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viernes, 28 de agosto de 2009

“Analizar la poesía sin descuidar los vastos contextos culturales”




El académico peruano Camilo Fernández Cozman:

“Analizar la poesía sin descuidar los vastos contextos culturales”

(En exclusiva para Ala de cuervo- Vocablos, desde Lima, Perú)

Ala de cuervo-Vocablos entrevistó en Lima al Prof. Dr. Camilo Fernández Cozman, miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, catedrático, conferencista y una de las miradas críticas más destacadas de América Latina. Desde la ensayística, abordó antes la obra de Octavio Paz y José Watanabe, entre otros. La editorial Nueva Generación, de Buenos Aires, acaba de publicar el décimo ensayo de Fernández Cozman, titulado “La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez” (ver tematika.com), donde el crítico aborda distintos aspectos de la obra del destacado poeta argentino.


-Usted tiene una larga y muy reconocida trayectoria como crítico literario; como docente de la prestigiosa Universidad de San Marcos, en Lima, Perú; como conferencista dentro y fuera de su país y es miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua. ¿Podría resumir para nuestros lectores esta trayectoria?

Prof. Dr. Fernández Cozman: -Mis inicios como crítico literario se remontan a 1989, cuando sustenté mi tesis de bachillerato sobre la poesía de Emilio Adolfo Westphalen. Tenía solamente veinticuatro años y decidí realizar una investigación sobre Las ínsulas extrañas, primer poemario de Westphalen, a partir de mi lectura de las obras de Carl Gustav Jung, Gastón Bachelard y Mircea Eliade. Se trataba de buscar cómo el poeta peruano recreaba los arquetipos del inconsciente colectivo. Posteriormente estudié la obra de Jorge Eduardo Eielson sobre la base de la retórica del Grupo Mi, pero sin ceñirse demasiado a un solo método, pues me interesaba preservar la flexibilidad metodológica y, a la vez, mantener el lado creativo de la crítica literaria. Siempre desconfié de la actitud de convertir al texto como un simple subterfugio para el lucimiento de una terminología, a veces abstrusa, que aleja al lector del placer de leer un texto poético. Sin embargo, percibí que el enfoque estructuralista del Grupo Mi tenía grandes limitaciones para abordar la poesía latinoamericana. Entonces, llegué a la propuesta cognitivista, sustentada en George Lakoff y que se evidencia en la denominada Retórica General Textual cuyos máximos representantes son Stefano Arduini, Giovanni Bottiroli y Tomás Albaladejo. Dichos planteamientos me permitieron analizar la poesía sin descuidar los vastos contextos culturales y la inserción de la producción poética en el ámbito de la tradición literaria. El año pasado fui incluido como Miembro de Número de la Academia Peruana de la Lengua. Mi discurso de incorporación versó acerca de la obra de Blanca Varela. Actualmente me desempeño como catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad San Ignacio de Loyola. La poesía es como el aroma. Poética de Luis Benítez es mi décimo libro publicado.

¿Qué métodos y autores han influido más en su formación como crítico literario?

FC: -En primer lugar, Antonio Cornejo Polar, quien fue mi maestro en la Universidad de San Marcos y tenía una sólida formación filológica. Siempre él desconfió de la posibilidad de aplicar un método para todos los textos literarios y, si bien practicó una sociología de la literatura, lo hizo respetando la especificidad del texto literario. Recuerdo que lo visitaba, junto a un grupo de amigos, cada quince días, y en su casa del óvalo Higuereta, en Lima, nos recibía con suma cordialidad. Les entregábamos nuestros primeros trabajos y Cornejo Polar los leía con mucha dedicación y realizaba anotaciones en los márgenes de cada página. A mí me enseñó a ordenar mis materiales y fue siempre un referente imprescindible para mi generación. Otro autor esencial en mi formación como crítico literario fue Ángel Rama, en particular su ensayo Transculturación narrativa en América Latina, donde, provisto de un aparato metodológico multisciplinario, se aproxima creativamente a Los ríos profundos de José María Arguedas. En la Universidad de San Marcos, ejerzo la cátedra de Retórica y Estilística Literaria, y de Poesía Hispanoamericana Contemporánea, de manera que me interesa el enfoque retórico de orientación cognitiva, representado por Tomás Albaladejo, Stefano Arduini y Giovanni Bottiroli. Se trata de vincular las figuras literarias con formas de percibir el mundo. La metáfora ya no es concebida como un desvío respecto de la norma determinada por el discurso científico, sino que implica una organización del pensamiento. La racionalidad es, como piensa George Lakoff, es predominantemente imaginativa. Es decir, imaginamos que esta casa es un cuerpo; los pilares, los brazos; las ventanas, los ojos, etc.

Ha publicado, con anterioridad, ensayos sobre autores tan prestigiosos como Octavio Paz y, más recientemente, José Watanabe. ¿Qué puede decirnos sobre esos trabajos?

FC: -Publiqué El cántaro y la ola (2004), un ensayo que obtuvo el primer premio en el Concurso Nacional del Libro Universitario en 2003; allí abordo las fuentes literarias y filosóficas de la poesía de Octavio Paz, pues considero que el poeta mexicano bebe de la cultura occidental (el surrealismo, el simbolismo francés, entre otros) y, a la vez, de la cosmovisión de los pueblos prehispánicos porque “Piedra de sol” se nutre de la concepción del tiempo del mundo azteca. La noción de modernidad, sustentada por Paz, es sumamente sugestiva, pues la concibe como sinónimo de cambio constante y de heterogeneidad. La literatura moderna es, según Paz, eminentemente crítica y supone que el propio poeta se convierte en un crítico despiadado de su propio instrumento: el lenguaje. Entonces, el escritor puede llegar a la página en blanco, como Stéphane Mallarmé. Este año publiqué Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe, libro que mereció el Premio Nacional de Ensayo, otorgado por la Universidad Federico Villarreal en 2005. Cultivé una gran amistad con José, quien nació en Laredo, un pueblo al norte del Perú y que pertenece al departamento de la Libertad, cuna de poetas como César Vallejo. Viajé a Laredo y me alojé en la casa de Valentín Watanabe, hermano del poeta. Allí me dediqué a realizar entrevistas con el fin de reconstruir la cosmovisión mítica de Laredo que ha influido, poderosamente, en la poesía de José Watanabe. Además de ello, abordé la crisis de la racionalidad instrumental que se manifiesta en El huso de la palabras (1989), uno de los grandes poemarios de Watanabe.

Recientemente, la Editorial Nueva Generación, de Buenos Aires, ha publicado un nuevo ensayo de su autoría, sobre la poética del argentino Luis Benítez. ¿Por qué eligió ese tema para su ensayo?

FC: -Luis Benítez es un poeta notable pero escasamente conocido en Perú. Me sorprendió no solo el manejo de la metáfora en dicha obra, sino el lazo que establece con Jorge Luis Borges, Dylan Thomas, entre otros. Además, hay un cultivo de la sinestesia simbolista y un manejo del ritmo, sin duda, cautivantes.

¿Cuáles son los principales ejes temáticos de la poética de Luis Benítez?

FC: -Uno de los grandes ejes temáticos de la lírica de Benítez es la imposición de la cultura occidental sobre la indígena. Benítez practica, a la manera de Octavio Paz, una poesía de corte intercultural. Habla de Atahualpa, de Tenochtitlán, vale decir, hay referentes indígenas que son empleados creativamente para realizar una crítica demoledora de la racionalidad instrumental occidental que se impone por encima de la cosmovisión indígena a través del uso de la tecnología bélica. Otro tema medular de la poesía de Benítez es el tiempo y, en este caso, nos recuerda a Borges. El hombre se desgasta, fallece, pero las cosas que están a su alrededor permanecen. Recordemos el poema “Las cosas” de Borges.

¿Qué recursos literarios emplea Luis Benítez para dar cuenta de esos ejes temáticos en su poesía?


FC: -En primer lugar, la sinestesia simbolista (tan cara a poetas como Arthur Rimbaud y Stéphane Mallarmé) para sugerir que el mundo es un conjunto de olores, aromas y sonidos, tal como lo planteaba Charles Baudelaire. Sin embargo, Benítez le agrega una cierta percepción “objetivista” aprendida en la obra de Ezra Pound, quien hablaba del tratamiento directo de la cosa, en su célebre manifiesto de 1913. Otro recurso literario es la reiteración de vocablos o expresiones con el fin de crear una atmósfera y favorece la fluencia rítmica. Ello permite que el discurso poético se deslice como el agua mansa que llega al campo. El poeta argentino también se apropia de la voz de un personaje, como un general de Atahualpa, y reconstruye históricamente una atmósfera marcada por la imposición de la cultura occidental sobre la indígena.

¿Cómo ubica la obra de Luis Benítez en el panorama de la poesía latinoamericana actual?

FC: -Benítez se sitúa en una propuesta que busca conciliar el manejo de la metáfora y el tono mesuradamente coloquial de algunos de sus versos. No cae ni en el preciosismo ni en el exceso conversacional. Busca el equilibrio entre el torrente metafórico y las expresiones de la denominada lírica exteriorista. Aquí me recuerda no solo a Paz, sino también a Gonzalo Rojas.

¿Cuál es la relación de Benítez con la tradición poética occidental?

FC: -Benítez ha bebido de dos fuentes: el simbolismo francés que conquistó el verso libre con Arthur Rimbaud y planteó –como lo ha indicado Umberto Eco—la poética de la obra abierta, por la cual el poema se convierte en una provocación para el lector, quien es concebido como el libre ejecutante de una obra que solo ha sido esbozada por el poeta; y el imaginismo de Ezra Pound, quien amplió el léxico del poema incorporando una visión, en cierto modo, histórica apelando a ideogramas chinos, alusiones la poesía provenzal y un registro dialógico incontenible. Vale la pena mencionar el influjo de Dylan Thomas y William Carlos Williams en la poesía de Benítez.

¿Cuáles fueron los pasos sucesivos que siguió para trabajar en este ensayo?

FC: -Cuando decido realizar un estudio, lo primero que hago es tratar de conversar con el texto, dejarme llevar por la magia de las palabras y sentir el ritmo de estas últimas. Sin esa sensación de lector, no hay posibilidad de concebir ningún ensayo de crítica literaria. Luego paso a elegir los poemas más representativos. Siempre le doy una importancia considerable a la tradición literaria. Yo no sé cómo hay críticos que aplican solo un método (una especie de receta que vale para todo) y no se preocupan por los antecedentes que explican el surgimiento de una obra literaria. Yo siempre me pregunto por los lazos históricos entre el poema y la tradición. De lo contrario, podemos caer en un enfoque autista, absolutamente inútil. Pienso que una buena crítica literaria es aquella que permita al lector regresar al poema con nuevos ojos y percibir en este ciertos contenidos inéditos y recursos literarios de prodigiosa factura. Después de esclarecer los lazos entre la poesía de Benítez y la tradición poética, me dediqué a estudiar los componentes formales y temáticos que inundan esta obra. Vale decir, me sumergí en las metáforas, metonimias y otras figuras entendidas como operadores de tipo ideológico, con el fin de reconstruir la visión del mundo articulada a los recursos formales en el discurso poético.

¿Cuál es su visión de la crítica literaria contemporánea?


FC: -Pienso que la crítica literaria no debiera jamás pedir el lado creativo, es decir, ser rigurosa, pero, a la vez, manifestar una cierta flexibilidad metodológica. Soy un convencido de que el monismo metodológico tiene profundas limitaciones para estudiar la poesía latinoamericana. Un solo método no puede ser jamás la panacea en el terreno epistemológico, sobre todo, si hablamos de las humanidades. Por eso, prefiero el empleo de varios métodos y el respeto por la particularidad de cada texto poético.




SOBRE FERNANDEZ COZMAN

Una de las miradas críticas más prestigiosas, rigurosas y valoradas de América latina, el Prof. Dr. Camilo Fernández Cozman nació en Lima, Perú, en 1965. Doctor en Literatura Peruana y Latinoamericana, es miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua y profesor de la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad San Ignacio de Loyola. Ha sido conferencista en las universidades de Santiago de Chile, Salamanca, Burdeos, Roma, Florencia, Siena, Bérgamo, Urbino y Rímini. Ha sido profesor visitante en la Universidad Federal de Río Grande do Sul (Porto Alegre, 2004) y ponente en la International Conference on Eurolinguistics (2004) que se realizó en la Universidad de Roma “La Sapienza”. Forma parte del Consejo Editorial de la revista electrónica Tonos digital (www.tonosdigital.com) de la Universidad de Murcia y de la Asociación Brasileña de Literatura Comparada (ABRALIC). Entre otros prestigiosos reconocimientos, su obra ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Ensayo Raúl Porras Barrenechea (1997); Premio Internacional de Ensayo sobre Poesía (2003), Primer Concurso Nacional del Libro Universitario (Asamblea Nacional de Rectores, 2003), Premio al Mérito Científico 2004 (otorgado por la UNMSM ) y Premio Nacional de Ensayo Federico Villarreal (2005). Algunas de sus obras son: Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen (ensayo; Lima, Naylamp Editores, 1990; 2da. edición: Lima, Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Dedo Crítico, 2003); Las huellas del aura. La poética de J.E. Eielson (Lima-Berkeley, Latinoamericana Editores, 1996); El cántaro y la ola. Una aproximación a la poética de Octavio Paz (Lima, Asamblea Nacional de Rectores, 2004); La poesía hispanoamericana y sus metáforas (Murcia, Universidad de Murcia, 2008); Mito, cuerpo y modernidad en la poesía de José Watanabe (CME, 2008).

3 comentarios:

  1. Un placer leer este posteo, interesante trabajo.
    Elisabet

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  2. muy buen la entrevista al profesor Camilo Fernández Cozman, felicitaciones y también felicitaciones al poeta Luiz Benítez.
    Araceli Otamendi,desde Buenos Aires

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  3. Un lujo Luis Benítez, saludos y gracias, Gus.

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