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domingo, 17 de junio de 2018

Congreso en Barcelona



1º CONGRESO, FERIA Y ENCUENTRO
DE ESCRITORES Y LECTORES
BARCELONA 2018

Si eres escritor y quieres participar, ponte en contacto con nosotros: anamarin@auladeescritores.com


CIENCIA FICCIÓN
FANTASÍA / TERROR
ROMÁNTICA / ERÓTICA
HISTÓRICA
NOVELA NEGRA / POLICIACA
DISTOP
ÍA

NOVELA / RELATO / POESÍA



COLABORAN:

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Argentina: "Del franelero popular" de Rolando Revagliatti





Información


Se encuentra disponible gratuitamente para ser leída, impresa o incorporada a bibliotecas virtuales, la tercera edición electrónica corregida y con numerosos textos eliminados definitivamente, en PDF y en versión FLIP (Libro Flash), del poemario o refranero “Del franelero popular” de Rolando Revagliatti. El diseño integral y la diagramación es de Patricia L. Boero.

Puede descargarse en:


                                                                    www.revagliatti.com/frane. html   

sábado, 16 de junio de 2018

Fútbol y literatura Rednel Colombia


Asociación Red Nacional de Estudiantes de Literatura y Afines —RedNEL Colombia
Agenda de Estudios Literarios, Lingüísticos, Visuales y Culturales © Derechos Reservados 2004-2018 RedNEL Colombia


         


Fútbol en dosis ilustradas con Ricardo Piglia [Adrogué, Argentina, 24 de noviembre de 1941–Buenos Aires, 6 de enero de 2017]



Fotografía: Pablo Piovano | Montaje: Esquizosemia


Estoy siempre más atento a los jugadores que a los equipos, a las individualidades más que a la disposición táctica. En el fútbol, como en la literatura, lo que interesa es la creatividad y el estilo.  Empecé a ir a la cancha en 1954 [ese año con mi padre seguimos toda la campaña de Boca Juniors, donde jugaba de enganche —o número 10— el uruguayo Roselló y en el medio de la cancha —con el número 5— el gran Eliseo Mouriño] y en estos sesenta años he visto muchísimos jugadores y muchísimos cambios en el modo de defender o de atacar y de parar a un equipo, pero si tuviera que sintetizar la tradición del fútbol argentino nombraría tres jugadores: Enrique Omar Sívori, Diego Maradona y Lionel Messi.

Son muy parecidos, jugaban igual, entendían el fútbol del mismo modo; son chiquitos nada atléticos, muy individualistas y realizan de memoria y al toque todas las figuras poéticas del fútbol: el arranque, el amague, la apilada, el cambio de ritmo, el chanfle, la gambeta corta, la pisadita, [“la llevan atada”, dicen los muchachos en la popular]; no corren, son rápidos, muy inteligentes, están siempre una milésima de segundo adelante, como si jugaran en el futuro del partido. Aprenden a jugar a la pelota en el potrero, el campito de tierra con el pasto al ras. Juegan con las medias caídas, debutan en Primera a los dieciséis años pero la gente madruga para verlos jugar en la Tercera y se pasan el dato en secreto, como cuando uno lee el primer libro de un joven destinado a cambiar el lenguaje de la poesía. [...]

Ricardo Piglia, Los jugadores son como los poetas, 2014

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RedNEL Colombia

República Federal de Macondo, Selección Países Nobles & Sacro Imperio de Eurasia | Selecciones de Escritores en la Copa del Mundo de Marca Página


«La del juego más vistoso y alegre, la que pone la fiesta desde el pitazo inicial y arranca suspiros con cada pase. Aunque despierta antipatía en las selecciones rivales, su fanaticada es tan grande que siempre juega de local. Sin embargo, carente de una generación de relevo, su resultado en esta competición es una incógnita.»

República Federal de Macondo

[arriba; izq–der] • Juan Rulfo [1917] Director técnico; Gabriel García Márquez [1927] Centrodelantero; Carlos Fuentes [1928] Volante izquierdo; Mario Vargas Llosa [1936] Centrodelantero; Guillermo Cabrera Infante [1929] Centrocampista; José Lezama Lima [1910] Centrocampista, y Arturo Uslar Pietri [1906] Defensa central.
[abajo; izq–der] • Felisberto Hernández [1902] Defensa central; Alfredo Armas Alfonzo [1921] Defensa lateral izquierdo; Alejo Carpentier [1904] Defensa lateral derecho; Julio Cortázar [1914] Volante derecho, y José Donoso [1924] Portero | Esquema: 4-2-4


  
Revista Marca Página. Idea original y textos: Hazael Valecillos; Dibujos: Hugo Rodríguez.



Fútbol en dosis ilustradas con Jorge Luis Borges [Buenos Aires, 24 de agosto de 1899–Ginebra, 14 de junio de 1986]



Foto-ilustración de Daniel García | AFP

¿Fue alguna vez a ver un partido de fútbol Borges?

Sí, fui una vez y fue suficiente, me bastó para siempre. Fuimos con Enrique Amorim. Jugaban Uruguay y Argentina. Bueno, entramos a la cancha, Amorim tampoco se interesaba por el fútbol y como yo tampoco tenía la menor idea, nos sentamos; empezó el partido y nosotros hablamos de otra cosa, seguramente de literatura. Luego pensábamos que se había terminado, nos levantamos y nos fuimos. Cuando estábamos saliendo alguien me dijo que no, que no había terminado todo el partido, sino el primer tiempo, pero nosotros igual nos fuimos. Ya en la calle yo le dije a Amorim: “Bueno, le voy a hacer una confidencia. Yo esperaba que ganara Uruguay –Amorim era uruguayo– para quedar bien con usted, para que usted se sintiera feliz”. Y Amorim me dijo: “Bueno, yo esperaba que ganara Argentina para quedar, también, bien con usted”. De manera que nunca nos enteramos del resultado de aquello, y los dos nos revelamos como excelentes caballeros. La amistad y el respeto que ambos nos profesábamos estaba por encima de esa pobre circunstancia que era un partido de fútbol. […]

—Borges. Biografía verbal [1988] Roberto Alfiano en entrevista con J.L. Borges [Fragmento].



Fútbol en dosis ilustradas con Antonio Gramsci [Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891–Roma, 27 de abril de 1937]




El fútbol es el reino de la lealtad al aire libre.
Antonio Gramsci


RedNEL Colombia

“El juramento” Por Gabriel García Márquez [1950]


entonces resolví asistir al estadio. Como era un encuentro más sonado que todos los anteriores, tuve que irme temprano. Confieso que nunca en mi vida he llegado tan temprano a ninguna parte y que de ninguna tampoco he salido tan agotado. Alfonso y Germán no tomaron nunca la iniciativa de convertirme a esa religión dominical del fútbol, con todo y que ellos debieron sospechar que alguna vez me iba a convertir en ese energúmeno, limpio de cualquier barniz que pueda ser considerado como el último rastro de civilización, que fui ayer en las graderías del municipal. El primer instante de lucidez en que caí en la cuenta de que estaba convertido en un hincha intempestivo, fue cuando advertí que durante toda mi vida había tenido algo de que muchas veces me había ufanado y que ayer me estorbaba de una manera inaceptable: el sentido del ridículo. Ahora me explico por qué esos caballeros habitualmente tan almidonados, se sienten como un calamar en su tinta cuando se colocan, con todas las de la ley, su gorrita a varios colores.


El legendario Grupo de Barranquilla —o ‘La Cueva: Tertuliadero Fútbol Club’—, 
por la izquierda, Gabriel García Márquez, Pepe Dominguín y Alejandro Obregón, 
en el centro con la pelota, Álvaro Cepeda Samudio [1971].


Es que con ese solo gesto, quedan automáticamente convertidos en otras personas, como si la gorrita no fuera sino el uniforme de una nueva personalidad. No sé si mi matrícula de hincha esté todavía demasiado fresca para permitirme ciertas observaciones personales acerca del partido de ayer, pero como ya hemos quedado de acuerdo en que una de las condiciones esenciales del hinchaje es la pérdida absoluta y aceptada del sentido del ridículo, voy a decir lo que vi –o lo que creí ver ayer tarde– para darme el lujo de empezar bien temprano a meter esas patas deportivas que bien guardadas me tenía. En primer término, me pareció que el Junior dominó a Millonarios desde el primer momento. Si la línea blanca que divide la cancha en dos mitades significa algo, mi afirmación anterior es cierta, puesto que muy pocas veces pudo estar la bola, en el primer tiempo, dentro de la mitad correspondiente a la portería del Junior. (¿Qué tal va mi debut como comentarista de fútbol?). [...]
—Gabriel García Márquez, 1950.

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“El fútbol es un lenguaje con sus prosistas y sus poetas” Por Pier Paolo Pasolini [1971] Diario Il Giorno


Un amable periodista del Europeo me hizo algunas preguntas relativas al debate sobre los problemas lingüísticos que separan artificialmente a los literatos de los periodistas y a los periodistas de los futbolistas. Sin embargo, mis preguntas han sido recortadas en la rotativa (¡debido a las exigencias periodísticas!) y han perdido sustancia. Como el tema me interesa, me gustaría retomarlo con un poco de calma y con plena responsabilidad sobre mis palabras. ¿Qué es una lengua? ‘Un sistema de signos’, responde hoy, con toda exactitud, el semiólogo. Pero ese ‘sistema de signos’ no es sólo ni necesariamente una lengua escrita-hablada (ésta que usamos aquí y ahora, yo escribiendo y tú, lector, leyendo) […] Otro sistema de signos no verbal es el de la pintura; o el del cine; o el de la moda (objeto de estudio de un maestro en este campo, Roland Barthes), etc. El juego del fútbol es un ‘sistema de signos’, una lengua no verbal.


Controlando con la pierna izquierda, Pier Paolo Pasolini [Bolonia, Italia, 5 de marzo de 1922–Ostia, 2 de noviembre de 1975]

En el fútbol hay momentos que son exclusivamente poéticos: los momentos del ‘gol’. Cada gol es siempre una invención, es siempre una perturbación del código: todo gol es ‘ineluctabilidad’, fulguración, estupor, irreversibilidad. Precisamente como la palabra poética. El máximo goleador de un campeonato es siempre el mejor poeta del año.


[…] Un fútbol de prosa: se basa en la sintaxis, en el juego colectivo y organizado, esto es, en la ejecución razonada del código. Su único momento poético es el contraataque que culmina en un gol (que, como hemos visto, no puede más que ser poético). En definitiva, el momento poético del fútbol parece ser (como siempre) el momento individualista (regate y gol; o pase inspirado). [...]

Pier Paolo Pasolini, “Il calcio ‘è’ un linguaggio con i suoi poeti e prosatori”, Periódico Il Giorno, 3 de enero de 1971.


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RedNEL Colombia

Fútbol en dosis ilustradas con Vladimir Nabokov [San Petersburgo, Rusia, 22 de abril de 1899–Montreux, Suiza, 2 de julio de 1977]


De todos los deportes que practiqué en Cambridge, el fútbol ha seguido siendo un viento claro en mitad de un período notablemente confuso. Me apasionaba jugar de portero. En Rusia y los países latinos ese intrépido arte ha estado rodeado siempre de un aura de singular luminosidad. Distante, solitario, impasible, el portero famoso es perseguido por las calles por niños en éxtasis. Está a la misma altura que el torero y el as de la aviación en lo que se refiere a la emocionada adulación que suscita. Su jersey, su gorra de visera, sus rodilleras, los guantes que asoman por el bolsillo trasero de sus pantalones cortos, lo colocan en un lugar aparte del resto. Es el águila solitaria, el hombre misterioso, el último defensor.


Nabokov, el #1, el portero, ‘el águila solitaria’ del equipo de fútbol de la Universidad de Cambridge.

Oh, desde luego tuve mis días brillantes y vigorosos: el magnífico olor del césped, aquel famoso delantero del campeonato universitario que se me aproximaba cada vez más sorteando defensas, empujando el leonado balón con la punta de su centelleante bota, y después el disparo envenenado, la afortunada parada, la prolongada comezón… Pero hubo otras jornadas, más memorables, más esotéricas, bajo tristes cielos, con las inmediaciones de la meta convertidas en una masa de barro negro, el balón tan resbaladizo como un budín de ciruela, y mi cabeza despistada por la neuralgia, tras una noche insomne de versificación. En esos días apenas si daba malos manotazos y acababa recogiendo el balón junto a la red. Compasivamente el juego pasaba a desarrollarse en el otro extremo del encharcado terreno. Comenzaba a caer una llovizna cansina, vacilaba, y volvía a empezar. Con una ternura casi arrulladora en su asordinado graznar, unos grajos en baja forma aleteaban en torno a un olmo deshojado. Se iba espesando la neblina. [...]
Vladimir Nabokov, Habla, memoria. Una autobiografía revisitada, [Fragmento] Editorial Anagrama, 1986.


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“La alienación del 1. FC Nürnberg” Por Peter Handke [1968]



‘Die Aufstellung des 1. FC Nürnberg’ Poema concreto de Peter Handke [1968]




RedNEL Colombia

“Lo que debo al fútbol” Por Albert Camus [1957] Revista France Football


Sí, lo jugué varios años en la Universidad de Argel. Me parece que fue ayer. Pero cuando, en 1940, volví a calzarme los zapatos, me di cuenta de que no había sido ayer. Antes de terminar el primer tiempo, tenía la lengua como uno de esos perros con los que la gente se cruza a las dos de la tarde en Tizi-Ouzou. Fue, entonces, hace bastante tiempo, en 1928 para adelante, supongo. Hice mi debut con el club deportivo Montpensier. Sólo Dios sabe por qué, dado que yo vivía en Belcourt y el equipo de Belcourt-Mustapha era el Gallia. 

Pero tenía un amigo, un tipo velludo, que nadaba en el puerto conmigo y jugaba waterpolo para Montpensier. Así es como a veces la vida de una persona queda determinada. Montpensier jugaba a menudo en los jardines de Manoeuvre, aparentemente por ninguna razón especial. El césped tenía en su haber más porrazos que la canilla de un centro forward visitante del estadio de Alenda, Orán. Pronto aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser siempre lo que se dice ‘derecha’.


Albert Camus: ‘golero de la juvenil’ [Mondovi, Argelia, 7 de noviembre de 1913–Villeblevin, Francia, 4 de enero de 1960]

Pero al cabo de un año de porrazos y Montpensier en el “Lycée” me hicieron sentir avergonzado de mí mismo: un “universitario” debe jugar con la Universidad de Argel, RUA. En ese periodo, el tipo velludo ya había salido de mi vida. No nos habíamos peleado, sólo que ahora él prefería irse a nadar a Padovani donde el agua no era tan “pura”. Ni tampoco, para ser sincero, eran “puros” sus motivos. Personalmente, encontré que su motivo era “adorable”, aunque ella bailaba muy mal, lo que me parecía insoportable en una mujer. ¿Es el hombre, o no es, quien debe pisarle los dedos de los pies? El tipo velludo y yo prometimos volver a vernos. Pero los años fueron pasando. Mucho después comencé a frecuentar el restaurante de Padovani (por motivos “puros”) pero el tipo velludo se había casado con su paralítica, quien seguramente le prohibía bañarse, como suele ocurrir. ¿Pero qué es lo que estaba diciendo? Ah sí, el RUA. Estaba encantado, lo importante para mí era jugar. Me devoraba la impaciencia del domingo al jueves, día de práctica, y del jueves al domingo, día del partido. Así fue como me uní a los universitarios. Y allí estaba yo, golero del equipo juvenil. Sí, todo parecía muy fácil. Pero no sabía que se acababa de establecer un vínculo de años, que abarcaría cada estadio de la provincia, y que nunca tendría fin. [...]
—Albert Camus, 1957.

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RedNEL Colombia

“El balón y la cabeza” Por Juan Villoro [2002] Revista Letras Libres


El oficio de chutar balones está plagado de lacras. Levantemos veloz inventario de lo que no se alivia con el botiquín del masajista: el nacionalismo, la violencia en los estadios, la comercialización de la especie y lo mal que nos vemos con la cara pintada. Todo esto merece un obvio voto de censura. Pero no se puede luchar contra el gusto de figurarnos cosas. Cada aficionado encuentra en el partido un placer o una perversión a su medida. En un mundo donde el erotismo va de la poesía cátara a los calzones comestibles, no es casual que se diversifiquen las reacciones. Los irlandeses aceptan el bajo rendimiento de su selección como un estupendo motivo para beber cerveza, los mexicanos nos celebramos a nosotros para no tener que celebrar a nuestro equipo, los brasileños enjugan sus lágrimas en banderas king-size cuando sólo consiguen el subcampeonato y los italianos lanzan el televisor por la ventana si Baggio falla un penal. [La mente da en el poste]




El crack sólo existe rodeado de cierto dramatismo. Aunque las biografías de los futbolistas nunca son tan tristes como las de las patinadoras en hielo, hay que haber sufrido lo suficiente para tener ganas de patear al ángulo. En 1998, durante el Mundial de Francia, asistí a un entrenamiento de Brasil. De pronto, Giovanni y Rivaldo se apartaron del conjunto y jugaron a dispararle al larguero. Giovanni acertó 12 veces seguidas y Rivaldo 11. Ningún humano nace con tal capacidad de teledirección. Se requiere de un pasado roto o necesitado o muy extraño para alcanzar tan obsesivo virtuosismo. Como la caminata o el ballet, el futbol permite sublimar el sufrimiento con molestias físicas. Quienes tienen poca habilidad para convertir sus traumas en toques acaban de defensas; quienes tienen más problemas que talento, se especializan en la variante futbolística del performance: romper el juego y los tobillos. [El sentido de la tragedia]

—Juan Villoro, 2002.


RedNEL Colombia

Fútbol en dosis ilustradas con Roberto Bolaño [Santiago de Chile, 28 de abril de 1953–Barcelona, 15 de julio de 2003]


Ilustración de Juan Pablo Gaviria Bedoya

Mi experiencia como jugador de fútbol nunca fue del todo comprendida ni por los espectadores ni por mis compañeros de equipo. A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. 
Aclaras ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro.

Roberto Bolaño, Bolaño por sí mismo [Entrevistas escogidas]. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales, 2006.



miércoles, 13 de junio de 2018

A Week in Israel






By Eva Feld

 “When Israel has prostitutes and thieves, we’ll be a state like any other.” What Israel’s first prime Minister, David Ben Gurion, meant by such shocking statement, circa seven decades ago, was the need of the Jewish people to own a piece of land that each and every one of them could call home regardless of background, profession, economic status, or color of the skin.
Little did Ben Gurion suspect that three generations after the foundation of the modern state of Israel, and once reached the “normalization” that he was seeking for his people, he would have to face a new breed of Jews more related to their age than to their nationality, religion, or language.
The Israeli young adults are as millennials as any other of their equals around the world. When off-duty from the military service, the young Sabras are plugged into the internet to connect with their contemporaries all over the globe. They share the same dreams and values and are willing to spend all their earnings if they are given the slightest chance to travel around the world. Their fingers are trained to text at astonishing speed. Dozens of young soldiers can be seen in large groups, with a machine gun hanging around their neck, visiting their country as tourists, most of them also carry a cell phone to stay in touch with their loved ones, and the virtual reality that holds them together as a generation.
On a Sabbath, hundreds of millennials hang out drinking beer and flirting on the wonderful beaches of Tel Aviv. They easily mingle with tourists from everywhere (with fluent English). Besides Ivrit (Hebrew) and English, many speak their ancestor’s language as well. Along the coastline, that reminds the ones in Copacabana (Brazil), it is common to hear a Peruvian flute, Portuguese samba, Puerto Rican salsa, and loud voices in Dutch, German, Rumanian or French.
Beautiful girls in tiny bathing suits parade nonchalantly on the shiny sand by the Mediterranean Sea, while well-built males work out in outdoor gyms. They then gather at numerous restaurants where fresh fish, taboule, babaganoush, falafel, and hummus are served by other young adults. A festive atmosphere reigns all over.
The sacred meaning of the Sabbath that begins with the first star on Friday evening is well kept in the collective consciousness, but the millennials were born in an era of freedom. they serve their country and their God by proudly speaking Hebrew, a language conquered for them by their grandparents, by defending their nation when called for duty, and by working and studying hard in a very competitive society. They comply with their constitutional rights and obligations, but at the same time, they exercise their citizenship with the right to disagree with the status quo, with liberty and self-determination. As do Christian millennials in their own churches, they go to the temple only on special occasions, and pray individually. They also check job opportunities and interesting challenges abroad, as do all millennials everywhere.
David Ben Gurion has accomplished postmortem his goal. Today Israel is a state like any other, except for the perennial menace of its borders. Ben Gurion also foresaw such struggle: “Everybody sees a difficulty in the question of Arabs and Jews. But everybody sees that there is no solution to this question.” So, life under perpetual threat has also acquired a glaze of normality, after all, Gaza is far from the Tel Aviv beaches.

Alternative realities and controversies
Israel faces core disagreements, incongruities, and political storms. Nationalism vs universalism, conservativism vs liberalism, laicity vs religious purity, militarism vs civisms, are only a few of the issues that divide the population. There are also social matters and ethnic differences, not only between Jews, Christians and Muslims, but also internal affairs amidst each of these communities: Sephardim (Jews who come from Spain, Portugal and Africa) vs Ashkenazim (mostly European Jews); Copts vs Catholics vs Orthodox. About 20 per cent of the population is Arab, mostly Palestinians, but also from other nationalities, each one with their own mind-sets.
All signs on the roads of Israel are written in Hebrew, in Arabic and English. In some places, Cyrillic is already added for according to some unofficial figures, Russian speaking people ascend to 20 percent of the population.
Without pluralism, eclecticism, and tolerance, the modern state of Israel could not exist. Sometimes it is hard to understand the contradictions between what one sees on the streets of Jerusalem and some almost factious statements from certain politicians. Hundreds of people gather at the Western Wall to pray and place their petitions among the old stones. Nobody asks them about their nationality or faith. It suffices not to carry arms or any menacing device to approach the wall.
Of course, according to the Jewish tradition, men and women pray separately. So, I found myself surrounded by a dozen Ecuadorian Indians, a whole class of school girls brought to visit the holy place, a bunch of American tourist wearing lots of make-up and big hats, and a great number of Asians. All of us crowded, shoulder to shoulder, seeking to attain a peaceful moment for meditation and prayer, while more crowds were waiting for their turn behind us.
When I was about to leave, a tremor overtook my body and mind at the sight of a Hindu ageless woman dressed in an orange and yellow sari. Her forehead and both her hands were glued to the wall. She was singing and praying and crying in Sanskrit. For me, her mantras, her tears, her devotion represented for an instant the magnitude and universality of spiritual power regardless of race, faith or origin.

The lively Dead Sea
The booming modern state of Israel, offers alongside its millenary sites both historic, religious and cultural, some unique experiences such as the Dead Sea and the deserted land that surrounds it. Many kilometers of heat and clay, a vast uninhabited land, and yet, even this arid and desolated spot on the earth has deep meaning to the Jews. Amidst the nothingness, ancient people built a fortress called Masada. With some research and a lot of imagination, it is possible to reconstruct the hardships and deprivations suffered by its inhabitants and their endurance based on hard work and faith.
In the vestiges of Masada lie the fortitude and resolution of the Jews to survive. The blue sky and Dead Sea are the only recess to the eyes in this desertic scenery. Not so to the heat, for both, sky and water are incandescent.
Everybody is aware of the high density of the Dead Sea. The picture of tourists floating effortlessly on their backs is as common as the ones of tourists holding the inclined Tower of Pisa in Italy. Actually, floating in the Dead Sea involves an inversed effort to go back to a vertical position. The sea feels like a lively mass of water with a determination to keep you floating forever. It so strongly pushes you up to the surface, that people seem as though they were drowning when trying to land on their feet.
Along with the touristic exploitation of The Dead Sea, it is of course a source of salt and potash (an important component of fertilizers). It is impossible not to admire the development of such an arid area: modern and fully equipped hotels and Spas by the sea, a cable car, with capacity for 80 people per trip, to visit Masada, a restaurant and a museum. The latter built to blend in with the mountain. There are drinking fountains everywhere as proof of a highly technological and effective desalinization procedure.

Finale
David Ben Gurion served his ideal since 1931 (seventeen years before Israel was declared a nation). Until his death in 1973 at the age of 87, he occupied the most important roles: from Prime Minister (1948/1953), Minister of Defense (1955/1963) to an influential member of the Parliament, his was the voice of wisdom and action. During those fifty-two years of political exposure, Ben Gurion said a great number of memorable phrases.
As small as Israel might be in territory, it is impossible in a week to assess all the cultural, historic, economical, political or touristic aspects, as impossible it is to make justice to the man who is considered the founding father, David Ben Gurion.
Like for the resolution of an equation, I chose the words, places and figures that demonstrate what I saw, heard, and lived. I hope to have achieved my goal. Quod erat demostrandum.

May 2018