Necesitamos más Cheepnis: Zappa, Nietzsche y cómo el fracaso alimenta el arte.


Mookie Spitz from The Mookie Multiverse mookiespitz+podcasts@substack.com 

para
¿Reenviaste este correo electrónico? Suscríbete aquí para recibir más información .
 
El multiverso de Mookie
Podcasts
Necesitamos más Cheapnis: Zappa,…
0:0019:32
 
Escucha ahora
 

Necesitamos más Cheepnis: Zappa, Nietzsche y cómo el fracaso alimenta el arte.

La vulnerabilidad abre la puerta a la honestidad y a una narración magnífica.

 
LEER EN LA APLICACIÓN
 

Hoy, Mookie divaga en solitario sobre una teoría que le ha estado rondando la cabeza mientras observa cómo amigos, colegas y familiares envejecen sumidos en un arrepentimiento silencioso: la sensación de que, a pesar de haber criado hijos, tener un trabajo y haber hecho todo bien, de alguna manera no lograron alcanzar el éxito en una cultura que solo considera la riqueza y la fama como sinónimo de éxito. Su solución no es perseguir ese ideal con más ahínco, sino sumergirse de lleno en lo opuesto: la vergüenza ajena, la humillación, los errores garrafales que parecen completamente irredimibles, y convertirlos en arte en lugar de ocultarlos.

Mookie construye todo su argumento en torno al álbum en directo de Frank Zappa de 1974, Roxy & Elsewhere, concretamente en la canción "Cheepnis", un cariñoso homenaje de Zappa a las películas de monstruos de bajo presupuesto donde se puede ver la cremallera del disfraz y los cables que sostienen la nave espacial. La idea de Zappa, según la interpretación de Mookie, es que las costuras visibles, la propia sencillez, no son un defecto en la obra. Son precisamente eso, la estructura honesta y sin pulir que hace que todo parezca real. Mookie extiende esta idea al sexo, la atracción y el deseo, argumentando que la verdadera química a menudo reside en lo poco glamuroso y lo concreto, no en el ideal retocado, e incorpora la demolición de la perfección platónica por parte de Nietzsche como la misma idea revestida de filosofía.

A partir de ahí, Mookie apunta a dos objetivos muy diferentes que comparten la misma enfermedad: la chapuza de la IA, que él denomina un motor predictivo que autocompleta lo que cree que ya es bello, y muchos de los escritores humanos actuales en Substack, quienes, según él, hacen exactamente lo mismo, solo que más despacio. Su receta para ambos: más desorden, más vulnerabilidad, más disposición a mostrar la verdadera y vergonzosa programación humana que subyace en el trabajo. Concluye con un verdadero desafío: si las máquinas están a punto de heredar todo lo que hemos construido, un auténtico sentido del humor sobre nuestros propios fracasos podría ser lo único que valga la pena asegurar que nunca pierdan.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Concursos literarios junio

20 regalos ideales para intelectuales