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martes, 21 de abril de 2009

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Recital Poético textos del libro "Los versos de Adán que Eva guardó" de Bettsimar Díaz. Música original de Mariela Casal

Viernes 24 de abril de 2009. Plaza Altamira de Chacao. 8 de la noche. Entrada Libre

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“La última hora”, novela de David Benioff


por Magdalena Mattar






La crueldad y sordidez, ejes temáticos del relato, se nos presentan a partir del prólogo, como características intrínsecas del ser humano "civilizado". Pero la inocente víctima de esta crueldad, un perro negro torturado y abandonado por sus amos, será el punto de convergencia de esta característica y la conmiseración; curiosamente la piedad que despierta el pitbull en Monty Brogan, será el sentimiento que experimentará el lector por el protagonista, un traficante de drogas condenado a siete años de cárcel. ¿Se salvará él del horror como fue salvado el perro? El final abierto no nos permite saberlo, pero es lo que desearemos al finalizar el texto. No queremos el horror, pero éste no se nos presenta en forma gratuita. Los griegos sabían del significado más profundo del dios Pan, que advierte a los seres humanos cuando estos transgreden las normas y desatan las fuerzas instintivas. Pareciera ser que las dicotomías bien / mal, felicidad / infelicidad, éxito / fracaso, belleza /fealdad, riqueza / miseria, inmoralidad / ética, fueran inherentes a la condición humana. ¿Podemos elegir? Al parecer no. Hay una zona donde todo se confunde y podemos ejercer tanto el bien como el mal. ¿Es culpable Montgomery? ¿Debe cumplir su condena por el ejercicio de un tráfico criminal? ¿Es culpable la novia del protagonista por aceptar regalos provenientes de ese tráfico?¿Es culpable el profesor por desear a una alumna? ¿Somos todos culpables o somos todos víctimas de nuestra propia condición humana?

La contradicción entre dos opiniones respecto de la relación entre la vida y el destino, o si éste determina nuestra existencia, se resuelve cuando entendemos que es posible vencer el destino “haciendo las paces con él”. La tragedia reside en la oposición entre el destino y la voluntad humana. Si aceptamos la influencia que en nuestra vida tienen las fuerzas instintivas, la poderosa voluntad de los dioses, que son nuestros instintos naturales, paganos, pero asumimos la tremenda responsabilidad que nos cabe en el dominio de esas fuerzas por medio de nuestra propia voluntad y logramos el dominio de nuestras facultades, el dominio de yo, a través del autocontrol y de la autoaplicación, movilizando el potencial interior existente a través de un proceso de desarrollo moral e intelectual mediante el cual, luego de alcanzar el autodominio, podemos, al igual que los dioses, determinar nuestro destino, sin ser víctimas, sino por el contrario entrando en una relación de armonía con él Según Sigmund Freud, somos, en parte, responsables incluso de nuestros deseos y pensamientos impuros y es nuestro deber purificar moralmente nuestra alma cada noche antes del reposo, tal como en el estado de vigilia durante el día, para velar también nuestros sueños. Son los pensamientos los precursores de cada uno de nuestros actos.

El mérito de este relato es dejarnos una gran interrogante. Todos tendremos una "última hora "y creo que, al igual que en la novela de David Benioff, no sabemos si seremos condenados o salvados, si nos espera el infierno o el paraíso.

En este caso nos queda el consuelo, al menos, de saber que el perro, en su inocencia, sí fue salvado.

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