Por
Luis Benítez
El sello argentino Tiempo de Parque Ediciones publicó
recientemente un nuevo poemario del autor local, una de las voces jóvenes de su
país más destacadas.
Cuarenta y una piezas, divididas en dos secciones, la que da título al volumen y Acepto la vida como viene, componen esta séptima entrega del poeta santafesino, quien acredita en No hagan ruido en la orilla (1) una franca maduración de su estilo poético, al punto de poder reconocerse ya cabalmente su registro en el variopinto panorama de la poesía argentina contemporánea.
Es de señalar que los elementos característicos de sus
poemarios anteriores, la precisión evocativa y el ágil empleo de nuestra
lengua, sin rispideces ni concesiones al mero fulgor de las imágenes,
encuentran en este flamante poemario un todavía mayor acendramiento, al tiempo
que se acentuó el contrapunto entre el universo de la conciencia individual y
el cosmos de lo objetivo.
Misael Castillo se muestra en No hagan ruido en la
orilla con un pleno dominio de sus facultades expresivas, incluso ante el
difícil desafío de plasmar en sus versos las interacciones y los vasos
comunicantes que conectan lo intrínsecamente humano y la secreta intensidad de
la naturaleza, aunque no repite la estratagema característicamente romántica de
tomar a esta última como símbolo de lo primero, como mero reflejo de
sensaciones, emociones y sentimientos, sino que sabe apelar -y muy
efectivamente- a la plasmación en la palabra de esas intersecciones donde el
encanto, la hermosura y gracia de uno y otro campo permanecen separados pero en
señalada correspondencia.
El abordaje de Castillo contempla también el poderoso
motor evocativo de la infancia como mirada primordial, capaz de develar las
epifanías de lo secreto escondido en la vasta galería de lo natural,
devolviéndole a sus lectores la posibilidad de acceder nuevamente a la mirada
primera, cuando esta parecía ya perdida para siempre. Aquello que el filósofo,
ensayista y narrador español Fernando Savater (1947) intentó y logró en su
ensayo La infancia recuperada (1976) en relación a la maravilla que
brinda la lectura encantada de la ficción, lo obtiene Castillo en paralelo (en
la mayoría de estas páginas) cuando su poesía nos devuelve verso a verso el
hechizo de la niñez ante la belleza de lo natural.
Tal es el tesoro destinado a la sensibilidad de quien lee
No hagan ruido en la orilla, en tanto y en cuanto haya sido capaz de
preservar, escondida entre los desengaños y desilusiones que la adultez brinda
a raudales, la brasa, todavía incandescente entre tanta ceniza, que le permitía
ver el mundo con ojos virginales. Como tan acertadamente enunció el poeta
ítalo-argentino Antonio Porchia (1885-1968), “quien conserva su cabeza de
niño, conserva su cabeza”. Castillo la conservó y, lo que es todavía mejor
para nosotros, sabe cómo hacerla retornar al presente y colocarla sobre
nuestros hombros nuevamente.
El
autor
Misael Castillo nació
en 1993 en Tostado, provincia argentina de Santa Fe. Es profesor de Lengua y Literatura. Publicó
anteriormente Robarle al cuerpo
(2019), El tiempo cuando falta
(2021), Germinará o será parte de la
tierra (2022), Gorriones que
anidan en las manos (2023), Como
el fuego que avanza por la tierra (2023) y Niño, Perfecto Luminoso (2024). Fue uno de los ganadores de la
convocatoria para participar del Festival Poesía Ya, realizado en Buenos Aires
en 2023. Escribe para el suplemento Fractura
de la Agencia Paco Urondo y dirige, junto a Pilar Sanjurjo, el
medio cultural Espías Rusos.
NOTAS
(1)Tiempo
de Parque Ediciones, ISBN 978-631-90853-1-0, 60 pp., Buenos Aires, 2025.
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