Sobre los ángeles, y sobre El ángel contemporáneo de Alberto Boco

 

 


 

Por Susana Santos

  

El concepto de progreso cabe fundarlo en la idea de catástrofe. Que todo siga 'así' es la catástrofe. Ésta no es lo inminente cada vez, sino que es lo cada vez ya dado. Pensamiento de Strindberg: el infierno no es nada que nos aceche aún, sino que es esta vida aquí.

Walter Benjamin, Parque Central, en Obras, I, p. 262.

 

I. Las cuatro citas

Cuatro epígrafes preceden a los 28 poemas de El ángel contemporáneo, el último poemario del escritor argentino Alberto Boco. Más que ornamento, los cuatro anticipan el territorio del libro: el encuentro con el ángel es también un encuentro con los autores que Boco convoca.

  1. ¿Quién si yo gritara me escucharía entre la categoría de los ángeles? Regresamos al 21 de enero de 1912, al término de una noche de insomnio en el castillo de Duino, cuando Rilke comprende -por revelación— que los ángeles son seres terribles pero imprescindibles para la poesía. Esa es la piedra fundacional de las Elegías de Duino.
  2. Tal vez un ángel tenga el aspecto de cuántas cosas se nos han olvidado, verso de John Ashbery en Autorretrato en espejo convexo. ¿Lo olvidado desaparece o persiste como presencia fantasmática? Acaso el ángel sea una criatura que no existe ni deja de existir, pero se manifiesta aun en el olvido.
  3. Oedipa Maas, la joven protagonista de La subasta del lote 49 de Thomas Pynchon, atrapada en un mundo de intriga y paranoia, avanza amenazada por una muerte que pasó en vuelo rasante, sin arrojar sombra, por los espacios sin hierbas del césped.
  4. Los pájaros y el viento / no suenan peor que antes, sino / más claramente / nos hacen recordar nuestra agonía, / y el modo / en que bailamos. Y la música. El canto de Un árbol habla sobre Orfeo de Denise Levertov: un árbol que canta a Orfeo, quien canta en doble registro en un universo que coexiste con el nuestro.

Los cuatro epígrafes enumeran mundos interiores. Entre ellos, el lenguaje: el medio íntimo que Alberto Boco emplea para interrogar la extraña complejidad de un tiempo en fuga entre la realidad de las ideas y la realidad de las cosas.

El primer poema, Colores (p. 11), abre el pasadizo. La sucesión cromática —metonimia del prisma— crea una escala de deslizamientos entre el sueño y el vacío del sueño, hasta que aparece, por primera vez, la figura central:

como quienes aman a los ángeles

aunque nunca los vieron los fabulan

 

La invisibilidad como fuente de poder. Y de esa invisibilidad nace la justicia del ángel contemporáneo:

así el ángel contemporáneo dibuja la justicia

y la ley con las armas de su tiempo presente

a sable y grito

en la era de la sinrazón  (“El ángel contemporáneo”, p. 12)

 

 

II. El ángel contemporáneo

Contra la historia que no termina —y antes de que empezara— son los ángeles quienes anuncian noticias de otros reinos. La palabra ángel (malach) es simplemente el término hebreo para mensajero; lo mismo en árabe (malak) y en griego (angelos). Mensajeros que proceden desde utopías sin lugar y sin tiempo, que repiten mensajes desde una eternidad que, como la tierra, sigue prometida.

Su multiplicación hoy no se explica solo por la persistencia de una creencia remota. Los mensajeros se han secularizado y los medios también. Mecanizados y electrónicos, pretenden actualizar en forma cotidiana —vía satélite— los ángeles de Doré, Milton, Blake, Swedenborg, Rilke, Yeats, Puig; las ironías de Paul Klee o los vuelos de los ángeles de Wim Wenders. Jean-Luc Godard les da el poder de la palabra (Puissance de la parole) a Agathos y Oinos, los dos ángeles de Edgar A. Poe que en The Power of Words discuten la modificación de las formas y la perfección técnica como acceso a un progreso infinito.¹

Los ángeles de Benjamin están a mitad de camino: entre el progreso que es histórico y el retorno que es eterno. En trance y transición, intentando saldar los dos principios antinómicos de la felicidad: la eternidad y el de nuevo otra vez

En este espacio plural de angelología, Alberto Boco ha inventado su propio ángel:

dotado de carnadura

sujeto a los tiempos terrenos y a la vista de todos  (p.12)

La creación se sostiene en un manejo preciso de las figuras de la contradicción: silepsis, oxímoron, quiasmos, antítesis, lítotes, paradojas. Con ellas, Boco introduce la historia de nuestro tiempo en el tiempo particular del poema. La dimensión mítica aparece desde los epígrafes —ese recurso impide que el libro sea apenas un merodeo en torno a fábulas y obras de pintores y escultores—. El poemario instala una pregunta perentoria: ¿qué anuncia el poeta, qué anuncia el poema, qué anuncia el ángel?³

 

III. Querubines

El ángel no está solo. A su alrededor orbitan querubines que sueñan el sueño de la caricia en el disfraz del golpe:

en los ensueños del poder ese otro sueño

dentro de las nieblas del soñar ⌠⌡

sueñan el sueño de la caricia

en el disfraz del golpe ⌠⌡

hay una sombra en los muros y un chico

que mira con los ojos clavados la mirada

en el ángel sin curiosidad

como si supiera todo lo que hay que saber

y se prepara. (“Querubines”, p. 13)

¿Quién sueña a quién? Es una pregunta de renovada recurrencia en la filosofía, en la mística y en el barroco literario; pregunta que es también pregunta por el conocimiento, y para cuya respuesta Tomás de Aquino consideró la intervención de los ángeles como mediación necesaria.⁴

¿Es dios —la ira del dios ninguno (El miedo, p. 15) — o el sueño se sueña a sí mismo? La Verdad del ángel contemporáneo no está más allá de la persona; solo es anunciada, puesta a prueba:

una variedad que algunos conocen

y otros llaman La Verdad

es el perfume y la música del ángel contemporáneo

la ejecuta una orquesta de afinación bélica

con la melodía del encanta miento. (“La verdad” p.14)

 

La última palabra del poema —miento— es una trampa fonética deliberada: la melodía del encantamiento termina en su propia confesión.⁵

 

IV. Destellos

¿Han visto —vislumbrado siquiera—

el brillo postrero en los ojos de la mujer de Lot?

volver la mirada tiene muchos matices

y el riesgo de no poder ignorar

las erinias de la repetición

por la cercanía del sol arden sin cesar las alas

de todo Ícaro y tal vez la imagen en vuelo

del ángel contemporáneo (“Querubines” p. 13)

 

Quien nos interroga retira el lenguaje del curso del mundo para interpretarlo. Ha mirado lo que está detrás de la imagen: una profundidad no manejable, absolutamente presente aunque no dada, donde los objetos se abisman cuando se alejan de su sentido. La mirada se inmoviliza en luz; la luz es el resplandor de un ojo que no se ve, y sin embargo no deja de ver.

El episodio pertenece al Génesis: dos ángeles enviados por Dios avisaron a Lot y su familia que huyeran de Sodoma. La esposa desobedeció la orden de no mirar atrás y quedó convertida en estatua de sal. Ícaro sucumbe por ambición desmedida; y será objeto de escarnio por parte del Ángel Contemporáneo en Ícaro revisitado:

entra en cólera y pide abandonar la nube del momento

fuera del tiempo imagina los chapoteos del caído (p.26)

 

El Ángel Contemporáneo es quien desobedece la ley. Afirma la necesidad de volver al mismo punto, de pasar por los mismos caminos, de reiniciar lo que para él no ha comenzado ni comienza nunca: pertenecer a la sombra de los acontecimientos, no a su realidad.

V. El soñar, el tiempo, la memoria y el olvido

Y él

que detentaba con los de su estirpe

los privilegios del no tiempo

ha descendido y vive ahora su sueño

en clave de pesadilla y maldice (“El soñar” p. 17)

El tiempo es aquí presencia insoportable y ausencia a la vez. La maldición del Ángel Contemporáneo encierra una paradoja: la nueva situación no puede durar, pero está entregado a lo que dura sin tregua. El tiempo perdido carece de presente y de presencia.

 

entonces difunde su mundo celeste

con verba y verbos enigmáticos y olvida

en el olvidar del apuro que su olvido (“El soñar”, p. 17)

 

Si el recuerdo es la libertad del pasado, lo que existe sin presente no acepta el presente de un recuerdo. El recuerdo dice del acontecimiento: esto fue una vez, y ahora nunca más.

que nada hubo ni pasó en su detrás

que nada espera en su adelante

ni en la pena del penar en el transcurso (“El soñar”, p.17 )

El tiempo de la ausencia de tiempo no es dialéctico. Lo que aparece es que nada aparece: el ser en el fondo de la ausencia de ser. Y sin embargo vuelve; no se lo conoce, pero se lo reconoce, y ese reconocimiento arruina la posibilidad de conocer.

 

VI. Mitologías en orden terreno

Él desconoce algunas cosas

el palabreo musical de los poetas

o las muecas del tahúr

el susurro en los huesos del que hablan

a escondidas aquellos que meditan (“Orden Terrenal”, p. 21)

El Ángel Contemporáneo está solo. Solo de toda soledad (Asi el Timor Dei, p. 24). Su llegada al mundo terreno le asegura la dispersión y la fisura: el exterior es la intrusión que asfixia, la desnudez, el frío de lo descubierto. Todos los avances de la humanidad no son asimilados ni usufructuados como presumíamos:

entonces ordena que sus querubines

vuelen en manada y paren el bramido

que se extingan también los aparatos

del aire acondicionado (“Orden terrenal”, p.21)

se aleja en harapos rodeado de perros

lleva una lámpara y ríe con fuerza

tira su escudilla y se pierde

por entre las luces del día

su carcajada es un puñal de la oscuridad

que retumba en la vigilia (“Huéspedes inhóspitos”, p.23)

 

tampoco entiende sólo que su condición terrenal

sí ha comenzado a comprender

(mil veces mil mil veces mil repite)

mal venido seas y bienvenido al reino de la angustia (“Voces”, p.25)

 

VII. Visita, encuentro y tropiezo

En Tracia, el Ángel visita a Ares, dios de la guerra:

empequeñecido allí frente al dios de la guerra

sin pudor tiembla y admira de pie

a un inmortal de toda otra naturaleza

ha visto nunca jamás ojos así

ni tanta impiedad junto a tanta belleza,

 

"Entre todos los dioses que habitan el Olimpo, eres el que más me desagrada", dice Zeus a Ares en la Ilíada (Canto V). El Ángel Contemporáneo, en cambio, guarda para sí las palabras del dios de la guerra:

Antes de partir a la guerra haz que te odien

aquellos a quienes amas

que crezca en ellos un odio bien macerado

ese sin olvido ni perdón ( “Ares una visita”, p.27)

 

Aleccionado por Ares, el ángel se encuentra con el bárbaro. Su identidad no se revela, solo se insinúa. Bárbaro es el extranjero: el que no comparte la historia, el idioma, los usos y costumbres.⁶

los dos llevan marcas en el rostro

que han trazado vértigos distintos porque

la vida se cobra el peso de los actos

por las muescas de dolor en el cuerpo de los otros

el ángel contemporáneo es la boca del desprecio

y el bárbaro la pura soberbia que avasalla . (“Encuentro con el bárbaro”, p. 29)

 

Sin estar prevenido, tropieza con el poeta, un animal de la palabra:

le han advertido al ángel contemporáneo

que tenga cuidado que no se confíe

son carne del mal seres taimados los poetas

pueden disparar en medio de los ojos

la bala mortal de un cuartilla

el fatídico puñal de un verso libre (“Tropiezo con el poeta”, p. 30)

 

Los taimados poetas perpetran crímenes de papel que parecen no significar mucho, pero entienden la situación revolucionaria que Barthes describió: el lenguaje no solo como medio de comunicar, sino como vía para imponer un más allá del lenguaje que es "la historia y la posición que se tome frente a ella".⁷

¿Y si el poder fuera plural? ¿Y si en esa pluralidad la palabra poética tuviera un lugar privilegiado?

la voz que nombra la palabra

memoria que se urde con la hebra del tiempo (La amenaza (Mnemosine titánide)”, p.31)

 

Esa voz resiste ante los usos y abusos del poder encarnado en el Ángel Contemporáneo, protagonista de una desleída tragedia donde lo humano es otra cosa (La noche, p. 37):

su paso se desplaza como en la nube y agrega

que sólo su voz ha de ser la voz

que su voluntad impulse al derrotero

que su sólo destino señale. (“Verbo angelar”, p.36)

 

VIII. No cabe la posibilidad de un buen final

El tono crepuscular se ahonda en Crepúsculo angelical (p. 40) —en amarillo final— y escapa a toda marca territorial de fin de día para anunciar el final de El ángel contemporáneo. El libro aparece en 2026: año signado por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, la continuidad de la invasión rusa de Ucrania, el avance de las derechas radicales, la cibernética y la inteligencia artificial. La reproducción perfecta.

Con todo, la palabra poética acumulada en las conjeturas críticas de Alberto Boco suspende y revoca esa reproducción perfecta. Más aún: la deroga. Acaso esa sea la razón —si es que la razón existe— por la que no cabe la posibilidad de un buen final.

El ángel contemporáneo nunca llegó a ser un ángel, nunca pudo tampoco alcanzar la talla humana (p. 41)

¿Qué queda en pie después de semejante disolución? Hemos leído:

pero ya sin sus alas mira y no soporta

a ligereza que abruma sin poderlo evitar

 y campea por lo nuevo de sí un viento

el vientre

los huesos

los fluidos de la fin itud (“Asuntos de la memoria”, p.18).

el ángel contemporáneo se arrebuja en la fronda

torpe manipula en la prisa y orina

contra las estrellas como un perro de Orión (“Mitologías angelares” p.19)

 

Antes del fin, lo impuro: metáforas corporales y fisiológicas que son la nueva condición del Ángel Contemporáneo y también la nuestra. El vientre, los huesos, los fluidos de la finitud, las lágrimas, la orina, la biología. Un ángel carnal y doliente: si la realidad fue la encarnación, el cuerpo humano es el lenguaje último.

Y gracias a eso entendemos que El ángel contemporáneo anuncia preocupaciones mayores: la sustitución del recuerdo por el registro; la verdad como versión; la asimilación de la ficción por la historia; la imposibilidad del testimonio, porque se tolera tanto la memoria como su profanación en la era de la sinrazón.

En esa expectativa, la lectura avanza por un espacio de cruce, umbral entre mundos: ni aéreo ni terrestre, ni visible ni invisible, entre el silencio y la palabra. El ángel contemporáneo anuncia. Dice lo que pasa: algo que ocurre pero que dejará de ocurrir. Pasó un ángel. Su figura en fuga repara apenas el pasaje —un tiempo entre dos tiempos, dos espacios— atravesando una gran ciudad:

entre turistas de andar cansino que toman fotografías con sus aparatos robóticos (Crepúsculo angelical, p. 40)

como signo o conjuro contra la historia, que parte de la nada y va camino hacia la nada, transitada por hombres que

desandan el sendero solos, sólo son entre otros, uno con todos (p. 41)

 

Notas

¹ Block de Behar, Lisa (1994). Una palabra propiamente dicha. Buenos Aires: Siglo XXI, p. 142.

² Benjamin, Walter (1982). Das Passagen-Werk [Libro de los Pasajes]. Frankfurt: Suhrkamp. Ed. en español: Madrid: Akal, 2005. Parque Central es uno de los cuadernos del volumen.

³ Es lo que Walter Benjamin llama "imagen dialéctica": ni novedad absoluta ni retorno a las fuentes. La obra moderna vive en esa tensión.

⁴ Scribano, Emanuela (2014). Angeli e beati. Modelli di conoscenza da Tommaso a Spinoza. Roma: Laterza.

⁵ Blanchot, Maurice (1976). La risa de los dioses. Madrid: Taurus, p. 225.

⁶ Kitto, H.D.F. (1951). The Greeks. Londres: Penguin. Trad. española: Los griegos. Buenos Aires: Eudeba, 1963.

⁷ Barthes, Roland ([1953] 1998). El grado cero de la escritura. México: Siglo XXI, p. 4.

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