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miércoles, 23 de noviembre de 2011

De Diaghilev en los pies del Montjuic



Por Eva Feld

Para Belén Lobo

Es preciso recurrir a argucias como esta de recordar a Belén Lobo sin apenas conocerla, para intentar una crónica sobre Barcelona sin caer en los consabidos lugares comunes: es sí, una ciudad que nunca duerme y mucho menos tiende cama de laureles ante la crisis. Catalanes y visitantes abarcan sus espacios como sólo puede hacerse en una verdadera plaza urbana donde la cultura bulle desde el metro hasta la superficie, desde el Montjuic hasta la Barceloneta. El arte, ya sea culinario o estético, moderno o muy antiguo se despliega a todas horas en la arquitectura pero también en el mundo editorial y artístico. La creatividad se respira en una conjunción de desparpajo y tolerancia. Barcelona, aun en medio del mayor desastre económico que sacude a España sigue siendo un imán para turistas de todo el mundo que logran sorprenderse ante sus maravillas y sus secretos.

Una de esas maravillas es la CaixaForum; se trata de una fábrica textil singular, ubicada en los pies de la montaña de Montjuic, que el empresario Casimir Casaramona encargó al arquitecto Puig i Cadafalch, uno de los tres arquitectos catalanes más representativos del modernismo, contemporáneo de Domènech i Montaner y Antoni Gaudí. El edificio es una pieza única de la arquitectura modernista industrial catalana de principios del siglo XX. Pero además es la sede de impresionantes exposiciones. Una de ellas, en curso hasta el 15 de enero de 2012: Los ballets rusos de Diaghilev, merece ser visitada pensando en Belén Lobo, bailarina venezolana, cuya reseña en internet no sobrepasa diez líneas, de las cuales más de dos la señalan como la madre del escritor, animador, guionista y más famoso venezolano en España, Boris Izaguirre.

Allí, en la CaixaForum, ocupando una silla privilegiada, durante la rueda de prensa ofrecida por los organizadores de la exposición, escuché en tres lenguas (catalán, castellano y francés) las mas esclarecedoras explicaciones sobre el emprendedor Serge Diaghilev quien durante los veinte años que duro su emblemática compañía de danza (1909-1929) no sólo supo reflejar en ellas el espíritu vanguardista de comienzos del siglo XX, sino que además lo hizo haciendo bailar (literalmente) el arte en los escenarios.

La exposición, organizada en por el Victoria and Albert (V&A) Museum de Londres y producida por la Obra Social de “la Caixa”, cuenta con más de dos cientos objetos que incluyen vestuario, elementos de las coreografías, diseños, carteles, programas, fotografías, maquetas de teatros y películas documentales en los cuales se aprecia el afán renovador de Dighialev y de los numerosos colaboradores de los que se rodeo. Nada menos que Matisse, Picasso, Braque, Derain, Goncharov o Chanel, solo en el aspecto visual; músicos de la talla de Ravel, Satie, Falla, Stravinsky, Procofiev o Rimsky-Korsakov; bailarines del renombre de Fokine, Nijinsky, Pavlova, Karsavina o Massine y escritores como Jean Cocteau.

La rueda de prensa estuvo presidida por Jane Pitchard, responsable y conservadora del Departamento de Teatro y Danza del V&A Museum. Una apasionada del ballet, una erudita en el tema, una mujer excepcional, cuyo discurso británico pudo llegar a la comprensión de todos los asistentes, en su mayoría periodistas, gracias a la excelente interpretación simultánea de Jon Ander de Errazti, quien con su agradable voz poliglota logró la difícil tarea de satisfacer la curiosidad incluso de algunos hiperespecialistas que consiguieron respuestas en su idioma, por más puntuales y minuciosas que lucieran sus preguntas a oídos, que como los míos, escuchaban por primera vez vocablos y anécdotas muy especificas del ballet. Fue en esos momentos de complejidad cuando me vino a la mente Belén Lobo. Fue con ella en la memoria que recorrí la exhibición de los trajes diseñados por Picasso y por Matisse. Con ella me adelanté al grupo para descubrir un conjunto rosado viejo de pantaloncillo corto y franela, firmado por Channel y fue ella y no la Señora Pitchard ni el interprete de Errazti, quien me comento al oído, que Cocó había impuesto ese atuendo adelantándose a tu tiempo en más de medio siglo, pues aun hoy en día muchos bailarines modernos y contemporáneos lo usan. También fue por Belén Lobo por quien supe de las divergencias que separaron a Diaghilev de Nijinsky.

Al poco tiempo de estarla evocando y de escuchar su voz por encima de la de los organizadores, seguí imaginando que era ella, Belén Lobo, quien me explicaba que “a través de la compañía de Diaghilev y de su noción de obra total se transformó totalmente la danza. Era un hombre cultivado, ávido lector y coleccionista de libros, apasionado por la música y cantante amateur, aficionado al teatro y a la pintura - me decía-. A lo largo de veinte años presento en Europa y América unos cincuenta ballets de diferentes estilos, pero tenía su carácter; se decía de él que era un dictador, un demonio, un charlatán, un brujo. Vivía en habitaciones de hotel y tenía una debilidad especial por España”

Los vestidos diseñados por Matisse y por Picasso principalmente que seguimos mirando a través de la visita guiada nos fascinaron a las dos. Ella, probablemente en Caracas, o en Madrid, no sabe que sin ella la visita a los Ballets Rusos no habría sido la misma. Tampoco sabía yo que a la salida de la exposición vería en una de las estaciones del metro de la línea amarilla, un enorme afiche de la editorial Planeta anunciando el último libro de su hijo Boris: Dos monstros juntos, una novela de culta frivolidad o viceversa. Un fresco de comienzos del siglo XXI. Podría llamarse también un Ballet, con escenografía, música y letra, en el que el pas de deux se baila al compas de la glamorosa decadencia de estos.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Palabras, números y los campos semánticos


Por Jorge Majfud

Un número significa el universo infinito de objetos, elementos, conceptos y de cualquier cosa individualizable de unidades agrupadas en un conjunto determinado. El “3” significa una agrupación única de unidades no individualizadas ontológicamente. Cuando significamos “3” podemos referirnos a un conjunto de llaves, de días, de ideas o de planetas. Por esta razón, comúnmente se opone matemáticas a literatura, porque una es el reino de la abstracción y la otra es el reino de lo concreto, de lo encarnado, de las ideas y de las emociones. Esto, que puede ser sostenido como primera aproximación, es una idea intuitiva pero no menos arbitraria.

Cada palabra también es una abstracción. Cuando significamos árbol estamos haciendo una abstracción de nuestra propia experiencia y de la experiencia colectiva. La palabra árbol no se refiere a nada concreto sino a un conjunto infinitamente variable de una misma unidad. Un número es un conjunto despojado de sus cualidades, mientras que una palabra es algo con todas las cualidades de un mismo conjunto despojado de sus cantidades. Incluso cuando pretendo nombrar directamente una unidad, definida por una identidad, como por ejemplo cuando significo el nombre de una persona —de un individuo concreto— que conozca, Juan R., estoy haciendo una abstracción. Hay infinitos Juan R., pero sus amigos podemos reconocer elementos comunes que identificamos con él: su aspecto físico, su carácter, algunas anécdotas que hemos compartido con él y otras que él nos ha contado, etc. Pero mi Juan R. seguramente no es el mismo que el Juan R. de su hermano o del propio Juan. En cualquier caso Juan R. como árbol son abstracciones, es decir, símbolos que representan para el lector una determinada cualidad de algo. Juan R. pretende indicar a una persona concreta así como “3 manzanas” pretenden indicar un conjunto de objetos concretos. Se podría decir que en este último caso la abstracción del número “3” ha desaparecido al indicarse los objetos concretos con los cuales está relacionado, las manzanas. Pero observemos que “manzanas” no es una abstracción menor. ¿A cuáles manzanas nos estamos refiriendo? Supongamos que las manzanas no están en nuestras manos y se refieren a una promesa futura. Entonces manzana representa al universo infinito de diferentes tipos de manzanas. Sólo dejaría de ser una abstracción cualitativa si me imagino las manzanas con sus formas, brillos y colores particulares. Pero esto ya no es un símbolo (el símbolo-palabra) sino una imagen figurativa construida por la imaginación como una visualización directa.

Tenemos, entonces, que el conjunto posible de significados de 3 manzanas es igualmente infinito que los conjuntos “3” y “manzanas”. Pero sus campos semánticos son diferentes (en un libro anterior ya nos ocupamos esta idea de los Campos Semánticos). El C(-) de 3 manzanas es mayor, por ser la intersección de los dos campos negativos de los términos que lo componen (“3” y “manzanas”). Como se puede apreciar, el lenguaje que estamos manejando en este último párrafo está tomado del lenguaje matemático, por lo que podemos aclarar la idea usando una metáfora de esa disciplina. Podemos decir que el conjunto de números impares es infinito, pero pertenece al conjunto de números naturales. Existe un conjunto, también infinito, de números pares que no le pertenecen al primero pero sí pertenecen al mismo conjunto de números naturales.

La abstracción, en el caso de una palabra, no es cuantitativa (como en los números) sino cualitativa. Lo cuantitativo se puede medir mientras que lo cualitativo depende de un juicio subjetivo. Es por ello que lo primero pertenece al ámbito tradicional de las ciencias mientras que lo segundo se lo identifica con el universo del arte y la especulación filosófica. Las dos son formas de abstracción, aunque son formas de abstracciones diferentes. Sin la abstracción no hay símbolo, porque el símbolo necesita identificarse sólo con una parte del objeto aludido al mismo tiempo que se identifica con un conjunto mayor a la unidad de esos mismos objetos. Esto le da flexibilidad significante al mismo tiempo que hace posible la transferencia sígnica, sin la cual no sería posible una combinación infinita de signos y términos para la creación infinita de significados.

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Jorge Majfud, PhD
majfud.org
E-mails: jmajfud@ju.edu / majfud@gmail.com

Office: Council Building 101. Tel 904-256-7929
Jacksonville University.
College of Arts and Sciences.
Division of Humanities
2800 University Blvd N.
Jacksonville, Florida, 32211

domingo, 6 de noviembre de 2011

Cuervo TV e Isaac Chocrón




Homenaje a Isaac Chocrón, el gran dramaturgo venezolano en www.worldtv.com/cuervo_tv

Murió Isaac Chocrón




Murió Isaac Chocrón, figura clave del teatro venezolano. Nació en Maracay, en 1930. Dramaturgo, traductor, ensayista y narrador. Obtuvo el título de Bachelor of Arts en la Universidad de Syracusa. Master of International Affairs (Universidad de Columbia) y PhD en Desarrollo Económico (Universidad de Manchester). Fue asesor y miembro de diversas juntas directivas de instituciones culturales. Fue profesor fundador de la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela, así como profesor de la Maestría de Teatro Latinoamericano y director de la Escuela de Artes de esa casa de estudios. Fue profesor invitado de diversas universidades en el exterior. Fundador de El Nuevo Grupo y la Compañía Nacional de Teatro. Fue, junto a José Ignacio Cabrujas y Roman Chalbaud, un nombre fundamental en el teatro venezolano contemporáneo. Doctor Honoris Causa de la UCV. Obtuvo numerosos reconocimientos a su trayectoria, como el Premio Nacional del Teatro en su primera edición.

Su primera novela, "Pasaje", la escribió en 1956. Luego vendrían obras de teatro vitales para la escena nacional como, "El quinto infierno" (1961), "Animales feroces" (1963), "Asia y el Lejano Oriente" (1966), "Tric Trac" (1967), "O.K." (1969), "La revolución" (1971), "La máxima felicidad" (1975), "Mesopotamia" (1980), "Simón" (1983) y "Los navegaos" (2006), que recibió el Premio Municipal de Teatro.

Entre sus novelas más conocidas, se encuentra "50 vacas gordas" (1980) y "Pronombres personales". Además escribió ensayos como: "El nuevo teatro venezolano" (1966) y "Tendencias del teatro contemporáneo" (1968).