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lunes, 22 de noviembre de 2010

Hombres y dioses



Edgar Cherubini Lecuna
París, Francia

En Francia, aún supuran las heridas dejadas por la guerra de independencia de Argelia, así como algunos oscuros episodios ocurridos durante la guerra civil que asoló ese país entre 1991 y 2002. El secuestro y asesinato de los monjes del monasterio cisterciense de Tibérihine en 1996, es tema de debate en estos días. Para los jóvenes franceses, este caso se ha convertido en una revelación, luego del estreno del film “Des hommes et des dieux”, para otros en una repentina desazón. Tan es así, que el presidente Sarkozy ha ordenado desempolvar los archivos y documentos de un proceso que nunca se cerró. Nuevos e inusitados testimonios arrojan luces sobre la posibilidad de una manipulación del ejército y de los servicios secretos argelinos junto con el grupo terrorista GIA, una de las primeras ramas de Al-Quaeda en el Magreb. Para tratar de entender lo ocurrido, es necesario hacer un poco de historia.

La lucha por la independencia de Argelia

Argelia, colonia francesa desde 1830, inicia su guerra de independencia en 1954 con la fundación del Frente de Liberación Nacional (FLN), que junto a su brazo militar, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), posibilitaron la unión de todas las organizaciones y facciones nacionalistas que luchaban contra la ocupación francesa. Siendo un ejército irregular, empleó la táctica de guerra de guerrillas, efectuando acciones terroristas contra blancos franceses, tanto militares como civiles. Fue una “guerra a muerte”, pues el FLN asesinaba por igual a franceses y a argelinos sospechosos de colaborar con el ejército de ocupación. Durante la guerra de liberación se estima en 50.000 las bajas francesas y el triple del lado argelino, sin entrar a narrar los intensos episodios de la batalla de Argel. En 1962, luego de la independencia, cerca de un millón de “pied-noir” habían abandonado el país. Esta era una denominación despectiva que se daba a los ciudadanos franceses, judíos o de origen europeo que residían en Argelia.

El FLN se transformó en el partido único bajo el liderazgo de Ahmed Ben Bella, implantando el socialismo como modelo. Desde ese entonces, comenzó una lucha de facciones, seguida de golpes de estado y complots por el poder.

La guerra civil argelina

La guerra civil transcurrió entre 1991 y 2002. Este episodio de la convulsionada historia de Argel, es el escenario donde ocurrió la desgracia de los monjes cistercienses. Uno de los actores políticos involucrados, fue el Frente Islámico de Salvación (FIS), organización de carácter islamista, fundada luego de su protagonismo en la revuelta estudiantil de 1989, que instaba al gobierno para que Argelia adoptara el islamismo como modo de vida. Bajo estos postulados, el FIS ganó las elecciones municipales de 1990. En las elecciones generales de 1991, tras obtener un porcentaje considerable en la primera vuelta, dejando atrás al FLN, el presidente Chadli Benyedid dio un autogolpe para impedir que triunfaran los islamistas, declarando el estado de excepción y anulando el proceso electoral. Disolvió el FIS y encarceló a sus dirigentes. El brazo armado del FIS, el Ejército Islámico de Salvación (EIS), constituido por diferentes grupos armados, inició acciones terroristas contra el gobierno, así como ataques y secuestros de extranjeros, especialmente franceses. Los principales grupos que lucharon contra el gobierno y que pertenecían al EIS, fueron el Movimiento Islámico Armado (MIA) y el Grupo Islámico Armado (GIA) o al-Jama'ah al-Islamiyah al-Musallaha. En 1994 cuando culminaban las negociaciones entre el gobierno y los líderes del FIS, el GIA declaró la guerra al FIS y a sus partidarios. Esto dio paso a una guerra a tres bandas, un “todos contra todos”. El GIA cometió una serie de masacres en diversos pueblos, así como secuestros y asesinatos de civiles. Algunas evidencias sugieren que, en algunos casos, hubo la participación, omisión o colaboración de facciones militares. El número de muertes que arrojó la guerra civil se estima entre 150.000 y 200.000, incluyendo a 70 corresponsales de prensa extranjeros.

En medio de este conflicto, un grupo de monjes cistercienses franceses del monasterio de Tibérihine, en los montes Atlas, se desenvolvía en sus faenas agrícolas y de trabajo social en los barrios pobres de la comunidad vecina y la atención de un ambulatorio. El 27 de marzo de 1996, el convento fue asaltado por un grupo armado, secuestrando a los monjes. Tres meses después, el gobierno argelino anunció el descubrimiento de las cabezas de las víctimas, sin que hasta el presente hayan aparecido los cuerpos. La responsabilidad de esta acción terrorista recayó sobre el Grupo Armado Islámico GIA, una de las facciones en pugna y ala de Al-Quaeda en Argel. Pese a que todo apunta a este grupo terrorista, Francia y Argelia mantienen abierta la investigación desde el año 2003, aún sin resolver, pues son oscuras las circunstancias de este caso así como la identidad de los asesinos.

La pasión de los monjes de Tibérihine es un estigma de la justicia
El testimonio de un general francés en situación de retiro, que estuvo adscrito al servicio secreto y se desempeñó como agregado militar en Argelia en el momento de los hechos, ha colocado en entredicho tanto las declaraciones del gobierno argelino, como a los servicios de investigación franceses. El General François Buchwalter, declaró al juez de instrucción antiterrorista que dirige la investigación, haber recibido informaciones de militares argelinos que señala como presuntos culpables de la masacre a un grupo comando de las fuerzas armadas argelinas, que patrullaba en helicóptero la zona de Tibérihine y que en la espesura del bosque confundió al grupo de monjes con terroristas. Dándose cuenta del error, decidieron falsear lo ocurrido, enterrando los cuerpos acribillados sin las cabezas.

“Los cuerpos de los monjes fueron mutilados para borrar las pruebas de esa terrible equivocación”, declaró el general sin citar a sus informantes. Otras fuentes dicen que, efectivamente, fueron los terroristas del GIA los asesinos, pero que fue una acción conjunta con militares, pues este grupo actuaba a la sombra de una facción del ejército para dañar al gobierno de Argel. El testimonio del general, así como otras informaciones que han salido a la luz pública, han provocado serias dudas y han colocado en aprietos a ambos países, ya que sugieren que el ejército y posteriormente el gobierno argelino manipularon sin escrúpulos un caso tan grave. Por otra parte, inculparían al gobierno francés por encubrimiento, debido a que importantes funcionarios estaban al tanto de lo ocurrido. Por estas razones, se avizora un escándalo político y diplomático en los próximos meses. Los estigmas de la pasión de estos monjes claman por justicia.

Des hommes et des dieux

Es el título de un reciente film dramático del director francés Xavier Beauvois, inspirado en este caso. Aunque lo sugiere entre líneas, no propone ninguna hipótesis en particular sobre las circunstancias que envolvieron la muerte de los monjes. Apegado a la historia real de la vida en el convento de Tibérihine, luego de una extensa investigación documental de varios años, el film relata los días previos a la tragedia, reconstruyendo la vida cotidiana, el rigor y misticismo de la orden cisterciense. Los monjes se habían compenetrado con los creyentes musulmanes del pueblo vecino, sin imposiciones de ningún tipo. Por lo contrario, en el filme se aprecia una cierta concordancia entre la actitud vital de estos monjes y los lugareños que practican pacíficamente sus creencias, pues para un musulman, la oración es personal y creen que el hombre existe como exponente supremo de la creación de Alá y que cada quien debe construir su propio destino. Las vicisitudes de la guerra civil son sólo referencias que nos llegan en boca de los personajes, debido a sus preocupaciones por la presencia de los terroristas en los bosques aledaños, sus incursiones y asesinatos en aldeas vecinas. Las dudas y razonamientos sobre la decisión de huir o permanecer al lado del pueblo al que sirven con desvelo, es el argumento principal de la obra.

El film, refleja en un tono sostenido, los entretelones del combate interior de un grupo de hombres de carne y hueso, con personalidades y motivaciones diferentes, pero que al final permanecen unidos ante una decisión mística y ética. El tema católico del sacrificio como redención, es en esta historia el de la escogencia del destino como liberación. La escena de la última cena en la cocina del convento, es una alegoría demasiado humana y enternecedora. El film, a través de planos medios y cerrados, integra en forma magistral al espectador al diálogo que sostienen los monjes sobre el misterio católico de la Encarnación, pues éstos asumen y viven en carne propia dos naturalezas, dos entendimientos, el divino y el humano. ¿Cuál de las dos escoge permanecer fiel a sus votos de humildad, pobreza y generosidad, a riesgo de perder la vida? El humano, sin duda, esa es la moraleja.

Este film, debido al proceso judicial pendiente sobre este caso, pero también por haber mostrado la espiritualidad de una orden religiosa, una de las más originales, independientes y auténticas, fundada en Francia por Roberto de Molesme en el año 1000, ha estremecido a una sociedad no creyente como la francesa, con una juventud bastante indiferente en materia espiritual. Fue estrenado en septiembre y en apenas un mes había superado los tres millones de espectadores.

La investigación sobre los hombres y las atrocidades que en nombre de sus dioses son capaces de cometer, sigue abierta. Esperemos que se haga justicia aquí en la tierra.

edgar.cherubini@gmail.com

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