El reino de Castalia

                






Dedicado al gran maestro

Gerardo Cedeño Fermín

De: Naudy Henrique Lucena

   

              

               

            Castalia,    llamada    provincia   pedagógica,

escuelas selectivas, un sistema de tamiz inteligente y elástico, a través del cual   la dirección, consejo de estudio, formado por los representantes de un orden, elige y educa a los mejores dotados de todas les regiones y escuelas del país, para el renuevo de todos los cargos importantes de la educación...

Herman Hesse; el juego de los abalorios

 

 

De origen.  Castalia, antes de ser la madraza/ Universidad que ayer nomas se conocía, se inició como una comunidad hermética de meditación que no admitía espurios, bastardos de sospechoso linaje. Sus muros altos y sus jardines flotantes y su ideal era ser autárquica, autónoma, un sistema cerrado bajo el cielo; gobernada para sí misma; autorreferente y autopoietica como diría Niklas Luhman; su  debilidad y su foso  o limite realista consistía  en  que no podía ser autosuficiente; aunque si idealmente factible, en el vasto sentido  de ser parte de un sistema  educativo abierto; por lo tanto, aunque tuviera cercas de alfajol; mantenía relaciones y diferencias intactas, su límite incluía, extrañamente la variedad, y hasta era posible que en sus aulas estuvieran estudiando ángeles y demonios  en completa armonía; claro, con  un entorno o  sistema social tan  fluido,  movedizo y complejo, el Todo evidentemente tendría dificultad para ser Todo; así que sería lógico pensar que la  Castalia no fuera parte del sistema y en otras subsistema de otros sistemas.

Fundada por un monje benedictino, el honorable   fra. Gerardus Cedeño de abbeville, un filósofo   averroísta severo, algo así como decir margariteño, con una vasta cultura comprensiva, quien sustentaba su creer en las tres fases de la espiral del conocimiento dejado a la humanidad como legado de aquel sabio beduino; a saber: la aprehensión, el juicio y el razonamiento. Tres dimensiones viables del deseo(cognitivo) donde van los propósitos antes de ser proyectos, planes, ideales y sus escabrosas funciones, que, una vez llevados a la realidad se transforman en conocimientos prácticos o no, voluntad y poder; trabajo, estas dimensiones se trasladan como trasfondo en los actos del saber y se deslizan de manera transversal en toda causa y efecto del ciclo de vida que estas persiguen como propósitos del sistema, aunque este sea frio y mecánico y se inician antes de hacerse sustancia/ tiempo hasta que caen todas en el gran juego del abalorio de la recurrencia infinita donde regresan al deseo.

El abad regens no tenía otro interés sino el de encontrar el límite entre ese saber y el creer; entre la piedad y el conocimiento experimental. Sus discípulas castalias afables cordiales, provenían de las elites más selectas y de mayor alcurnia con elevados plumajes y con las más altas calificaciones y probabilidades de éxito. Indudablemente que estaban predestinados por el sistema para el relevo y la toma del poder. De ese espíritu salían los empresarios, la casta de los políticos, la gente de negocio, los profesores que realmente profesan, las corporaciones, los industriales y la sociedad del futuro; en esos tiempos se sentía llegar la prosperidad como un aguacero.

 En la castalia regentada por aquel santo  se tenía una visión empresarial de un mundo pedagógico  basado en los principios liberales  de calidad y eficiencia propuestos por Edwars Deming(1900-1993) donde  la libertad, la confraternidad y la igualdad, eran elementos místicos esenciales que  entraban permanentemente en un ciclo virtuoso o infortunado, en el cual para obtener  mejores resultados con sus productos de calidad, se debía  planificar, ejecutar, verificar y disponer de vastos planes de acción, metas y visiones y para ello, el sujeto que entrara al ciclo, tenía que ser  reeducado y vaciado del saber poco ortodoxo y silvestre que traía inculcado de las masas.

La castalia no era una empresa con chimeneas, pero si una unidad productiva cuyo producto básico era el componente humano, el desarrollo de la mente, el alma de todos aquellos que la tuvieran al alcance, y la dieran para   capacitarlos, entrenarlos y conducirlos al éxito en un orden que sólo “nosotros, el sistema social” requiere y da; esa era la misión y la visión, con la cual se preparaba para   recibir los beneficios de la eudaimonia del gobierno mundial único y absoluto esperado.

 Claro que todo ideal tiene su contra ideal y el ascenso al desarrollo no iba a ser tan expedito y gratis; alguien tenía que pagarlo, y allí estaba la clase C, el modelo pobre, pobre del entorno, cuyo producto era precisamente la pobreza; mientras por un lado se levantaba la pirámide del desarrollo; ella crecía hacía abajo.

La mirada escrutadora del abad regens de la castalia, presentía su destino al ver aquella contradicción, estaba triste   con su visión de futuro.

__Como era posible__ decía a su compañera gema, una piedra preciosa que siempre le acompañaba__ que después de tanto esfuerzo no hemos avanzado nada, porque lo que para nosotros es arriba para ellos es abajo.

__Tal vez __ respondió gema brillando intensamente__ hay que llevarlos a los abismos, aunque tengan que sufrir un poco la escasez y adaptarse a las sanciones que le lleguen y a los bloqueos que les hagan; a ver si se transforman en esos pececitos planos y dientudos de las profundidades del océano y saquen a relucir de una vez la lamparita que llevan incrustada en la cabeza.

Ya me veo caminando contigo por las verdes alamedas__ le dijo el Abad__ pero aún no logro entender, Por qué nuestra gran maestra de la botánica, Gladys de Rokas, plantó álamos y no cujíes que resisten más la sequía y dan mejor sombra.

La filosofía  del maestro era evidentemente empirista basada en el ideal de la humildad, y por tanto,  conocía la diferencia y la relación entre la realidad y la fantasía enseñable, y practicable; de allí, seguramente  tuvo el tropiezo  con  una pedagogía funcionalista que se abría paso y se apoderaba de la verdad y en contra de su filosofía; y el sistema para reducirle sus expectativas y evitar sus críticas,  lo asciende y le lleva a ocupar un alto cargo, pero  insistía en que no estaba de acuerdo con tanto artificial ismo pedagógico.

Quizá por eso no había dragones; ni damas ni san Bernardo en los escudos y en los emblemas de la castalia; su simbología era otra, y esto vale la pena recordar; era la viva imagen de la campana plateada de Gauss.

Quizá un buen observador podría percatarse de la analogía o coincidencia casual que la tal campana bien podría guardar relación con el gorro frigio que usaba el médico de la pintura medieval del Bosco para la extracción de la piedra filosofal de la cabeza del loco. Las comparaciones muchas veces son irrespetuosas, pero que no se considere así, en este caso, se trata de una visión plástica de un simple discípulo, por lo tanto, tómese en su misma simplicidad.

 Tal parece que cada generación a la hora del despegue existencial a su destino, encuentra dificultades, conforme a lo que puede soportar y a sus recursos, ingenios y habilidades que tenga y va sacando del cesto como peces en el vasto mar; algunos son más ligeros y avanzan sin dificultad antes de ser aplastados por el sistema o comidos por los más fuertes; otros toman otro curso; cada criatura, a su modo y manera, conforme le alcanza su cobija mental y la suerte.

Al que te conté, le tocó estudiar durante la época de mayor control de calidad del saber, bajo la vigilancia estricta del sistema de pensamiento averroísta severo que esperaba, seguro, la llegada inminente del gobierno mundial único.  Con dificultad, el susodicho se sobrepuso y adaptó a las recias exigencias del método de evaluación de la campana de gauss que les aplicaban, y permanecía o sobrevivía en el promedio activo de cualquier distribución y descarte; eso sí, no tenía tiempo para distraerse, tan pronto pasaba una prueba recibía otra descarga teórica, y luego otra, y debía estar atento procesando críticamente lo que le daban como quien como pescado espinoso.

Recordó el día, siendo un joven novicio, cuando se bautizó lleno de emoción en la fuente  

Pública cuyo nombre se omite, pero el lector supone; desde ese momento su vida y su yo, (yo social) sufrió severos cambios; había llegado allí, sin pensar en nada, llevado al azar por una voluntad ciega que le impulsaba a seguir un camino desconocido; tal vez

buscando otros mundos posibles.  En aquel entonces, el ingreso a una universidad, de las pocas que había, se distribuía básicamente en tres sectores sociales, no obstante, la

supuesta gratuidad; los cupos ya estaban preasignados, en primer lugar, era para los círculos privilegiados, provenientes de sectores de mejor calidad de vida, entre las altas, medias y bajas, quedando por fuera los rezagados y los de pobreza crítica que con mayor razón quedaban fuera del afuera.

Este individuo pertenecía al último trozo de la torta estadística; sin oportunidad alguna; pero era un zelote, alguien del común de la calle, y estaba dispuesto a competir por su derecho al estudio y quizá aspirar una movilidad social de aquella pesada estructura anclada.

 Su inteligencia, por casualidad, o excepción de la regla, llegaba al promedio; y como era astuto por condición natural; principios de sobrevivencia, su inteligencia era flexible, y adaptable conforme a la necesidad y a la oportunidad que se le presentara; se coló entre la fila de los pobres, de los cuales un mínimo de todos ellos entraba cada año, pero la tendencia en la estadística era el de ser erradicados; en realidad, provenía de un estrato social aún más bajo; la mina de los pobre pobres.

 Sabía que muchos de sus anteriores generaciones lo habían intentado y habían quedado molidos y triturados por aquel sistema y convertidos sólo en las manos de obra como bien lo hubiera deseado Adan Smith; sus aspiraciones rotas; pero no se amilanaba, porque en esencia era similar a  los peces planos de las profundidades del océano; feos, dientes afilados, escamas de hierro, pero capaces de soportar semejante presión y andar  resueltos en la oscuridad de las aguas revueltas; por alguna razón inexplicable, el creador les ha puesto un bombillito encendido en la frente.

Después de un intenso forcejeo, cuando ya estaba por rendirse, el sabio abad, vio su interés y le protegió con su bastón de mando.

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