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martes, 1 de mayo de 2012

Un relato de Xavier Llaxacondor (Lima)



Inspirado por Chico Hamilton y mi casa descomponiéndose por proceso inducido de destrucción te escribo no sé bien para qué puede ser quizá saludarte o despedirme hacerte gesto de salud con mi vino contarte que mis textos se han puesto amarillos y las dos cajas que los contienen se han roto por la misma esquina y que me hubiese gustado muchísimo leértelos a ti que soportas las ingratitudes de la literatura un día de panza al suelo escuchándote reír que junto con la antropología debe ser de los encantos que llevan a tus novios pasados y futuros a recordarte imaginarte o quererte como el alcohol lo hace conmigo sumiéndome en recuerdos imágenes como el miedo del primer día de clases buscándote con vergüenza y nuestro único paseo juntos a Cañete cuando conducía pensando en lo mucho que me hubiese gustado que aceptaras venir conmigo a comer camarones a esa playa que seguro te hubiese hecho recordar que la densidad del agua es menor que la de la miel como a mí ayer me recordaba lo mucho que me hubiese gustado que cualquiera de esas muchachas con carita de zorro aceptase ayudarme con mi mudanza hoy destino a no se sabe qué tipo de destino que no se termina nunca como si los viajes no se cansaran alguna vez de uno como se cansan las amistades duraderas y vieran mis textos empapelando mi vida de parquet y cenizas y lo mucho que me hubiese gustado que veas mis fotos de la espalda del Huascarán con fondo de Chico Hamilton como ahora que ni te imaginas que te estoy escribiendo sin esfuerzo como lo hacía Chico Mendes con los fazendeiros o el cuento de Loayza de las abejas o mi modesta destrucción de la misma esencia de carbón de la que el agua sucia debe estar hecha aburriendo tu tarde invitándote a que vengas una vez a mi casa ahora mismo y veas las estructuras de fierro de la lavandería y de paso veas que mi miedo por la muerte ha desaparecido junto con mi vida y rías como te reías de mi absurda manera de relacionarme con quien sea contigo con mi soledad con la rutina que será pronto otra y otra vez otra y seguir viajando una tarde un día una noche en que veía el reloj una vez que dijiste que vendrías a ver
mi olla arrocera mi refrigerador pequeño hasta que llegaste pero en un salón de clases aburridísimas e inútiles de una ex modelo de cosméticos inmersa en el sistema educativo que se vincula con el otro económico y luego el otro sentimental y así otro y otro las redes sociales de pescadores de Pucusana por donde esa vez pasamos y tomamos cerveza y cigarros inca que en la Católica nunca han tenido mucho futuro sin sabiduría ni piedras que abrazan dedos con sudor de putas y de celos hasta lanzarlas contra el sistema y los chicos inquietos del salón de clases que no tienen ni idea de cómo hacer el amor a las jineteras cuando estás a punto de matarte como si el destino se limitara a la biología y no a los recuerdos de no solo lo que fue sino de lo que pudo haber sido como dijo Ribeyro una vez que me enamoré de una pared a la que le dejé de recuerdo su mejor frase y como te dejo ahora de recuerdo a ti muchas otras peores en las líneas que me persiguen como si fuera comunista o un hombre horrible congraves problemas de autorreferencia autoestima autocontrol ausencia de auto que te tocó el claxon entre Sucre y Junín porque no avanzas rápido en los semáforos para que tu cabello no se mueva como se movió lo mismo que mi timón y mi vergüenza y mi emoción ahora mi pena mi silencio y mis deseos de invitarte a mirar estas paredes vacías.

Beni Mellal, 2011

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