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sábado, 30 de octubre de 2010

El nacimiento del humanismo moderno





Por Jorge Majfud
Resulta extraño que en los estudios sobre el origen del humanismo moderno habitualmente no se considere la cultura del sur de España que, mucho antes que los humanistas italianos, en un ambiente de remarcable diversidad practicaron el mismo hábito de la erudición sobre textos antiguos —griegos, hebreos, árabes y latinos— además del cultivo de las ciencias exactas y de facto. Charles Lohr observa que la especulación filosófica del medioevo estuvo dominada por el neoplatonismo islámico, especialmente por Averroes. Siglos más tarde, tanto Copérnico como Galileo reconocieron de forma explícita la influencia de los griegos en sus visiones geométricas del Universo que los llevó a aceptar modelos más simples como el heliocéntrico y las fórmulas matemáticas que estaban detrás de sus movimientos. Gran parte de los textos griegos eran consultados por los mismos científicos y humanistas italianos en sus traducciones al árabe, disponibles en España.
En el siglo que sigue a la caída de Constantinopla en 1453, momento de inicio de una importante emigración de los eruditos griegos a Italia, casi todo el corpus de comentarios griegos a Aristóteles estaba disponible ya en ediciones griegas y en traducciones al latín.
En el siglo XV, más del treinta por ciento de los humanistas italianos habían sido profesores en algún momento de sus carreras. Es probable que Vergerio haya sido uno de los primeros modernos en considerar la historia como fuente de conocimiento —además de la lógica— y a la filosofía moral como guía de conducta. Según Vergerio, la historia provee de la luz de la experiencia, un conocimiento acumulativo que nos sirve para complementar la fuerza de la razón y la retórica. Benjamín Kohl entiende que fue Vergerio quien separó, por primera vez, el estudio de los clásicos de la tradicional visión cristiana del Medioevo.
Más tarde, la dicotomía humanismo-religión se convirtió en una de las formas más comunes para definir cada uno de los pares que se oponen. Luego de recordar la diferencia entre el pecado original de los semitas y el robo del fuego a los dioses por parte de Prometeo en beneficio de la humanidad, Nietzsche concluye: “Y de ese modo el primer problema filosófico establece inmediatamente una contradicción penosa e insoluble entre hombre y dios, y coloca esa contradicción como un peñasco a la puerta de toda cultura”. Sin embargo, en muchos momentos de su evolución o transformación, el humanismo estuvo asociado y sostenido por religiosos desde las mismas iglesias tradicionales de Europa. Por otra parte, al mismo tiempo que los humanistas entraban en el terreno teológico, tuvieron que compatibilizar la literatura y la filosofía con la teología en curso. Ese “puente” fue la filosofía moral. Más aún: los padres de la iglesia, griegos y latinos, recurrieron a los humanistas porque ellos encarnaban aquellos valores que los escolásticos habían rechazado. Los padres eran parte de la literatura antigua y los humanistas estaban en el proceso reescribirlo.
Sin embargo el redescubrimiento de la literatura clásica en Italia se remonta aún antes. La enseñanza de gramática y literatura griega es introducida a la península por el diplomático Manuel Chrysoloras, quien enseñó en Florencia desde 1397 hasta 1400. Tanto el conocimiento como la fuerza de expresión se constituyeron en las dos aristas principales de la educación. La nueva educación en universidades como Padua, continuó siendo un reducto predominantemente masculino y restringido a la aristocracia.
A diferencia de la filosofía griega de la antigüedad, de otras disciplinas medievales como la escolástica, o de los primeros filósofos modernos, los humanistas comienzan a pensar en términos individuales y según la experiencia; no sobre mentes incorpóreas ni sobre la razón pura. Montaigne es un ejemplo de esta reflexión individual por la cual podríamos entender la existencia de una conexión entre el humanismo renacentista y el existencialismo moderno. Podemos agregar a su antecesor, Antonio de Guevara, quizás menos conocido por los lectores contemporáneos pero leído por el mismo ensayista francés. Les epistres —Epístolas familiares (1539-43)— había sido lectura predilecta del padre de Montaigne, aunque éste no las apreció de la misma forma. En España, aparte de Antonio de Guevara, muchos humanistas como Alfonso de Valdés y su hermano Juan participaron de esta corriente de pensamiento que, además, se expresó como una corriente estética. El estilo del diálogo y la epístola eran propios de un género literario fronterizo entre la narrativa y el ensayo. Dice Luca Bianchini que la preferencia de los humanistas por el género del diálogo reflejaba sus propias ideas acerca de la conquista compartida de la verdad, su confianza en el poder de la palabra, la relación necesaria entre dialéctica y retórica (¿entre socratismo y sofismo?), la confianza del aprendizaje como un intercambio de ideas entre hombres libres y, finalmente, el deseo de imitar a los antiguos. En los hechos, como en Diálogo de las cosas ocurridas en Roma (1527) de Alfonso de Valdés, el diálogo es una suerte de monólogo a dos voces donde uno de los personajes, el alter ego del autor, lleva siempre la razón, mientras que el otro sirve de motivador y es, generalmente, un débil contendiente dialéctico.
No debemos olvidar otro rasgo de los humanistas: su interés por la cultura popular. De ahí el estudio de los refranes o de la lengua vulgar. En Diálogo de la lengua (1535), de Juan Valdés, se aprecia la exposición de temas gramaticales sobre castellano oral y escrito, en forma de diálogo. Esta mirada hacia lo popular como fuente de conocimiento permanecerá en la cultura posterior, pero progresivamente el pueblo pasará de ser considerado objeto de estudio a convertirse en sujeto. Al menos en la teoría revolucionaria de los dos últimos siglos.
Es probable que este rasgo, que también distinguió el idealismo del arte heleno del realismo del arte romano, proceda de la antigua Roma. Donald Kelley recuerda una frase de Cicerón: “sin la historia uno permanecería siempre como un niño”. Un poco antes, el mismo Kelley, citando la reconocida retórica de Petrarca —“¿Qué otra cosa es la historia sino una alabanza de Roma?”— había referido la herencia intelectual del poeta italiano.
Kelley observa que Petrarca no solo creó una tradición académica sino además una leyenda sobre cómo interpretar la historia. De forma más explícita, el petrarquista Coluccio Salutati continuó el énfasis sobre el rol central que jugaba la historia tanto en la política como en la ética.

Esta nueva dimensión de lo particular y transitorio, de lo individual y lo colectivo, del cuestionamiento a la inmutabilidad y universalidad de la experiencia particular, tiene una relación cercana con la conciencia de la política en la escritura de la historia. Lo cual no niega una condición humana que trasciende las edades. La confirma.

Jorge Majfud
Jacksonville University
majfud.org

sábado, 23 de octubre de 2010

GENOVEVA DE CASTRO.“Pájaro de barro”: con mi vestido de agua y mi bozal de arena





María Cristina Solaeche


Labraste mi alma como una hoja de tus montañas,
Pedazo de tierra mía,
y me diste todo el humo de tus neblinas para forjar mi fantasía,
y tus riachuelos y tus vertientes fueron
las hilachas que me vistieron.
Paternal en mis arterias volcaste
la oculta fuerza de tu savia buena,
y a la llanura triste me mandaste
con mi vestido de agua y mi bozal de arena.

Bhilla Serrana



Genoveva Morrel Romero, conocida como Genoveva De Castro, o bajo el seudónimo literario Yajaira, nace el 3 de enero de 1907, en Pueblo Nuevo, una tierra xerófila con cardones de dato y de lefaria, con su arena rojiza, su clima cálido y sus largas calles, en la península de Paraguaná, al norte del Estado Falcón, Venezuela, y muere en la misma península en 1992.

Desenvuelve su vida entre medios rurales, lo que seguramente influye en su escasa publicación en los diarios y revistas venezolanos.

Esporádicas colaboraciones aparecen en dos diarios del Estado Lara: El Impulso de Barquisimeto y El Diario de Carora. En Caracas se dan a conocer ocasionalmente algunos de sus poemas en los diarios El Universal, El Heraldo y La Esfera. Colabora en la Revista Cultural, edición mensual dirigida por Mario Zirit, de la que se divulgan ocho números entre abril y diciembre de 1942.

Su poemario Pájaro de Barro, se publica por vez primera, en Caracas, en el volumen Nº 34 de los Cuadernos Literarios de la Asociación de Escritores Venezolanos – Editorial Elite, en 1942, bajo el seudónimo Yajaira.

Una segunda edición del poemario lo lleva a cabo la Fundación Cultural Josefa Camejo, el Instituto de Cultura del Municipio Falcón, el Consejo Nacional de la Cultura CONAC y el Grupo Tiquiba, en el año 2004, con el prólogo El mundo como metáfora de Gregory Zambrano.
Tres cuadernos lo conforman: En la caja de arcilla, La zozobra del barro y Detrás de la onda aúlla el silencio, y un poema final El claro de la selva.

Y es este poemario que motiva la realización del presente ensayo:

GENOVEVA DE CASTRO. “Pájaro de Barro”: con mi vestido de agua y mi bozal de arena.

En sus poemas, las formas sensibles del ensueño amoroso reaparecen en imágenes metafóricas de sutil delicadeza, que permiten al lector un viaje al interior de su “corazón”:

Pájaro de barro…
para qué tengo alas?

Pájaro de barro…
para qué me llenaron de armonías?

Por qué me dieron
esta sed insaciable
de amplitud de horizontes
¡si estas alas de barro
no se pueden negar!
Por qué encerraron
en la caja de arcilla
la inquietud voluptuosa 1

Su poesía es reclamación, una reclamación colmada de ternura, demanda sobre la soledad, la ausencia, el silencio, el desencuentro, la espera, el vacío, la carencia, el olvido, el desconcierto, el desaliento, sentires en que la sume el hombre amado; detrás de ella está la angustia de la “incerteza”, el verso que interroga es al mismo tiempo presentimiento y escape:

¿Dónde estarás?

que habías de aquilatarme
y no viniste nunca.

¿Dónde estarás?
Blanca y blanda
te esperaba mi arcilla
para que tú moldearas
el vaso de tu vino.
(…)
Cántaro de caolín
Para la quintaesencia de tu barro.
(…)
Te ha llamado mi arcilla!
Te llama cuando siente el continuo lamer de las horas…! 2

No es sencillo situar a Genoveva de Castro en determinado movimiento literario, escuela o tendencia, algo que no es labor sencilla en relación a cualquier poeta, mucho menos en el caso de ella con su poética tan original, tan propia, auténtica, escrita más allá de los linderos de la ciudad, en su retiro rural. Podemos afirmar que, su poesía se desprende de la articulación entre el modernismo y la vanguardia, recuperando el legado del romanticismo con el predominio de las motivaciones interiores, la subjetividad, sesgada por los llamados “versos azules” en honor a Rubén Darío y con una tristeza remanente que revela rasgos modernistas y, en versos libres que asoman, anunciando la vanguardia.

Cada poema suyo es límpido, dotado de entereza, en un maderamen donde resalta una brillante sencillez, desprovisto del oropel, lejano de tinturas minuciosas, vehemente en los reclamos sin entregarse a la retórica, su verso es respuesta al brote poético de su interioridad que no acata ni responde a ningún plan, es la manifestación lírica de la incompletud de la mujer sin el hombre amado, nos ofrece el signo de su personalidad y su condición amorosa y vital en solitario.
Es el paisaje rural, el paisaje del campo árido, el marco dentro del cual se desenvuelve su poesía, y de vez en vez, llegan a ella los rumores de aquel mar de las hermosas playas de su terruño falconiano:

La palabra está anclada.

En una mar sin playas
la palabra está anclada.

Deambula la palabra muda
Sobre una mar profunda.

Y sus pasos azules eran leves.
Y su huella en la onda se desdibujaba
(…)
En la morena confidencia de una hoja seca
envolvió un gajo de brisas y un callado cantar de la tarde.3

La introducción que aparece en la primera publicación de Pájaro de Barro de 1942, nos dice:

La aparición de este volumen de poemas, viene a constituir la revelación de un alto valor de la poesía femenina venezolana. (…) Genoveva De Castro, por sobre todas sus virtudes poéticas, se señala de manera especial por su originalidad. Quizás su retiro rural ha sido factor decisivo para erigir una barrera que impidiese la influencia nefasta en su poesía de tanto erotismo desmedido y de tanta expresión ibarbouriana, como ha invadido a poetisas de nuestra América. Sus cantos serenos y transparentes, no pocas veces urdidos en tono de elevada pureza campesina, constituyen la voz franca de un selecto espíritu de mujer que desde el fondo de la provincia venezolana, nos hace llegar el acento y la voz de su arte.

Todo el poema está embebido en la evocación que cabalga el potro de la nostalgia amorosa, acompañada del recuerdo de un querer ausente. La poetisa no aparta al sujeto poético, es ella, y sus versos son un diálogo permanente con el hombre que ama, diálogo paradójicamente altivo y suplicante, aún los que parecen ser monólogos, no lo son, en ellos, ella habla para que él la oiga, en una denodada manera de afirmarse frente a los desafíos del aislamiento, lo sigiloso del abandono, el enrarecimiento del silencio, el agobio de la ausencia… todo girando en sí mismo alrededor de la palabra:

Tú venías…
Yo iba…

¡Camino de la vida!
Tú venías…
Yo iba…
(…)
En mi débil ramaje
acunaba el bosquejo
de un capullo de amor.

Y tus ojos radiaban
el milagro del sol…4

Voz de mujer en el contexto literario de la región coriana, voz que suscita acercamiento, con su tonalidad, sus registros y la expresión del canto de los azares entrañables de la vida, exenta de solemnidades, sin esconder su propósito esencial de recordar y clamar vividamente los olvidos, es voz y escucha del alejamiento:


¿Por qué acerqué a tus labios
el cántaro de mi alma,
fresco, claro?
¡si tú no tenías sed! 5

Poesía en soledad, que siente la herida del áspero abandono, y versifica el dolor escribiendo desde el apego de la memoria, con gráciles y vívidos versos, trasluce sus sentimientos, en un universo de dejaciones, en un entresueño impaciente:

Tú,
acercaste la copa.

Y humedecí los labios…
y fue como un remanso…

¡Un segundo nomás!

La copa quedó intacta.
Los labios medio-húmedos…

Y en el alma
¡la sed es más intensa! 6

Moderado lirismo de fresca y emotiva hechura amorosa y candorosa fortaleza frente a los monstruosos caprichos del desamparo, la sordina de los ecos del silencio y la carencia:

Huele a tierra mojada!
Ha llovido menudo tu recuerdo
sobre mi barro seco.
(…)
Huele a germinar de musgo.
Huele a monte
alto nuevo, lujuriosamente tibio.

La lluvia de tu recuerdo
ha remojado mi tierra. 7

El canto erótico con apasionada discreción, abrigador del arrojo amoroso, en una realidad agobiada por el dominio del hombre, sume a la poetisa en el desconcierto existencial frente al amor, dolida, mas sin aceptar totalmente el fracaso, rodeada del rural paisaje, da vida a su Pájaro de Barro, más allá del desasosiego de su lirismo:

Ven a llenar el cántaro.
No importa si una vez estuvo roto.
No era de cristal…
Tú lo sabías…

Este cántaro mío es de caolín.
Amor con amor se paga…
y me rindió el amasijo…
Ahora si cabe íntegro
tu barro! 8

Y llegamos los dos al minuto infinito.
-El minuto que no quiebra la onda en eco inútil.-

¿Hacia que inmensidad tú me llevaste?
Desde el minuto inmenso
nunca más vine a mí. 9


Canta en ella lo que hierve vida adentro, en la carnalidad transitoria, en la arcilla que habita el ser poético con sus cargas ineludibles.
Luis Alfonso Bueno

Su nombre y su obra injustamente es poco reseñada en compilaciones literarias, sin pertenecer su poesía a ningún movimiento feminista, ni urdir, ni meditar sobre ninguna orientación conceptual de este orden. No pueden leerse sus poemas sin detenerse ante un resaltante rasgo de su personalidad: su acendrado amor al hombre que quiere y su desconcierto frente al abandono, y es que, esta característica emotiva es el eje alrededor del que rota toda su expresión literaria:

Dentro del sin color de los silencios
La pupila felina de mi anhelo
-vertical y en ascuas-
Otea el cristalino tintineo de tus huellas,
Alargadas y azules de distancia. 10

Turbadas sugerencias le arrogan el caligrama de la anatomía del cuerpo como su realidad, en un sutil intento de velar los sentidos:

Tú venias por el norte. Yo venía por el sur.
Tendieron las Nereidas una recta de estrellas
por donde venías tú. 11

Una poesía al aguardo de lo único que un poema espera, que se le lea , se le sienta, se le oiga y se transmita de una voz a otra, de una generación a otra:

¿Por qué no habías venido? Cuando el alba
tiñó de rosa el ruedo de la aurora
yo prendí una azucena en mis cabellos
y en la ventana abierta de la espera
coloque el tiesto de claveles rojos.
(...)
Ven, acércate mucho, mucho ¡amado!
En esta fogarada de la tarde
alarga tu silueta con la mía.
Exprime la fresa. 12


En el pan de tu cena
yo te di mis espigas…
y extendí mi frescura gramínea
sobre tu lecho…

Toda
¡Toda! Yo misma
me corté íntegra…
Soy un haz de hierba seca. 13

Yo solo quiero revivir sus versos, poblar sus labios del agua del sonido, mitigar el dolor de la ausencia, entregarle la fragancia de los lirios de la plaza y que los jóvenes enamorados de mi pueblo sepan de sus estrofas llenas de luz, que en sus ojos vuelen redimidos miles de pájaros deslastrados del barro del olvido.
Isaac López

Es la voz de Genoveva De Castro, que emerge del meandro del abandono y lo expresa poéticamente con una fina sobriedad, en un lenguaje que congrega la angustia que le causa la incuria del hombre querido y su certeza de saberse atormentada de soledad y ausencia. Siempre él esta ausente, siempre ella espera, pregunta, reclama y espera en cada verso, para después, resignarse de nuevo y reanimarse en el poema. Los encuentros y desencuentros los evoca letra a letra, palabra a palabra.
Tan conmovida al requerir al amante, al hombre deseado, exquisita, franca, sublimando el tiempo silencioso y la corrosiva distancia:

Alma adentro.
Se va un huso clavando en la llaga
y un gusano va hilando un capullo.

Conticinio.
Tenaz la incertidumbre,
se desmonta en el pecho,
y crece… y se esponja…
y las voces ahoga
en una angustia de algodón moreno.
(…)
Y la enreda. Y la desenreda.
Y estira… y alarga la hebra…

Cómo va dilatándose la espera!
cómo entre los minutos caben siglos!
y como aprieta el alma la madeja!... 14

Y allí están sus poemas, y en sus versos ella, la poetisa Genoveva De Castro espera por sus lectores, y la Patria Literaria vuelve a contraer otra deuda y nosotros amantes de las letras, darle de nuevo voz a la sensible obra poética de esta falconiana.

Barro! Dolor de arena
que se enreda en la brisa.

Y botalón en llamas
donde la brasa muerde
la llaga que no cubre
la engañosa verdad de la ceniza.

Barro! Dolor de arena
que se enreda en la brisa. 15

Colofón hermoso estos últimos extractos , todo un recuerdo para finalizar este ensayo que pretende mostrar, como el vuelo de su pluma no se detiene en la imaginación de la poetisa, como ella toca a las puertas del lector, son sus esfuerzos por liberarse del confinamiento del olvido.


Referencias Bibliográficas:

Extractos de poemas del poemario Pájaro de Barro. Genoveva De Castro (Yajaira). Fundación Cultural Josefa Camejo. Instituto de Cultura del Municipio Falcón. Consejo Nacional de la Cultura. Grupo Tiquiba. Mérida. Venezuela. 2004.

1. Pájaro de barro
2. ¿Dónde estarás?
3. La palabra está anclada
4. Encuentro
5. El cántaro
6. Un segundo nomás!
7. Huele a tierra mojada
8. Amasijo
9. El minuto infinito
10. Sombra azul
11. Del otro lado de las veinte puertas
12. Acércate, amado!
13. Soy un haz de hierba seca.
14. Ansiedad
15. Barro

Las lluvias de París





Mónica Bouguet


Ana está cansada, muy cansada, hoy no desea caminar por París. Hoy por primera vez, no puede caminar, se arrastra. Todo lo hace con desgano. Levantarse, lavarse la cara y hasta mirar por la ventana de su cuarto. Quisiera estar en su casa, con personas que la amen, sin que le pidan nada, simplemente que la amen porque sí. Desearía volver a sus cosas, caminando despacio.

Comienza a llover y la gente corre por las calles sin rumbo, fugitiva, al compás de la melodía metálica y acompasada. La lluvia cae mansamente, generosa y triste. El agua se desliza por el vidrio y forma finos hilos que se entrecruzan. Ana pasa los dedos por esas trayectorias, siguiendo los geométricos dibujos que se enmarañan y se superponen. La ciudad brilla como el charol a través de la ventana y el olor a tierra y cemento mojados se introduce en la habitación como un perfume tranquilizador. Es lo único que desea ver esta mañana, la ciudad brillando bajo la lluvia. Después, abre la ventana y saca la cabeza para mojarse la cara. Las gotas saltarinas rebotan en sus mejillas, como una caricia de madre, leve y suave. Esta mañana, Ana no hará nada, solamente se mojará la cara con la lluvia y mirará la ciudad, añorando la lentitud de sus pasos por la casa.

Pablo llama por teléfono varias veces. Cree que Ana está enferma. No entiende que hoy es un día en que ella decidió no hacer nada, simplemente quiere mirar por la ventana. Por su parte, Andrés también se preocupa, y la impotencia de tener un océano y algunos silencios que lo separan de Ana, le hacen repetir hasta el cansancio palabras que ella no quiere escuchar, porque Ana decidió que hoy, sólo escuchará el sonido de la lluvia al caer. La lluvia siempre cuenta historias. La lluvia cae perpetua.

En el centro de la ciudad, Chantal camina bajo la misma lluvia, agachada y cubriéndose la cara. Esquiva los charcos y sortea baldosas flojas porque no quiere salpicar sus zapatos. Chantal abre el paraguas pues no desea mojarse. La lluvia es molesta e inoportuna. La gente corre de un lado a otro cubriéndose la cabeza con diarios o albergándose bajo los toldos. El agua corre por las alcantarillas acarreando basura, bolsas de polietileno y envases vacíos que obstruyen los desagües. Chantal llega a la Galería de Arte Lemercier y se sacude el agua que se le adhirió a la ropa. Se alisa el cabello con las manos, se seca la cara con un pañuelo perfumado, se mira el rostro en el espejo de la cartera y se retoca el maquillaje corrido. Quedó en encontrarse con Amelie en la puerta de entrada. Mira hacia adentro por el vidrio, pero todavía no llegó. Consulta la hora en el reloj pulsera, Amelie está retrasada quince minutos. Chantal sabe que su amiga es muy informal y el retraso es para ella una forma de vida. Sigue lloviendo en el centro de la ciudad. En la entrada de la galería está Chantal esperando. La lluvia cae densa y fastidiosa.

Amelie toma su mochila y sale corriendo de las oficinas de la revista La Femme. Está retrasada, y sabe lo que sucederá. Chantal le reclamará entre dientes los minutos que pasó esperándola. Sale a la calle y la lluvia le pega en la cara inesperadamente. Se detiene con los ojos cerrados y la boca entreabierta, disfrutando del efecto embriagador y atrayente de la lluvia. Aspira su perfume, es una mezcla de sal, azúcar y alcanfor. Siempre le gustaron los días de lluvia. Cuando era niña, salía a correr bajo el agua. Después tenía que escuchar las reprimendas de su madre en idioma castellano que ella aún no dominaba. Amelie sabe que ante la lluvia hay dos opciones: mojarse o taparse, pero ella no es de las que se tapan. De nada sirve tratar de esquivarla porque la lluvia siempre cae sin corduras. Hay que salir y afrontarla. Al menos, en algún momento existe la esperanza de que el sol vuelva a brillar. La lluvia cae sin restricciones, descaradamente.

Armand Hontou atiende varios llamados telefónicos. Uno de ellos es de Lemercier. Hace anotaciones en su agenda. Grita órdenes que su secretaria asiente temerosa. Hontou está de mal humor, hoy más que nunca. Siente que la situación se complica y que la muestra de esos cuadros le va a traer serios problemas. No entiende por qué Nora se empecinó en querer revelarlos y venderlos justo en este momento. Al exhibir su vida privada con los cuadros se está exponiendo mucho. Algunas de sus protestas van dirigidas a la lluvia que cae con furia. El cielo parece un campo de batalla con nubes azotadas por relámpagos rabiosos. De vez en cuando se asoma por la ventana, quiere saber si el aguacero cesará, porque de lo contrario será un día perdido y él no puede perder dinero. La lluvia cae interminable.

Nora Duval camina por la playa. El faro, entre la bruma, ejerce la atracción magnética de lo inexorable. Le indica el camino de la lluvia con su luz etérea e intermitente. Es imposible no ir tras ella, es como desoír el canto de las sirenas. Nora va hacia la lluvia. Tiene la cara y los pies mojados. Camina por los cráteres que las gotas forman al caer en la arena. En esos pozos, la lluvia guarda los secretos, el pasado, los rostros y los recuerdos. La enfrenta con su oprimido destino y con las sombras. Nora siente el agua fría sobre su cuerpo. Sí, es fría, pero no tan fría como su corazón. La lluvia siempre es triste y silenciosa. Llueve en París. Llueve en La Rochelle y también llueve en el alma de Nora Duval. La lluvia cae punzante.

Por el vidrio de la ventana de su “Privé”, Jacques Lemercier ve cómo el cielo se cubre de nubes negras y ruidosas. Luego, la lluvia se abalanza sobre la ciudad como una sombra funesta. Es un chaparrón inaudito. Las calles se llenan de agua y forman un torrente que corre desaforadamente. Desde las cúpulas de las catedrales, los pájaros salen volando en bandadas rasantes. Algunas personas con paraguas tratan de abrirlo infructuosamente. El viento los embolsa y se elevan como barriletes sin destino. El paisaje de la ciudad es desolador. No hay personas en las calles, ni en los bares, ni en la entrada de la galería de arte. Lemercier se asoma por la puerta y mira hacia el hall central. Hay dos mujeres esperando. Una tiene un paraguas, y la otra una mochila. Reconoce a la hija de la pintora Lacroix. “¡Otra vez! ¡Ya es la segunda vez que viene a la galería la hija de Denisse Lacroix! ¿Qué querrá?”, murmura Lemercier por lo bajo. La lluvia cae copiosa y extraña.

Pablo escucha cómo suena el estallido de un trueno que se expande por la ciudad. Pronto invade el rumor de la lluvia cubriendo los tejados, cambiando el rojo suave de los techos por un bermellón intenso. De la superficie y del fondo de las cosas se eleva la fragancia de la lluvia. Desde las ventanas enrejadas de las salas del hospital, las casas yacen sumergidas tras un velo indescifrable. Las calles están desiertas y anegadas. Sólo la lluvia redobla sus sonidos y entona canciones en las canaletas de lata que recogen el agua de los tejados. Pablo sale a la calle y entre la bruma vaporosa que se levanta de las aceras, la lluvia lo llama, atrayéndolo. El llamado es tan cautivante que no puede resistirse. Como un fulgor, la lluvia se desliza sobre su cuerpo, quemándolo. Cae como si fuese fuego. Y en París, sigue lloviendo con pasión.

Sentada a la mesa, donde humea un plato de comida, Celina escucha cómo la lluvia le susurra canciones olvidadas. Son las canciones que cantaba cuando era niña. La lluvia le trae recuerdos, que se anima a tararear. Hay ternura en las voces de la lluvia. Algunas gotas inquietas penetran en el campanario de la iglesia haciendo tañer las campanas. Celina abre las ventanas para que los ecos metálicos penetren en la habitación y se sienten a la mesa junto a ella. Afuera, la lluvia cae melancólica.
En Montmartre, la lluvia trae trazos largos que colorean el paisaje del barrio. François Gauthier camina bajo la lluvia con un pincel en el bolsillo, que nunca está seco. Y así, mientras busca sin esfuerzo aquella imagen que plasmar, intenta, en un arrebato sutil, robarle a la lluvia sus colores para que quede dibujado en el horizonte el rostro de la mujer que ama. Mientras llueven colores, François se pierde en ensoñaciones, distraído, y guardando en su interior, en lo más profundo, los colores más tenues. La lluvia cae inspiradora.

*Escritora argentina. Este es el capítulo de una novela.

Democracias virtuales





Por Jorge Majfud
Creo que si miramos a la historia podemos hacer un esquema básico sobre los cambios referidos a la lectoescritura.

I) Era oral (Paleolítico y Mesolítico). Una etapa donde el soporte principal era la comunicación oral y los hábitos intelectuales, aparte del desarrollo de las habilidades practicas, era la mitología, el presente perpetuo y la percepción del tiempo circular.

II)Era de la escritura. Aquí podríamos dividirlo en: (a) una etapa donde surge la escritura (Mesolítico tardío) en sus diversos soportes y alcanza su madurez primero con los textos religiosos de Oriente Medio (la aparición del pasado concreto y percepción del tiempo lineal y fatal) y más tarde con los filósofos de la Grecia clásica; (b) la popularización a partir del siglo XV de la lectura en libros y diarios hasta fines del siglo XX.

III)Era digital. La popularización de la escritura en detrimento de la lectura. La cultura de la urgencia, la inmediatez y la fragmentación.

Esta última etapa (III), que en cierto aspecto significa el renacimiento de la palabra escrita (II), es, en el fondo, el renacimiento de la primera etapa (I), desde el momento en que la escritura se confunde con los hábitos de la oralidad y el presente resurge sobre el prestigio del pasado como fuente de conocimiento y valoración.

Básicamente, la escritura no ha cambiado con el pasaje de una maquina de escribir Underwood a un ordenador. Se ha vuelto más simple. Es más fácil corregir, ya no es necesario reescribir páginas enteras por causa de un simple error. Ya no estamos tentados a dejar un error de estilo impune por simple pereza o cansancio. Es más fácil abusar de lo que Eduardo Galeano llama “la inflación de las palabras”.

En mi experiencia personal, debo reconocer que escribir para medios impresos es más difícil y más didáctico que hacerlo para un medio digital que no impone límites de palabras. Desde hace más de diez años mi lucha no es con la hoja en blanco sino con el recorte. Debido a las limitaciones de espacio, sea porque el soporte en papel impone un límite o porque los diarios impresos son los únicos que se cuidan de no abusar del lector, normalmente debo consumir una o dos horas de mi tiempo libre para llevar a mil palabras lo que en media hora me llevó el primer borrador de dos o tres mil palabras. Este ejercicio molesto enseña, si no a escribir al menos a respetar la literatura de ensayo periodístico o de ensayo breve, de ensayo no académico. Tal vez los nuevos medios digitales debieran conservar el simple habito, ya que no la necesidad, de imponer límites en la cantidad, así como algunos peer review (publicaciones arbitradas) ponen límites en la calidad.

En el mundo digital los tsunamis de palabras opacan la brillante tarea de aquellos trabajadores de las palabras y las ideas que tratan de tomarse algo en serio. Así he visto surgir y hundirse en el cansancio y el desestímulo excelentes proyectos. Unos pocos resisten, reman como pueden, muchas veces con el único aliento de sus creadores. Lo que persiste es la contradictoria marea de las palabras sin límites o de la hiperfragmentación. A la larga, las dos cabezas del mismo monstruo inflacionario y banal.

Para los escritores de vocación, básicamente la escritura no ha cambiado en la era digital. Sospecho que en su gran mayoría todavía escriben sus primeras ideas con un bolígrafo.

Los cambios más dramáticos están en la lectura. Incluso los cambios más importantes en los hábitos y en las habilidades de escritura proceden de los cambios en los hábitos y en las habilidades de lectura.

En el mundo digital la lectura de “largo aliento” es rara o por lo menos mucho más rara de lo que era en la cultura del libro impreso. A veces es una lectura menos obediente y otras veces es una lectura esclava de falsas urgencias de negación a través de la respuesta propia que, estimulada o protegida por el anonimato, la brevedad y la fragmentación, solo sirve como recurso catártico de lo peor que se encuentra depositado en el alma humana.

Una reciente investigación de la Universidad Normal de Pekín sugiere que los hablantes de distintos idiomas usan partes diferentes del cerebro. De manera semejante podemos entender que distintos hábitos de lectura y de escritura utilizan distintas partes del cerebro. Voy a repetirme: existe un peligro latente en ciertas particularidades de la cultura digital, como lo es la supersticiosa sustitución de la cultura de la lectura de largo aliento por la cultura de la hiperfragmentación.
La crítica contra la “cultura del libro tradicional”, como si se tratase de una critica al uso de la maquina a vapor, no solo es infundada sino que es sospechosamente autocomplaciente. Si la maquina a vapor pudiese recorrer mil kilómetros sin reabastecerse y sin contaminar y los modernos trenes fuesen incapaces de la mitad, hoy seguiríamos usando maquinas a vapor.

El punto es que hoy en día los lectores amateurs de largo aliento son una rareza. Al menos que sean lectores de Harry Potter. Lo cual no ayuda mucho, porque con “largo aliento” no me refiero a plantarse en un sillón a leer por dos horas lo mismo (algo totalmente legítimo) sino a tomar el desafío de enfrentarse a una complejidad intelectual que nos exige no sólo atención, no solo conocimiento, sino, sobre todo, entrenamiento intelectual. ¿Qué podemos esperar de un atleta olímpico que se la pasa todo el día jugando al ajedrez o leyendo a Howard Zinn? Como atleta sería un fracaso evidente.

El cerebro también es (como) un músculo que si no se usa se atrofia. Con la ventaja de que con un cerebro entrenado se puede competir en las grandes ligas aún siendo un anciano y con la desventaja de que cuando está atrofiado, por el desuso o por el mal uso, el fracaso no es tan evidente. Sobre todo para el implicado. Razón por la cual cualquiera se considera apto y facultado por el mero recurso de la negación, la obviedad y el insulto que nunca exigen método ni condición pero que siempre dan la confortable ilusión de ser más sabios y más inteligentes que Darwin y Jesucristo juntos.

Los ancianos con una saludable práctica intelectual sufren menos decadencia que aquellos que no la han tenido. ¿Qué podemos esperar cuando las estadísticas nos dicen que los estudiantes de hoy dedican la mitad del tiempo a estudiar que aquellos de los años sesenta? Están demasiado ocupados (absorbidos, chupados) en escribir banalidades en Facebook. El divorcio que existe en la elite de intelectuales de las universidades norteamericanas, islas de premios Nobel, y el resto de la población se está expandiendo al resto del mundo gracias a una cultura y a unos instrumentos que prometían lo contrario.

La twiterización de las habilidades intelectuales, la facebooquización de las emociones puede ser un día un proceso irreversible o puede provocar un efecto inverso al previsto: la democratización de la información y de a in-formación por estos medios y debido a estos hábitos corre el riesgo de llevarnos a una aristocratización aun mayor de la formación intelectual y, por ende, de los órdenes sociales.

Jorge Majfud
Jacksonville University
majfud.org

viernes, 22 de octubre de 2010

Manhattan Song




El poeta argentino Luis Benítez acaba de publicar Manhattan Song bajo el sello editorial "El fin de la noche". Poemas de extraordinaria belleza que compartimos con los lectores.

http://elfindelanoche.com.ar/archives/2696

miércoles, 20 de octubre de 2010

Se solicita condominio




Teódulo López Meléndez

Este planeta que habitamos no será eterno. Está demostrado que la estrella que llamamos Sol se extinguirá arrastrando en su desaparición a los planetas que la orbitan. Faltan miles de millones de años para que ello suceda, pero una conclusión es irrefutable: si el género humano pretende sobrevivir deberá establecerse en otra parte.

Stephen Hawking no cree que falte tanto tiempo para esta mudanza obligatoria. Según él tenemos alrededor de mil años para colonizar otros planetas, no sin obviar que una supernova, un agujero negro o un asteroide nos destruyan antes, si no es que el propio hombre por una acción guerrera o por su instinto egoísta de consumación de los recursos logre el objetivo en 200 años.

No hay duda que el único futuro posible del hombre está en el espacio exterior. Y vamos hacia él inclusive por un instinto natural, porque está allí y si está allí debemos conocerlo, descubrirlo, explorarlo. En la incalificable jugada, boutade, anticipo o aproximación a la verdad The Sunday Times lo puso hace algunas semanas sobre el tapete al asegurar que la astrofísica malaya Mazlan Othman había sido nombrada Embajadora de Naciones Unidas para el Espacio. Ella, en realidad, es directora de la oficina de la ONU para el espacio exterior (Unoosa, por sus siglas en inglés). El diario británico le atribuía a la supuesta nueva funcionaria la tarea de coordinar la respuesta de la humanidad al momento de producirse el contacto con una raza alienígena. La versión fue inmediatamente desmentida tanto por el organismo internacional como por la propia doctora Othman, pero sigue siendo una verdad no demostrada que no estamos solos en el inmenso universo o en los otros universos que la ciencia constata existen. Ese contacto se producirá tarde o temprano, aunque Hawcking lo considere peligroso y asegure debemos evitarlo. Al fin y al cabo los astrónomos de todo el mundo se afanan por conseguir señales inteligentes provenientes del espacio y la propia NASA ha enviado por esos predios espaciales “Across the Universe” de los Beatles.

Está más que justificada, entonces, la inversión en los descubrimientos espaciales. Buscar un planeta fuera de nuestro propio sistema solar no es una actividad vieja y son relativamente pocos los años en que comenzamos a descubrirlos. Si bien Marte podría servirnos como alojo largo y los planes para construirle una atmósfera están claros, nunca olvidamos que debemos salir de nuestro sistema planetario. Muchos planetas han sido descubiertos, pero por vez primera hemos encontrado uno cuyas características de temperatura y composición indican que tiene todos los requisitos para albergar agua y vida. Gira alrededor de una estrella roja, una de las cien más cercanas a nuestro sistema solar. Tiene una temperatura similar a la terrestre y, como decíamos, está cerca en términos galácticos: 193 billones de kilómetros. Algunos científicos aseguran su certeza absolutamente en cien por cien que allí existe vida. Un astrónomo sin sueño, creo que australiano, hace un par de año aprovecho una noche clara para observar el universo y recibió una señal de luz que identificó como proveniente de un rayo láser. Al producirse el descubrimiento del planeta que relatamos declaró que era de allí que provenía la señal captada y un rayo láser es señal de inteligencia desarrollada. Lo sabremos con precisión cuando la NASA lance en 2015 el satélite Darwin, de manera que no estamos nada lejos de saber si conseguimos otra vida inteligente o si el planeta copia del nuestro está allí esperándonos como la posible casa nueva.

Quizás fue el marketing o una publicidad bien calculada lo que llevó al escándalo con el último libro de Stephen Hawking, The grand design. En verdad no hay un pronunciamiento sobre la fe o la teología pero sí una tajante afirmación de que la filosofía ha muerto y la conclusión de que para explicar la génesis del cosmos no es necesaria la hipótesis de Dios, lo cual no es ninguna novedad en la historia de la cosmología. Dejando de lado lo que llamaremos el escándalo publicitario hay cosas más interesantes de que ocuparse en ese texto, como la idea de universos múltiples. Se denomina la teoría M o teoría de todas las cosas según la cual el universo en que está nuestro planeta no es más que una parte de una serie infinita de universos o multiversos. Recordemos que unificar la teoría de la relatividad de Einstein –la gravedad- con la mecánica cuántica –las fuerzas que rigen los átomos- es una de las tareas más álgidas que ha enfrentado la ciencia. Sobre los años 70 se planteó la llamada teoría de las cuerdas que describía la existencia de siete dimensiones que agregar a las tres ya conocidas, pero llegó a tener demasiadas versiones y fue apartada. De allí la teoría M, considerada una red de teorías, o una familia de teorías interconectadas, cada una de las cuales describe su propia versión de la realidad. Para ello está la teoría de la inflación cósmica, esto es, el mismo proceso que dio origen a nuestro universo puede haber ocurrido muchas veces lo que conlleva a la existencia de muchos universos. En esa multiplicidad de universos es obvio que existirían muchos planetas como el nuestro y tal vez una raza humana como la nuestra, con el problema de que nunca lo sabríamos porque se expanden a tal velocidad que nunca veríamos su luz. O tal vez el Big Bang fue el estallido de un universo previo.

Los secretos siguen guardados, pero los grandes telescopios otean ya miles de galaxias y el acelerador de partículas reproduce condiciones. Hawking utiliza una metáfora: los seres humanos somos como peces en una pecera redonda viendo una realidad distorsionada que otros seres fuera verían de manera diferente.

La prisa comienza a manifestarse. La propuesta ha llegado suave y sin mucho ruido. En Journal of Cosmology, Dirk Schulze-Makuch, de la Universidad de Washington y Paul David, físico y cosmólogo de la Universidad Estatal de Arizona, advierten que la hora ha llegado y debemos enviar cosmonautas a Marte sin boleto de regreso. El propósito sería establecer una inicial colonia en el planeta rojo. Alegan que la humanidad está ya en condiciones de poner al hombre allí, pero los problemas están en el costo de traerlos de vuelta.

Proponen enviar dos naves con dos tripulantes cada una, tripulantes que jamás regresarían. Previamente se habrían enviado materiales, herramientas, vehículos y provisiones llevados por misiones no tripuladas. Su misión, construir un campamento base para acoger a futuros nuevos colonos.

Los argumentos de fondo son los que hemos mencionado, la vulnerabilidad del planeta que habitamos, uno que puede ser víctima de cualquier acontecimiento cósmico como el impacto de asteroides y cometas o la explosión de supernovas. Lo que proponen, en pocas palabras, es que la preservación de la raza humana debe comenzar de inmediato.
Cuando uno se pregunta sobre voluntarios para esta misión sin regreso, para esta primera colonización del espacio exterior, para el inicio de esta aventura humana que puede preservarla, se consigue con una sorpresa: la NASA dispone de una lista de voluntarios que llenan todos los requisitos. Y los requisitos son: haber superado la edad reproductiva, tener esperanzas de vida por debajo de los 20 años, que al menos uno sea un físico experimentado y que se tengan amplios conocimientos científicos y técnicos y un fuerte compromiso con la investigación.

Deberán enriquecer el terreno para hacerlo apto para el cultivo, construir los refugios para los nuevos colonos y construir su propia bioesfera .En diez años la primera colonia podría llegar hasta 150 miembros y entonces se planearía el nacimiento de los primeros marcianos.

Tendríamos así nuestra primera nueva casa, pero saldríamos a buscar otras. Algún día la raza humana recordará su origen terráqueo como un emigrante de varias generaciones recuerda la proveniencia de los abuelos. Aunque no seamos los únicos seres inteligentes –lo que seguramente no somos- debemos intentar nuestra preservación en casa nueva. Por ahora está Gliese 581g, a la espera de develarnos si ese condominio está libre u ocupado.

A pesar de todos los esfuerzos, la raza humana será difícil de extinguir.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

jueves, 14 de octubre de 2010

Hikikomori




Teódulo López Meléndez

La palabra japonesa hikikomori significa aislamiento. Lo está padeciendo uno de cada diez jóvenes japoneses. Se encierran en su casa o incluso en sus propios dormitorios durante largos períodos, duermen de día y en la noche se refugian en la televisión o en el computador. Algunos dicen que viven de la imaginación. Los psiquiatras hablan de enfermedad social. Otros se refieren al asunto como consecuencia del crecimiento de la economía japonesa en la segunda mitad del siglo XX. Los interesados en los problemas culturales ven a los hikikomori como una consecuencia de las mentiras incrustadas en los valores históricos de la sociedad japonesa que celebran la soledad. Los psiquiatras vuelven a la carga y hablan del papel asignado a la madre que debe cuidar a estos chicos hasta que entran en la madurez.

A veces se ponen violentos. Son, tal vez, el extremo de la pasión por la cultura digital y un rechazo extremo a la vida de competencia. En cualquier caso crean un espacio ficticio, uno donde paran el tiempo y limitan a extremos al espacio. Es lo que Star Trek se llamaba holosección. La psiquiatría aún no habla de síndrome, pero la verdad es que implica ya la desaparición del acontecer cotidiano de un millón de jóvenes japoneses

Cuando los escritores nos aislamos para cumplir nuestra tarea o cuando los mayores ya consideran haber visto lo suficiente podemos parecernos a una conducta que fue llamada “síndrome de Diógenes”. Sin embargo, este abandono de los hikikomori en la abulia y el hastío no proviene de ninguna causa relacionada con dolencia física y aparentemente ninguna psíquica que pueda ser descrita dentro de los manuales conocidos. Tal vez pudiéramos llamarla una nueva enfermedad del siglo. Por lo demás, quien encarna a la perfección el síndrome atribuido a Diógenes de Sinepe es el matemático ruso Grigori "Grisha" Yákovlevich Perelmán, considerado el más grande de entre todos los matemáticos vivos, quien resolvió la famosa conjetura de Poincaré, propuesta en 1904 y considerada uno de los problemas abiertos más importantes y difíciles en matemáticas. Rechaza premios, vive con su madre, sale apenas a comprar comida y viste casi con harapos.

Pero mostrada la excepcionalidad del gran matemático de los suburbios de San Petersburgo es menester hacer notar que el fenómeno hikikomori tal vez no sea una particularidad de la sociedad japonesa. En el Reino Unido se habla ya de “hikikomori social”, denominado NEET en sus siglas en inglés (Not currently engaged in Education, Employment o Training). Pueden estarse acercando a una cifra millonaria y no quieren saber nada de contacto social o competitividad económica o laboral. Mi contacto con adolescentes me indica una norma: duermen hasta muy tarde, prefieren la noche, son pesados en sus reacciones, no manifiestan interés por el mundo circundante.

Mientras más se le estudia más se encuentra un rechazo pasivo-agresivo a una sociedad que consideran injusta, paradójica y absurda. La cultura es un producto de la conciencia humana, un producto de la mente del hombre. La palabra crisis se refiere a comportamientos críticos y refieren una insostenibilidad. Sobre ella se va creando una nueva subjetividad colectiva y una nueva apropiación simbólica. Jamás se puede plantear como la reconquista de una unidad perdida. Tal vez con Habermas podríamos hablar de un actuar dramatúrgico. La anulación de la visibilidad implica una disolución de la identidad. Es evidente que el mundo requiere una reconstrucción de identidad, lo que pasa por la elaboración de una nueva versión de la realidad y de la vida.

Cultura ya no es un complejo de conocimientos. Es el vocabulario con el cual leemos el texto. El conjunto de símbolos heredados está conllevando a una ruptura de conocimiento de la vida y de las actitudes hacia ella. Los códigos internos de sistemas de significación no están reconociendo la realidad social y menos formas de interpretación, a no ser este paroxismo aislacionista en que una parte de la juventud se está refugiando. El distanciamiento implica un abandono del hecho histórico y la intuición se usa para rechazar lo que se considera “hechos sin sentido”. Se abandonan las convenciones y se asume una especie de arte figurativo virtual. Para los hikikomori no hay posibilidad de transformación de los hechos sociales en relato. Es tan deleznable la historia que transcurre –piensan- que la poesía se oculta imposibilitada de ser una vía a la reconstitución del ser.

La forma para ellos no proviene de la vida y las reglas de construcción se limitan a crear un efecto de realidad. Los límites entre realidad real y realidad virtual han llegado a disolverse. Los jóvenes hikikomori son incapaces de producir una sintaxis. El discurso pasa a ser la ausencia de discurso. La referencia a lo real es un efecto de realidad. Este desdibujamiento conduce a una representación atemporal. Marginarse pasa a ser la forma argumentativa predilecta. La renuncia a la exposición procura la ruptura de la continuidad narrativa. Lo que los hikikomori buscan de manera inconsciente tal vez sea esta ruptura y sustitución por una especie de ilusionismo. Sin embargo, la conexión es demasiado tenue y se pierde la degradación de la herencia cultural y de la realidad que se rechaza. No se poseen los códigos y sus claves de acceso, el aislamiento pretende constituirse en símbolo sustitutivo. Al fin y al cabo desde el poder se les ofrece un teatro y desde la oposición al poder otro similar. Los hikikomori resisten una hegemonía cultural y en el fondo se aproximan como nunca al nihilismo. Tal vez eso sean, unos nihilistas categorizados en una nueva versión del nihilismo generalizado del hombre contemporáneo que apenas comienza a vislumbrar las transformaciones hacia un nuevo mundo. Ciertamente la transición es exigente.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

jueves, 7 de octubre de 2010

Entrevista a Vargas Llosa y mucho más en Cuervo TV

En Cuervo TV: Entrevista a Vargas Llosa-Poesía virtual-Música clásica de Benjamin Zender y más http://www.worldtv.com/cuervo_tv

Said, el intelectual de la piedra contra el tanque





Teódulo López Meléndez

El 25 de septiembre de 2003 moría el gran intelectual palestino Edward Said, luego de haber luchado por largo tiempo contra la leucemia. No lo habíamos olvidado, sólo que el día 26 se produjeron elecciones legislativas en Venezuela.

Said, el de la dura palabra contra lo que él llamaba prejuicios euro-céntricos contra los pueblos árabes-islámicos y su cultura. El fundador de la orquesta Diván Este-Oeste con Daniel Beremboim y de quien el gran músico israelí-palestino dijo que en realidad el oriundo de Jerusalén era un músico. El Premio Príncipe de Asturias 2002. El columnista de importantes diarios del mundo y el que resumió un rol de manera terminante: “Un intelectual es el autor de un lenguaje que se esfuerza por decirle la verdad al poder”.

Orientalismo es seguramente su libro más famoso. Al fin y al cabo fue traducido a más de treinta idiomas. Imágines estereotipadas de Oriente y occidente construidas sobre el imaginario occidental etnocentrista, el manejo de cultura e imperialismo como clichés ideológicos, el poder colonialista para impedir que surjan otros relatos, el análisis de los movimientos de resistencia, la mirada sobre los estereotipos culturales racistas, el implacable análisis sobre la administración Bush. Por allí andaba y anda este libro.

Said, quien rompe con Arafat por los llamados Acuerdos de Oslo, el que mira la derrota del pueblo palestino, el que se ata al tumulto de la historia contemporánea, el que queda marcado por la trágica guerra civil del Líbano, el que asiste a la segunda intifada. El profesor de Columbia cumple su rol, de intelectual mientras imparte clases a sus alumnos. Se desgarra frente a la destrucción de las bibliotecas y museos de Irak, tragedia magistralmente narrada por el venezolano Fernando Báez.

El intelectual Said se pregunta desde la invasión de Napoleón a Egipto finales del siglo XVIII y sobre este constructor semimítico del hoy que olvida la variedad de pueblos, lenguajes, culturas, relegados a un banco de arena. Es implacable el hijo de Jerusalén. Y se alza la mirada estereotipada sobre el demonio extranjero. Y se proclama humanista y cuando se le dice como puede estar tan cerca de Foucault, de pensamientos estructuralistas y postestructuralistas, alega que para ser humanista hay que ser un crítico feroz del humanismo. En algún momento escribí que el antihumanismo de muchos los hacía cada vez más humanistas. Said lo entendía como un modo de romper los grilletes y usar el pensamiento histórica y sabiamente para un entendimiento reflexivo, más un sentido de comunidad con otros intérpretes.
Dedicó su tiempo y esfuerzos a la defensa de los derechos del pueblo palestino sin olvidar jamás los sufrimientos a que fue sometido el pueblo judío y abogó por una coexistencia pacífica que lo llevó a plantear la tesis de un Estado dos naciones. El profesor hablaba en Columbia de Giambattista Vico, filósofo y filólogo napolitano cuyas ideas anticiparon a pensadores alemanes como Herder y Wolf, y después a Goethe, Humboldt, Dilthey, Nietzsche, Gadamer, y finalmente a los grandes filólogos del siglo XX, como Erich Auerbach, Leo Spitzer y Ernst Robert Curtius. Resaltaba el interés de Goethe por el Islán y de sus ideas de todas las literaturas del mundo como si fueran un todo sinfónico que pudiera aprehenderse teóricamente preservando la individualidad de cada trabajo sin perder la visión del todo. Se alza la voz de Said contra la estandarización de las ideas.

Critica a los gobiernos árabes incapaces que reprimen a su propia población y a la falta de entendimiento de lo que es Estados Unidos como sociedad. En lugar de choque o enfrentamientos aboga por la reunión de las culturas. Llama a leer en todas las formas posibles del mundo. Su interpretación del fatídico ataque contra las torres gemelas como originada en la guerra y el uso del sentimiento islámico contra el comunismo, como lo podemos constatar en la guerra afgana contra la invasión soviética, más el fracaso político de algunos países musulmanes, lo que conllevó a la idea de la religión como una repuesta a los problemas modernos, le valieron suficientes críticas.

Su condena al terrorismo palestino fue clara y contundente. Una de sus frases alegaba que había que hacer entender a los israelíes el daño que hacía a su pueblo sólo con palabras. Le molestaba de manera suprema que el debate sobre el Islam se pareciese a una controversia teológica cuando debía ser política e intelectual. Orientalismo y cultura e imperialismo es otro de sus libros imprescindibles. La soledad del intelectual aparece en toda su dramática magnitud, aunque alega que es preferible este destino a dejar gregariamente que las cosas sigan su curso habitual. Sus memorias tituladas Fuera de lugar lo atestiguan. El ataque israelí contra Cisjordania en 1967 lo mete de cabeza en la política, pero también aparece The question of Palestina. Toma de posiciones, escritos políticos, crítica literaria-cultural. El intelectual Said escribe, reflexiona y actúa. Repite su oposición a todo movimiento, sociedad o estado teocrático o religioso llámese cristiano, sionista o islámico. Y vuelve: el papel del intelectual es elevar la libertad y el conocimiento. Lo describe en Representations of the Intellectual. Y es siempre contra las autoridades que deben ser responsables ante los ciudadanos.

Caricaturizado, acusado de resentimiento filosófico, señalado como envidioso y lleno de desaliento, Edward Said cumplió su papel en este mundo, el muy desgraciado de ser un intelectual lúcido. Cuando murió hasta sus más acérrimos críticos debieron expresar su pesar, porque había muerto una voz inigualable del pueblo palestino. Tal vez sea un desconocimiento de su metodología, la de la trilogía que concluye con Cubriendo el Islam.

Para este breve recuerdo hemos utilizado la imagen del brillante intelectual que desesperado al ver como se destruye el sembradío de un palestino toma una piedra y la lanza contra un tanque. Quizás en esa imagen del hombre que alegaba sólo debía recurrirse a las palabras quede de manifiesto la impotencia del intelectual.

teodulolopezm@yahoo.com
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viernes, 1 de octubre de 2010

El vuelo de la serpiente en el pensamiento latinoamericano (II)





Por Jorge Majfud

Si la “poesía del compromiso” de la primera mitad del siglo XX, como en Pablo Neruda, gira de la intimidad del amor romántico, individual y triste, a la alegría del descubrimiento de la lucha colectiva, a finales del siglo se opera el movimiento inverso. La utopía permanece en el discurso como un recuerdo y como conciencia del fracaso o la derrota, pero ha muerto como proyecto, lo que se demuestra con la recurrencia al amor íntimo.

Esta regresión a la intimidad como refugio es propia de otros autores como Mario Benedetti: “¿Cómo voy a creer / dijo el fulano / que la utopía ya no existe / si vos/ mengana dulce / osada/ eterna / si vos/ sos mi utopía” (Soledades). El amor sensual es, otra vez, el refugio y el sustituto de la utopía derrotada. Hay una vuelta al intimismo: el individuo ya no necesita el Cosmos social ni quiere actuar en él para cambiarlo y cambiarse a sí mismo. En la poesía de Peri Rossi es un lugar casi común: “Para que nos amáramos, en fin / ocurrieron todas las cosas de este mundo / y desde que no nos amamos / sólo existe un gran desorden” (Poesía).

El mundo es, otra vez, caos y amenaza.

En una clara alusión al tango y la filosofía popular de tono gardeliano —diatópico—, Juan Gelman titula uno de sus poemas “Mi Buenos Aires querido” y no ve otra salida que la ciega, persistente y desarticulada resistencia de Ernesto Sábato: “Hay que aprender a resistir / ni irse ni quedarse / a resistir” (Sur). Su hijo desaparecido, a quien muchos poemas antes había comprado un arma como juguete para hacer la revolución, es frustrado por la desaparición y la derrota, por la clausura política. “Hijo que no acabó de vivir / ¿acabó de morir?” (Sur). Y luego, en “Carta abierta” (1980), dedicada a su hijo, se pregunta con infinito dolor: “¿paró tu deshacer en algún lado?”.

En los ’80, lo que llamo “clausura política” ya se ha convertido en “clausura existencial”, como el purgatorio cristiano o una especie de infierno, donde eternamente se experimenta el dolor. En este caso, el deshacer no sólo es la reversión del hacer revolucionario, el destino de la historia, sino es el deshacer de Tupac-Amaru, de Ernesto Che Guevara, del rebelde que se hace pedazos para confundirse en cuerpo y alma al pueblo que lo trasciende, ya no en la utopía sino en la distopía, ya no en el triunfo de la justicia sino en la trascendencia de la derrota.

La idea de resistencia no es sólo política sino histórica y cultural: ni el nuevo hombre ni la nueva sociedad se han logrado. El éxito de la resistencia es todo el éxito que se puede aspirar en una sociedad alienada, destruida o estancada. En “Tríptico del plebiscito”, Mario Benedetti alude al triunfo del “No”, la opción que en el referéndum más importante de la historia uruguaya negó a los militares la retención del poder. “Por razones obvias / no fue / exactamente / una forma de conciencia / colectiva / sino apenas la suma / de seiscientas mil / tomas de conciencia / individuales” (Exilio). La conciencia social, el individuo transformado en la acción colectiva, ha sido abortada por la dictadura, por la reacción de la distopía, y sólo queda la acción del individuo anterior, alienado, aislado. La salida de la dictadura no significa una salida de la distopía sino, precisamente, lo contrario. En “Somos la catástrofe”, Benedetti reconstruye en pocos versos la clausura política que amenaza con transformarse en clausura existencial: “desde Paco Pizarro y Hernán Cortés / hasta los ávidos de hogaño / nos han acostumbrado a la derrota / pero de la flaqueza habrá que sacar fuerzas / a fin de no humillarnos/ no humillarnos / más de lo que permite el evangelio / que ya es bastante” (Soledades).

Ahora esa esperanza ya no se refiere a la construcción de un futuro luminoso sino a la salvación de un presente oscuro. En un poema posterior ya no hay dudas: “¿Qué les queda por probar a los jóvenes / en este mundo de impaciencia y asco? / ¿sólo graffiti? ¿rock? ¿escepticismo? / también les queda no decir amen / no dejar que les maten el amor / recuperar el habla y la utopía” (Paréntesis). La reivindicación de la palabra y la utopía son un pálido reflejo del pasado que persiste aún en medio de la desesperanza y el escepticismo del mismo poeta que los condena: “ya sabemos cómo es sin las respuestas / mas ¿cómo será el mundo sin las preguntas?” (Exilio). Los temas centrales de La vida ese paréntesis (1997) son, especialmente en sus páginas centrales, los temas recurrentes del romanticismo del siglo XIX y el existencialismo de la primera mitad del siglo XX: el yo y la muerte.

Como vimos, la otra salida a la clausura, política y existencial, consiste en el regreso al origen amerindio. Eduardo Galeano, quizás el escritor más representativo de este camino en la primera página del primer libro de su trilogía Memoria del fuego (1982-1986) inicia con un mito cosmogónico de los maquiritare, tribu de la cuenca del río Orinoco. Como el título de este primer libro, Los nacimientos, el mito alude al nacimiento múltiple; no a la reencarnación. Dios —que soñaba el mundo y era soñado por la humanidad— había decidido que la mujer y el hombre “nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán. Y nunca dejarán de nacer, porque la muerte es mentira”. La derrota, el desangrado de la utopía, ha clausurado otra vez el horizonte utópico, pero se convierte en una derrota necesaria para el ejemplo histórico. Es un triunfo moral que al producir conciencia se convertirá en un triunfo político y existencial en los tiempos por venir, ese tiempo sin lugar y ese lugar sin tiempo que nunca veremos.

La palabra vuelve, pero ya no es arma de combate sino instrumento de la memoria, que es resistencia al tiempo y a la injusticia de la historia. Incluso a veces sólo es una memoria est ubi: Stat Roma pristina nomine, nomina nuda tenemus. Desde las profundidades de la historia mitológica americana, dice el poeta Ernesto Cardenal que dijo el poeta Coyote Hambriento: “nosotros nos vamos, mas quedarán los cantos” (Antología).



Jorge Majfud

Jacksonville University.