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lunes, 8 de abril de 2013

Sarita Montiel, diva de universidad




Por Eva Feld

Sara Montiel desató una tormenta en la Universidad de  Cincinnati este martes dos de mayo,  Su presencia, su encanto y su perpetua voz de diva dispararon alertas de tornado. Llovió, tronó, relampagueó, pero ella, llena de gracia y salero, no  le cedió el paso al viento ni al aguacero, ni siquiera al dolor punzante en su costillar herido,  nos cantó y entretuvo, para exaltarnos, a unos ochenta privilegiados. Tan extasiados estuvimos  los allí presentes, que nadie sería capaz de desmentirme al  atribuirle la tormenta primaveral a su presencia y no al tradicional clima regional, donde por lo regular, cuando sale el sol, hace frío y cuando al fin llega el calor, llueve.  La fecha de su presentación no pudo ser más emblemática ni más española, hela allí a la Diva marcando el territorio de la hispanidad.  Hela allí a la Diva parada frente a las bayonetas, como en el extraordinario cuadro homónimo de Goya. Heroína  y superviviente del franquismo, luego  del destape, de la actual crisis y de la edad. Sara Montiel sigue siendo un cataclismo.

María Antonia Abad, que es como en verdad se llama, se presento en la sala Bauer del Conservatorio de música de la Universidad  de Cincinnati, invitada por el Departamento de Lenguas Romances y de Literatura.  Apenas entró, transmitió una sinceridad incuestionable cuando dijo  estar emocionada por encontrarse en la universidad, pues ella nunca había podido estudiar. Había tenido que aprenderse de oído los primeros parlamentos de sus películas, como si canciones fueran, porque no supo leer hasta que León Felipe le enseñó a los 21 años.  Ahora, seis décadas después es objeto de estudios universitarios desde los más diversos temas posibles.

Si bien, la gira de Sara Montiel incluye en esta ocasión también a las ciudades de Chicago y Nueva York, acaso sea su presentación en Cincinnati la más curiosa, pues no solo fue proyectada una de sus películas más famosas, El último cuplé (1957), sino que las conferencias que dictaron destacados profesores de las universidades de  Ohio, Kentucky y California, se refirieron, entre otros temas, a la situación de las actrices y cantantes   durante el régimen dictatorial de Francisco Franco y más controversialmente,  a Sara Montiel como icono Gay del mundo hispano y su representación en el teatro, el cine y la literatura de hoy.

Cada una de las seis conferencias sirvió de preámbulo para el ansiado recital de la Diva: fue diagnosticada y amada con docta precisión por cuatro horas, durante las cuales, el público clavado en los asientos absorbió cada dato e interpretación con fanática atención. Incluso se escuchó algún susurro de indignación cuando  el profesor Israel Rolón Parada, factótum del evento, hizo hincapié en el alto precio que tuvo que pagar Sara Montiel por su fama, pero también por su valentía, en la España de Franco, cuando éste la utilizó como prenda en trueque por petróleo soviético, o  por madera rumana…Cada profesor desveló una faceta, la mitológica que envuelve su rostro, la política, la social, la de incipiente feminismo, la de su contribución al desarrollo del cine, o al renacimiento el cuplé como género musical picante y contestatario. Así como su influencia en novelas, performances y películas.

Sólo uno de los profesores, asumió un tono testimonial, humorístico, personal, echando por tierra, sin proponérselo tal vez, una suma de paradigmas que tienen que ver con los estereotipos gay. “Cuando El último cuplé llegó al cine Alcázar en el Sur de Chile, yo era un niño, en la familia se debatía si debían dejarme ir, al final, con la ayuda de mi madre, obtuve el permiso… la vi once veces…” “Me disfrazaba de Sarita y bajaba las escaleras con glamour, para indignación de mi padre y mi hermano, no de mi madre…”  Afuera, en las calles y las facultades de la Universidad de Cincinnati, se estaba celebrando el segundo día de la “semana de los maricas” con comidas y bebidas, con bailes y conversaciones;  en varios bares circunvecinos, se anunciaban espectáculos travestis. Cincinnati no es precisamente Copenhague. Se trata de una mediana ciudad  más bien conservadora, de lo que tradicionalmente, no geográficamente, se llama centrooccidente de los Estados Unidos, sin embargo,  según parece, el tema  gay, incluso el de transgénero ha dejado de ser  propiamente un tabú.

Cuando finalmente Sara Montiel hizo su segunda entrada, esta vez no solo para saludar sino para cantar, no tardó en asumirse como modelo para cuantas drag queens o dragas la quieran imitar, incluso por el uso que hizo del lenguaje,.  “Yo soy muy mariquita, me encantan las plumas, los adornos, los pendientes, las alhajas”  lo dijo moviendo con sensualidad exagerada sus manos, o mejor dicho luciendo  los cuatro pares de enormes sortijas con que las  engalanaba, así como sus enormes uñas esmaltadas y la pulsera en espiral que le cubría entero el brazo derecho. Los que la mirábamos  perdimos la respiración por un momento. Máscara y autenticidad se dan la mano en la diosa Montiel. La primera para que puedan copiarla hombres y mujeres, la segunda para que mujeres y hombres la amen.

Entre chistes y chanzas, Sarita canta “Bésame mucho” y el auditorio se conmueve. Los hombres y mujeres  mayores porque crecieron enamorándose con esa canción, los más jóvenes solo se estremecen sin  saber el por qué. “Fumando espero” y “Vereda tropical” no pueden faltarle al repertorio y para mayor exaltación, “El relicario” (el público haciendo el coro). Ya para concluir, un estudiante de canto de la universidad la acompaña en un tango a capela. Siguen las fotos posadas, los autógrafos, los besos y abrazos sobredimensionados, alimentos sin los cuales no se es una diva. Alimentos que sólo existen para las divas, sean estas mujeres excepcionales o sean, en otra escala, hombres que las copien.

miércoles, 3 de abril de 2013

Palabras fractales



PALABRAS FRACTALES (textos de literatura fractal y otras aproximaciones) de Pablo Paniagua, novedad editorial en Literatura Indie*





¿Qué es la literatura fractal? es el ensayo con el que inicia el presente libro y que da paso a una serie de textos cortos, de inspiración existencialista y metafísica, que fueron elaborados en base a las propuestas conceptuales que se plantean en dicho ensayo, más la adición de varios cuentos y relatos.

Palabras Fractales supone una nueva forma de entender el quehacer literario más allá de cualquier convencionalismo, una búsqueda formal a partir de los patrones recursivos de la fractalidad matemática, una puerta hacia otra dimensión de la palabra escrita.
Palabras Fractales, en cierta medida, es la obra que viene a sentar las bases de lo que se conoce como Literatura Fractal.



Aquí va una serie de Palabras Fractales:
HACIA LA COMPRENSIÓN DEL UNIVERSO

DISCUSIÓN CÓSMICA

En la sombría llanura iluminada por el sol, el día y la noche se juntaron. Hecho insólito, sin duda. “Yo quiero esta llanura para mí”, le dijo el día a la noche. “Ni hablar del asunto, esta llanura es mía”, le respondió la noche al día. Y en ese forcejeo dialéctico siguieron, sin ponerse de acuerdo, mientras el planeta se paró.

Siempre había luchado cada cual por su mitad, la noche persiguiendo al día y el día a la noche, cada uno por detrás del otro, dando vueltas sin parar; pero ahora, después de tanto tiempo, ya nada sería igual.

Ante tal contrariedad, los habitantes del planeta se congregaron en la extensa llanura para caminar, según sus necesidades, de un lado para otro, y así pasar del día a la noche o de la noche al día.

Todo cambió desde entonces, en ese planeta estático, por culpa de una llanura deseada. Ya no existe el flujo necesario entre el día y la noche, la mutación de la dualidad, para que la vida recobre su sentido. Ahora los habitantes son simples espectadores de esa discusión cósmica que trasciende su comprensión, sobre la verdadera existencia de una sombría llanura iluminada.

PENSAMIENTO DE ESTRELLAS

Soy un cuerpo celeste flotando en el espacio. Yo brillo intenso pero a mi alrededor está todo oscuro, salvo las chispeantes luces de los que son como yo, que ahora permanecen estáticos en la lejanía. ¿Qué es lo que hago aquí? No lo sé, quizá adornar la contemplación de un ser muchísimo más pequeño. He ahí el poder de lo insignificante frente a lo absoluto, de lo finito ante lo inmortal. Os aseguro que daría todo mi brillo por contemplarme a la distancia, por salir de mí mismo y acabar con esta interminable monotonía.

LA GRANDEZA DEL ESCRITOR

No puedo precisar mi edad ni desde cuándo existo, y aquí estoy ardiendo sin parar. Algunos planetas giran a mi alrededor y yo sé que tú estás en uno de ellos, escribiendo ahora sobre mí. Eso nadie lo sabe, sólo tú y yo; los demás se enterarán cuando lean estas líneas, unos días más tarde, unos años, unos siglos… Pero ese tiempo nada nos importa, aunque nuestra inmortalidad para el resto sea comparable. Así son las cosas: tú eres un hombre que escribes sobre el sol y la existencia, cuando yo siempre existo y no escribo sobre ti, sólo te doy la luz y el calor para ser la simple excusa, y ahí, entonces, eres superior a mí.

UN PARAGUAS Y CUATRO ESTACIONES

La naturaleza muda con las estaciones, como cuando yo me quedo sin palabras. La voz ya no me sale, ya sea por falta de ideas o afonía. Lo peor es la afonía mental que me asalta en las mañanas nada más despertar, laxitud de la memoria que se extiende hasta tener el desayuno sobre la mesa, para luego mudar desde ahí hacia mi estómago. En la ducha me despierto de verdad, cuando se levantan las palabras que mudan en ideas, para que la afonía desaparezca de mi garganta. En ese transcurso de tiempo, como una muda de estación, pasó una mujer sin decir una palabra y tomó el tren que realiza su trayecto entre el verano y el otoño. Ahora las hojas secas mudaron de las ramas para formar una alfombra sobre el suelo, y ella camina, al llegar a su destino, con un paraguas sin tela por encima… Pero luego todo cambió de lugar, la señora muda y las estaciones que mudan, pues al abrir la puerta y salir de la casa me topé con el invierno. No me gusta el frío porque me deja más que mudo, no lo puedo soportar y regreso hacia la casa. Entonces, es cuando cierro los ojos y pienso en la primavera, para que todo mude dentro de mi ser.

NUESTRO DIOS

Un universo de centellas sobre mi cabeza. Es el verano, la Vía Láctea y una pareja de enamorados. Nos preguntamos cuántas estrellas serán, mientras un cigarro de aquello se consume. Luego todo se multiplica, nuestros besos y mis manos cuando acarician tus senos, la succión de mis labios en ellos. Los grillos son millones, tantos como estrellas, haciendo su simple melodía para acompañar el espectáculo que nos contempla: la nocturnidad entera está al pendiente de lo que hacemos, espiando nuestra intimidad. Parece que todo fue creado para ese instante, para que dos enamorados se miren a los ojos. Ahora, con este recuerdo, todo adquiere otro sentido: “Dios hizo el mundo para nosotros, mientras el resto de la Humanidad discute o hace la guerra por él.”

Nuevos concursos literarios

Nuevos concursos literarios q aceptan participación por e-mail

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