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jueves, 29 de diciembre de 2011

Nuestros mejores deseos en el 2012

Pollock

Qué la batalla por la cultura y la difusión de conocimiento, amén del sentido de búsqueda en cada uno de nuestros lectores, sea el común denominador del 2012.

Feliz Año Nuevo, Felice Anno Nuovo, Happy new year, Feliz Ano Novo, Frohes neues Jahr

martes, 20 de diciembre de 2011

lunes, 19 de diciembre de 2011

LA NECESIDAD DE LA TRASCENDENCIA EN EL MUNDO POSTMODERNO



Por Václav Havel


CIENCIA Y CIVILIZACIÓN MODERNA

El vertiginoso desarrollo de la ciencia, con su incondicional fe en la realidad objetiva y su dependencia completa de leyes generales racionales conocidas, ha conducido al nacimiento de la civilización tecnológica moderna. Es la primera civilización en la historia de la humanidad que alcanza a todo el globo, y une con firmeza a todas las sociedades humanas sometiéndolas a un destino global común. Fue la ciencia la que permitió al hombre, por primera vez, ver a la Tierra con sus propios ojos y desde el espacio, como otra estrella del firmamento. Al mismo tiempo, las relaciones del mundo que la ciencia moderna fomentó y modeló, parecen haber agotado su potencial. Aunque parezca extraño es cada vez más claro que a esa relación le falta algo. Fracasa en conectarse con la naturaleza intrínseca de la realidad y con la experiencia humana natural. Ahora es más una fuente de desintegración y duda que un factor de integración y comprensión. Lleva al hombre hasta un cierto estado de esquizofrenia ya que, como observador, ha llegado a estar completamente alienado de sí mismo como ser. La ciencia moderna clásica describía sólo la superficie de las cosas, una dimensión simple de la realidad. Y la ciencia más dogmática la trató como si fuera la única dimensión, como la verdadera esencia de la realidad por más de que ello fuera equivocado. Hoy, por ejemplo, en relación con el universo, sabemos mucho más que nuestros ancestros y aun así parece que ellos sabían algo más esencial de lo que nosotros sabemos; algo que se nos escapa. Esto también resulta cierto, en cuanto a la naturaleza y a nosotros mismos. Cuanto más sabemos respecto de nuestros órganos y sus funciones, su estructura interna y las reacciones biológicas que dentro de ellos se describen, más nos parece que se nos escapa el espíritu, propósito y significado del sistema que componen en su conjunto y que nosotros experimentamos como nuestro propio "Yo."Y es así como hoy en día nos encontramos en una situación paradójica. Gozamos de todas las adquisiciones de la civilización moderna que, con diferentes formas, han hecho más fácil nuestra existencia física. Pero no sabemos exactamente qué hacer con nosotros mismos, ni dónde ir. El mundo de nuestras experiencias se muestra caótico, desconectado y confuso. Parece no haber fuerzas ni significados unificadores e integradores y, en nuestra experiencia sobre el mundo, no poseemos el conocimiento profundo de los fenómenos. Los expertos nos pueden explicar todo lo relacionado con el mundo objetivo aunque nosotros entendemos cada vez menos nuestras propias vidas. En resumen: vivimos en el mundo postmoderno donde todo es posible y casi nada es cierto.

CUANDO NADA ES CIERTO

Este estado de las cosas posee sus consecuencias sociales y políticas. La civilización planetaria única, a la que todos pertenecemos, confronta desafíos globales. Estamos indefensos ante ellos porque nuestra civilización ha globalizado sólo la superficie de nuestras vidas. Pero nuestra interioridad sigue teniendo su vida propia. Y las pocas respuestas que la era del conocimiento racional proporcionan a las preguntas básicas del ser humano, parecerían indicar que, profundamente, como si estuvieran detrás, adhieren a antiguas certezas tribales. Porque de estas culturas individuales, cada vez más unidas por la civilización contemporánea, están emergiendo nuevas, provenientes de su autonomía interna y de la íntima diferencia con los otros. Los conflictos culturales van en aumento y son comprensiblemente más peligrosos hoy que en cualquier otra época de la historia. El fin de la era del racionalismo ha sido catastrófico. Dotados con armas supermodernas, muchas veces provistas por los mismos fabricantes y seguidos por cámaras de televisión, los miembros de diferentes cultos tribales están en guerra. Durante el día trabajamos con estadísticas y al atardecer consultamos astrólogos mientras nos atemorizamos con películas de suspenso relacionadas con vampiros. De manera constante se hace cada vez más profundo el abismo existente entre lo racional y lo espiritual, lo externo y lo interno, lo objetivo y lo subjetivo, lo técnico y lo moral, lo universal y lo único. Los políticos están razonablemente preocupados con el problema que significa encontrar el medio que asegure la supervivencia de una civilización que es global y que al mismo tiempo es claramente multicultural. ¿Cómo pueden ser respetados en forma general los mecanismos de coexistencia pacífica que se propongan, y sobre qué conjunto de principios deben ser establecidos? Estos interrogantes han sido puestos en evidencia con especial urgencia por los dos más importantes hecho políticos acaecidos en la segunda mitad del siglo XX: el colapso de la hegemonía colonial y la caída del comunismo. Se ha derrumbado el orden mundial artificial de las décadas pasadas y todavía no ha emergido un orden nuevo más justo. En consecuencia el objetivo central de la tarea política de los últimos años de esta centuria debe ser la creación de un nuevo modelo de coexistencia entre diferentes culturas, pueblos, razas y esferas religiosas, dentro de una única e interconectada civilización. Tal objetivo es de la mayor urgencia porque cada vez aparecen más y nuevas amenazas a la civilización contemporánea, como consecuencia de su desarrollo unidimensional. Muchos creen que esta tarea puede ser realizada a través de medidas técnicas. Es decir, se cree que puede efectuarse mediante la intervención de nuevos instrumentos organizacionales, políticos y diplomáticos. Sí, es claramente necesario inventar estructuras organizacionales apropiadas para la era multicultural presente, pero tales esfuerzos están condenados al fracaso si ellos no se fundamentan sobre algo más profundo, ubicado más allá de los valores generales aceptados. En procura de la fuente más natural para la creación de un nuevo orden mundial, generalmente buscamos en un área que es el fundamento tradicional de la justicia moderna y que representa la mayor adquisición de nuestra época: un conjunto de valores que -entre otras cosas- fueron primero declarados en este edificio (Independence Hall). Me estoy refiriendo al ser humano único, a sus libertades y derechos inalienables y al principio de que todo poder deriva del pueblo. Me estoy refiriendo, en suma, a las ideas fundamentales de la democracia moderna. Lo que voy a decir habrá de sonar provocativo pero creo, cada vez con mayor firmeza, que aun estas ideas no son suficientes y que debemos ir más allá y de forma más profunda. La solución que ellos ofrecen como si fuera moderna, todavía deriva del clima propio del Iluminismo, y desde un punto de vista que considera al hombre y su relación con el mundo desde la visión euro-americana propia de los últimos siglos. Sin embargo, hoy estamos en un lugar diferente, encarando una situación distinta cuya solución no es brindada por las formas clásicas modernas. Después de todo, el verdadero principio de los inalienables derechos humanos, conferidos al hombre por el Creador, nacieron fuera de la noción moderna típica de que el hombre -como ser capaz de conocer la naturaleza y su entorno- era el pináculo de la creación y el señor del mundo. Este moderno antropocentrismo significa inevitablemente que Él, que decididamente dotó al hombre con sus derechos inalienables, comenzó a desaparecer del mundo. Él está, de hecho, tan lejos del alcance de la ciencia moderna que gradualmente se ha visto empujado hacia la esfera privada de las cosas, si no directamente al terreno de la moda individual; es decir, a un lugar donde las obligaciones públicas no se aplican más. La existencia de una autoridad superior al hombre comienza a inmiscuirse en el camino de las aspiraciones humanas.

DOS IDEAS TRASCENDENTALES

La idea de los derechos y las libertades humanas debe formar parte integral del orden mundial. Sí, creo que ello debe ser ubicado en otro lugar y en un camino diferente del que ha tenido hasta ahora. Si esto es más que un "slogan" ridiculizado por la mitad del mundo, no puede ser expresada por el lenguaje de la era que se va y no debe ser una mera espuma que flote en las aguas profundas de la fe, en una relación exclusivamente científica con el mundo. Paradójicamente, la inspiración para la renovación de esta integridad perdida, puede ser de nuevo encontrada en la ciencia, en una ciencia que sea nueva -digamos postmoderna-, una ciencia productora de ideas que en cierto sentido permitan trascender sus propios límites. Daré dos ejemplos. El primero es el Principio de la Entropía Cosmológica. Sus autores y adherentes han indicado que de los innumerables cursos posibles para su evolución, el universo adoptó el único que hizo posible la eclosión de la vida. No existe hasta ahora prueba de que el objetivo del universo haya sido siempre el de que algún día debería verse a sí mismo y a través de sus ojos. Pero ¿de qué otra forma puede este enunciado ser explicado? Creo que el Principio de Entropía Cosmológica nos aporta una idea, quizás tan antigua como la humanidad misma, de que nosotros no somos sólo una anomalía accidental o el capricho microscópico de una tenue partícula girando en la interminable profundidad del universo. La verdad es que estamos misteriosamente conectados al universo entero y nos reflejamos en él, tal como la evolución total del universo se refleja en nosotros. Hasta hace poco, podría haber parecido que éramos una desdichada porción de musgo ubicada en un cuerpo celeste que giraba en el espacio entre muchos otros que no poseían tales organismos. Era algo que la ciencia clásica podía explicar. Y es así, el momento en que la ciencia parece comenzar a mostrar que estamos profundamente conectados a todo el universo, cuando alcanza los límites de sus poderes. Porque ella se funda en la búsqueda de leyes universales, no trata con la singularidad, es decir con lo único. El universo es un evento y una historia única y hasta ahora somos los únicos protagonistas de esa historia. Pero los eventos e historias únicas son del dominio de la poesía, no de la ciencia. Con la formulación del Principio de Entropía Cosmológica, la ciencia se ha encontrado en la frontera entre la fórmula y la historia, entre la ciencia y el mito. En donde la ciencia ha retornado paradójicamente al hombre, en su camino de vuelta, para ofrecerle -con nuevo ropaje- su integridad perdida, anclándolo una vez más en el cosmos.

El segundo ejemplo es la Hipótesis Gaia. Esta teoría ofrece pruebas de que la densa red de interacciones mutuas entre las porciones orgánicas e inorgánicas de la superficie terrena forman un sistema único, una especie de mega-organismo, un planeta vivo: Gaia -así nombrado en memoria de una antigua diosa reconocida, quizás en todas las religiones- como arquetipo de la Madre Tierra. De acuerdo a la hipótesis Gaia nosotros somos parte de un gran todo y si la dañamos ella nos quitará el interés por el valor más elevado: la vida misma.

HACIA LA AUTOTRASCENDENCIA

¿Qué hace tan inspiradores al Principio de la Entropía Cosmológica o a la Hipótesis Gaia? Una cosa simple: Ambos nos recuerdan, en lenguaje moderno, algo que hace mucho hemos sospechado, que hemos proyectado largamente en nuestros mitos olvidados y que quizás, como arquetipo, yace durmiente en el interior de nuestro ser. Es decir, darnos cuenta que nuestro ser está aferrado al mundo y al universo, tomar conciencia de que no estamos aislados ni que es sólo para nosotros mismos, sino que formamos parte integral de una entidad mayor y misteriosa contra la que no es aconsejable blasfemar. Esta olvidada creencia se encuentra codificada en todas las religiones. Todas las culturas la anticipan en diversas formas. Es una de las ideas que forman la base del conocimiento humano, de sí mismo, de su lugar en el mundo y, por último, del mundo como tal. Un filósofo moderno dijo una vez: "Ahora sólo un Dios puede salvarnos."Sí, la única esperanza real de la gente de hoy es, probablemente, la renovación de nuestra certidumbre de que estamos enraizados en la tierra y, al mismo tiempo, en el cosmos. Tomar conciencia de ello nos dota de la capacidad para la auto-trascendencia. En los foros internacionales los políticos pueden reiterar miles de veces que la base del nuevo orden mundial debe ser universal en cuanto a los derechos humanos, pero ello puede no significar nada en tanto ese imperativo no derive del respeto al milagro del Ser, al milagro del universo, al milagro de la naturaleza, al milagro de nuestra propia existencia. Sólo alguien que se someta a la autoridad del orden universal y de la creación, que valorice el derecho a ser parte y participante de ellas, puede de forma genuina valorarse a sí mismo, a sus vecinos y honrar también sus derechos. Lógicamente se sigue que en el actual mundo multicultural, la verdadera vía de coexistencia pacífica y de cooperación creativa debe comenzar en aquello que constituye la raíz de todas las culturas y que yace infinitamente inmerso en la profundidad de los corazones y mentes humanas y que, más que en opiniones, convicciones, antipatías o simpatías políticas, debe estar enraizado en la auto-trascendencia.

RESEÑA BIOGRÁFICA DE VÁCLAV HAVEL (*)

Václav Havel nació en 1936 en el seno de una familia acomodada de Praga. La posición social y la orientación política de su familia crearon dificultades para su formación escolar que recién pudo completar en 1951. Mientras trabajaba como asistente en un laboratorio químico, terminó en 1954 su educación secundaria en cursos vespertinos. Como fue rechazado su ingreso a las escuelas post-secundarias humanísticas por motivos políticos, ingresó a la Facultad de Economía de Praga donde cursó dos años del programa. Luego de dos años de servicio militar, trabajó como técnico teatral en la Divadlo ABC. Entre 1962 y 1966 estudió Drama por correspondencia en la Facultad de Teatro de la Academia Musical de Artes, completando sus estudios con un comentario sobre el drama "Eduardo" que habría de ser la base de una de sus obras: "La aumentada dificultad de la concentración." En 1956 desarrolló una intensa amistad con Olga Splichalova con la que se casó ocho años después. Olga se constituyó en el soporte afectivo que habría de reconfortar las horas amargas que su esposo debió pasar en los siguientes años. Desde los veinte años, Havel comenzó a publicar sus obras teatrales y artículos en diferentes periódicos literarios. Entre sus primeros trabajos, figura la obra titulada "Zahradni slavnost" (The Garden Party) representada en 1963. A partir de 1960 participó con otros intelectuales en la tarea de recuperar los valores de la sociedad checoeslovaca, culminando sus esfuerzos en las históricas jornadas de la "Primavera de Praga" sucedidas en 1968. Durante ese tiempo, Havel desarrolló intensa actividad política no marxista y publicó otras obras dramáticas como "Vyrozumeni" (El Memorando en 1965) quizás su obra principal, y la ya citada "La aumentada dificultad de la concentración”, tres años después. Luego del aplastamiento de la "Primavera de Praga" por la invasión de los ejércitos del Pacto de Varsovia, Havel se alzó contra la represión política que caracterizó los años de la llamada "normalización comunista". En 1975 dirigió una importante carta abierta al Presidente Husak en la que advertía sobre los riesgos del antagonismo que se estaba creando en la sociedad checoeslovaca. Sus esfuerzos culminaron con la publicación de "Charter 77", documento en el que expresa el profundo desagrado de la sociedad checa frente a la opresión. Junto a otros patriotas fundó en 1979 el Comité para la Defensa de los injustamente oprimidos. Este activismo le valió casi cinco años de prisión en los tres encarcelamientos que padeció. El gobierno prohibió la publicación de sus obras obligando a su edición en el exterior (Alemania).Durante los años ´80 creció la insatisfacción general en la sociedad checoeslovaca, cada vez menos dispuesta a aceptar la represión policial comunista, que se concretó en una petición pública llamada "A few sentences", firmada por diez mil ciudadanos y en la que Havel fue uno de los principales inspiradores. Luego de la brutal represión aplicada a estudiantes en Praga el 17 de noviembre de 1989 se produjo un violento levantamiento popular. En una reunión del Drama Club realizada dos días después se formó el Foro Cívico que sirvió de paraguas para todas aquellas organizaciones e individuos que exigían cambios políticos fundamentales. El 29 de diciembre del mismo año, como candidato del Foro Cívico, fue elegido Presidente de Checoeslovaquia. El 5 de julio de 1990, las prometidas elecciones lo consagraron, a través de la Asamblea Federal, como Presidente de hecho. Sus esfuerzos para mantener la federación entre checos y eslovacos fueron infructuosas y las divisiones partidarias le impidieron obtener los votos suficientes para alcanzar la presidencia, por lo que fiel a sus convicciones renunció en julio de 1992 al cargo de Presidente de la Federación Checoeslovaca. En 1993, con la República checa constituida definitivamente, Havel volvió a la palestra política y en julio de ese año fue consagrado como primer Presidente de la República. Entre 1995 y 1996, estuvo internado por graves problemas respiratorios. Durante este doloroso período Havel gozó del apoyo moral de su amiga Dagmar Veskrnova con la que contrajo matrimonio luego de ser dado de alta en enero de 1997. En 1998 fue reelecto Presidente por el voto de ambas cámaras legislativas, cargo que ocupará hasta el año 2003.Además de las obras teatrales mencionadas, Havel ha publicado numerosos artículos de una profunda conciencia humanística en distintos medios. La crítica a la tendencia al abandono de los compromisos morales que el hombre se ve obligado a hacer cuando vive en regímenes totalitarios y especialmente a la constante defensa de los derechos humanos.

Por sus trabajos literarios, por sus obras en el campo del drama teatral y, en especial, por sus esfuerzos constantes en pro de la humanidad entera Václav Havel se ha convertido en una figura de significación universal y por ello ha recibido numerosas condecoraciones internacionales y doctorados honorarios de diferentes universidades.

La historia profunda



Por Jorge Majfud


La historia sumerio-hebrea de Caín y Abel es la escenificación y la memoria de uno de los cambios más dramáticos en la historia no escrita de la Humanidad: el paso del mundo nómade y del mundo pastoril al mundo de la agricultura. Abel, el bueno, era el hermano pastor: Caín, el asesino no sólo mata a su hermano convirtiéndose en criminal, sino que también representa el fin de una Era. A partir de entonces, con la agricultura, surge la civilización. No es coincidencia que Dios o los dioses rechazaran el cambio: los hombres no pueden mejorar lo creado. La historia no significa ningún progreso sino un interminable proceso de corrupción.

Es una paradoja cuando consideramos que no sólo la palabra civilización surge de civitas, ciudad, sino que la cultura misma de hombres y mujeres civilizadas se refiere a las normas de convivencias urbanas. Pero la civilización, como las ciudades surgen con el fin del nomadismo por tres razones: primero, porque una ciudad es algo que no se puede mover, como un campamento; segundo, porque las ciudades no tendrían ningún sentido sin la agricultura, sobre todo sin la agricultura intensiva; tercereo, porque el sistema agrícola, a diferencia de la caza y la recolección del nómade, se basa en la previsión y en la conciencia de los siglos climáticos.

Probablemente la historia de Caín y Abel haya surgido o su memoria se haya consolidado con el nacimiento de las primeras ciudades en medio Oriente, que en la tradición o en la narrativa Bíblica conservan su aura negativa, que se corresponde a la idea del Edén perdido por el pecado. No es casualidad que sea una gran ciudad como Babilonia el arquetipo del pecado y la corrupción. No es casualidad que Abraham abandona la gran ciudad mesopotámica y se convierte en pastor trashumante. Una vez que esta historia entra en la cultura escrita, propia de las primeras civilizaciones, se fosiliza y pasa a regir el imaginario y los valores de innumerables pueblos a lo largo de los siglos.

La civilización ya consolidada en Mesopotamia y Egipto adquieren, desde este contrapunto histórico y existencial, una visión negativa (el romanticismo, la nostalgia por el tiempo perdido, con frecuencia es nacionalista, lo que se prueba no sólo con el romanticismo del siglo XIX sino con los nacionalismos del siglo XX). Abraham entra en Egipto y miente a sus autoridades; Dios no castiga a Abraham sino los civilizados egipcios, que deciden deportar amablemente a Abraham (Abraham repetirá la misma historia en otras comarcas; otra vez es deportado y beneficiado con riquezas materiales que obtiene de otros reyes que pretenden evitar la furia de Yahveh).

Aparte de la lógica mítica e histórica, hay un factor psicológico que con la cultura se convertirá en una práctica básica: con el desarrollo de la agricultura y de las ciudades, los hombres debieron cambiar el primer impulso por satisfacer sus deseos más inmediatos, de alimentación, de sexo y consecuentemente de propiedad (los tres valores claramente expresados en la conflictiva historia de Abraham). La búsqueda por la satisfacción inmediata del nómade, cazador y recolector, debió se sustituida por la autorepresión de los deseos más inmediatos y, por ende, por el surgimiento de la conciencia individual y social: el duro sacrificio del cultivo de la tierra y la larga espera de la siembra.

Esta falta de inmediatez desarrolló los tabúes, la autorepresión y expandió o sofisticó la conciencia. Todo lo cual hizo posible una vida más segura y probablemente más prolongada, pero al mismo tiempo una vida que no pudo olvidar el bucólico paraíso de la Era anterior. Obviamente, quizás por un mecanismo que es común en la psicología individual, se echó al olvido los sufrimientos pasados o la memoria del dolor ya no dolía, como no duele la muerte de un mártir o un héroe lejano. No se recordó los peligros que acortaban la vida porque la conciencia primitiva todavía expresaba una idea indiscutible: todo pasado fue mejor. Nuestros padres no sólo vivían en el Paraíso, el Edén, sino que sus castigados hijos, aunque ya no inmortales, eran capaces de vivir cientos de años. Lo que no se corresponde con las investigaciones científicas pero sí con la naturaleza espiritual y psicológica más profunda, no sólo en la tradición judeocristianomusulmana sino en muchas otras, algunas tan diferentes como la tradición griega, resumida por Hesíodo en las cinco Eras, la primera de las cuales era de oro y la última, la nuestra, de hierro (la cosmología amerindia difiere sensiblemente, como lo analizamos en un estudio sobre Quetzalcóatl y los movimientos revolucionarios latinoamericanos).

No sabemos qué pueblos podrían representar a Abel, ni estamos seguros de qué pueblos representarían a Caín, aunque podemos especular que estos últimos fueron los pueblos semíticos. Digo esto porque sospecho que en cada cambio de paradigma hay un cambio de pueblos. Esto lo veremos muy resumido en el próximo ensayo, al analizar los cambios históricos más importantes. La hipótesis sería la siguiente: un nuevo paradigma nace en una cultura o en una civilización en su madurez y apogeo pero sólo se realiza en una cultura o en una nación emergente, sin las fuerzas reaccionarias que produjo el paradigma anterior.

(II)

No sabemos qué pueblos podrían representar a Abel, ni estamos seguros de qué pueblos representarían a Caín, aunque podemos especular que estos últimos fueron los pueblos semíticos. Digo esto porque sospecho que en cada cambio de paradigma hay un cambio de pueblos. La hipótesis sería la siguiente: un nuevo paradigma nace en una cultura o en una civilización en su madurez y apogeo pero sólo se realiza en una cultura o en una nación emergente, sin las fuerzas reaccionarias que produjo el paradigma anterior.

Por ejemplo, el monoteísmo (o la monolatría) no surgen con el pueblo hebreo sino en el pueblo egipcio. Es decir, un pueblo que maduró por milenios en el politeísmo produce la idea pero no la realización. Lo cual es lógico. La revolución de Amenofis IV (Akenatón), la revolución del dios Atón (1350, A.C.), duró poco y fue sofocada por un movimiento reaccionario de la misma tradición. Por esta razón Moisés, un egipcio mencionado en la Biblia como el líder de un pueblo con problemas para hablar (el idioma de su pueblo), tuvo la sabia idea de salvar el nuevo culto injertándolo en un nuevo pueblo, un pueblo de esclavos al que prometió las mieles de una nueva tierra, es decir, la libertad a cambio del muevo paradigma. El nuevo pueblo no carecía de fetichismos y otras idolatrías, pero la fuerza de su tradición distaba mucho de la egipcia.

Esta hipótesis o bosquejo de teoría es razonable cuando seguimos buscando la misma lógica en la historia posterior: por ejemplo, más de mil años más tarde el cristianismo nace del judaísmo y es, de muchas formas, condenado por la fuerza de esta tradición ya largamente establecida, madura y sofisticada. Razón por la cual, contario a las primeras expresiones de Jesús, finalmente el cristianismo se encarna en pueblos foráneos, extraños, como lo eran el griego y varios otros que no lo produjeron. Cuando la mujer cananea le pide a Jesús un milagro para su hija enferma, Jesús responde: “No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”, y enseguida agrega: “No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perros” (en otras versionas, en lugar de “perros”, para referirse a otros pueblos, se usa el eufemismo “perrillos”). La mujer cananea responde: “Sí, Señor, pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mateo 15: 22). Se da la paradoja que el cristianismo es salvado o reinventado (el cristianismo ha sido dramáticamente refundado y versionado muchas veces) por aquellos pueblos periféricos referidos metafóricamente por el maestro como perros. La segunda paradoja fundacional nunca fue reconocida, ni siquiera aludida por la centenaria tradición religiosa y teológica: la mujer cananea, aparte de ser mujer y aparte de pertenecer a un pueblo excluido de los planes de Dios según la tradición, interpela a Jesús con un argumento. Ese “hasta los perros comen las migajas” tiene todo el estilo y el contenido silogístico de los contraargumentos de Jesús, como el conocido “el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra” y muchos otros donde no se niega ni se deroga la Ley pero se la pone en suspenso dialéctico (Jesús no corrige las Escrituras, no deroga la prescripción de la lapidación de las adúlteras, pero la hace inaplicable). Lejos de la tradición religiosa de las tres grandes religiones, Jesús no sólo rectifica sus argumentos ante la mujer cananea, sino que aprecia su fe por su misma insolencia.

El pedido que le hace a Pedro no es el de llevar la idea a otros pueblos (petición muy ambigua que la iglesia católica repitió y exaltó por sobre muchas otras que no le convenían, como cuando unas líneas más abajo el mismo Jesús le dice a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!, me eres tropiezo”). El hecho concreto es que el cristianismo primitivo, por llamarlo de alguna forma, fracasa en el pueblo en el que se origina y triunfa en el extranjero.

Solo por mencionar un ejemplo más, sobre lo que considero la mayor revolución de los últimos quinientos años, mencionemos la revolución de la Ilustración o del Iluminismo. Si bien las ideas que caracterizan este movimiento comienzan a surgir con el humanismo de siglos antes, lo cierto es que maduran en Francia y se realizan en América. Luego de la trascendental Revolución Americana (los intelectuales de la izquierda clásica normalmente se niegan a darle el crédito que le dio Marx), Francia tuvo su revolución, pero recayó varias veces ante las previsibles fuerzas reaccionarias de una larga tradición aristocrática y absolutista. La misma Europa sucumbió hasta no hace mucho a diferentes experimentos autoritarios, como los de Napoleón, Mussolini, Hitler o Stalin. Obviamente que se puede argumentar que Estados Unidos tuvo a sus dictadores vestidos de presidentes democráticos, pero no me refiero a las clásicas, universales y probablemente inevitables consecuencias de un poder político y militar hegemónico, sino al impacto que tuvo en su tiempo una revolución que influyó decisivamente primero en la creación de las republicas iberoamericanas y luego como paradigma en muchas otras partes del mundo, incluida Europa, según consta en la literatura política de los siglos más recientes.

Esta hipótesis se puede ampliar y profundizar con relativa facilidad, incluyendo una larga lista de aspectos discutibles. Pero en síntesis y desde una perspectiva general podemos observar y verificar que cada tiempo ha tenido su Abel asesinado por Caín. La paradoja dramática y existencial radica en que probablemente Caín sea el progreso de la historia y Abel represente el pasado romántico de una Era que acabó; mientras se añora y idealiza a Abel, se criminaliza a Caín. Creo que lo más interesante ahora es, siguiendo el modelo planteado, prever o especular sobre cuál será el nuevo paradigma. Según este modelo, debería surgir en una cultura hegemónica, es decir en la cultura Americana, y debería realizarse en alguna otra región del mundo. Cualquiera estaría tentado a señalar a China. No obstante, por el momento, lo que se puede observar es una expansión del paradigma americano, incluso en la periferia más contestataria, incluso en la comunista China. Por ahora sólo tenemos crisis económicas y financieras; no crisis de paradigmas y mucho menos la aparición de uno nuevo.

Jorge Majfud

Jacksonville University

Diciembre 2011 majfud.org