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jueves, 22 de abril de 2010

Sobre “Formas e intenciones del lenguaje” de Alejo Urdaneta





Por Francisco Javier Pérez

Forma cargada de intenciones, el lenguaje resulta un complejo y sistemático haz de posibilidades de decir, de pensar y de fundar la realidad. Materia verbal en permanente elaboración, el lenguaje busca hacerse siempre nuevo a partir de viejos recursos. Entidad de pensamiento, el lenguaje ilumina cada intento por aproximarse al conocimiento. Acto creador, el lenguaje concreta la insospechada utopía de edificar el mundo como quiere.

Portando estos estandartes, el libro que prologamos, Forma e intenciones del lenguaje, escrito por Alejo Urdaneta Fuenmayor, declara un viaje personal por el arduo cosmorama de la filosofía del lenguaje, más un intento siempre bienvenido que un conjunto de dogmas teóricos nunca del todo asimilado.

El ensayo dual se hace rama arbórea de ricas floraciones. La polaridad de la ensayística propone que la obra se distienda en dos grandes cauces –el lenguaje y el arte verbal– que tendrán que cruzarse antes de morir en la vastedad del propio océano de los lenguajes, tanto un asunto que intenta comprender, como una imagen que llega a alcanzar. Dos piezas atraviesan la estructura de este libro. Se trata de los ensayos “Forma e intención del lenguaje”, que por su cuenta nomina y domina la obra toda, y “Thomas Mann: Los recuerdos primordiales”, que le ofrece corona duradera a la reflexión en que insiste el conjunto. Qué serían, si no se entendieran así, las prometedoras palabras con las que el libro finaliza, y que recapitulan “la saga bíblica”, “la decadencia de las costumbres” y, contundentemente, “la epifanía de otra humanidad”, marcadores tanto de la novelística del narrador de Lübeck como de la significación del lenguaje mismo, que les ha permitido vida y refugio.

La corporeidad de este único desarrollo mostrado en su duplicidad tiene al perdurable Mann, el escritor filósofo, como amarre y liberación de un hallazgo de ideas que se anuncian como si se tratara de la equis que señala el tesoro en un mapa imaginado cuyo orden no es otro que complacer la idealidad. En otras y sencillas palabras, la figura de este escritor de muertes venecianas debe ser entendida en este libro por su capacidad de asumirse faro iluminador dentro del conjunto enorme de conocimientos, citas, referencias, autores y textos que el ensayo se satisface y solaza en presentar con profusión.

La escritura de pensamiento ensaya aquí un proceder en donde “estilo” y “cita” se identifican. No es posible razonar sin invocar lo ya razonado. No es posible decir sin asumir lo ya dicho. No es posible comprender el lenguaje sin guiarse por lo que el lenguaje permite de comprensión. El ensayo, de esta suerte, va creciendo conducido por una múltiple comunidad de pensamiento que el autor no hace sino recoger, invocar y relacionar. Recoger, invocar y relacionar –entonces–, serán las doradas acciones de un método que el género hizo suyas desde el remoto gabinete del señor de Montaigne, cuyas paredes estaban forradas con las amigables citas de autores clásicos que lo acompañaron sus días y sus noches, hasta el vértigo perfecto que Walter Benjamin le ofrece al arte invocatorio en la ejecución de su transitorio libro sobre los pasajes de París.

Verá el lector de este libro cómo el autor funge de ordenador de un corpus citatorio que deberá ser visto como base de la reflexión y, también, como su mejor logro. Al unísono, un punto de llegada y otro de partida con un único cometido: prestigiar los valores que el lenguaje posee en sus dimensiones representativas, sociales, artísticas y de pensamiento. A mi juicio, he aquí el don y el regalo que nos hace la ensayística de Alejo Urdaneta Fuenmayor en este actual ofrecimiento bibliográfico.

El nuevo retoño está recordando la gestión previa y ésta ha sido realizada con la publicación de sus cinco libros anteriores; tres de ellos dedicados al cuento: Ezequiel y Otras Visiones (Asociación de Escritores de Venezuela, 1979), Juegos, Sombras y Transparencias (Vinicio Romero Editor, 1982), La Falsa Ciudadela del Recuerdo (Editorial Actum, 1993) y Frutos del Mismo Tiempo (Distribuidora GILAVIL C.A., 1998); y el más reciente al ensayo: El arte: Una apreciación personal (Editorial Actum, 2006).

Abogado y escritor por partes iguales, nuestro autor ha dedicado muchos empeños prácticos y de reflexión a la espinosa problemática de los derechos de autor, un tópico que agobia en los tiempos modernos a los escritores en función del reconocimiento pecuniario de la tarea que ejercen, tan difusa a estos fines. En otro sentido, un elemento de exploración teórica que desde la literatura se ha querido entender como protección a la originalidad de los materiales y como resguardo de la creación textual (cuyas violaciones, en casos especiales, ha podido justificarse trasvase textual de unas obras en otras). En estas y similares materias jurídicas, el doctor Alejo Urdaneta Fuenmayor es autor, al día, de los libros: Estudios sobre el Derecho de Autor (Ediciones GILUZ, 1998) y La valoración jurídica como elemento fundamental de la creación del Derecho (Universidad Católica Andrés Bello, 2004).

Presentada la problemática del libro que prologamos y señalada la tarea de escritura de su autor, quedaría ofrecer una valoración de esta obra, pues de su contenido ya el libro mismo se encargará de desarrollarlo suficientemente y bien.

La primera nota quisiera destacar el escaso asidero que tiene la reflexión filosófica y teórica en nuestros estudios sobre el lenguaje y la literatura. Al tanto de las dificultades y limitaciones que impone recorrer el lenguaje con óptica reflexiva, resulta mérito aquí el sólo arrojo con que Forma e intenciones del lenguaje acomete la empresa. Pero si a la valentía que señalamos sumamos el manejo cauto y ponderado de la materia, éste resultará el segundo rasgo de acierto que debe destacarse.

Pero, si no fueran suficientes los logros anteriores, este libro ofrece un tercer mérito valorativo: la estructuración de la problemática de los lenguajes. Probando un abordaje infrecuente en los estudios lingüísticos, más ganados a la técnica descriptiva que a la interpretación poética de los resultados, Forma e intenciones del lenguaje va explorando y cumpliendo con mucha solidez y encanto los senderos y los objetivos que se impone: 1) La diversidad humana y el lenguaje; 2) las limitaciones del lenguaje; 3) el lenguaje en el habla cotidiana y las formas expresivas de la poesía, la ciencia y la filosofía y 4) el lenguaje frente a la amenaza de disolución.
En la conclusión del ensayo largo queda grabada, finalmente, el áureo carácter de la obra (no siendo el ensayo corto más que una insistencia virtuosa de la misma conclusión): la gloria del lenguaje literario y la gloria de la literatura como lenguaje. Aunque queda dicho de muchas maneras en el crecimiento de este libro, el autor hace alarde justiciero y encantador al pensamiento literario al citar unos versos del gran Víctor Hugo, escritos durante un exilio de vejez impuesto por el tercero y más pequeño de los Napoleones a este grande poeta que tantas veces ha convivido con la gloria; versos que recogen terrorífico axioma de alta sabiduría: “Mundo, todo el mal procede de la forma de los dioses”.
Hoy podemos decir, por la gracia divina del poeta y por los muchos aciertos del ensayista glorificador, que los dioses buenos inventaron el lenguaje para crear un mundo mejor; aquél en donde reine el arte de amar, en donde la palabra benéfica actúe y en donde esplendorosamente brille la luz de la vida.

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