿cuáles son los proyectos a concretar por parte de la Fundación Vicente Huidobro?

En el futuro mediato tenemos dos frentes muy importantes que cubrir: En Cartagena, debemos aunar voluntades y recursos para dotar de un acceso adecuado al Museo Vicente Huidobro, que permita el acceso fluido de los visitantes durante todo el año; renovar con una nueva arquitectura la tumba del poeta, y desarrollar el Parque Internacional de los Artistas, en los terrenos que unen a la tumba con el Museo.

En Santiago, también debemos aunar voluntades y recursos para poner en valor un edificio patrimonial mediante la creación de un museo que exhiba la vida y obra de Huidobro en la principal ciudad del país; y que también albergue la dirección de la Fundación, el Archivo y Centro de Documentación de la misma.

La Fundación, con sede en Santiago de Chile
Oficinas y Centro de Documentación y Archivo: Merced 860, Santiago,
Casa Colorada - Museo de Santiago.
Teléfonos (56 - 2) 632 63 82 (+fax) - (56 - 2) 632 48 65


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lunes, 7 de enero de 2019

Min Kamp, dieciocho años después






Por Dinapiera Di Donato

─ Hemos ayudado a llevar esta casa durante muchos años ─ dijo─. Tanto tu padre como Erling se fueron de la ciudad, de modo que nos tocó a nosotros arrimar el hombro.

─ Es increíble lo que habéis aguantado─ dije.

─ No se trata de aguantar─ dijo─. Es algo que teníamos que hacer.

Karl Ove Knausgård. Tiene que llover (Mi lucha)

La grúa fue colocando la estrella hecha de cristales Swarovski en la copa del pino de 75 años ahora encendida en la Plaza Rockefeller.

El show de la calle te pone a brillar con ella y hueles como un cuento de nórdicos siempre expertos en novela negra bajo estepas blancas. Tranquila, nadie va a asesinar a las criaturas gigantes del Radio City Music Hall, o a Juan Diego Flórez una noche de nieve tupida saliendo de La Traviata, unas calles más arriba. Y los escritores latinos tienen demasiado con no hundirse en la brecha entre ideología y realidad. Sus burbujas acristaladas van y vienen a veces soltando astillas por las rasgaduras heredadas que otros cosen. No siempre te hiciste sacar los ojos ni has tragado fluidos angustiados a todas horas. Adicta moderada al cuerpo medicado, cuerpo embalsamado, cuerpo amputado. A veces logramos entre todos un monstruo humano. Son dieciocho años aquí, deshilachando mi lengua que no tiene puerto.

Los silencios entre los amigos sirven para vender el tema del silencio entre los amigos. La carrera para llegar a una biblioteca. La intermitencia de deseos inconfesables. ¿Nadie contará las intrigas para impedir que el vestuarista dominicano de las Rockettes siga desnudando las piernas más largas y sincronizadas de esta navidad mientras derriban un muro distópico sobre la ruina de tantas murallas cruzadas? Tranquila, ya está escrito.

La cuerda de los que me atan se adelgaza. Siguen siendo cuerpos que se vuelven libros.  La escritora de origen noruego,  La mujer que tiembla, calma las arritmias propias del miedo de lengua desviada y sorda. Y vuelvo a sentir a mis padres y sus mejores fracasos, con otro escritor de genes polares, gente con aspecto de gatos Bosques de Noruega, mechones de pincel de lince, ojos cazadores. Como los de mi noruego-venezolano, el escritor Ricardo Waale que no responde más al número que me dejó hace tiempo, cuando contaba cuentos de los aparecidos de sus calles. (¿Se iría del país?)

Antes, mucho antes de que ocuparan el territorio prometió buscarme. Todavía le quedaba un bosque de bonsáis de su madre. Todavía usaba perfume; una mezcla de cítricos, pachulí, lavanda, jengibre y enebro. Me queda la edición de sus doce relatos en Monte Ávila, con la foto de Carlos Herrera (1909-1988) en la portada; en un fondo brumoso, los faros de un auto, las siluetas de árboles que se disuelven en la niebla. Su padre y el mío probablemente llegaron a Caracas en esos años cuando se tomó la imagen. Un maestro de la fotografía que introdujo una de las primeras lámparas de flash cuando volvió al país. Algunos siempre vuelven.

Releo como si fueran cartas de cuando escribíamos ficciones políticas al borde de las garantías sociales: Créeme que he tratado de alzarme los hombros y usar gríngolas,  o gárgolas o górgolas o góndolas (seguro que esas palabras las inventaron los españoles por el mero gusto de joder más allá de la independencia, pero igual nos desquitamos y los fuñimos con gandolas; en fin, la guerra continúa).
Lo que gozaría Waale con la novela inglesa de la venezolana (otra de genes leoninos)  Eva Feld, The Beauty of Failure, de la que se dice que tiene la experiencia viva de la asimilación de una lengua en otra. Flashes de la lengua emigrante caníbal que dispara nuevas formas. Ella cuenta que su novela está hecha de un lenguaje contaminado. Un inglés imperfecto aprendido al garete, en tránsito, migratorio. ¿Son así las lenguas de llegada? Hasta que avanzan y se asientan. Si logran cortar. (Waalea: mi capricho nos ha atado a estas dos estrellas. Un día de estos podríamos alejarnos para viajar. Afortunados los pájaros, ahora nosotros).

Suelto a ciegas. Ha pasado mucho tiempo desde la primera navidad vivida acá. Al principio la mudanza diaria de escenarios para vender me fascinaba. Luego me aturdía. Después llegó la indiferencia interrumpida por los viajeros que querían fascinarse, aturdirse, aburrirse, expulsarse de  La Gran Transición cuando el día a día impusiera la lucha por no gastarse la cuerda y no se contaba ya con niños o visitas para iniciarlos en el cruce de burbujas.  Ahora no me importaría caer cerca del Prometeo encadenado a su peso dorado y fijo de la plaza de los patinadores,  convertido en un dije de la enorme cadena de turistas que pagarán con creces el sacrificio de un abeto noruego donado a la ciudad por una familia que cree que la ciudad bien vale la pena. Preservarla de los dramas históricos de sus habitantes.

Pero la grúa diminuta que mis hermanos introducían en el pesebre cuando dormíamos y ellos alteraban con su actualidad la vida antigua del árbol, empieza a hacer su trabajo en las memorias. Vuelve el Nacimiento con un aeropuerto, supermercados y bombas de gasolina de legos; un robot explorador desafía al Pinocho de plástico defendido por vaqueros, soldados y espadachines, la colección de Topo Gigios y mi muñequitas Little de Mattel negocian con los pastores, el gato vivo naranja con su collar de luces intermitentes se duerme sobre una aldea escarchada y los broches y collares desaparecían de sus estuches robados para sustituir las bolas de vidrio quebradas en aquellos juegos de cada noche de diciembre.

jueves, 3 de enero de 2019

Concursos literarios enero



Cursos
15 de enero, inicio nuevas convocatorias.
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CONCURSOS: ÚLTIMAS CONVOCATORIAS RECIBIDAS
Premios Ciudad de Salamanca;  Premio Café Bretón; Premio de Narrativa Alcobendas “Juan Goytisolo 2019”; Premio Desnivel de Literatura de Montaña, Viajes y Aventuras; Premio Bruguera de cómic y de novela gráfica... Cada semana informamos de unas cien nuevas convocatorias (todos los géneros literarios). España y Latinoamérica. Bases completas. Fuente original (no copias inexactas o fraudulentas).
CONCURSOS: clasificados por género literario, por país, medio de envío...
TODOS LOS CONCURSOS  /   ENVÍO POR EMAIL  /  NOVELA /  POESÍA  /  CUENTO Y RELATO  /  INFANTIL Y JUVENIL  /  PERIODISMO Y ENSAYO /  OBRA PUBLICADA  / TEATRO Y GUION  /  POR PAÍS /  RESULTADOS  /  BÚSQUEDAS /  INFORMACIÓN /ÚLTIMAS CONVOCATORIAS DENUNCIAS- AVISOS

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miércoles, 2 de enero de 2019

Buena salud de la poesía en Miami




Por Luis Benítez

Aquí [Ellas] en Miami. Selección de poetas miamenses (Katakana Editores, Miami, USA, septiembre de 2018, 126 pp, ISBN 978-1732114432)

El pujante sello estadounidense Katakana Editores no se detiene y hace pocos meses incorporó a su ya conocido catálogo un nuevo título: Aquí [Ellas] en Miami, ajustada selección de veinticuatro autoras, de diversas nacionalidades, que realizan sus búsquedas estéticas en esta ciudad de La Florida.
El volumen permite apreciar los logros alcanzados desde distintas ópticas dentro del género contemporáneo, fuertemente signados sus alcances por compartir el mismo ámbito urbano. Sin  embargo, nuestra lectura permite advertir página tras página la singularidad de la experiencia poética en cada caso, lo que lleva inmediatamente a concluir que Aquí [Ellas] en Miami posibilita al menos dos tipos de recorrido. El primero, atendiendo a la especificidad del universo de cada autora, sus características y singularidades, determinando los límites y los alcances de lo plasmado en el libro. El segundo, más general y que surge en simultáneo con el viaje que implica la lectura anterior, es de índole más general, pues Aquí [Ellas] en Miami facilita la interesante posibilidad de apreciar el conjunto como una polifonía, un coro de vivencias y tonos que conforma una suerte de amalgama, un conjunto no cerrado sino abierto a la interpretación del volumen como una unidad bien plasmada.

Acertadamente y fiel a su consigna de brindarnos a los lectores el acceso a lo plasmado primeramente en otra lengua, el sello ha tomado en cuenta incluir la traducción a nuestro idioma de aquellos trabajos que, en su versión original, fueron escritos en inglés. Tal es el caso de los poemas de la estadounidense Mia Leonin (traducidos por Rosa Verdeja y Patrick Shironshito).

La gran variedad de estilos y recursos que exhiben y muy bien manejan las poetas incluidas en esta selección le brindan un intenso ritmo a toda la obra, con destacados matices donde se plasman la nostalgia, el rigor del desamparo, las ansias liberadoras, la esperanza y su angustiosa contrapartida, así como la memoria, el sentimiento amoroso, lo erótico, el temor, lo vertiginoso de nuestra época, la ilusión y la certeza. En suma: buena parte de lo que conforma la condición humana en el presente y en un rincón del mundo determinado, pero que por mérito y destreza de las poetas incluidas en Aquí [Ellas] en Miami puede ser compartido por lectores de cualquier punto del planeta, accediendo así a universos individuales que tendrán su inmediato reflejo en la sensibilidad que recorra atenta estas páginas.

Conforman con sus textos este libro: Lourdes Vázquez (Puerto Rico), Rosie Inguanzo (Cuba), Mia Leonin (USA), Kelly Martínez-Grandal (Cuba), Odalys Interián (Cuba), Martha Daza (Colombia), Susana Biondini (Argentina), Yosie Crespo (Cuba), Lizette Espinosa (Cuba), Glenda Galán (República Dominicana), Teresa Cifuentes Plá (Cuba), Ana Kika (Cuba), Judith Ghashghaie (Venezuela), Maricel Mayor Marsán (Cuba), Alejandra Ferrazza (Argentina), Ximena Gómez (Columbia), Ena Columbié (Cuba), Legna Rodríguez Iglesias (Cuba), María Juliana Villafañe (Puerto Rico), Gloria MiládelaRoca (Venezuela), Pilar Vélez (Colombia), Beatriz Mendoza (Colombia), Lidia Elena Caraballo (Cuba) y Rubí Arana (Nicaragua).

Poemas reunidos, de César Bisso




Poemas reunidos
César Bisso

Datos de autor

César Bisso (Coronda, Santa Fe, 1952) ha publicado los siguientes libros: Poemas del taller, La agonía del silencio, El límite de los días, El otro río, A pesar de nosotros, Contramuros, Isla adentro, De lluvias y regresos, Las trazas del agua (antología), Permanencia, Cabeza de Medusa, Coronda (antología) y Un niño en la orilla. Fue galardonado con los premios José Pedroni, José Cibils, Honorarte, Fundación Acero y Fundación Argentina para la Poesía, entre otras distinciones literarias. Es sociólogo y profesor de la Universidad Nacional de Buenos Aires.

Ha integrado diversas antologías nacionales e internacionales. Coordinó talleres de escritura del Rectorado de la Universidad Tecnológica Nacional. Colabora con notas de opinión y trabajos literarios en numerosas publicaciones del país y del exterior. Algunos de sus textos fueron traducidos al inglés, francés, portugués, italiano, alemán, turco, esloveno y rumano.  Fue co-organizador de Primer Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires en 1999 e invitado a participar en diferentes ediciones en la Feria del Libro de Buenos Aires; en los festivales internacionales de poesía de Granada (Nicaragua), Lima (Perú), Rosario (Argentina); y encuentros culturales en La Habana (Cuba), Puerto Varas (Chile), Montevideo (Uruguay), Caracas (Venezuela), Paris (Francia), Bruselas (Bélgica) y Barcelona (España), entre otros.

           
Se vive una época en que todos contemplamos al mismo tiempo la misma imagen y obtenemos parecida información. Una de las posibilidades de escapar de esta tenebrosa red, se basa en la utopía de retornar al lenguaje de nuestros antepasados. A una cultura ligada a nuestros actos, creencias, hábitos, ritos y costumbres más arraigados. Frente a esa realidad, el poeta debe ayudar con su escritura a revivir la sensación primitiva de hacer llover -al decir de Paul Válery- y no dejarse domesticar al compás de una práctica convencional que sólo le posibilite ver la lluvia.

Frente a los mecanismos tecnológicos impuestos desde los poderes hegemónicos, nos vemos obligados a interrogarnos acerca de la manera en que podríamos recrear un nuevo cuerpo social. El eje central de esta tarea pasa indefectiblemente por el lenguaje de las palabras. Sólo a través de él tenemos la posibilidad de reconstruir esta realidad signada por la discontinuidad cultural y la fragmentación social. En suma, sólo la escritura tiene la capacidad o la eficacia simbólica de representar todos los valores y creencias que configuran nuestra vida cotidiana.
Es probable que el poeta lea un poema frente a un centenar de oyentes, pero jamás logrará que ese centenar de receptores escuchen el mismo poema. La poesía gobierna en la más pura de las anarquías.
El poeta mira al mundo desde el borde del poema mientras espera  una epifanía.


Contra viento y marea

I
La palabra desgarra,
grita, alumbra.

II
Desesperar. Seguir siendo.
Quebrarme. Mirar más allá,
a pesar de mí.

Para que pese menos
el silencio.

III
Tiembla el poema
ante quien lo desea.

Espejo abolido
la impaciencia del fuego.
Marejada y hambre
donde crepita el cuerpo
de la palabra.

IV

Perdida al fondo de una página,
no advierte que los párpados
se vuelven muros.
Y el poeta resplandece en el infierno.

La culpa

El poema es culpable porque vive al desamparo,
se acalambra de hambre, delira con el frío.

Es culpable porque nos quita el antifaz,
escupe las sábanas de los impostores,
orina sobre los oráculos.

Es culpable porque muda el rumbo de la noche,
se emborracha de miedo,
sustrae a la hiena la carroña de la boca,
conserva la última moneda,
anda desnudo por el inframundo.

Es culpable porque asesina un adjetivo
y reprende al verbo del delito.
Repara con su voz todo aquello que enmudece.

El poema es culpable porque no sabe ser inocente.

Otro camino

Lo que la poesía dice el poeta nunca lo sabrá.
Simulan ir por la misma senda. Pero no.
El poeta responde la pregunta de los otros.
La poesía habla para sí. Es su propio espejo.
El poeta celebra la vida cada mañana,
quiere sujetar el mundo con un puño.
La poesía va desnuda,
en ella el hoy es para siempre.
El poeta vislumbra el rumbo de la pasión,
la sangre derramada en cada batalla.
La poesía no lastima.
El poeta abre los ojos de la conciencia.
La poesía ve más allá. Gobierna la palabra.

Presagio del guerrero
Antes de la batalla, preso de somnolencia
te vuelves enemigo de ti mismo,       
susurras palabras imprecisas,
tiemblas con la fuerza de un tambor.

Has ingresado a la región del sueño
en busca de ese animal invisible
que nunca podrás vencer.

Entonces vuelves desnudo al poema,
quebrado por dentro, ya sin furor. 

Y buscas una palabra para el desencanto.    

Hechicería

Quien ingresa desnudo a la casa de Albina
seguramente retorna del infierno más bello
por la calle de la locura y los pies sangrados.

Ha deseado que se abra otra puerta
y un pandero de luz repique los oídos.
Intuye que un papel vuele de la hoguera
con palabras de la diosa
hasta que la mano estalle como un talismán
en medio de ángeles caídos.

Resiste hasta el último aliento,
clavado en las puntas de su propia cruz.
Ya prestó atención al susurro de las musas,
lavó su herida en una pócima de sal.

El misterio corre ciego tras el verbo.
La hechicería está a punto de revelarse.

El poema queda huérfano antes del amanecer.

La vuelta

Soy el país oscuro, remoto.
Estuve aferrado al silencio,
la vigilia tortuosa y plural.

Para ver, cerraba los ojos.

Lo relativo era minúsculo.
La certeza, trivial.
Lo cotidiano, un viaje infinito.

Cuando vi luz hallé tu nombre.

El profeta

Desde siempre recorre ciudades del mundo.
Observa distante cómo el reino humano
desvanece ante los torpes giros de justicia.

Sabe: nadie avala el derecho de los infelices.
Tampoco cree que la fuerza del Poder
restituya el instante de liberación
que la vida concede a quienes se inmolan
por una causa justa.

Medita sobre los actos innobles
que los hombres acumularon en todos
los territorios y los siglos.

¿Víctimas o verdugos? reflexiona.
¿La historia dice? ¿La memoria calla?
Sabe: la historia no dice, la memoria habla.

Todas las ciudades armonizan con la muerte.

Mi Otro
           
Nada concluye, menos la locura.
Guardas la lluvia en tus manos. Encadenado,
alzas el pan y lo trozas en partículas de odio.
Multiplicas la sinrazón, asumes la rutina del hospicio,
la prisión de quien no quiere oír,
mendigo del espanto, gota de niebla que cae
por peldaños de olvido. Así transcurre la vida.
Y detrás del muro, yo, anestesiado, ciego.
¿Puedes acaso regresar? ¿Puedo regresarte,
hacerte feliz, comprender tu deseo de amar,
explicar que alguna vez volverás a cruzar el muro
y nadar en el río de la sensatez?
No te das cuenta. Resulta imposible alcanzar la luz.
Me cuesta decir que lo bestial también gobierna.
Y que la libertad es solo un atributo de la muerte. 


Lunas

Jamás soñé una noche sin luna.
Bajo su luz todo es posible.
El amor tiene brillo de cuerpos desnudos.
Los pueblos encienden misterios insondables.
Las luciérnagas vuelan más alto.
Los ojos del niño titilan sin temor.
Una noche de plenilunio es puro regocijo.

Si no hubiera luna los pueblos se apagarían.
La mirada del niño sólo ofrecería miedo.
Las luciérnagas no dibujarían parábolas.
Enamorarse sería partir el pan de las bestias.

En mi país hubo noches sin luna.
El terror anidaba en las manos del niño.
Fue galope asesino en cada luciérnaga.
Aniquiló plazas y calles misteriosamente.
Derrotó los cuerpos que alumbraron el amor.

Esta noche mi hija pregunta por qué no hay luna.
Comienza a titilar el miedo.
Tanto desamparo derrumba el último caserío.
El viejo dolor vuelve a padecer aquella enfermedad.

Una luciérnaga atraviesa lo que resta de alma.

Durar

Tu deseo por vivir
tocó lo prohibido
con la punta de los dedos
y de pronto
una falange tras otra cayó
y gota a gota la sangre
y en cada desgarro la sangre
y entre huesitos rotos
la espesa y lenta sangre
ahogó noches y días.   

Nunca duró tanto la muerte.

Sobre la arena

Observo aquellas criaturas.
Saltan la espuma del mar,
ríen, juegan, resisten
por encima
de todos los pesares.

La tarde se pliega
entre nubes rosáceas
horizontalmente felina.

El artificio del lenguaje desoye la brisa.
Distrae.
La vida pierde elocuencia
más acá de los ojos.

Cierro el diario y regreso a la orilla.
No hay olas asesinas al acecho,
casas de fuego devoradas por la memoria,
ángeles y demonios
encerrados en jaulas de papel.

Ante mí, niños ataviados de sol
salto tras salto
ascienden al sueño que no acaba.

Una sombrilla hundida en el médano
sostiene la realidad a este lado del mundo.




Aquellas tardes

Aún endulzan aquellas tardes 
el grávido pan de la memoria.                                  

Aquella mansa tierra henchida.
Aquel zarpazo impuro del arado.
Aquella fragancia de la siembra.

El tajamar ardido de perdigones.
La voz del viento en las espigas.
El desvanecido árbol del sueño.                               

Oh, suave exhalación del alma
cuando te abrazabas al horizonte
bajo el abrigo diáfano de la lluvia.
                                  
Madre, ¿recuerdas lo que amaste?

Los girasoles

Con frecuencia los miraba atentamente.
Nada parecía tan estremecedor
que aquellas órbitas amarillas
extraviadas en los muros del crepúsculo.
Nada se parecía tanto a un sueño
cuando el majestuoso silencio del campo
sorprendió al niño desamparado.

Entonces tuve miedo
y corrí llorando a los brazos de mi madre.

Para no morir

Escribo con el agua
sobre la piedra violácea
del sueño.

El río se deja oír.

Otras voces muerden
la carne viva del ocaso.

Orilla de infierno.

Queda vacía la palabra
y fuga entre hojas
hacia la boca de la noche.

No saber

El río persigue lo que no fue dado.
¿Bastarían credo, diálogo, letanía,
ascender al espacio de inmortal verdor?
De haber diluvio, sacramento, caos
en el cielo y en la tierra ¿tendría
la eternidad rumbo de aguas estancadas?

Brotan incontables ojos en medio de la isla.
Alrededores de espuma. La serpiente ignora
y desliza fuego de cometa terrenal. El destino
no acaba en su veneno ni en mi resistencia.
Miro el río. Estremece no saber lo que da.   

Pescador del Carancho Triste

El pescador huele a silencio.
Al alba tiende las redes en el anchuroso cauce.
Mansamente rema hacia la otra orilla,
inclina el torso a un costado de la canoa
y recoge desde la hondura los frutos sagrados.
El filo del cuchillo apresura la muerte,   
dedos carcomidos hurgan entre anzuelos. 
Al mediodía, del aro de metal descuelga la carne
y una olla con grasa caliente la vuelve fritura.
La siesta traspasa la marisma y venera al sauce.
En el rancho el hombre friega la oscura corteza,
dispersa escamas por encima de su compañera.
Fornica como si alzara con regocijo un dorado.
Después regresa al oficio de tallar en el agua.
El pescador nada pide y poco tiene.
En la pobreza reside su donación a la vida.
Atizado por el vino, alardea con el nombre del paraje:
aquí la gente come hasta las tripas de lo ganado.

El carancho vigila, tristísimo, sobre la rama.

Garza mora

Serpentea el alba.
Con plumaje de luz
busca la fina porcelana
en el fondo de la laguna.

Abandona su vuelo
quien desde la orilla ignora
la armonía del cosmos fluvial
y comienza a desandar
el quebrantado rumbo del día.

Entre dos cielos,
la vida descansa en una sola pata.


Criaturas de la orilla

Quien se desliza por la orilla es el hombre, no el agua.
Ella está quieta, enlutada de invierno.
Abriga lívidas criaturas deseadas por el cazador.
El párpado no se cansa, intuye lo que vendrá.
Sombras montaraces ondulan el crepúsculo.
El disparo es silbo de viento perezoso.
Un ruido expira entre alas de siriríes que se alzan tras los juncos.
El paisaje transforma el gesto del hombre, no el canto enfurecido.
¿Adónde va la sangre, dónde cae el plumaje sin cuerpo?
El cazador alza la presa sobre el hombro y retorna a la guarida.
Los patos orbitan la orilla. La calma surca el barro.   
Sólo el silencio espera la muerte futura.
El agua es la última fortaleza.

Caballo de Vivoratá

Solo
en medio del pajonal
envuelto en bruma,
anclado como un álamo.

Solo
sin jinete en el lomo.
Ojos abiertos al horizonte,
centinelas de su propia sombra.

Solo
entre fango y vizcacheras, 
hunde sus patas en el bañado
a la espera de una lluvia lerda.

Solo
en medio de la soledad
apaga el sol con un relincho.

Y hace desaparecer la tarde.

Nada he perdido

La infancia bendice aquellos días
y vuelve a encender la mirada
del pasionario
en el mismo sitio donde amar
dolió por primera vez.

Por ella transito sin prisa
la mansa calle de arena
trasmudando
de norte a sur
olores de frutales,
música de almácigos
que levan ardientes 
al fondo del verano.

Entre el niño y el hombre
los retazos del corazón
se han vuelto añosos camalotes
y boyan
entre el agua y el silencio.

Nada he perdido.
Sigo aquí, pasajero indolente

que trasborda hacia la isla
y convierte en Caronte
la orilla del milagro.

Aún navego el río de la insensatez,
custodio el sábalo que pendula
cerca del barro, bajo cielo de agua.

Vuelvo a empuñar la voz de mi padre,
el aduanero,
que desgaja la casa de madera
férvida, inmóvil, en medio de la noche.

II

Lo que no pude ser también está aquí.

Más allá del sueño imperfecto
el horror de mis ojos tributa una patria.
Triste la amé sin conocerla,
sucumbí al perdón por no despertar.


Conservo el canto obstinado,
la duda, el miedo, la misericordia.




Nada he perdido.
La única derrota inmerecida es la del corazón.

III

El hombre perdura en la infancia.
Sus dones, ritos, plegarias.
El sacramento del pan,
el conjuro de las tumbas,
fantasmas adormilados,
camalotes plegados al devenir,
tacuaritas que no extraviaron el vuelo,
la calle, los olores, el patio infinito.
Y la mirada, que siempre regresa.

Todo está aquí.
En la embriaguez del dolor zozobra el olvido.

Quien deja este pueblo abandona el mundo.