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domingo, 17 de abril de 2016

El teatro de Cristina Escofet: Las voces del sujeto femenino





Por Valeria Badano (*)

Las obras dramáticas de Cristina Esccofet reunidas en el libro Teatro. Memoria y Subjetividad,  que publicó la editorial Nueva Generación en 2015, conecta acontecimientos de la historia argentina con instantes “dramáticas” de sujetos cuyas  vidas se subrayan como paradigmas de un momento, de un acontecimiento de la historia. Los personajes se presentan de modo tal que se fortalece la cuestión dramática, física y subjetiva presentes en el hecho dramático.

Teatro. Memoria y Subjetividad  se trata de un libro que reúne seis piezas breves en las que participan personajes de la historia argentina.

En estos textos de Escofet coloca en un rol protagónico a personalidades de la historia argentina generando a partir de ello una subversión ya que la historia conocida cambia de rumbo cuando quienes la llevan adelante se vuelven otros. Así es los textos diseñan una diégesis que está cargada con los elementos dramáticos que postula la historias universales que señalan más que sujetos, subjetividades; más que seres, sentimientos universales. Entonces, la historia que es el genotexto articula con los elementos dramáticos que los vuelven fenotextualidades donde la historia crece, crecen nuevas historias y en ellas se subraya lo dramático, los efectos de la escritura dramática.

La propuesta escritural de Escofet oscila entre la memoria y la subjetividad; en esa oscilación la feminidad cobra relevancia ya que ambas –la memoria y la subjetividad- construyen el concepto de teatro según lo entiende la autora: la palabra dramática se funda en los cruces del lenguaje, de la memoria, de los cuerpos, de la escritura. Todos fundantes, todos creadores.

La voz de Escofet es una apuesta dramática que funciona como bisagra del interdicto entre la palabra y el discurso, entre el teatro y la historia.

Las obras dramáticas propuestas son obras de ruptura donde la historia (el-los acontecimiento-s) se cruzan con el discurso y entonces los discursos se vuelven poderosos más allá de los sujetos que los enuncien. Por eso, más allá de los nombres propios (Eva, Mugica, Camila, etc.) importan las circunstancias donde se fundan metáforas que instalan a esos sujetos; así, por ejemplo, Camila es más que un personaje, es la voz que se enuncia.

Escofet trabaja lo dramático cargando a los personajes y a los objetos de un matiz metafórico donde es posible reconocer cómo se dice que aquello que se está diciendo. De este modo, la conocida historia de Camila O´Gorman y Vladislao Gutiérrez  cuestiona los principios del patriarcado inscriptos en la historia pero, sobre todo redimensiona las voces que anhelan decir. Los deseos de voz, se plasman en discursos subversivos donde los que no hablaban, finalmente, puedan hacerlo.

En las historias escritas se desenvuelven personajes que resultan alejados de la concepción realista, en los textos no hay mujeres y varones en diálogo. Los textos se construyen a partir de la proliferación de metáforas de modo que los textos pierden ‘consistencia’, ‘espesor’ ‘dureza’ y desarrollan una flexibilidad que hace de esos textos un tránsito blando, conducente a los vericuetos de la historia, haciendo de esta un vaivén de signos donde todo fluctúa. Ante la expresa ausencia de un significado, ante la ausencia de una voz instalada en un cuerpo concreto, se enuncian los nombres, se generan las metáforas.
La voz de Escofet oscila entre los dichos apegados a la historia (la historia argentina), los personajes que ‘hablan’ más allá de sus palabras estereotipadas por los discursos de la historia y desde ellos las fisuras que establece. De esta manera la discursividad dramática que promueve Escofet genera rupturas reveladoras de metáforas, es decir de sentidos innovadores que se expresan desde las subjetividades. Tal es la cuestión que la ausencia de elementos corporales, físicos permiten la acción de discursos metafóricos.

Las historias de los textos se constituyen como signos a partir del funcionamiento de las metáforas.
Así es como los personajes se constituyen proyectándose más allá de su vínculo físico como signos, como elementos metafórico, definidoras –enunciadoras- de esos signos. Así es que el personaje de Camila, por ejemplo, es una voz que al enunciar-se crea una realidad no solo subjetiva sino sígnica, ficcional-. De ese modo los textos se hacen complejos en su estructura no solo lingüística sino sobre todo funcional. Las palabras de los personajes no solamente refieren las subjetividades de esos personajes sino que son palabras que actualizan la funcionalidad discursiva de la puesta en escena, esto es que en tanto palabras expuestas en un texto dramático crean una instancia textual, sígnica que se muestra como un subtexto dramático. Reconocida esta subtextualidad se hace fuerte el sentido paratextual que explica la cocina de la escritura de estos seis textos.

Los títulos de cada obra establece certeramente, denotativamente, a los sujetos –los cuerpos- implicados en las acciones, sin embargo, en el desarrollo de cada historia los acontecimientos se hacen espesos porque se multiplican las emisiones de las voces de modo tal que las subjetividades no solo espejean sino que se desdoblan- Así es que la voz de la mujer de “¡Ay, Camila!” es también la voz de la historia de la mitad del siglo XIX en Argentina, es la voz del patriarcado encarnado en el gobierno rosista, es la voz del amor fortalecido en la libertad individual y, finalmente, la palabra dramática creadora de realidades.

Los hechos de la historia logran resignificarse en las historias presentadas por Escofet porque resultan atravesados por los sujetos y entonces, Camila O’Gorman deja de ser esa mujer de la historia de la Argentina, por ejemplo, para ser una voz, palabras femeninas que logran imponer las ficciones que devienen figuraciones. De ese modo se resquebrajan todas las formas, así el texto se abre en distintas dimensiones formales, esto inhibe al texto de la organización entre texto primario y otro secundario donde se integran las voces de la autora con las voces que esa autora da a los personajes reconocidos en la historia. En los textos de Escofet se desdibuja la “autoridad” de la voz autoral para colocar en un rol protagónico a los cuerpos, desde ese lugar del cuerpo se subrayan las voces subjetivas desde las cuales se afina la potestad de “la historia” para espesarse el sujeto en cuanto voz propia.

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(*)Nació en Luján, Provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es profesora universitaria en Letras; licenciada en Letras con orientación en Lingüística por la Universidad de Morón y especialista en estudios acerca de la mujer y del género. Es escritora. Es miembro del Consejo Editorial de la revista Alba de América. Trabaja como docente e investigadora.


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