Agulha Revista de Cultura # 249 | março de 2024


Floriano Martins 


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∞ editorial | El mundo todo en nuestro espíritu

 


01 | Gracias a las acciones compartidas entre amigos nació el proyecto que llamamos “Rede de Approximações Líricas”, a través del cual estamos haciendo realidad algunas de nuestras ambiciones editoriales. También estamos reforzando algunos proyectos anteriores y los resultados emergen con una fuerza fascinante. Desde la dirección de la revista Acrobata, por ejemplo, escuchamos unas palabras reveladoras:

 

La revista Acrobata, en sus 10 años de actividad, viene realizando una intensa labor de difusión de la literatura y especialmente de la poesía brasileña e hispanoamericana. En poco más de 3 años, sus actividades se concentraron en una plataforma en línea y ampliaron radicalmente su alcance y también sus asociaciones. Proyectos como el Atlas Lírico da América Hispânica (valiosa colaboración entre Acrobata y Agulha Revista de Cultura) nos han brindado una alegría vibrante. Entre diciembre de 2023 y febrero de 2024 alcanzamos tasas que confirman las 70 mil visualizaciones y las 30 mil visitas. Algo que no esperábamos cuando iniciamos el emprendimiento. Floriano Martins y Elys Regina Zils, con sus traducciones y curaduría, son parte de estas maravillosas asociaciones que han llevado a Acrobata a lugares inimaginables y a lectores de todo el mundo. Saludo la pasión y energía que ponemos en lo que hacemos, por el placer de ver/sentir la poesía en movimiento.

 

Al mismo tiempo, agregando la pasión de Márcio Simões – Sol Negro Edições – y Gladys Mendía – LP5 (Editorial y revista), creamos la colección “Libros de la Red”, que este mes publica dos nuevos títulos de acceso gratuito:

 

3. Horizontes del surrealismo, de Carlos M. Luis: Horizontes-del-Surrealismo-de-Carlos-M.-Luis-2024

El cubano Carlos M. Luis (1932-2013) fue sin duda el estudioso del surrealismo más notable en Hispanoamérica. Mientras aún vivía en Cuba, se unió al grupo en torno a la revista Orígenes, fundada por José Lezama Lima. Luego de residir en Miami, dirigió allí el Museo Cubano de Arte y Cultura. “Horizontes del Surrealismo” reúne todos sus ensayos dedicados al surrealismo, recorriendo entornos plásticos y poéticos, e investigando los momentos más destacados de este importante movimiento del último siglo, tanto en Europa como en América. El libro se abre con una entrevista al autor, donde intenta iluminar todos los ámbitos de su investigación.

 

4. Huesos de los presagios, de Fernando Cuartas Acosta y Floriano Martins: https://lp5.cl/wp-content/uploads/2024/03/HUESOS-DE-LOS-PRESAGIOS.pdf

Dos poetas se reúnen para hablar de su amor por las artes visuales. El intercambio de correos electrónicos es un puente fraternal que une a Colombia y Brasil, una tarde intensa de afinidades que se multiplican: Susana Wald, Joseph Cornell, Moritz von Schwind. Los colores y las formas adquieren versiones fascinantes, las historias impresas en las pantallas se mezclan con la biografía de los artistas: Hong-Oai Don, Roland Topor, Unica Zürn. Nombres de tantas épocas, generaciones, sabores diferentes, se encuentran como por primera vez en la paleta mágica de estos dos poetas, Fernando Cuartas Acosta y Floriano Martins, una transfiguración de la imagen plástica en imagen poética, los poemas emergen como una orquestación estelar: Georgia O’Keeffe, Wifredo Lam, Maestro Vitalino. Dos poetas que descubren (más que inventan) un mundo abisal en el lenguaje compartido de sus visiones, una escritura al alimón que va más allá de todo lo que hayamos leído hasta la fecha.


Hablamos también con Gladys Mendía, sobre su trabajo junto a LP5. Ella nos dijo:

 

LP5 (Los Poetas del 5) es un portal literario que vio la luz por primera vez en Santiago de Chile en mayo de 2004. Se propuso la misión de amplificar las voces de escritores latinoamericanos y, posteriormente, abrir sus brazos a los creadores de todos los rincones del mundo. Mediante diversas plataformas digitales, como LP5.cl, Blog LP5, un canal de YouTube y su sello editorial, LP5 ha tejido una red de creatividad que traspasa las fronteras y los confines de los géneros literarios. Su símbolo, la “mano del filósofo”, encarna la esencia de la transformación y la apertura de los escritores contemporáneos hacia la multiplicidad y la inquebrantable voluntad de crear. Este movimiento literario y cultural se enraíza en una continua búsqueda de nuevos lenguajes y conexiones globales, fomentando la interacción entre la creación artística, literaria y crítica en la comunidad global.

LP5 se consagra a la promoción, el impulso y el respaldo de iniciativas literarias y artísticas a través de la gestión cultural y editorial. Sus nobles propósitos engloban la creación de espacios destinados a eventos culturales y artísticos accesibles para toda la comunidad, la colaboración permanente con nuevas voces talentosas para nutrir proyectos creativos y un firme compromiso con la edición, promoción y distribución de obras literarias y artísticas de valía. En LP5, se celebra con pasión la diversidad de géneros, voces y culturas, y su primordial cometido es diseminar las conexiones entre los imaginarios literarios y artísticos, donde la comunidad global dialoga y crea un constante y enriquecedor mosaico creativo.

En el umbral del vigésimo año del portal, anhelamos conmemorar esta ocasión con una imagen renovada en la web. Los créditos de esta transformación recaen en el talentoso diseñador y músico chileno, Guayi Mas, cuyas manos creativas han forjado esta nueva imagen y cuyas sugerencias han alumbrado el camino de esta nueva etapa.

Los inicios de la revista LP5 presenciaron su nacimiento en ediciones numeradas, tres entregas anuales, hasta que, en el año 2016, la senda se tornó en un recorrido de espontáneas colaboraciones o en muchos casos solicitadas a escritores y artistas. Este año vuelvo al ritual de las ediciones numeradas y temáticas, siendo actualizadas bimensualmente. Espero con fervor que este nuevo formato conquiste sus corazones y que se sientan inspirados y motivados a sumar sus voces. El espíritu, invariablemente, perdura: cooperación y fraternidad.

A todos aquellos seres cuyos pasos se han entrelazado con LP5 en este viaje, les extiendo mi sincero agradecimiento. Casi dos décadas desde la primera edición, aquel memorable 5 de mayo de 2004, Año 1. N-1. En esta travesía, el amor y la devoción hacia la literatura y las artes, así como la voluntad de compartir la cultura, han actuado como el motor incansable que me ha brindado la disciplina y la constancia para continuar avanzando.

Con una profunda emoción les invito a conocer el renovado portal LP5, que marca el comienzo de un nuevo capítulo en nuestro viaje compartido.

 

02 | Estamos en un 2024 en el que se celebra el centenario del Primer Manifiesto del Surrealismo, y Floriano Martins ha recordado la importancia de Claudio Willer a la hora de escribir los manifiestos que acompañaron sus tres primeros libros de poesía. Cuando estos manifiestos fueron reunidos en un libro, el prólogo lo firmó Martins, texto que aquí reproducimos, por primera vez en español:

 

Octavio Paz dijo una vez, en su Corriente alterna (1967), que la dificultad de la poesía moderna no proviene de su complejidad […], sino del hecho de que exige, como el misticismo y el amor, una entrega total (y una vigilancia no menos total). Esta entrega total será la condición legítima para la anulación de las distinciones entre real e imaginario, como defendió André Breton. Ambos coincidirían en que el asunto se resuelve más desde un punto de vista ético que estético. La necesaria subversión del lenguaje aquí se aplicaría en un sentido más amplio, no limitado sólo a las relaciones entre forma y significado. Es una afirmación de las contradicciones, desdoblándolas hasta que operen como reveladoras de otra realidad. Desde la modernidad, el poeta ya no puede ser el ingenuo hacedor de versos, correspondiéndole una sensibilidad más refinada que le permita descubrir continuamente nuevos vínculos entre su propia identidad y la percepción de la presencia de los demás en su creación. En esta sencilla conducta reside toda la aventura moderna de la poesía. A partir de su desencadenamiento, el lenguaje poético se reconfigura, establece nuevos códigos, se afirma como el contradiscurso que lo caracteriza en su raíz.

La noción de contradiscurso está vinculada a la forma en que percibimos el mundo que nos rodea. Si nuestra comprensión se limita a una condición binaria, la formulación de un contradiscurso será una simple oposición al discurso dado. Por otro lado, si lo entendemos como una entidad triádica, donde la presencia de los opuestos está mediada por una instancia que puede ser su suma o su anulación, entonces el contradiscurso necesita profundizar su radio de acción, consciente de que ambos, la percepción de imágenes y la formación de ideas, son aspectos que están vinculados a una aceptación de contradicciones, formulaciones que pueden ser cortadas por asociaciones, azares, acomodaciones, vislumbres etc.

Quiero particularizar estas observaciones preliminares abordando un momento aislado y aún no medido por la crítica literaria en Brasil, respecto de la afirmación de ideas y la invitación al diálogo llevada a cabo por el poeta Claudio Willer a lo largo de toda su vida, pero especialmente en su tres libros de poesía, todos ellos acompañados de manifiestos que optan por una refracción ante la mera exposición o imposición de aspectos estéticos o ideológicos. En tres ocasiones – Anotações para um apocalypse (1964), Dias circulares (1976) y Jardins da provocação (1981) –, flanqueó su propia poesía con la exposición de su pensamiento sobre cuestiones que le parecían fundamentales tanto para la comprensión de la Modernidad como para lo brutal con que esa misma Modernidad fue degradada en Brasil, ciertamente en nombre de una oligarquía que, esquizofrénica, nos ha restringido una relación más directa con la historia.


Lo que me parece esencial en la recuperación de los mencionados manifiestos no es tanto el hecho de que un poeta brasileño esté dispuesto a reflexionar sobre las cuestiones básicas que guían (o distorsionan) la época contemporánea; este hecho, en sí mismo, ya sería fundamental, pues vivimos en una sociedad cuya nota clave es que sus componentes se abstienen de asumir responsabilidades hacia ella, sino que lo que afirma durante tres décadas sigue siendo un panorama prácticamente inalterado. En otras palabras, no hubo conciencia ligada a su indispensable acción (o incluso reacción) respecto del comportamiento del poeta brasileño, al menos durante este período que abarca la reflexión de Claudio Willer.

Quizás esta afirmación (la mía) tenga cierto impacto, si pensamos en la siempre relativa difusión de nuestra poesía en el extranjero. Numerosos aspectos, desde el estallido de los ismos a principios del siglo pasado, han llevado a distorsiones en la comprensión del papel que debe desempeñar el poeta en nuestra sociedad, lo mismo ocurre con la propia concepción de nuevos planteamientos estéticos. Lo que Claudio Willer analiza en los manifiestos es que nuestro comportamiento ético no puede distinguirse de su contraparte estética. Cuando una cultura respalda la producción como condición para afirmar sus valores, ya tenemos una distorsión. En nuestro caso, es posible añadir un factor ideológico, no en la habitual limitación binaria, sino en una perspectiva que nos ha definido desde la colonización portuguesa: un nepotismo tan arraigado que se vuelve cínicamente imperceptible o frívolamente aceptable.

En los tres manifiestos, Claudio Willer aborda aquellas inquietudes que, naturalmente, eran suyas, correlacionándolas con los puntos relevantes. En 1964 comenzamos nuestro período histórico bajo la supervisión de un régimen militar. Aún así, Willer ya destacó que analizar la posición de cada una de esas escuelas y tendencias sería tarea exclusiva y nunca realizada de la crítica literaria, en referencia a una necesidad natural de los brasileños de comprender lo que sucede en el resto del mundo. Doce años después, abordó un fraude en nuestro sistema educativo, que permitió intencionadamente el analfabetismo y la consecuente desarticulación verbal de toda una juventud. Ya entonces afirmaba que el culto esotérico de las logorreas tecnocráticas, el sinsentido de los economistas, administradores y semiólogos eran formas que incapacitaban cualquier diagnóstico lúcido en relación con la época.

Claudio Willer era una voz prácticamente aislada en aquella época, donde la poesía brasileña mezclaba adherencia y aislamiento, sin que fuera posible una perspectiva de subversión del lenguaje. Es curioso constatar que Octavio Paz quedó prendado del concretismo, llegando a declarar que en 1920, la vanguardia estaba en Hispanoamérica; en 1960, en Brasil, contradicción cuanto menos extraña en quien también decía que la comprensión de las vanguardias era más a nivel moral que intelectual. El hecho es que no había moralidad alguna, en una situación ética, ya sea en el manifiesto o como resultado, con respecto al concretismo. Quizás Paz estaba, en aquella ocasión, demasiado fascinado con un make it new y que le llamara aún más la atención el hecho de que el nuevo producto viniera de Brasil o Estados Unidos.

¿Qué ejemplo de subversión nos queda? En uno de los manifiestos, Willer llama la atención sobre el hecho de que la poesía es al mismo tiempo transitoria y esencial, se refiere a los fundamentos, a lo concreto que está detrás de las apariencias, y al mismo tiempo señala su propio fin, su desaparición como una forma autónoma de arte o comunicación. Ante esto, ¿cómo podemos considerar, por ejemplo, al concretismo como una vanguardia, cuando estaba en doble desacuerdo con la referencia aquí citada? La base del concretismo no era una afirmación estética, ya que existía la supresión del elemento humano – Adolfo Casais Monteiro observó en su momento que cuando se abstraía el elemento tiempo, toda la concreción buscada caía al suelo –, sino más bien una abstracción del discurso. Era equivalente a potenciar a un intelectual radical que nunca encontraría una contraparte a nivel coloquial.

La condición básica para el establecimiento del concretismo en Brasil no tiene que ver exactamente con la fascinación por la novedad del desplazamiento de signos, su intelectualización exacerbada de las teorías epistemológicas en boga, impurezas de tal orden. Su afirmación entre nosotros es vista como la confirmación de una tradición ligada a la sumisión formalista, donde la poesía se realiza únicamente como un entrelazamiento de fibras que resultan sólo en una perspectiva formal. Al ignorar a los demás, uno se ignora a sí mismo y, en consecuencia, a su propia condición de acción en los dominios del tiempo y del espacio en que vivimos.

En una relación binaria ya mencionada aquí, los brasileños nunca han podido entenderse a sí mismos a menos que se les mida por este absurdo. Aun así, se podría considerar una frase de Casais Monteiro, cuando dice que el mal de la poesía son los falsos poetas que todos entienden y no los revolucionarios que todos o casi todos consideran ininteligibles. Para entender lo que dice Monteiro, es importante recordar que el poeta busca más que comunicación, o mejor dicho, busca una afirmación de esta perspectiva comunicativa. La pregunta que nos anima es hasta qué punto se habría defraudado una perspectiva contradiscursiva como característica de nuestra cultura. Recurrir a los manifiestos de Claudio Willer no hace más que afirmar su agudeza en los temas esenciales de nuestra explicación.

En el primero de ellos, Willer se refiere a un error al condenar posiciones de aislamiento, marginalidad, individualismo e intransigencia frente al compromiso político, recordando que esto ha implicado una serie de concesiones, nivelando, en definitiva, en un conformismo y alojamiento sólo con otro nombre y justificado por la promesa de un cambio social a largo plazo. El manifiesto del Poema-praxis, propuesto por Mário Chamie en 1961, mencionaba una realidad elegida como área de interés para la construcción de un poema, es decir, apostaba por una disensión entre dialéctica y experiencia. Por otro lado, aspectos como el onirismo y la percepción agudizada de la realidad nunca han sido bien considerados en nuestra tradición literaria, y la concepción misma de la experiencia individual siempre ha estado empañada por una lectura equívoca de la experiencia colectiva, una situada en oposición a la otra.

Vale la pena recordar aquí un comentario de Willer sobre Stekel, que la sociedad no puede ver realizado libremente en los individuos lo que sus miembros reprimen. A menos que nos basemos en la excepción y no en la regla, la tradición poética brasileña está ligada a un formalismo inocuo y exacerbado, que rara vez cumple con la conocida proposición de Mayakovsky de que no hay arte revolucionario sin forma revolucionaria. Aunque el manifiesto del concretismo sitúa parcialmente al dadaísmo entre sus precursores, está lejos de ser posible vincular la vanguardia brasileña a esa actitud metafísica o al espíritu profundamente anárquico que, según Duchamp y Breton, respectivamente, caracterizaron al dadaísmo. Brasil de entonces se escondió de la persecución ideológica, o adhirió a las innumerables variantes reaccionarias de la ocasión. Una vez más, nuestro alardeado perfil apasionado encontró más facilidad en la imitación que en el fundamento de una afirmación o resistencia cultural.

En el segundo manifiesto, Willer llama la atención sobre el hecho de que la poesía no puede separarse de su componente social, afirmando que perder esto de vista conduce invariablemente al formalismo, al cultivo de alguna propuesta estética como un fin en sí mismo, desconectada de lo real, condiciones sociales e históricas con las que se relaciona, señalando también que tal circunstancia se convierte en consumismo, el culto reaccionario de algún modo de expresión supuestamente contracultural, aunque desconectado de cualquier acción concreta contra esta misma cultura. El propio Willer añade el riesgo constante de establecer una vasta confusión entre antecedentes y consecuencias, lo que nos lleva a ejemplificar el irrisorio permanecer libre de la negatividad permanente defendido por el Poema-praxis, o la obsesión por trasplantar a ámbitos de concepción dualista de la realidad la síntesis del hai-kai, el efecto distorsionado de un método ideogramático defendido por el concretismo.

El consumismo al que se refiere Willer se revela en la relación de tenue dependencia entre creación y producción, el estilo invariable con el que se sostienen la prensa y el mundo editorial en Brasil, el culto masónico al corporativismo, adjuntos a una realidad menor –en contraste con el sentido de más realidad defendido por el surrealismo–, con el que toda nuestra expresión artística o, como se quiera, producción cultural, está hoy plenamente comprometida. Vivimos en una realidad absolutamente enmascarada. Nuestra obsesión por el cine, por ejemplo, se limita a un plan competitivo, una estrategia de mercado. El gran negocio en el que se ha convertido la canción popular equivale casi a la exportación de futbolistas. La única ideología posible es la llamada mercado, con su supuesto formalista, al que nos adherimos plenamente.

En ningún momento se ha comprendido en Brasil que no existe una forma saludable de cumplir los estatutos de una sociedad represiva. Hoy el país está perdiendo visiblemente su carácter. Incluso una imagen creada en el extranjero, si pensamos en la Bossa Nova o el fútbol, tiende a distorsionarse o diluirse. Una vez más se repite lo que estuvo presente en los tres manifiestos de Claudio Willer. Los poetas brasileños más jóvenes que pueden ser mencionados como tales son ya parte de una tradición formalista, nuestro perenne, inagotable parnasianismo, y están drogados por esa realidad elegida como pequeños burgueses satisfechos con la emanación de sus discursos, incluso sin relacionarse con el resto del mundo.

Quizás la tierra más inhóspita para la poesía se llame Brasil. No es que no tengamos grandes poetas. Pero somos demasiados sujetos. Y nuestro comportamiento se mezcla con esa presunción que conspira contra el enriquecimiento de una idea, su fundamento y propagación. Nuestra idea aquí era abordar el fraude sistémico en lo que podría llamarse un contradiscurso. Una absurda falta de carácter fundamenta un perfil nacional. Libros como El laberinto de la soledad o El nicaragüense, de Octavio Paz y Pablo Antonio Cuadra, respectivamente, establecen un patrón de reacciones ante temas internos y externos dentro de una cultura. Creo que Claudio Willer, de alguna manera, se acerca a ellos, por una sencilla razón: ningún otro poeta en Brasil se ha dado a la tarea de considerar las relaciones entre poesía y sociedad como inseparables.

Volviendo al principio, nuestra idea de modernidad siempre estuvo más ligada a la complejidad formal, ya que nuestro beletrismo nunca cedió a la visceralidad que exigía la poesía moderna. Willer tiene razón: cuando parecemos innovadores sólo lo somos desde un punto de vista tangencial, es decir, nos inclinamos más hacia el polo de la ironía, la sátira y la parodia, que hacia la creación de nuevos códigos, un verdadero contradiscurso. Esta condición avanza y determina hoy una relación muy tangencial entre poesía y sociedad. Nuestros poetas siguen huyendo de sí mismos, creyéndose herederos de una tradición que los aleja del diálogo franco con otras culturas. Creo que, junto a los tontos que creen participar de una revolución lingüística que llaman neobarroca, los brasileños que van demasiado lejos en una debilidad que se limita a describir escenas ayudan a componer un cuadro de estigmatización que afirma, en nuestro caso, una identificación voluntaria con esta tradición formalista, aristotélica, causal, que define la poesía brasileña a lo largo del tiempo.

 

También agregamos aquí una importante convocación que atende a la preparación de nuevas ediciones de nuestra revista: En el marco de las celebraciones del centenario del Primer Manifiesto del Surrealismo, Agulha Revista de Cultura planea unas ediciones dedicadas a las principales revistas vinculadas directa o indirectamente al movimiento en Hispanoamérica. Pensamos naturalmente en publicaciones fundamentales como A Partir de CeroMandrágoraLa Poesía SorprendidaEl Corno EmplumadoLas MoradasDyn, entre otras. Solicitamos a quienes estén interesados en participar que confirmen su presencia lo antes posible, indicando la revista sobre la que escribirán. Los ensayos deben tener un mínimo de 2 mil palabras y enviarse al correo electrónico elysre@gmail.com, a finales de abril, agregando una foto de su Autor y hoja de vida actualizada.

 

03 | El crítico de arte, nuestro querido colaborador, Jacob Klintowitz, dijo una vez sobre el escultor Sérvulo Esmeraldo: un curioso destino de artista. Siempre se ha centrado en las transparencias, las vibraciones y el diálogo de las formas. Nacido en uno de los paisajes brasileños más ricos y luminosos, Ceará, transformó esta luz de la naturaleza en el estudio de la naturaleza de la luz. En sus obras, en sus grabados y esculturas, interroga el camino de la luz. Sus brillos y sombras, sus luces y nieblas. Lo que acaba por darle a su lirismo concreto una luz particular hecha de sutilezas, pequeños signos y metamorfosis.

Escultor, grabador y dibujante, Sérvulo Esmeraldo (1929-2017) mantuvo tres bases consistentes para su vida y obra: São Paulo, París, Fortaleza. De su resumen biográfico destacamos los siguientes párrafos:

 

Poseedor de una considerable obra grabada, editada y distribuida por importantes editoriales europeas, a mediados de los años 1960, Esmeraldo estaba decidido a no dedicarse exclusivamente al grabado. Estaba interesado en poner en práctica sus proyectos cinéticos. Trabajando sobre objetos accionados por motores, imanes y electroimanes, o manipulables, en acrílico o metal, fue con los Excitables, obras alimentadas por electricidad estática, iniciadas en 1966, su contribución más original al cinetismo internacional. El funcionamiento de estas “máquinas” está ligado a cargas electrostáticas producidas por la fricción del observador sobre su superficie. De la misma época datan las esculturas de plexiglás en blanco y negro, cuyo interés es la topología del volumen.

[…]

En 2022 se inaugurarán las nuevas instalaciones del Instituto Sérvulo Esmeraldo en Fortaleza, en su última residencia: una casa-museo que incluye el estudio del museo y la colección artística y documental del homenajeado. En Crato, la Casa Grande de la fábrica Bebida Nova está catalogada como bien cultural de Ceará, pasando a ser conocida como Casa de Sérvulo Esmeraldo en 2021. En la misma ciudad, el Centro Cultural Cariri Sérvulo Esmeraldo abre en 2022. La exposición Sérvulo Esmeraldo – Linha e Luz, primera retrospectiva póstuma del artista, se realizará en 2023 en el Centro Cultural Banco do Brasil (CCBB), en Río de Janeiro y São Paulo.

 

Nuestro agradecimiento al fotógrafo Gentil Barreira y, en particular, a la viuda del artista, Dodora Guimarães, por su generosa donación de obras de Sérvulo Esmeraldo a esta Agulha Revista de Cultura, que la presenta como artista invitada. 

Elys Regina Zils 

 

 

 

∞ índice

 

ADALBER SALAS HERNÁNDEZ | Paola Cadena Pardo y el edén que llamamos imagen

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ADRIANO CORRALES ARIAS | El arte de Latinoamérica en el siglo XXI; sus implicaciones socioculturales. Un vistazo decolonial

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AIMÉE G. BOLAÑOS | Variações sobre o tema Eurídice

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CÉSAR BISSO & FLORIANO MARTINS | Dos fragmentos de un libro en curso

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CHRISTOS DANIIL | Matsie Hadjilazaros: Our poetry is life

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FIDELIA CABALLERO CERVANTES | Cinco poetas mexicanos

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LUIS ALBERTO VITTOR | Carlos Barbarito y la poesía entre el Misterio y la Revelación

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MANUEL MORA SERRANO | Modernismo y vanguardia en República Dominicana en el siglo XIX y principios del XX

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MINERVA SALADO | Juana M. Ramos sin ambages

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VIVIANA MARCELA IRIART | Las conversaciones sobre un pasado reciente de las artes en Venezuela

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LIBRETO # 2 | RUÍDO MANIFESTO

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Sérvulo Esmeraldo


Agulha Revista de Cultura

Número 249 | março de 2024

Artista convidado: Sérvulo Esmeraldo (Brasil, 1929-2017)

editora | ELYS REGINA ZILS | elysre@gmail.com

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