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lunes, 14 de octubre de 2019

Rolando Revagliatti: ¿Leerán estos versos? Estoy probando. – La Libélula Vaga



Yo siempre seguí todas


Yo siempre seguí todas las pistas

y no siempre di con el culpable
inequívoco, cierto

Necesitabas un culpable absoluto, sí

pero
         ¡¿confeso?!


Pregunto


¿Me querés decir qué procesión
va por dentro?

¿Qué hace mi trigémino sentenciándome
al oprobio de su inflamación
de la de él
inquieto por mi vida?

¿De qué se quejan mis pasajeros?
¿del rumbo?


*


No permeable


Llueve semen

Moja raro

Bástame el pilotín

del aburrimiento.





Me autorizo


Me autorizo por lo que soy:
el dolor:
odio

Y cuando carne soy que propaga

Me autorizo por lo que siento:
el odio:
duele.


Corren

Corre
por encima de las luces el animal
hacia
         el sacrificio

y el chico lo corre
                               al animal.




Yo ya


Yo habría tratado de encontrarlo en el cuerpo
yo hubiese tratado de encontrarlo cuando era mío
cuando era el mío
mi cuerpo

Yo había ya tratado de encontrarlo
era mío
cuando traté

Acudí
tratando de encontrarlo
en el cuerpo
cuando era mío

Lo era
sólo cuando
allí
trataba de encontrarlo.





No me hace preguntas


No me hace preguntas mi casa
lo sabe todo
todo lo sintió

Si no es inquisitiva es por su forma
de saber y de sentir

No me humilla
nunca
ni me compadece
ni me juzga

También así
es mi cama.




4 años & 3 meses


4 años de un infierno
y sólo 3 meses de felicidad

Para estos lugares
comunes
requiero un bolero

Un intérprete
preciso también

Deslizarse en el dramatismo
irisarse en el desliz

Espléndida la ignominia
de durar caliente
y humillado.





Leerán estos versos


Arbitrarios
me sacan de la cama
mis borceguíes
de vez en cuando
me patean
en mitad de la noche
duramente

¿Leerán estos versos?
Estoy probando

Inmortalizados
acaso
reconfortados
así renuncien
al asalto
inopinado
y nocturno.

Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, República Argentina. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos y relatos y quince poemarios, además de otros cuatro sólo en soporte digital. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com. Ha sido incluido, entre otras, en las siguientes antologías: Dramaturgia Latinoamericana: Argentina (en República Dominicana, 2008); Minificcionistas de ‘El Cuento’ Revista de Imaginación (en México, 2014); Poesía Argentina Año 2000 (Tomo 1, selección de Marcela Croce, 1999), MeloPoeFant Internacional (bilingüe castellano-alemán, coedición en Perú y Alemania, 2004), Pequeña Antología de la Poesía Argentina (selección de Jorge Santiago Perednik, 2004), El Verso Toma la Palabra (México, 2010), Italiani D’Altrove (bilingüe castellano-italiano, Italia, 2010), El Cine y la Poesía Argentina (selección de Héctor Freire, 2011), etc. Sus producciones en video se hallan en http://www.youtube.com/rolandorevagliatti y en https://vimeo.com/user19828367/videos

domingo, 13 de octubre de 2019

Adriana Gaspar: la corporización de lo ominoso o una artista del síntoma




Por Luis Benítez

El pasado jueves 3 de octubre se produjo la inauguración de la muestra “Identidad”, de la artista plástica Adriana Gaspar (Buenos Aires, 1958 *), en las instalaciones de Espacio Y, Lugar Cultural, de la Ciudad de Buenos Aires. El ámbito en cuestión, dirigido por Cristina García Oliver, ya tiene un calendario propio y bien reconocido por el espectador porteño en el curso del año.



Gaspar: sutil puesta en evidencia
Sin duda, este nuevo encuentro con lo público, por parte de la artista argentina, señala una de las líneas ya constantes en su vasta obra, que se expresa a través de lo pictórico empleando variadas técnicas, así como en la creación de objetos artísticos a partir de diferentes materiales. Es el trabajo de Gaspar fuertemente expresivo y la línea de referencia en esta muestra está atravesada por la puesta en evidencia de la problemática de género, no plasmada propagandísticamente ni apelando al simple panfleto visual. Por el contrario: en sus obras la línea se manifiesta sin retaceos a través de sutiles intervenciones operantes en la imagen ofrecida a la sensibilidad del espectador, que acrecientan señaladamente la potencia de cada trabajo.

La cuestión genérica se nos revela, gracias al arte de Gaspar, con toda su compleja estructura de vulnerabilidad, pérdida identitaria, sometimiento secular al maltrato, el abuso y la degradación, así como al odio por lo ajeno y otro, plasmado en las puntualizaciones ejercidas por las obras acerca de cuanto refiere a la mutilación, el ocultamiento, el horror y el envilecimiento. No en balde en esta muestra, significativamente titulada “Identidad: Relato de una búsqueda en ausencia”, Gaspar eligió la tridimensión como la base desde donde disparar sobre el que contempla. Al corporizar, saliendo del plano y del universo signado por la línea y el color, lo que hace es agregar cuerpos donde ya no están o bien se encuentran amenazados por un “ya no estar” pendiente siempre sobre sus cabezas. Surge así, de las diferentes facetas que conforman la muestra, el clima general del unheimlich, concepto habitualmente traducido del alemán como “lo siniestro”, muy divulgado a partir del título de una obra de 1919 publicada por Sigmund Freud (1856-1938). Sin embargo, en lo puesto en tridimensión por Adriana Gaspar el término parece retomar las condiciones denominativas que le daba, antes de Freud, el filósofo germano Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling (1775-1854), referente clásico del idealismo romántico alemán. Es Schelling el primero en  hablarnos de aquello que resulta “extraño e inquietante”.



La artista del síntoma
Como sabemos, tradicionalmente el concepto de belleza ha sido reconocido como la cumbre máxima en términos del arte, por vetusto que ello nos resulte ahora, en el siglo XXI, y una de las visiones estéticas que carcomió esa predominancia fue –precisamente a partir de fines del siglo XVIII- el surgimiento y la valorización creciente de una nueva categoría, la del arte que indaga y se apropia de los dominios de cuanto extraña e intranquiliza, porque nos señala que algo que estaba destinado primariamente a quedar soterrado, prohibido a la mirada, vedado a la consciencia, de todas maneras se ha manifestado y ya no podemos ignorar su existencia: eso es, desde la estética, lo unheimlich. También definido –y no son apreciaciones opuestas sino complementarias- como lo ominoso que nos resulta familiar, ya conocido y por eso más temible, el unheimlich en la obra gaspariana y marcadamente en “Identidad: Relato de una búsqueda en ausencia”, es la corporización de lo femenino mutilado, vejado, reventado, ensuciado, negado, ocultado, en definitiva, sancionado por el orden patriarcal que  no tolera su puesta en evidencia ni la denuncia de sus actos, pero que desde lo fantasmático, lo sintomático, justamente esa sutileza del arte de Gaspar, vuelve una y otra vez ante nuestros ojos que ya no podrán cerrarse ante él, como quiere y ordena la jerarquización dominante. No es poco mérito lo logrado por Adriana Gaspar a través de sus corporizaciones artísticas y quienes tenemos el privilegio de asistir a sus muestras bien sabemos, en cada ocasión, agradecérselo.

(*)Licenciada en Artes Visuales. Artista plástica que desde hace décadas realiza muestras individuales y colectivas  en el país y en el exterior. Ejerce desde sus comienzos la Sub Dirección de la Revista Generación Abierta  (Declarada de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  en  2000) y  es responsable de la Sección de Artes Visuales. Conferencista en Congresos de Arte y Literatura. Investigadora del arte contemporáneo y autora de ensayos, prólogos  y artículos para la Revista Generación Abierta, libros y otras revistas culturales del país. Es colaboradora permanente del programa Generación Abierta en Radio (FM Cultura). Realizó la ilustración de libros de poesía y ensayos y en 2010 obtuvo el titulo en la Carrera de Especialización en  Producción de Textos Críticos y Difusión Mediática de las Artes.

jueves, 3 de octubre de 2019

Teódulo López Meléndez, el escritor de la palabra delirante

Concursos literarios octubre

Escritores.org
Boletín CONCURSOS LITERARIOS - Semana 40 - Octubre 2019Incluye información actualizada sobre concursos literarios (España y Latinoamérica), servicios, empleo sector editorial, artículos, noticias...
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Cada semana informamos de unas cien nuevas convocatorias (todos los géneros literarios),  de España y Latinoamérica. Bases completas ©. Fuente original (no copias inexactas o fraudulentas).  Entre otras, esta semana informamos de las siguientes convocatorias: 

Premio Nacional de Periodismo Deportivo “Manuel Alcántara"; Concurso internacional de ensayo “Pensando el siglo XXI; Premio “Luis Díez del Corral” para tesis doctorales; Premio de Novela Histórica Medieval “Ciudad de Calatayud”...
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lunes, 30 de septiembre de 2019

Musa rara Brasil

musa-rara


[Documentário em realidade virtual dirigido por Tadeu Jungle, 'Fogo na Floresta']





O senhor das dúvidas
Sep 29, 2019 05:12 pm
O poeta, editor e professor Antonio Vicente Pietroforte escreve sobre plaquete do poeta Samael. Coluna PALAVRA QUASE MURO.

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Folha corrida
Sep 26, 2019 09:45 am
Conheça a poesia do paraibano Sérgio de Castro Pinto. Mais de 50 anos de produção poética. Confira.

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“A barbárie está no miolo da civilização”
Sep 25, 2019 09:27 am
O jornalista Jorge Henrique Bastos entrevista o ensaísta Flávio R. Kothe, tradutor de Paul Celan. Confira.

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Deus está dirigindo bêbado
Sep 20, 2019 08:58 am
O poeta e professor de Filosofia do Direito da UFMG, Andityas Soares de Moura Costa Matos, lança novo livro pela Editora Urutau.

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Bacurau, o dia da caça
Sep 16, 2019 02:43 pm
O escritor e compositor Braulio Tavares escreve sobre o filme-sensação, Bacurau. Vale conferir.

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Brinquedos quebrados
Sep 12, 2019 01:28 pm
O poeta Elson Fróes lança nova coletânea de poemas, Brinquedos quebrados. Confira.

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Da leitura
Sep 11, 2019 10:46 am
O poeta, cronista e professor Ruy Espinheira Filho escreve sobre livro de Alberto ManguelO Leitor como Metáfora.

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Romance de resistência
Sep 09, 2019 01:59 pm
O jornalista e escritor Glauber Soares lança seu novo romance, Jardim Brasil. Confira.

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Uma leitura enigmática
Sep 02, 2019 08:34 am
Seis parágrafos sobre Uma Bondade Perfeita, de Ernesto Rodrigues. Por Luiza Nóbrega.

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Polifemo
May 23, 2019 02:29 pm
O escritor e professor Antonio Vicente Pietroforte escreve sobre a Coleção Polifemo e sua primeira plaquete.

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Quatro poemas
Apr 25, 2019 11:34 am
O poeta, professor e crítico literário Claudio Daniel mostra-nos poemas inéditos. Vale conferir.

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O estrangeiro atraente
Apr 25, 2019 10:04 am
A escritora, tradutora e professora Dirce Waltrick do Amarante escreve sobre livro de Amitava Kumar. Confira.

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Poemail
Apr 15, 2019 09:54 am
O poeta e professor Amador Ribeiro Neto lança novo livro de poemas pela Patuá. Confira.

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Poesia Coreana
Apr 04, 2019 03:20 pm
A premiada tradutora Yun Jung Im mostra-nos o trabalho do poeta sul-coreano Kim Ki-Taek. Biscoito fino!

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As flores azuis de Raymond Queneau
Apr 04, 2019 08:42 am
O escritor e compositor Braulio Tavares escreve sobre a obra do 'erudito brincalhão' Raymond Queneau.

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o poema
Apr 02, 2019 04:10 pm
A escritora, pintora e professora Luiza Nóbrega mostra-nos um poema inédito. Vale conferir.

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DIAS ÁCIDOS, NOITES LISÉRGICAS
Apr 02, 2019 01:53 pm
O poeta e ensaísta Claudio Willer convida para lançamento de seu novo livro (de crônicas). Confira.

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“The Wall entre Us and Them”
Oct 17, 2018 03:40 pm
O poeta e professor Paulo César de Carvalho descreve sua experiência entre 'homens comuns' e um ex-Pink Floyd.

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jueves, 12 de septiembre de 2019

Intimidad




Christiane Dimitriades


                                                        Una joven que había estado visitando al                 ginecólogo                            
                                                       dijo en un tono desinhibido que aquélla era su relación
                                                       más íntima. Enseguida recapitulé, porque para mí la
                                                       intimidad significaba algo muy distinto, diferencia que
                                                       atribuí a la distancia generacional existente entre
                                                       las dos.                                                                      



Al margen de la oposición de lo público y lo privado, lo primero que me vino a la mente fue el sonido de una concha marina al oído, la música de cámara, alguna presencia que me habría invadido en el pasado, aquello que con tanto sigilo resguardan las manos de El secreto de Rodin,  mis escuetas notas sobre lo que leo, los Pequeños mundos de Kandinsky o bien, la invitación que nos extiende el pintor de Las Meninas cuando nos mira directamente a los ojos desde la aristocrática habitación.
     
  La intimidad pertenece al ámbito de la prehistoria, es el antes –o el debajo- del discurso y de todo acontecer. Es el tuteo espontáneo entre dos seres sin que éste sea obligatoriamente verbal o conceptual.
 
   También algunos ensayos  pueden  a veces asumir la voz de la intimidad y convertirse en una suerte de diálogo en voz baja, un frecuentarse en esa zona de tenue luz.

 Aquélla surge cuando entre dos personas subyace lo ineludible, lo insoslayable de nosotros: Lo que de una parte se mantiene reservado y, de la otra, lo que  se extiende y penetra la alteridad.

Ana Ajmátova, en el título de su poema y primer verso “Hay en la intimidad un límite sagrado”, expresa esta ambigüedad que, al tiempo que preserva y contiene el misterio, se expande como lo hace la atmósfera.
 
La intimidad es un acto de comunión y no un ejercicio de comunicación. No es necesariamente discursiva porque aprecia los gestos, las imágenes, el símbolo, las largas pausas. Cuántas veces se nutre del silencio como lo hace la buena  música y la escritura.
 
 El poeta portugués Egito Goncalves ha captado en sus versos el ser de lo íntimo unido al silencio y lo ha descrito magníficamente como lo anterior a la acción, justo en el previo instante de convertirse en presencia:
 
 “Aún estamos dentro del silencio/ Aún estamos en el huevo del rumor/…
Somos la línea seccionada, el momento exacto de un encuentro. Estamos”.
 
Y es que la intimidad es correspondencia y conformidad, concordia del ánimo del uno con el otro, cercanía, aproximación de los cuerpos cuando juntos se adentran en las aguas de un plácido mar, sin violencia, despojados de toda hostilidad y extrañeza.
    
Utilizando palabras de Ludovico Silva, la intimidad sería una confesión sin pecado, sin “las penitencias, las avemarías, el andar de rodillas, las genuflexiones, los arrepentimientos”. Sería “Algo como una brisa, como una danza  …”, el  habla de una lengua familiar que dice en clave algo esencial acerca de nuestra existencia.
    
Y aquellos elegidos que son tocados por su soplo,  pronto descubren la naturaleza dual que la conforma , la cual consiste en que, mientras más los acerca entre sí, también los coloca en un limbo, muy lejos de los demás. De este modo lo ha dicho Pessoa en una de las odas de Ricardo Reis:
    Somos extranjeros dondequiera que estemos…  / Todo es ajeno y no habla nuestro idioma”.
 
Este “idioma extranjero”, el del mundo exterior, los margina y los confina a una estancia privada, en donde solamente allí adquiere significación y se vuelve comprensible el lenguaje. Se trata de un oscilar entre la oquedad y la plenitud: el uno se hace visible en el lugar en donde el otro desaparece.
  
Ciertamente la intimidad recubre a los amantes de un aura etérea pero más firme que cualquier fortaleza.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Una nueva mirada a los poemas de Cesare Pavese






Por Renato Sandoval Bacigalupo

Cuando en la mañana del 28 de agosto de 1950, en la habitación más sombría de un hotel turinés, el ama de llaves encontró el cuerpo inerte del suicida Cesare Pavese, el mundo empezaría a lamentar la prematura desaparición de uno de los escritores más importantes y vitales de la literatura europea contemporánea.

Pavese había nacido en 1908 en las verdes y sensuales campiñas de las Langhe piamontesas, envuelto por el amable perfume de heno y las siluetas acezantes de las túrgidas colinas del lugar. Así como sus días transcurrieron intermitentes entre el blando rumor de los arroyos y el tráfago sudoroso de la urbe, de igual modo, el narrador Pavese alternaría entre la terrestre y sanguínea representación de la campiña de sus orígenes y la de la ciudad, ora popular y proletaria, ora burgués e intelectual. Prueba de ello son sus poemas de “Trabajar cansa”, como casi toda su obra narrativa en la que, progresivamente, Pavese irá evolucionando desde una etapa de palabras y sensaciones, hasta un punto en que la anécdota se resuelve en mito y en realidad simbólica, y que tendrá en “Diálogos con Leucó” a su más insigne exponente.

Pero, ¿cómo alcanzar dicho estadio sin antes desmitificar la prosa y la poesía, que a la sazón, en tiempos en que se consolidaba la terrible amenaza fascista, eran enunciado hermético o decadentismo dannunziano? Es entonces que Pavese, sin dejar de padecerse, se violenta a sí mismo, volcándose a la campiña que vive íntima y feraz en su recuerdo, honda en tradición, en antiguo y mítico ritual recogido en los ojos, así como a la urbe, que es reflejo exterior, modernidad, presente y futuro de una nueva estirpe. De allí que el poeta acceda a un nuevo mito: en un primer instante, al del encuentro del campo con la metrópoli que por rudo no deja de ser misterioso y fecundo, lo cual después lo llevaría a intuir, con trágica lucidez, la gran contradicción vital por la que el hombre con todas sus pasiones termina pereciendo sin comprenderse. Por ello el autor de “Adiós Masino” renunciará no solo a la literatura sino a la vida misma.

Como el Endimión de sus “Diálogos…”, el hombre —o por lo menos Pavese— tiene el sueño que se merece: el sueño de un infinito de voces y de ritos, de salvaje soledad repitiendo ad infinitum que el amor es la vida y es la nada. Y él puede afirmarlo, ya que durante su existencia amó fracasadamente a muchas mujeres, para terminar diciendo que nadie se mata por ellas. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada.


Eso creía este poeta desamado, quien se quejaba de ignorar la mirada de reconocimiento que una mujer dirige a un hombre agraciado con los infinitos dones del amor. “¡Me asqueo! ¡Basta de palabras! ¡Un gesto! ¡No escribo más!”, alcanzaría a decir en su último diario. Y así lo hizo. Días más tarde ingeriría una sobredosis de sedantes mientras repasaba la historia de su Endimión a la espera del ansiado tránsito.

Al igual que el héroe, se diría que cuando uno no duerme quisiera dormir y pasa a la historia como el eterno soñador. En eso habría estado pensando. También en Constance Dowling —su último gran amor—, en la fiera campiña, en sus gatos de Roma, en el vino triste, cuando por fin, a los 42 años, como jugando, dulcemente la muerte le tomó los ojos. Amanecía.

POEMAS

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos-
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
al inclinarte sola
en el espejo. Oh, cara esperanza,
aquel día también sabremos
que la vida eres y la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
resurgir un rostro muerto,
como escuchar cerrados labios.
Descenderemos mudos en el vórtice.


*

Las mañanas discurren claras
y desiertas. Así tus ojos
se abrían en un tiempo. La mañana
transcurria lenta, era un remanso
de inmóvil luz. Callaba.
Tú, viva callabas; las cosas
vivían bajo tus ojos
(sin pena sin fiebre sin sombra)
como un mar en la mañana, claro.

Donde estás, luz, es de mañana.
La vida eras y las cosas.
En ti despiertos respirábamos
bajo el cielo que aún está en nosotros.
Sin pena ni fiebre entonces,
sin esta grave sombra del día
agolpado y distinto. Oh, luz,
claridad lejana, afanoso
respiro, vuélvenos tus ojos
inmóviles y claros.
Es sombría la mañana que pasa
sin la luz de tus ojos.

*

Una sangre tienes, un respiro.
Estás hecha de carne
cabellos y miradas.
Tierra y plantas,
cielo de marzo, luz,
vibran y te semejan-
tu risa y tu paso
como aguas que se turban-
tu arruga entre los ojos
como nubes recogidas-
tu cuerpo tierno
una gleba bajo el sol.

Una sangre tienes, un respiro.
Vives en esta tierra.
Conoces sus sabores,
estaciones y alboradas,
has jugado en el sol
y hablado con nosotros.
Agua clara, vástago
de primavera, tierra,
silencio que germina,
tú has jugado de niña
bajo un cielo distinto,
tienes su silencio en los ojos,
una nube que como brote
mana desde el fondo.
Ahora ríes y te exaltas
más que este silencio.

*

La tierra eres y la muerte.
Tu estación es lo sombrío
y el silencio. No vive cosa
como tú
tan remota del alba.

Cuando pareces despertar
eres solo dolor,
lo tienes en los ojos y en la sangre
pero tú no sientes. Vives
como vive una piedra,
como la tierra dura.
Y te visten sueños
movimientos sollozos
que tú ignoras. El dolor
como el agua de un lago
trepida y te circunda.
Son círculos en el agua.
Tú los dejas desvanecerse.
La tierra eres y la muerte.

El vino triste

Lo difícil es sentarse sin hacerse notar.
Todo lo demás viene luego por añadidura. Tres sorbos
y vuelve el deseo de pensarlo a solas.
Se abre un fondo de lejanos zumbidos,
todo se esparce, y es un milagro
haber nacido y contemplar el vaso. El trabajo
(el hombre solo no puede no pensar en el trabajo)
vuelve a ser el antiguo destino que es hermoso sufrir
para poderlo recordar. Después los ojos se clavan
en la nada, dolientes, como si estuvieran ciegos.

Si este hombre se levanta de nuevo y va a su casa a dormir,
semeja a un ciego que ha perdido el camino. Cualquiera
podría aparecer de pronto en una esquina y molerlo a golpes.
Podría surgir una mujer y tenderse en la calle,
bella y joven, bajo otro hombre, gimiendo
tal como una mujer gimiera alguna vez con él.
Pero este hombre no ve. Va a su casa a dormir
y la vida no es más que un zumbido de silencio.

Si se le desnuda, en este hombre se encuentran, dispersos,
miembros exhaustos y pelo brutal. ¿Quién diría
que en él transitan tibias venas
donde antes crepitaba la vida? Nadie
creería que alguna vez una mujer acarició
y besó ese cuerpo, estremecido,
bañándolo de lágrimas, ahora que el hombre,
al fin en casa para dormir, no lo consigue, y gime.

Creación

Estoy vivo y sorprendí las estrellas en el alba.
La compañera sigue durmiendo y no lo sabe.
Todos los compañeros duermen. El día claro
me es más límpido que los rostros sumergidos.

A lo lejos pasa un anciano: se va al trabajo
o a disfrutar la mañana. No somos distintos,
ambos respiramos el mismo resplandor
y fumamos tranquilos para engañar el hambre.
También el cuerpo del viejo debe de ser puro
y vibrante tendría que estar desnudo frente a la mañana.

Esta mañana la vida nos descubre en el agua
siempre joven, los cuerpos de todos estarán al descubierto.
Habrá un gran sol y la aspereza del camino
y el rudo cansancio abatiendo bajo el sol
y la inmovilidad. Estará la compañera
un secreto de cuerpos. Cada uno entregará su voz.

No hay voz que quiebre el silencio del agua
bajo el alba. Ni nada que vibre
bajo el cielo. Solo una tibieza que derrite las estrellas.
Uno tiembla al oír la mañana estremeciéndose
toda virgen, como si ninguno de nosotros estuviera despierto.



Regreso de Deola

Volveremos por la calle mirando fijo a los transeúntes
y también nosotros lo seremos. Estudiaremos
cómo levantarnos en la mañana deponiendo el malestar
de la noche y cómo salir con el paso de antaño.
Inclinaremos la cabeza frente al trabajo de antaño.
Regresaremos allá, apretados contra el vidrio, fumando,
aturdidos. Pero los ojos serán los mismos
y también los gestos y también el rostro. Ese vano secreto
que se nos demora en el cuerpo y nos esparce la mirada
morirá lentamente en el ritmo de la sangre
donde todo se diluye.

Saldremos una mañana,
ya no tendremos casa, saldremos a las calles;
el malestar nocturno nos habrá abandonado;
temblaremos por estar solos. Pero querremos estar solos.
Miraremos a los transeúntes con la muerta sonrisa
de quien ha sido golpeado, pero que no odia ni grita
porque sabe que desde un tiempo remoto el destino
-todo lo que ya ha sido y será- reposa en la sangre,
en el susurro de la sangre. Inclinaremos la frente
solos, en medio de la calle, a la escucha de un eco
en la sangre. Y ese eco dejará de vibrar.
Alzaremos la mirada, mirando fijo la calle.

Ensueño

¿Ríe aún tu cuerpo con la aguda caricia
de la mano o del aire y a veces reencuentra
en el aire otros cuerpos? Muchos vuelven
de un temblor de la sangre, de una nada. También el cuerpo
tendido a tu lado te busca en esa nada.

Era un juego pueril pensar que un día
la caricia del aire resurgiría
como súbito recuerdo en la nada. Tu cuerpo
se despertaría una mañana, enamorado
de su propia tibieza, bajo el alba desierta.
Un recuerdo punzante te recorrería
y una punzante sonrisa. ¿Es que ese alba no vuelve?

Se apretaría contra tu cuerpo al aire
aquella fresca caricia, en la íntima sangre,
y sabrías que el tibio instante
respondía en el alba a un temblor distinto,
a un temblor desde la nada. Lo sabrías
como un día lejano sabías que un cuerpo
reposaba a tu lado.

Leve dormías
bajo un aire risueño de lábiles cuerpos,
amando una nada. Y la punzante sonrisa
te recorre clausurando tus ojos pasmados.
¿Es que el alba no regresó ya de la nada?

El amigo que duerme

¿Qué le diremos esta noche al amigo que duerme?
La palabra más tenue nos sube a los labios
desde la pena más terrible. Miraremos al amigo,
sus inútiles labios que nada dicen,
hablaremos suavemente.

La noche tendrá el rostro
del antiguo dolor que cada noche resurge
impasible y vivo. El remoto silencio
padecerá como un alba, mudo, en la sombra.
Le hablaremos a la noche que suave respira.

Oiremos en la sombra rezumar los instantes
más allá de las cosas, en el ansia del alba,
que de pronto vendrá recortando las cosas
sobre el silencio difunto. La luz inútil
develará el rostro absorto del día. Callarán
los instantes. Y las cosas hablarán suavemente.

Celos

De día, el hombre viejo tiene la tierra, y de noche
una mujer que es suya -que era suya hasta ayer.
Le gustaba descubrirla, como si abriese la tierra,
y mirarla detenidamente, tendida en la sombra,
en espera. La mujer, con los ojos cerrados, sonreía.

Esta noche el hombre viejo está sentado a la vera
de su campo descubierto, pero no escruta la mancha
del seto lejano, no extiende la mano
para arrancarle un tallo. Contempla entre los surcos
un pensamiento en brasas. La tierra revela
si alguien le ha puesto las manos y la ha quebrado:
hasta de noche lo revela. Pero no hay mujer viva
que conserve la huella del abrazo del hombre.

El hombre viejo repara que la mujer solo sonríe
con los ojos cerrados, aguardando tendida,
y de pronto comprende que sobre el cuerpo joven
el abrazo de otro recuerdo pasa en ensueños.
El hombre viejo ya no ve el campo en la sombra.
Se ha hincado de rodillas apretando la tierra
como si fuese una mujer y supiese hablar.

Esta noche, tendida y con los ojos cerrados, la mujer
no habla ni sonríe, desde los labios torcidos
hasta el hombro morado. Por fin el cuerpo revela
el abrazo de un hombre: el único
que ha podido marcarla y le ha apagado su sonrisa.

(Traducción del italiano de Renato Sandoval Bacigalupo)