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viernes, 3 de abril de 2015

El flautista de City Bell, de José María Pallaoro



Por Luis Benítez

José María Pallaoro es un poeta y periodista cultural argentino, nacido el 28 de febrero de 1959 en la ciudad de La Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Obra poética:  “El viaje circular” (1998); “Pájaros cubiertos de ceniza” (1999);  “Basuritas” (2010);  “Setenta y 4” (2011); “33 papelitos y una mora horizontal” (2012); “Una medida adecuada a todo” (2012); “Son dos los que danzan” (1ra. edición 2005; 2da. edición ampliada, 2012); “Una piedra haciendo patito” (2013); “Sono due quelli che danzano / Ples v dvoje” (edición bilingüe de “Son dos los que danzan”; trad. al italiano por la Prof. Ana Cecilia Prenz Kopusar y al esloveno por Marko Kravos y A. C. Prenz Kopusar, editado por Mediterránea, Centro di Studi Inerculturali, Dipartimento di Studi Umanistici, Università di Trieste, Italia, 2013); “Cantar a tientas” (2014).
Autor ya de una dilatada obra poética, Pallaoro acaba de lanzar un nuevo volumen  que, genéricamente, corresponde a lo que conocemos como poemas en prosa: “El flautista de City Bell” (Ed. Libros de la Talita Dorada, City Bell, Prov. de Buenos Aires, Argentina, 2015, 40 pp., ISBN 978-987-1918-11-9). En la presente obra el autor platense da sobradas muestras de su capacidad para emplear una vasta gama de recursos literarios que evidentemente domina, sin perder por ello la frescura expresiva y la originalidad que lo caracterizan ya desde sus primeras producciones. La plasticidad de su estilo le permite a Pallaoro deslizarse a través de múltiples planos del discurso y dar cuenta de una amplia variedad de sentidos, sin perder por ello ni el nivel de evocación y la capacidad de acertar permanentemente en los núcleos de sentido a los que intenta acceder. Utilizando un lenguaje aparentemente sencillo y directo, sin embargo trasluce en esta colección de poemas en prosa una hondura que surge tanto de cada composición como de la suma de las partes, logrando una polifonía de poderoso impacto en la sensibilidad del lector. Lo social y lo amoroso; la situación del hombre contemporáneo en relación al universo y en referencia a sí mismo; el humor y el horror de nuestro tiempo; la alegría y el espanto de estar vivo; el conflicto de ser y de interactuar permanentemente con otros, son apenas una parte de las tópicas que aborda este volumen, pequeño en extensión, pero de una densidad y un peso contundentes. Asimismo, la referencia cultural –los iconos culturales pregnantes- son empleados por José María Pallaoro en función de su decir, evitando que la apelación a nombres tan potentes -como los de Kafka, Paul Aster, Roberto Arlt, Debussy, el poeta argentino Almafuerte y otros- contamine su propia voz, cuando su intención es emplearla como contraste, como complemento o derivación de su propio discurso. En suma, un nuevo aporte de este autor cuyas obras saben sobradamente hacerse escuchar tanto dentro como fuera de su país.


  


Así escribe José María Pallaoro

BALDÍOS

Desde hace un tiempo, habita una extraña mancha en la pared.
La veo desde el interior de mi casa. La pared es una medianera. Da a un baldío. Nunca pisé ese baldío. Tampoco sé el origen de la mancha. Si bien la pared está un poco alejada del ventanal, digamos unos ocho metros y medio, no llego a percibir su naturaleza. No es de humedad, seguro. Ni la sombra de un pájaro petrificado. Es una mancha que nunca cambia. Sea la hora del día que sea, la mancha permanece inmutable.
A veces, tengo el deseo de salir, y observarla mejor, pero la sensación persiste unos segundos, y enseguida retorna la cordura. También, en ciertos breves momentos, quisiera perderla, y ver, y ver realmente esa mancha que como escupitajo o asteroide desconocido está aplastada a la pared que da a un baldío.


CITY BELL AGAIN, MARIANNE

¿Te amé en aquellos días de rock y furia? Quizás estaba demasiado pasado en ese presente de cuerdas rotas. Me pediste caminar, los dos solos, por el West End, dejar esa habitación asfixiante de agujas. Tenías deseos de contarme, soplar al viento de tu infancia en Hampstead.
Eras una chica tan bella, decías, viviendo en la miseria de la fortuna.

Luego, iluminaste la historia de este siglo que ya es otro, y terminamos, riéndonos, y tarareando melodías de Ben Webster y una balada que no recuerdo. En estos años creciste con las bellas cicatrices del futuro. Yo, sigo igual, oyendo, aún tus palabras, mientras camino por una calle cualquiera de City Bell, ahora sí, creo, con un loco amor como todo recurso.

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