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domingo, 24 de marzo de 2019

La buena narrativa recibe en “Habitación 945”, de Alejandro Frías




Cuentos, 128 pp. Ed. Desde la Gente, Buenos Aires, 2018, ISBN 978-950-860-307-4

 El hombre podría ser definido como aquel animal que narra. Generalmente, sin darnos cuenta, todo el tiempo estamos contando algo, bien a otros, bien a nosotros mismos. Claro que construir ese relato en función de la cosa literaria es asunto muy distinto: un universo diferente de aquello que llamamos lo real posee otras reglas y quien las maneje con la mayor pericia será capaz de sumar acertadamente lo que cuenta a la extensa tradición de la ficción. Descubrir que alguno ha entrado con su obra y con pleno derecho, en esa otra cosmogonía, es para el lector un momento especial. Uno como el que se vive al incursionar en las páginas del volumen de cuentos titulado “Habitación 945”, del argentino Alejandro Frías, recientemente publicado en Buenos Aires por el sello Desde la Gente (http://desdelagente.tiendas.coop/)

Breve pero contundente, esta colección de cuentos del autor mendocino reposa sobre una construcción cinematográfica que permite visualizar cada movimiento de los protagonistas y coprotagonistas  y a la vez, gozar de ese privilegio que tiene la literatura sobre el cine: internarnos en lo que viven y sienten los personajes más allá de sus gestos, decires y acciones. Sin embargo, Frías no desciende en su discurso a ese exceso de detalle tan propio de los autores todavía no experimentados, ese regodeo descriptivo que embarra el desarrollo y detiene el suspenso. También como en la pantalla, esa ventana que da a la ficción, la diégesis de cada cuento es medida exactamente en su expresión, donde cada pormenor se nos presenta en función del eje principal, que es el relato mismo.

La edificación de la media docena de ficciones que conforman “Habitación 945” ofrece similares características, prácticamente sin fallas en sus cimientos, sin que se perciban diferencias de calidad en los materiales empleados para sostener tramas, desenvolvimientos narrativos y finales de obra. La estructura es la clásica: comienzo, desarrollo y finalización, donde en esta última se devela el conjunto. Mas Alejandro Frías conoce cómo llevar de las narices a sus lectores hasta la última página, brindándoles la necesaria cuota de suspenso y misterio, alimentando la intriga con indicios –unos verdaderos, otros falsos, en la mejor tradición del género- que obligan a postergar cualquier otro asunto hasta resolver, de la mano del autor, cuál es el sentido de esas vidas atrapadas en plena acción al abrir el libro.

Así, en “El original Alfonso”, el primer cuento que enfrenta nuestra sensibilidad, tendremos certezas que tal vez no se cumplirán en cuanto a saber qué sucederá en un rincón siniestro y clandestino del mundo del arte y el más enfermizo coleccionismo. En “Doppelgänger” –uno de los mejores cuentos que yo leí en una década- nos topamos con una respuesta y mucho más que otra vuelta de tuerca dada al célebre “William Wilson” de Edgar Allan Poe. Con el tercer relato, “Un caramelo por cinco centavos”, transitamos por los senderos del realismo sucio donde Vargas, El Bola y Tiny habrán de resolver sus pesadas cuestiones, mientras que en “Los de Arriba” un joven matrimonio de la sufrida clase media descubrirá cómo el sexo ofrece posibilidades más amplias que las habitualmente conocidas y hasta puede ofrecer sus buenas sorpresas, apenas uno se acostumbre a observar y escuchar más atentamente lo que sucede alrededor y dentro de nosotros mismos.

“La foto de las primeras vacaciones”, el quinto relato de nuestra cabalgata por la muy buena narrativa de Alejandro Frías, revela que los secretos de familia a veces tienen sus buenas razones para ser tales.
El último trabajo, el que le da título a todo el libro, de una notable perfección formal y estilística, no duda en acudir a la más fría ferocidad y las más cruentas sugerencias para llevarnos precisamente a esa “Habitación 945” a donde quiso conducirnos el autor, a través de pasillos unos oscuros y otros engañosamente iluminados, para que al abrir esa puerta tan esperada comencemos a lamentar que el libro ingrese en sus páginas finales. Pero bien: eso solamente pasa con los buenos libros y dentro de aquel cuarto, viendo lo que parece que están haciendo el protagonista-narrador y Darío con esas chicas, Sonia y Andrea, comprendemos que sí, que acabamos de leer, justamente, uno de esa exacta categoría.

Sobre el autor
Alejandro Frías nació en 1969 en la provincia de Mendoza, Argentina. Publicó los libros Serie B (cuentos, 2004), Todos los chicos (cuentos, 2007) y Los Mataperros (novela, 2015).

Luis Benítez

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