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domingo, 31 de julio de 2011

OBLIGACIONES DE LA MEMORIA




Rodolfo Izaguirre

Obligaciones de la memoria es el lema de la décima octava edición del Festival ATempo. La República no debe olvidar lo que le ocurre en estos difíciles tiempos; y en lo personal, debo obligar a mi memoria, octogenaria, a no desmayar en ningún momento. R.I


Mucho antes de cumplir los cuarenta y siete años que duró su discreta vida portuguesa, el poeta Fernando Pessoa o si se quiere Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Alvaro Campos o Bernardo Soares que fueron sus heterónimos más conocidos, nos enseñó a no rendirnos; dijo que nuestro viaje por los a veces iluminados y siempre errantes caminos del pensamiento y de la imaginación jamás deben encontrar su final en Itaca, la isla prometedora que acoge con beneplácito a los viajeros porque nuestro viaje, este peregrinar que es y seguirá siendo el arco de nuestras vidas, no debe acabar en el reposo y en la mansedumbre de las aguas. Itaca, al término del largo viaje, no es más que el tiempo que finalmente se detiene; el viejo árbol que ya no respira entre las ramas que alguna vez fueron frondosas; el cielo que se oscurece y no vuelve a amanecer; la vida que cesa cuando la aventura de vivir acaba. De allí que lo que realmente importa no es llegar a Itaca como hizo Ulises sino permanecer en el camino para detenernos en algún lugar y sin movernos de allí aspirar el aroma de la vida y del conocimiento o, por el contrario, para desplazarnos de un sitio a otro ávidos y ansiosos pero sin llegar nunca a ningún lado ni a ninguna parte conocida. Vale para el artista, para el ingeniero, para el agrónomo, para el hombre común que somos.

El portento no está en terminar la obra, el relato o en colocar en el pentagrama lo que el compositor cree que será el último sonido o visualizar el cineasta el último plano del film y terminar el poeta su poema. Lo que importa es la energía, la pasión que comporta hacerlo. Del mismo modo, el artista plástico debe obligarse a reinventar constantemente sus espacios; a rebuscar colores allì donde nunca los hubo y el hombre de teatro a organizar el texto e imprimir constantemente nuevos dinamismos corporales a la palabra que sostiene al actor en sus desplazamientos escénicos. Estar en el camino significa mantener vivo el placer de la creación. Sabemos, además, por Octavio Paz que “el poema es una obra siempre inacabada, siempre dispuesta a ser contemplada y vivida por un lector nuevo”.

El prodigio, pues, no está sólo en vivir; está en vivir en la palabra, en la imagen; dentro del sonido. Escuchar, una vez más, a Vicente Huidobro: ¿Por qué cantáis la rosa -¡oh poetas!? ¡Hacedla florecer en el poema!" Y el “ars poético” se convierte en la obligación de florecer uno mismo; de permanecer en el camino viviendo, experimentando, imaginando nuevos mundos, enriqueciendo nuestra sensibilidad y aceptando también la agonía de hacerlo porque el placer que nos trasmite el compositor, pongamos por caso, nace de la agonía y de la ansiedad provocadas por una creatividad que se fundamenta en un rigor matemático; un rigor que le impone a su memoria la obligación de participar en ese proceso creativo permitiéndose él, el músico compositor, extraer de ella, de su propia memoria, unas resonancias que han estado a punto de caer en la penumbra y en el precipicio del olvido y que le ayudarán a crear sonoridades nuevas nunca escuchadas antes. Lo que no deja de ser una experiencia gloriosa: ¡como si lograra disolver a Dios en la música!

El pasado siempre estará activándose cada vez que nos apetezca y cuando ésto ocurre, obligamos a nuestra memoria a reencontrarse a sí misma, a rastrearse en sus propios tejidos conscientes nosotros, desde luego, de que el ámbito en que habita la memoria artística es infinito e incontrolable. Aprendimos de Marcel Proust que hay que “recrear mediante el recuerdo impresiones que deben ser extraídas de las profundidades, puestas a la luz y transformadas en equivalentes intelectuales..” Al alimentarnos de ese conocimiento del pasado podremos, si así lo preferimos, escapar entonces de la terrible y peligrosa nostalgia que busca atraparnos para encerrarnos en ella e impedir que avancemos. Para lograrlo, la memoria tendrá que incorporarse al presente pero dentro de una contemporaneidad enriquecida por la experiencia y el valor de las nuevas percepciones que hoy poseemos y manejamos. ¡Transformadas en los equivalentes intelectuales de que hablaba Marcel Proust! Es lo que ha ocurrido en todas las épocas y es lo que ha ocurrido también en todas la ediciones del Festival ATempo. Diógenes Rivas y Ninoska Rojas Crespo han sostenido dieciocho ediciones del Festival. Al referirse a las obras ejecutadas durante esas ediciones, Diógenes sostiene que “las grandes obras de arte, antes y ahora, han sido siempre contemporáneas.”

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Mi bello hermano en la familia elegida, el escritor Adriano González León decidió no continuar la relación que mantenía con una muchacha a la que cortejaba porque el hermano de ella regresó al país después de permanecer ausente algunos años. La novia no tuvo la culpa y nunca pudo entender el por qué de aquella ruptura intempestiva. ¡Yo sí lo sé! Adriano murió y puedo contarlo ahora porque también él en esa ocasión tuvo que obligar a su memoria para que compareciera en un trance que iba o no a asegurar nuevamente su vida en pareja.

Ocurrió que llegado a Caracas, el muchacho visitó a Adriano para enterarse de lo que había pasado en el país durante su ausencia. Con paciencia de apóstol, punto por punto y a veces con detalles precisos y lastimosos, Adriano fue refiriendo, a quien hasta ese momento se perfilaba como su más próximo pariente, lo que había acontecido en el país venezolano.

Inició la exposición enumerando las veces que el régimen militar ha violado la Constitución y las otras, muchas, en las que el Tribunal de Justicia desestimó las demandas de los ciudadanos por los abusos del mandatario; explicó cómo fueron debilitándose las instituciones hasta desaparecer; habló de Sidor, de la electricidad, de los problemas con el agua; hizo hincapié en la ineptitud del régimen. Se refirió a las incumplidas promesas hechas a los venezolanos en materia de vivienda mientras se construían casas en Niamaca y Tabacoro en Mali, Africa, como iniciativa de una supuesta “Brigada Internacional Cívico Militar de Ayuda Humanitaria Simón Bolívar bajo la administracion del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela Hugo Chávez Frías”. Deploró la condición de los niños de la calle, la ruina física de muchas escuelas y la asfixia que sufren las universidades.

Adriano habló sobre la situación de la economía y de por qué debe uno santiguarse cada vez que el ministro Giordani declara a los medios. Enumeró las disparatadas medidas económicas que han contribuido a arruinar al país, las vacilaciones del dólar, las agonías de Cadivi, la bancarrota de Pdvsa y su capacidad de endeudamiento; el permanente desabastecimiento de los supermercados; las toneladas de alimentos podridos de Pedeval. Le recordó a su futuro cuñado los gloriosos gallineros verticales, la ruta de la empanada, el cultivo de hortalizas en las azoteas de las casas y edificios. Le explicó lo que significaba la economía del trueque que estuvo alguna vez en los delirios del mandatario. Asomó la inquietante presencia de China llamada alguna vez el “peligro amarillo” aunque sea hoy roja: un país que está aprendiendo a vivir como los ricos ¡y le gusta! pero siente repugnancia por la libertad de pensamiento y de expresión. Adriano observó que había quedado atrás el tiempo de las lavanderías de chinos y del “chino malico lalón” .

Se refirió Adriano, en detalle, a los regalos dispendiosos que el Autócrata ha hecho a Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Uruguay mientras los hospitales colapsan y las clínicas privadas no se dan abasto para atender a millares de nuevos pacientes asegurados por un régimen incapaz de mejorar o construir nuevos hospitales. Hizo mención a las expropiaciones de fincas y haciendas productivas; a los asaltos de bolivarianos forajidos a edificios y apartamentos violando derechos y títulos de propiedad pero sintiéndose protegidos en sus desafueros por el propio desafuero del gobierno.

¡Aceptó una breve pausa en su plática para servirse un buen trago! Pero mencionó luego el tráfico de maletines llenos de dólares de Pdvsa, la droga que pasa por puertos y aeropuertos y no dejó de mencionar las abusiva cadenas de televisión, el lenguaje tosco y la retórica vulgar del dictador y los atropellos a los medios, televisoras y periodistas. La presencia de focas legislativas y judiciales. La inseguridad física y jurídica. El empeño del Autócrata de colocar en posiciones de alta responsabilidad a leales suyos, militares inexpertos en lugar de profesionales calificados.

El cuñado escuchaba aquella disertación sin pestañar y González León proseguía su exposición con la lúcida facilidad de palabra que lo convirtió en el fascinante encantador de serpientes que siempre fue: la tierra arrasada que el régimen ha hecho de la cultura; el desmantelamiento de los museos, la dispersión de las colecciones y el riesgo de “extraviarlas” para siempre; los maltratos a actores y dramaturgos; la vergüenza que provocan poetas que alguna vez fueron amigos cuando escriben ahora loas a la satrapía; un cine sesgado por la “ideología” bolivariana. ¡La pérdida de espacios urbanos para el solaz de los ciudadanos. ¿Qué fue lo que no dijo? Ahora bien: una clase universitaria en Caracas, Boston o Melbourne no excede de los 45 minutos. La exposición del autor de Las hogueras más altas y de País Portátil duró más de una hora. Una disertación que abarcó la política, la economía, la sociedad, el urbanismo, el hacinamiento carcelario, los bares y la vida nocturna de la ciudad.

Cuando terminó, sobrevino un largo y denso silencio. Me serví un trago y Adriano otro. El cuñado se le quedó mirando, carraspeó, tosió, se revolvió en el sillón; cruzó, estiró y volvió a cruzar las piernas y finalmente, con la mayor naturalidad, preguntó: “Y entonces, Adriano, ¿qué me cuentas?” ¡Adriano no podía creerlo; tampoco yo podía dar crédito! Gracias a la memoria, al penoso ejercicio a la que la sometió sólo para agradar al futuro cuñado y ganar nuevos favores con la novia, Adriano estuvo mostrando un país arrojado al abismo; y el cuñado allí, estólido, impávido. Adriano González León entendió en ese instante que los amores con aquella novia no tendrían futuro mientras existiera viva aquella indolencia, aquella desidia y desaplicación que estuvo frente a él durante más de una hora y molesto, visiblemente molesto, tanto como podría estar cualquiera de nosotros en una situación semejante, contestó: “¿Que qué te cuento? ¡Te cuento los pelos del culo!”

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Óscar Lucien, el cineasta, sociólogo e investigador de la comunicación social fue entrevistado en El Nacional de Caracas el 18 de abril de este año 2011 por la periodista Michelle Roche. Ella le preguntó si el pueblo venezolano tiene memoria corta o si esa aparente miopía tiene que ver más bien con el hecho de estar ocurriendo muchas cosas graves a la vez y pocos o nadie se ocupa de sistematizar los hechos para articular soluciones.

Y Lucien dijo que “la nuestra es una cultura un poco perversa de la tabula rasa en la que todo siempre comienza de cero. En Venezuela, dijo, es difícil configurar en la tradición, y eso puede verse en cualquier forma de las artes de nuestro país. Vivimos en un eterno comienzo y eso dificulta la sedimentación de una memoria como tal. A pesar de que este es un país que tiene todos los mecanismos de la modernidad, no tenemos, observó Lucien, el pensamiento de la modernidad y tenemos, además, problemas con la civilidad: en este país la gente no sabe ni siquiera cruzar por el rayado. Tenemos un problema grueso con la definición de la ciudadanía. Si a esto le sumamos el de los medios de comunicación y el debilitamiento de los partidos políticos, no hay mecanismos para que la ciudadanía pueda ejercer sus derechos políticos”.

No olvidemos también, digo yo, que el nuestro es un país minero y su idiosincracia, los rasgos de su conducta, son los del minero; es decir, vivir al día sin un pasado al que aferrarnos; lo que explica el desarraigo, la ausencia de una memoria; el no haber conocido al abuelo cuando las más de las veces ignoramos quien ha sido el padre.

Encontramos la pepita de oro, el diamante (¡o el petróleo!) después de contaminar las aguas y destruir criminal e impunemente el ambiente, pero todo el dinero que obtiene el hombre de la mina lo gasta esa misma noche en el botiquín del brasilero que gobierna a las putas en el campamento; los políticos afectos al régimen o al gobierno de turno se lo embolsillan y nosotros, la frívola y mediocre clase media que somos, dispersamos la renta petrolera en la banalidad y la superficialidad que genera el creer que somos ricos cuando la verdad es que se trata de un país incapaz de asomarse al día de mañana, de elaborar planes a mediano plazo y mucho menos de anticipar la jugada maestra sobre el tablero del ajedrez político que nos colocaría en un futuro más jubiloso. Alguien lo dijo de manera precísa y brillante: ¡no hay proyectos; solo hay ocurrencias! De pronto, al Caudillo se le ocurre una cosa; en el acto se la comunica al Ministro y éste la pone en práctica a partir del día siguiente. ¡Pero lo grave es el empeño bolivariano en querer destruir el futuro después de acabar con el país y ahora con el territorio! Hacemos un esfuerzo y no atinamos ya a imaginarlo y mucho menos a imaginarnos en él, en el futuro, porque simple y trágicamente ha dejado de ser; no nos reconocemos en él y perder el futuro, observó Ortega y Gasset, significa mutilar el pasado.

El poder militar trata hoy, por todos los medios, de impedir que mantengamos la memoria civil que afirmamos a lo largo de cuarenta años ininterrumpidos de ejercicio democrático. Para lograrlo, niega o tergiversa la historia; amenaza, atemoriza; miente con descaro y se vale de la innegable circunstancia de que los gobernantes venezolanos, imperturbables y en cualquier época, han mentido al país con total impunidad. Richard Nixon perdió el derecho a despachar desde la Oficina Oval por haber mentido; lo que en Venezuela da risa porque mentir es lo usual en los pasillos gubernamentales. En definitiva, se pretende borrar la gloria que acompaña a quienes fuimos, durante la mal llamada Cuarta República, autores de un prodigio intelectual que superó la brutalidad gomecista y la fascista ordinariez perezjimenista, sus zarpazos a la libertad y los atropellos a los derechos humanos. En la hora actual bolivariana, marcada indignamente por la actitud brutal de desentenderse de un productor agrícola, de estudiantes, y de enfermeras que agonizan en huelgas de hambre solo para exigir mayor respeto a sus bienes, a la vida universitaria o a un simple aumento de salarios, vuelven a repetirse los zarpazos ¡con tanta saña! que se ha estremecido de estupor la comunidad internacional y se han alejado los propios seguidores del Autócrata del voto que podría asegurar su continuidad en el poder.

Duele y enerva constatar cómo alguien con el poder político y militar que ha logrado reunir en doce años de mandato y dispensador de una colosal fortuna del erario público haya fallado no sólo a quienes lo adversan; sino a quienes aun creen en él. Otro, alejado de tan precaria cultura cuartelaria e impulsado por motivaciones más felices ajustadas a la tecnología y a la modernidad del nuevo siglo y sostenido por una izquierda no autoritaria, habría conducido al país venezolano a través de una geografía de ideas más esclarecidas. ¡Pero no ha sido así!

Uno de los perversos y criminales mecanismos de que se vale toda dictadura militar, además de instalar la censura y más abominable aun, la autocensura en nuestros actos y pensamientos, es el de conspirar, disolver, atomizar la memoria cultural del país; la memoria artística que los museos, las librerías y bibliotecas, las salas de teatro y de música han logrado consolidar con el paso del tiempo. Son prodigiosas las lecturas e informaciones que ellos pueden ofrecernos y es mucha la convicción que tenemos de que esta memoria artística sirve para orientarnos y facilitar el enriquecimiento de nuestro propio combate contra el olvido; un olvido que siempre estará tratando de cercarnos y limitarnos. Negar la acción museística, dispersar las colecciones, suprimir el rigor selectivo y la presencia de las curadurías es un atentado, un hecho criminal que equivale a cercenar nuestra propia memoria. La barbarie no se detiene allí sino que limita, obstaculiza, niega la libre expresión y difusión de las ideas; conspira contra el libro, los medios televisivos, la prensa, la radio... ¡Cierra las puertas y las ventanas!

Es bueno tener en cuenta también que la memoria no nace ni crece natural y espontáneamente. Alguien dijo que el olvido surge como un hecho natural, mientras que a la memoria hay que ejercitarla, nutrirla y trabajarla. ¡Construirla! Sin quererlo o proponérselo un hombre como Manuel Caballero con más de cincuenta libros notables en su haber, una boina universitaria y enormes mostachos se convirtió en una especie de conciencia histórica de los venezolanos. “Nosotros no nacemos por generación espontánea, escribió, nacemos con una historia familiar y con la historia de un país. Estudié historia, dijo, para pretender explicarme mi razón de ser. Así como no se puede vivir sin memoria, así tampoco se puede vivir sin historia, la cual no es otra cosa que la memoria colectiva de los pueblos”. Cada uno de nosotros alimenta la suya y la integra luego a la memoria colectiva; y cada uno de nosotros debe prepararse para enfrentar y combatir al olvido. En momentos ásperos y malhadados, como los que vivimos o padecemos los venezolanos en la hora actual la memoria desafía a la intolerancia; se opone a la voluntad de atornillarse el mandatario en el poder negándole a otros una sucesión legítima; enfrenta a quienes tratan de convertirnos en ciudadanos de tercera clase al ignorarnos o excluirnos de la vida activa del país. Lucha contra quienes han convertido el poder político en una desaforada y corrupta maquinaria de perversión cómplice de la violencia guerrillera y el tráfico de drogas.

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En estos mismos espacios del Centro Cultural Chacao, Carlos Castillo, diseñador gráfico y espacial, videoartista y realizador cinematográfico que ha hecho de la escultura, la arquitectura, la fotografía y el perfomance una extraordinaria aventura dejó constancia en su exposición titulada Vértigo de la impostergable necesidad no tanto de devolvernos a la memoria sino de “armarla”.

¡”Arma tu memoria!” se llamó un segmento de la exposición que mostraba rejillas, escombros, fragmentos y fotos del Teatro Caracas tomadas por Carlos Castillo durante la demolición a finales de los años sesenta del pasado siglo de aquel viejo teatro emblemático de una Caracas que aun no sufría el agobio, el desmantelamiento sistemático y los derrumbes bolivarianos. Y Carlos Castillo colgó de la pared una foto del Teatro como si se tratara de un rompecabezas. Ver aquellos lastimosos despojos crispaba el alma, removía el dolor de una pérdida irreparable y reclamaba la necesidad de reunir y rescatar aquellos escombros; recuperarlos, y en una doble acción o movimiento, armarlos al mismo tiempo que armamos también no sólo la memoria sino nuestra propia conciencia.

El agónico llamado de Carlos Castillo para que armemos la memoria no se refiere única y necesariamente a los desmanes bolivarianos sino al propio derrumbe del país, una violenta y permanente erosión de nuestra conciencia que viene produciéndose desde mucho antes de que nosotros naciéramos y ha sido poco lo que hemos hecho para impedir la caída a un abismo que, paradójicamente, comenzó a ahondarse con el estallido del primer pozo de petróleo y la descomunal riqueza que con él vino aparejada; pero que el pais nunca ha logrado disfrutar con el regocijo que si muestran los países del primer mundo.

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¿Qué nos ocurrió para que fuéramos arrojados al precipicio donde seguimos cayendo? En 1998, la Historia hizo lo que tanto le avergüenza y le repugna hacer: dio marcha atrás, y se remontó a la primera década del siglo para observar cómo los venezolanos de 1908 aclamaban jubilosos a Juan Vicente Gómez después de traicionar al tempestuoso, extravagante y alucinado Cipriano Castro sin imaginar los veintisiete años de trágica pesadilla que se abatieron luego sobre el país convertido en hacienda personal del déspota nacido en La Mulera. ¡Fue una imperdonable equivocación!

Isaías Medina Angarita tuvo que exiliarse; Rómulo Gallegos conoció el mismo destino y el país civil parpadeó, se equivocó nuevamente y cedió otra vez ante las botas militares. Noventa años después del exilio de Cipriano Castro, con los votos que se creía iban a exorcizar las desventuras y atolondramientos de las cúpulas adecas y copeyanas de las pasadas décadas ungimos a un oscuro teniente coronel, golpista por añadidura, sin vislumbrar la férula militar bolivariana que nos hundiría en la peor pesadilla política, económica, social y cultural que haya padecido la República ¡y volvimos a equivocarnos! Una vez más el país civil perdió el paso. ¿Cómo pudo la sociedad civil llevar al poder a un militar sabiendo lo que significan los militares en la vida política venezolana? Y la política, en lugar de ir adelante marcando el camino, se rezagó, tropezó con las apetencias de su propia sombra y el militar se le adelantó cautivando a un pueblo desorientado que todavía busca profetas y salvadores. ¡Es algo imper donable! Creo que fue Manuel Vicente Romero García, el autor de la novela “Peonía”, quien al referirse al destierro de Cipriano Castro y a la traición de Juan Vicente Gómez sintetizó aquella tragedia en una frase: “Se fué Atila; pero dejó el caballo!”
Hoy decimos: “¡Se fue el Pacto de Punto Fijo; pero dejó al chavismo!”

***
¿Por qué hemos llegado a esto?
¿Quién de nosotros atinará a responder la pregunta y aclarar nuestros errores? ¿Quién obligará a la memoria? ¡Quién tendrá el coraje para convocarla, reconocerla, permitirle que nos ayude no sólo a comprendernos sino a obligarnos a armar o recomponer las instituciones democráticas hechas polvo por la autocracia bolivariana? Fernando Rodríguez, en uno de los poemas de su libro Ópera Prima, publicado por las ediciones TalCual advierte que “la memoria destruye sus remansos”. Si todos y cada uno de nosotros no nos hacemos responsables de las calamidades que nos afligen para nada servirá que armemos la memoria porque simplemente ella se negará a hacerlo; ¡preferirá sepultarse en el olvido! En todo caso, no se trata sólo de recuperar la erosionada geografía física y económica del país sino devolverle al venezolano la serenidad interior arrebatada por el turbión de mentiras, falsas promesas, vulgaridad y fogosidad criminal que nos desvasta desde que el nuevo siglo inició su camino aunque seguramente, lo ha estado haciendo desde mucho antes de que la plaga militar volviera a contaminar el poder.

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¡El país venezolano está enfermo; es violento y el cáncer también hace metástasis en la vida que pudo haber reinado en él! Hemos desestimado y dado la espalda a la liturgia interior que debe señalar nuestros pasos y orientarnos hacia el respeto por la vida. Hay una implacable mente criminal que nos amenaza y amortaja y lo peor es que nos hemos acostumbrado a ella y nos parece ridícula, por insignificante, no sólo la cada vez más alta y trágica cifra de muertes violentas los fines de semana que provoca risa en algun ministro miserable y desalmado sino la indolencia del gobierno, su ineficacia, el rojizo color de su mediocridad, la vasta impunidad de la corrupción administrativa, el desafuero en todos los estratos de la sociedad.

La policía, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalistas no puede "resolver" casos criminales porque ella misma tortura, asesina, extorsiona y comete tropelías. El infierno carcelario ha alcanzado estratos en los que sólo reina un horror demencial agravado por la brutalidad de una Guardia Nacional igualmente peligrosa y delictiva.

Lo que más abruma, lo más doloroso es constatar que el venezolano perdió el caracter sagrado de su propia vida. Lo ratificó Rafael Cadenas en sus hermosos “Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística”: “Hoy se suele decir que el sentido de lo sagrado se ha ido perdiendo por la hegemonía de lo secular. ¿Entonces lo secular no es sagrado? Esta es una de las eternas divisiones a las que somos tan dados y que tanto fragmenta el vivir. Lo usual entre lo sagrado y lo profano, observa Rafael Cadenas, trae costosas consecuencias. Al hacer este deslinde y señalar lo que es sagrado, el resto se desacraliza y se vuelve profanable, indefenso, destructible. Para mí, dice Rafael, todo es sagrado porque todo pertenece al misterio. ¿Un criminal sería sagrado? podría preguntar alguien en son de polémica, y la respuesta tendría que ser no. No, pero la vida en él si, precisamente lo que él mismo ignora; si lo supiera no sería un criminal. Tal vez hasta tendría conciencia de lo peligroso que mora en el ser humano”. Pero... ¿quién le devolverá esa conciencia; quién va a aclararnos tan sombrío amanecer? Serán necesarias poderosas liturgias para lograrlo. Sin embargo, ¡podemos comenzar desde hoy!

***

Conviene entonces permanecer en el camino; no llegar tan pronto a Itaca; dejar que el viejo árbol respire entre sus ramas; hacer que la rosa florezca en el poema y alcanzar la gloria de que el cielo se ilumine nuevamente y... ¡vuelva a amanecer!

(Conferencia dictada por el autor en el Festival Atempo, Caracas)

viernes, 29 de julio de 2011

X Encuentro Latinoamericano de Escritoras Panamá 2012






X Encuentro Latinoamericano de Escritoras
Panamá 2012

Mujer y escritura en Diana Morán



El Encuentro Latinoamericano de Escritoras es Iniciativa de la escritora
peruana Elizabeth Altamirano con apoyo del Centro de Escritoras de Arequipa y la
Municipalidad de Arequipa (Perú). Su objetivo es convocar al público lector y a las
creadoras literarias, en encuentros a través de los cuales se dan a conocer voces
significativas en la producción literaria y se invita a las instituciones académicas y
culturales para una verdadera fiesta de las letras, en la que se escuchan
ponencias, lecturas de poesía y prosa, recitales. También se presenta nueva
producción editorial.


Versiones anteriores del encuentro


. El Encuentro Latinoamericano de Escritoras se ha celebrado anteriormente
en: 1998 Arequipa, Perú.
. 2000: Montevideo, Uruguay
. 2001: Río Gallegos, Argentina
. 2003: San Juan, Puerto Rico
. 2004: Guadalajara, México
. 2006: Nigrán, Baiona, España
. 2008: Caracas, Venezuela
. 2010: Bogotá, Colombia


Los Homenajes

Con el objetivo de visibilizar a escritoras latinoamericanas de gran valor tanto para
sus países como para la región, el encuentro realiza homenajes que constituyen
parte del panel temático y de creación dentro del encuentro. El encuentro reciente
en la ciudad de Bogotá, Colombia, rindió homenaje a Matilde Espinosa (1911 -
2008) poeta colombiana, autora de poemarios como Los ríos han crecido (1955),
Por todos los silencios (1958), Afuera las estrellas (1961), Pasa el viento
(1970), El mundo es una calle larga (1976), La poesía de Matilde Espinosa
(selección, 1980), Memoria del viento (1987), Estación desconocida (1990),
Los héroes perdidos (1994), Señales en la Sombra (1996), La sombra en el
muro (1997) y La tierra oscura (2003).

Las siguientes escritoras fueron homenajeadas en los distintos Encuentro
Internacionales:


1898.- María Nieves y Bustamante - Arequipa- Perú

1999.- Nana Gutiérrez - Arica -Chile

2000.-Luisa Luisi - Montevideo- Uruguay

2001.-Alfonsina Storni - Rio Gallegos-Santa Cruz-Argentina

2003.- Clara Lair con Julia de Burgos- San Juan - Puerto Rico

2004.-Inés Arredondo - Guadalajara - México

2006.-Rosalía de Castro - Baiona-Nigrán-España

2008.-Elizabeth Schon - Caracas-Venezuela


El X Encuentro Latinoamericano de Escritoras, a celebrarse en Panamá del 27 al
31 de marzo de 2012, rendirá homenaje a la poeta, investigadora literaria y
docente panameña Diana Morán.


Visión del X Encuentro




Espacio dinámico de encuentro entre creadoras y académicas en el ámbito de
literatura que posibilite un intercambio reflexivo y creativo sobre el oficio de escribir desde la mirada femenina y en el contexto Latinoamericano, que contribuya a la construcción colectiva de conocimientos y de sensibilidades para la conformación
sociedades cimentadas en la igualdad.


Objetivo del X Encuentro


Visibilizar y valorar el trabajo creativo y académico de las escritoras nacionales e
internacionales en el contexto actual, que posibilite un diálogo con la sociedad
panameña, fundamentalmente con las personas que ejercen la docencia, y
favorecer el intercambio de experiencias, ideas y conocimientos.


La escritora homenajeada



Se trata de Diana Morán, (Educadora, poeta y política). Nacida en Cabuya, ciudad
de Panamá, el 17 de noviembre de 1929. Fallece en la ciudad de México el 10 de
febrero de 1987. Estudió en el Instituto Nacional, de donde egresa como Bachiller
en Ciencias y Letras. Licenciada en Español por la Facultad de Filosofía, Letras y
Educación de la Universidad de Panamá. Doctora en Letras Hispánicas egresada
del Colegio de México, con la tesis: “Cien Años de Soledad: novela de la
desmitificación”, (editada por la UNAM en 1988). Profesora del Colegio Fermín
Naudeau. Se afirma que junto al cantador de décimas y salomas Pille Collado,
fundo una escuela primaria en Antón y que hoy lleva el nombre de Primer Ciclo
Salomón Ponce Aguilera. Parte al exilio a México en 1969, tras el golpe de estado
del 11 de octubre de 1968; hasta ese momento era una de las destacadas
dirigentes de la Asociación de Profesores de la República de Panamá. Funda un
Taller de Teoría y Crítica literaria, ese mismo año junto a compañeras y colegas
mexicanas y centroamericanas en el Colegio de México, al que deciden nombrar
Taller “Diana Morán” (En 1993 se constituyó en grupo de trabajo independiente).


Justificación del X Encuentro


En el contexto actual, se hace necesario el reconocimiento de la participación
histórica y oportuna de las mujeres en la vida cultural en el ámbito
hispanoamericano; específicamente, su aporte a la producción literaria y artística.
Asimismo, porque este reconocimiento forma parte de los derechos culturales de
las mujeres y contribuye a un mayor desarrollo de nuestras sociedades en
equidad. Es además es de prioridad crear un espacio para el estímulo de las
actividades educativas promotoras de la lectura y del aprendizaje de la literatura.
Es definitivamente fundamental que el personal docente participe en este espacio,
como protagonista, en el orden de crear una nueva actitud hacia la enseñanza y el
aprendizaje.


Programa del X Encuentro


El X Encuentro Latinoamericano Mujer y Escritura en Diana Morán, es un evento
diseñado en dos partes.


Primera Parte


Consiste en el desarrollo de un Seminario de Actualización en Competencias
Literarias con 3 Módulos en el que está involucrado el Ministerio de Educación, la
Universidad Latina de Panamá y el Consejo de Escritores y Escritoras de Panamá.


Esta actividad académica involucra todas las regiones educativas del país para
beneficiar a un total aproximado de 600 educadores y educadoras de enseñanza
básica, premedia y media.


Módulo 1: ¿Qué son competencias en educación? Las competencias Literarias.
Introducción al X Encuentro Internacional de Escritoras Mujer y Escritura en Diana
Morán.


Módulo 2: Las competencias en la decodificación del texto literario.


Módulo 3: Las competencias de género en la decodificación del texto literario.



Segunda Parte


El evento se desarrollará con agendas Académica, Divulgativa y
Lúdica.


La Agenda Académica involucra el desarrollo de un Ciclo de conferencias
magistrales (por definir); un Ciclo de mesas temáticas para el debate y
discusión con el público, y una oferta de talleres para la adquisición de
capacidades. El ciclo de mesas para debate incluye los siguientes tópicos:


Mesa 1: La novela: complejizar y narrar la vida. Perspectivas femeninas.


Mesa 2: “Aquí frente a ustedes”.Rutas del género biográfico en torno a la mujer.


Mesa 3: La Red como espacio de la diversidad: presencia y desafío de las
escritoras en el mundo digital.


Mesa 4: Lecturas profesionales y genéricas: panorama de la crítica literaria
desarrollada por las mujeres.


Mesa 5: El silencio es cosa de otro tiempo: periodismo cultural “en femenino



Mesa 6: Grandes verdades, pequeñas historias. Panorámica sobre el cuento


Mesa 7: ¡Que el sueño empiece temprano!: literatura para niñas y niños. Estudios
y experiencias.


Mesa 8: Políticas públicas e iniciativas sociales de estímulo a la literatura escrita
por mujeres


Mesa 9: Literatura y género. El escribir desde “otro” lugar.


Mesa 10: Temas y discursos en las escritoras más jóvenes


Mesa 11: Negritud, memoria y femineidad: mujeres afrodescendientes y literatura


Mesa 12: Cuerpo, hábitat y resistencia. Significado del erotismo en la literatura
femenina


Mesa 13: Presencia editorial de la escritura femenina en los mercados del libro


La oferta de talleres incluye los siguientes temas:


Taller 1: Contadores de historias y leyendas. Tradición oral.


Taller 2: Del video clip a la lectura. Pistas para la animación lectora


Taller 3 y 6: Performance (1) y (2)


Taller 4 y 8: “Yo también puedo escribir”. Acercamiento a la escritura creativa (1)
y (2)


Taller 5: La semilla de la voz: el cuento a edades tempranas


Taller 7: “Te miro, te leo, te escucho”. Ejercicio personal/colectivo de crítica
literaria.


Taller 9: Habitar también la Web: el blog como experiencia alternativa de
comunicación


La Agenda Divulgativa incluye presentaciones, y expo-venta de libros,
lecturas de obra, recitales poéticos y exposiciones de artes plásticas.


Por su parte la Agenda Lúdica, incluye visitas de las invitadas a sitios
culturales, así como encuentros amistosos y festivos.


La Agenda de Extensión del X Encuentro Latinoamericano de
Escritoras Mujer y Escritura en Diana Morán pretende extender los beneficios
del encuentro a otras regiones del país, mediante la interconexión de las
conferencias y mesas de debate con las universidades participantes por medio de
la red Internet (stream) y la realización de la clausura en simultaneidad con
eventos artísticos en 4 provincias de la República de Panamá.


Instituciones auspiciadoras:


Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá


Instituto Nacional de Cultura


Asamblea Nacional


Ministerio de Educación


Ministerio de Gobierno


Ministerio de Economía y Finanzas


Defensoría del Pueblo


Alcaldía de Panamá


Sistema Estatal de Radio y Televisión


Fundación Biblioteca Nacional


Universidad Nacional de Panamá


Universidad Nacional Autónoma de Chiriquí


Universidad de las Américas


Universidad Tecnológica de Panamá


Academia Panameña de La Lengua


Universidad Santa María La Antigua


Universidad Latina de Panamá


Cronograma de trabajo del equipo organizador:


Agosto-Septiembre 2011: Seminario las Competencias Literarias

Agosto 2011: Charlas de inducción en instituciones, escuelas, universidades.

Septiembre: inicio de filmaciones, documental sobre Diana Morán.re

Julio-diciembre 2011/enero-marzo 2012: Convocatoria oficial al X Encuentro
Internacional de Escritoras.

Las Escritoras/Escritores interesados/as en participar con algún trabajo, deben
comunicarse a: direccionejecutiva@encuentroescritoraspanama.com


correspondencia@encuentroescritoraspanama.com


cone.yepanama25@gmail.com


Tel (507) 230-8665

martes, 12 de julio de 2011

Recital del mexicano Roberto Reséndiz



El poeta mexicano Roberto Reséndiz, de Zamora, Michoacán, dará un recital en Caracas este viernes 15 de julio a las seis de la tarde en la librería Alejandría 1, en el Centro Comercial Las Mercedes, frente al CVA.

Estará acompañado por varios poetas venezolanos

jueves, 7 de julio de 2011

Trípode: viaje a la poesía de Renato Sandoval


Por Edmundo Sbarbaro

I. Introducción



Un calvo ser andrógino se detiene a mitad del puente sobre un fiordo. Viste una túnica negra, se coge la cabeza con sus largas manos y tiene los ojos y la boca muy abiertos. Grita. De espaldas a él, se perfilan contra el ocaso de la tarde las siluetas de dos hombres que no escuchan o no quieren escuchar el grito de quien experimenta el vacío de la existencia. Esto es, sintetizando, algo de lo mucho que se ha dicho sobre esta pintura de Munch.

Análogamente la poesía de Sandoval parece partir de semejantes revelaciones. Pero si en aquel cuadro no sabemos nada más allá de su estática imagen, la poesía de Sandoval transita por el antes y el después del enigma: por las causas de los enajenamientos de nuestra condición; por los múltiples escenarios de una realidad auscultada aquí y ahora desde sus ángulos menos réprobos y desde aquellos que muestran con mayor detalle un territorio deshumanizado, conflictivo y atroz.

Llevar a cabo aquel ejercicio ambicioso implica el cumplimiento de ciertos requisitos. Brevemente: un hacer poético crítico de sí mismo como poco se constata en la poesía peruana de los últimos decenios. La lectura de los libros de Sandoval captura por su sentido de coherencia y continuidad. De proyecto y de misión poética. Continuidad que no es continuismo: cada libro participa de un proyecto a largo plazo, pero cada libro es en una unidad acabada en sí misma. Coherencia porque cada uno traza sus propios objetivos, su propia estética y sus propios matices, normas y reglas interiores: fondos y significados en armonía con su materia verbal y sus formas poéticas.

Las palabras introductorias de Sandoval en la “Nota” que abre su libro Tríptico parecieran no darme la razón[1]. Es porque Sandoval es uno de los poetas con menos ínfulas de este país. Y sin embargo, o quizá a raíz de eso, es uno de los que más conexión (interés y voluntad) tiene con la poesía peruana y mundial. Respecto de la primera, largo sería acá destacar su persistencia incansable como docente universitario, editor de revistas literarias y director de talleres de escritura poética. En lo que concierne a la segunda, su voz se lee en artículos y publicaciones internacionales, y se escucha en festivales de poesía en diversos países a donde es invitado anualmente. Faltaría hablar también de su labor como traductor, pero de estas cosas se encargaron ya algunos reseñadores de su obra.

Antes de seguir debo anotar sobre el hermetismo de su poesía, quizá la razón mayor de que aún nada pertinente haya sido dicho sobre ésta. Un hermetismo que cabe definir como honesto en tanto que refleja aquello que en la sensibilidad del poeta es enigma huidizo. Una voz que se sumerge ­­­­­­­­—porque lo necesita, porque así se lo ha propuesto— en las profundidades poco esclarecidas del ser, unido éste de modo precario y fatal a la totalidad: experiencias personales (comenzando por las de la infancia) conectadas con el orden humano-social, la barbarie del logos, el tiempo (profanado), los anhelos irresueltos de sacralidad, la muerte. Así pues su lenguaje es comunicación, pero sobre todo enfrentamiento. Un decir que es en realidad una dolorosa dialéctica que da cuenta de aquella serie de elementos tan complejos y evasivos sobre los que sin embargo algo es necesario decir. Pertenece Sandoval a la línea de los poetas cuyo hermetismo debe ser celebrado más que por la materia misma de su poesía (el ser, el ser en el mundo; materia de la que incluso los más fútiles poetas aseguran hablar) por el compromiso de su enfoque que lo obliga a transitar entre los miles de hilos inciertos, reveladores y dolorosos que componen la trama de la condición humana.

II. Nostos

Nos

tos, el homecoming, el viaje de regreso al hogar. Éste es el significado literal del título: el viaje que realiza el hombre desacralizado al mundo de la infancia y a los personajes familiares que pueblan esa dimensión. Como el siguiente, varios pasajes hablan de esto:

Mi madre me daba de lactar como lo hacen las ratas,

rascándose el sobaco

mientras el piojoso pequeñín en las híspidas cavidades

se afanaba,

y ni por eso el clamor disminuía y muy pronto todo

el mundo ensordeció por tales causas.

Mi voz sangraba, y sangra aún de noche y de mañana;

quién hubiera podido predecir que no obstante su miseria

ella era emoción, yema deportiva y rugido de cangrejos

ascendiendo magno y rutilante sobre el afrecho[2].

Nostos es, asimismo, el retorno constante a la propia autobiografía literaria. El libro recorre elementos que han inspirado la poética del autor y que pertenecen a gran parte de la tradición poética occidental: desde los griegos hasta la actualidad, pasando por la poesía medieval, trovadoresca, moderna italiana y alemana, etcétera. En algunos momentos, Sandoval plasma esta recuperación estética a través de una serie de perífrasis que sugieren las maneras poéticas de esos tiempos o de diversos autores, entre ellos Södergran y Vallejo.

Nostos es, pues, un libro de carácter íntimo y de espesura conceptual bastante elevada, de la misma manera que su construcción formal. Mi análisis no entra, sin embargo, en este último territorio, el de las figuras, sino en aquella condición de íntimo. Como la lectura de un ensayo psicológico o de un texto budista, ciertos pasajes de Nostos son una invitación a revisarse uno mismo; no hablo sólo de complicidad, de identificación de caracteres o de parecidos vivenciales (un análisis basado sólo en este tipo de intereses se corta en el momento mismo en el que ya no hay nada de idéntico o de similar a la vida del lector de turno). El análisis que cada quien realiza va siempre hacia su propio mundo interior, sí, pero modelado según lo temas (los pensamientos, las reflexiones, las lecturas asimiladas) que más le son afines. No existirá, por tanto y felizmente, un solo tipo de estudio posible respecto de este texto, o de cualquier otro, sino múltiples puntos de vista (algunos más, otros menos pertinentes).

A mí se me hace difícil desadvertir las conexiones mitológicas posibles que presenta el término griego nostos: el viaje es un motivo literario de esta cultura que fue influida, como se sabe, por construcciones mitológicas aún más ancestrales. En la línea de estudio del mito de Mircea Eliade, Joseph Campbell[3] provee algunos elementos para nutrir esta visión del viaje y del héroe que lo realiza: «El camino común de la aventura mitológica del héroe [el viaje] es la magnificación de la fórmula representada en los ritos de iniciación: separación-iniciación-retorno, que podrían recibir el nombre de unidad nuclear del monomito». Más adelante explica esos tres conceptos: «(…) una separación del mundo, la penetración a alguna fuente de poder, y un regreso a la vida para vivirla con más sentido». Teniendo en cuenta estos parámetros mitológicos, presiento que en la concepción de Nostos late un propósito muy similar al de pasar una prueba, al de terminar o dar fin a algo que no tuvo un justo final. Un final consciente. Una transición limpia. La intención de pasar de una vez por todas por el rito de iniciación nunca habido.

Explica Campbell que orientados por médicos especialistas (shamanes, como los llama Eliade), los ritos de iniciación de las civilizaciones primitivas tienen como objeto romper drásticamente con los lazos mentales que ligan al infante, al adolescente o al adulto con las prácticas sociales y normas del “estado que se quiere dejar atrás”[4]. Esa iniciación incluía un tiempo de transición compuesto a su vez de otros ritos de introducción al nuevo estado mediante los que se familiariza al iniciado con las prácticas de vida, costumbres y normas que le tocará seguir. De esta manera, purificado y maduro, puede reincorporarse recién al mundo.

Hasta aquí el abreviado esquema de una práctica ancestral que exige actores adecuados: el iniciado, y el guía que lo orienta y oficia el rito. En este punto mi pregunta es qué sucede cuando no se tiene a la mano a este último, ajenos como estamos a ese mundo mítico-religioso. Quizá la respuesta sea que uno mismo deba realizar ese doble rol como pueda, tal como ocurre en Nostos, donde Sandoval es el iniciado tembloroso y, a la vez, su propio mistagogo (un mistagogo, por inexperto, dubitativo y perplejo). Doble esfuerzo entonces: él mismo el objeto de estudio que debe ser conducido (separado-iniciado-regresado) mediante las herramientas (¿cuán certeras y adecuadas?) que ese mismo objeto ha desarrollado en su devenir. Es por ello que su viaje carecerá de la perfección y pureza última del rito, y más bien será laberíntico en su proceso y desconcertante en su fin. Es la razón por la que Nostos tiene la apariencia de un viaje entre sueños y vigilias, donde las fronteras entre estos estados no están completamente definidas, y donde el estado anímico prevalente del poeta es el de la angustia, mientras transita entre las desordenadas experiencias de un pasado al que quiere conferir cierto orden, cierto sentido.

Pero aquella angustia no sólo proviene del pasado. El libro está plagado de múltiples despertares a la angustia de una realidad actual que se describe aun más caótica e insufrible. Esta angustia por el presente linda con una sensación de orfandad ontológica que parece determinante en una cosa: a pesar de que uno pudiera recorrer adecuadamente su propio viaje (y adquirir cierto grado de sapiencia sobre su propia existencia), el regreso al mundo no será jamás una adaptación perfecta. Tal es la razón de que al final del libro todo el ambiente se “militarice” y que el poeta aparezca ahora como el «capitán» ungido con los galones simbólicos del autoconocimiento.

Por ello el despertar final, el retorno a la realidad, es el despertar al panorama sangriento de la guerra por la vida:

El viaje, el viaje hacia la sangre empozada en los

remansos de la gloria,

tan perdida ya por el capitán intrépido que desde

mi pecho otea la otra margen:

el quepis arrugándome la frente, la insignia de huesos

calcinados

el maxilar retraído hacia el cóccix, el sacro pusilánime

de pronto alzado sobre el vómer con perfecta y celestial

impudicia,

el fajín en ristre, la cartuchera armada de sopor

y embriaguez,

las botas que hollaron con desprecio cuellos y manos

de mil mujeres

(…)

verdes fueron las tierras de mi melancolía,

hoy el polvo las vela y el mar apenas si las resana.

El mundo es rancio y ruin como mi deseo:

llegada está la hora, braman los clarines,

las aves caen del cielo y un telón de sangre se cierne

sobre un sombrío y sonriente capitán.[5]

Menos limpia, menos sacra y más profana (y a veces más sórdida), más impura y dolorosa: es la imperfecta misión del poeta que es asimismo su propio mistagogo. Éste es el hombre desacralizado del que hablé más arriba. El hombre de la civilización moderna que lleva una herida que se abre una y otra vez (“Mi voz sangraba, y sangra aún de noche y de mañana”). Un sangrado sin solución de continuidad que retorna, con características diversas, en El revés y la fuga.

III. El revés y la fuga

M

ás que sangrado, en El revés y la fuga persiste una prolongada sensación de escarmiento dialéctico y de, en línea con Nostos, orfandad ontológica, quizá como castigo por querer desentrañar la verdad, el misterio o el enigma de nuestra condición que posiblemente yace oculta en el revés de la trama de las cosas. El título del libro, por supuesto, ofrece en ambos sintagmas nominales un juego de palabras. En principio, el revés puede entenderse aquí con una simple analogía física: como si la vida fuera un objeto volumétrico y su misterio, las entrañas de su sentido último, quedara siempre fuera de nuestra vista, del lado no visible; “siempre”, porque (es la sensación que se tiene al leer varias veces el libro, al pasar una y otra vez del texto centrado al texto marginal derecho) al movernos tal volumen girará copiando nuestros movimientos. Asimismo, el término revés debe ser entendido en su acepción de fracaso y derrota. De esta manera, tratando de ver lo que no se nos es dado ver (el revés), se sufre un revés: aquel escarmiento arriba anotado, aquella orfandad.

El texto centrado y aquél situado al margen derecho. Disposición espacial que acrecienta la sensación de búsqueda del poeta que cambia de ángulo o de posición (que refleja en términos figurados una intención indagadora nunca satisfecha): se genera un dinamismo en la lectura pues esas diferentes ubicaciones espaciales del texto generan el efecto de llevarnos y traernos, y, como ninguna de esas dos ubicaciones tiene el carácter de eje primordial o línea de pensamiento base, el punto fijo de partida de las meditaciones del libro, finalmente descentrarnos: giramos con el poeta en el vaivén de su discurso para vivir la búsqueda de aquel revés o reveces, y experimentar su desorientación.

Este carácter de ida y vuelta del libro (o de espiral con núcleo vacío, o de círculos no concéntricos) está reforzado a nivel semántico por el uso repetido del término “otro”: «Es que era el otro frente, / no ese que vi desde la noche pelada (…)»[6]. «Lo que vi se desdecía al otro lado, / detrás de los corpúsculos zodiacales agitándose convulsamente en la llanura, (…)»[7]. «Porque la virtud siempre estuvo al otro lado / del brasero, desprendida y dispersa / a la manera de los granos de viento (…)»[8]. «¿Deberé acaso / atravesar todas las edades / para por fin estar del otro lado?»[9]. «Pero a la postre todo es igual / y ni siquiera la guadaña / me apacienta; / tal vez habrá al otro lado de su hoja / un peldaño de luz.»[10]. Hay un largo etcétera a este respecto.

Por lo que toca a la doble lectura de “fuga”, es claro, en principio, que el término refiere a una composición que gira sobre un tema y su contrapunto, repetidos con cierto artificio por diferentes tonos. De manera análoga, en este libro la fuga se refleja en su composición formal y en su tensión estilística. La primera está dada por el vaivén lector: los ojos pegan saltos de una ubicación textual a otra, aunque ninguna de ellas, como vimos arriba, tenga la categoría de eje principal. La segunda, asociada a las diferencias tonales, tienen su correlato en los dos diferentes estilos en que está escrito el libro (que son, en el fondo, dos diversas aproximaciones dialécticas con las que aprehender la condición humana): en la zonas centradas el poeta parece, justamente, más centrado, no en términos de seguridad existencial, firmeza ontológica o ausencia de cuestionamientos, sino en términos de mayor inteligibilidad en la exposición de los hechos y de claridad en la enunciación que sintácticamente es, si se quiere, más “formal” (lo que no implica sin embargo carencia de símbolos, figuras retóricas o situaciones insólitas) que en las zonas marginales. En éstas, por el contrario, los versos son de un decir más hermético, más barroco, más, por momentos, pegado al absurdo, a la paradoja, y al lenguaje de libre asociación de Nostos. Asimismo, esta marginalidad del sentido producida por las dificultades formales mencionadas, se subraya aún más si se tiene en cuenta que estos versos no están pegados al margen convencional izquierdo, sino al derecho, acto voluntario de escritura que sugiere lo siguiente: primero, cuál es la disposición del alma del poeta; segundo, cuál es la intención de desplazamiento para ubicarse figuradamente en otro punto y observar, quizá con mejor suerte, el revés; y, tercero, un acto de automarginación con que resalta su propio descentramiento y, cómo no, su desprecio, su decepción, su ira (rasgos emotivos que, junto con aquellos de naturaleza racional —ideas críticas, argumentaciones racionales, cuestionamientos filosófico-sociales— funcionan, a pesar de todo revés, como inacabables generadores de poesía, lo que a su vez, paradoja sobre paradoja, acrecienta el vaivén, la búsqueda y la incertidumbre). Para terminar con la doble lectura de “fuga”, ésta también refiere la necesidad del poeta de, justamente, escapar de este juego de reveces que huyen de sus cavilaciones, y que, por tanto, dada la frustrada búsqueda del conocimiento ansiado, lo sumen en una sensación de fracaso y hartazgo.

Yo que querría estar siempre

del otro lado

aunque no hubiese sol,

mar, pan de verdura

en esta tierra, yo

que creí saber cuál era la trama

de las cosas,

el mismo yo a quien ningún yo

le queda a la medida.[11]

Esta estrofa sirve asimismo de piedra de toque para anotar, aunque sea abreviadamente, algunos de los ejes temáticos que confluyen en el libro. Los dos últimos versos no son una sentencia seria acerca de la naturaleza “especial” del poeta frente a los otros hombres que pueblan el mundo. Por el contrario son reflexión irónica de autoconocimiento al entender la ridiculez de este tipo de ideas. En un pasaje del libro el poeta se identifica con un mendigo ciego al darse cuenta de que en sus propios ojos se replica el «mundo sin mañana» de su mirada. A través de este y otros pasajes se infiere que ningún hombre es ente sustraíble de la ecuación general de la vida. Que el desarrollo del discurso intelectual o de las capacidades artísticas de un hombre no lo hacen más valioso que uno que no produzca tal desarrollo. Que todo hombre vive en comunidad y por ello es subsumido, así crea que no haya otro que le quede a la medida, por la norma de su contexto: las convenciones particulares, positivas o negativas, que establecen los límites de las libertades personales y de las relaciones humanas. Así pues, una de las vertientes de El revés y la fuga es la de una crítica político-social que, por un lado, se ramifica hacia la reflexión sobre la trivialización espiritual y mental a la que el hombre se somete sometiendo a su vez a otros, y, por otro, hacia la reflexión de la cosificación de la experiencia humana que, a raíz de lo anterior, tiende a hacerse cada vez más fría, cual intercambio monetario: «En este mundo comercial donde / la piel humana vale tanto como la de un cangrejo / en esta luz tan pulcra y vacía / que sin piedad se precipita contra el mundo / y lo va cortando en rodajas»[12]. Por otro lado, tal crítica recae directamente sobre las figuras simbólicas (una especie de panteón sórdido, ignorante y orgiástico) que administran ineficazmente el estado: «Y el tirano hace mohines de arrechura / y en el Congreso se iza la bandera / en el falo de la patria»[13]. Y en versos anteriores aparece la pregunta: «¿Quién dijo pues que esta historia no es más que una / (…) / con lo caro que son el seso, los trojes de orquídeas, / la prensa psicoanalítica y la adoración a ingentes manadas / de becerros de oro y mantequilla?»[14]. Versos similares del libro hacen hincapié en la vanagloria y la vacuidad mental de quienes tienen mayor influencia en el destino de un país (cualquiera que este sea), ya directamente desde la política, ya desde los medios de comunicación.

Paralelamente a estos asuntos, otros puntos —íntimamente relacionados— aparecen a lo largo del libro: el paso del tiempo manifestado en la vejez y en la enfermedad; la muerte; el tiempo histórico desde cuya perspectiva toda experiencia se repite y cada historia personal parece no poder diferenciarse de las otras; cómo esa historia universal (junto con todas las construcciones culturales del hombre) se inscribe en la estructura más vasta de la eternidad.

IV. Suzuki Blues

L

a incansable disquisición sobre la condición humana, en tanto experiencia única pero unida en su significado final con el todo de un orden trascendente, característica de la poesía de Sandoval, exige en un punto de su obra creativa un cierto tipo de evolución o perfeccionamiento. Suzuki blues es un título que refleja la combinación de dos cosmovisiones caracterizadas, en términos muy amplios y abstractos, como dos sistemas o construcciones mentales y culturales con disímiles maneras de proyectarse en el mundo. En principio, Sandoval pareciera recurrir en Suzuki Blues a la asistencia de esos dos paradigmas (racional-lógico-occidental el uno, paradójico-alógico-oriental el otro) como respuesta al interés de ampliar las posibilidades analíticas, y también formales, de su discurso pues el primero de esos sistemas, a estas alturas de su trayecto poético, pareciera no bastarle en su continua reflexión sobre el sentido de la existencia.

Suzuki Blues es el libro de la reflexiva angustia y del vaticinio aterrador. Ambos ejes modeladores de poemas que cohabitan atentos a la inminencia de una revelación portentosa que no dejará nada en pie cuando sobrevenga; una clase de prodigio destructor (de fuerza o magma nunca definidos) ubicuo como los gritos, el sol y el aire que en el libro aparecen (junto con reflejos, rumores, sensaciones, vestigios, sinsabores en el aire, hálitos en las calles, temperaturas, conformaciones y consistencias de los cielos) como elementos anunciadores de aquel advenimiento, los cuales escapan de su concreción accesoria y devienen en universales presencias subyugantes del individuo en general y del poeta en particular ubicado al borde de miradores brumosos, sobre tejados y muros, a ras del suelo: ángulos que permiten ver sin ser visto, aunque no sustraerse al destino descrito.

Imposible destacar en estas líneas los alcances de cada una de las poéticas de los treintiún poetas citados por Sandoval en Suzuki Blues, lo que implicaría resaltar las cosmovisiones, filosofías e ideologías generacionales, epocales y geográfico-nacionales (cuando no dinásticas) de las que tales poéticas se nutren. Sin embargo es obligatorio decir algo al respecto dado el obvio carácter dialogante que este libro establece con la inabarcable poesía oriental (desde el título, “suzuki” que refiere a oriente; “blues”, a occidente, aunque este término, como venimos viendo, resulte bondadoso, eufemístico y hasta sarcástico). Torpemente y a grandes rasgos tomaré dos casos que constituyen fenómenos artísticos en los que los poetas y críticos occidentales han puesto repetidamente el ojo.

En el caso de la poesía china, Marcela de Juan encuentra que el poeta de estas latitudes en cuanto a temas “responde en general a los mismos que el poeta lírico de cualquier otra latitud, dentro de la constante universal del hombre que canta al gozo y llora la común angustia metafísica, eterno leitmotiv de la poesía eterna en todas partes”[15]. Aclara que el repertorio de los poetas chinos tiene predilección por las visiones de la naturaleza y el paisaje asociados a los estados del alma del poeta, por momentos sutiles y luminosos (lunas claras, soles generosos, brisas y lluvias acariciadoras), por otros angustiados (huracanes y nieves destructores). Asimismo, encuentran espacio los asuntos de tipo anacreóntico y dionisíaco, y con especial interés los asuntos de la nostalgia y la añoranza. A estos se le suma, con bastante insistencia, el tema de la desolación ante la fugacidad del tiempo y de la vida, “metafísica preocupación universal tan de todas las épocas y todos los hombres”[16]. Si debiera sin embargo, aclara de Juan, obligársele a destacar una característica intrínseca a esta poesía, habría que ubicarla “siempre dentro de lo formal, en la expresión, y lo llamaríamos sólo sencillez, simplicidad (simplicidad por lo menos externa, que no deja de encerrar, con mucha frecuencia, una enorme y difícil complejidad de matices)[17]”.

El otro caso es el de la poesía Zen, sobre todo uno de sus productos más admirados y copiados en Occidente: el haiku. Octavio Paz, Karlfried Graf Dürckheim y Daisetz Teitaro Suzuki son algunos de los que ofrecen con admirable claridad explicaciones sobre los orígenes y los alcances de este género poético, anotando el encadenamiento histórico-cultural India-China-Japón. El budismo Zen, dice Suzuki, es el que más fácilmente se integró a la sensibilidad japonesa; Paz, en Las peras del olmo, añade que la doctrina Zen predica, a diferencia de los demás budistas, la iluminación súbita (en el «aquí y ahora mismo»); en ese instante de revelación el universo entero, junto con la temporalidad, se derrumba; además ese instante es indecible pues el Zen es una «doctrina sin palabras». Uno de los medios para alcanzar la iluminación es el uso de las paradojas, el absurdo y el contrasentido que buscan destruir nuestra perspectiva lógica del mundo e instaurar un nuevo sentido que no es comunicable por palabras. Comunicarlo sería regresar al mundo de los contrarios sostenido por el principio de contradicción, el «esto» y del «aquello», cuando en realidad el Zen promulga la identidad de los contrarios: el «esto y aquello»[18].

Suzuki Blues está influenciado (entre otras cosmovisiones, doctrinas y filosofías orientales, como he aclarado) de estos dos abstrusos “casos”, pero muy a su singular manera. Asimila lo que le sirve y desecha lo que no, en términos de forma y de fondo. En principio, entonces, ¿a qué me enfrento como su lector? Hallo concreción formal pero no distanciamiento emotivo. También sugerencia, y alusión, pero con matices anímicos y con simbologías diferentes de aquellos orientales.

En principio la materia verbal de Suzuki Blues refleja escozores que corroen el alma con un aliento de amargura existencial ajeno al arquetipo oriental. Sandoval es el hombre que manifiesta un engaño provocado por una humanidad en la que creyó aún a sabiendas de sus errores. La voz del hombre que creyó en todas las promesas intelectuales, culturales y materiales del logos humano y que, a la vez, detestó todo eso mismo y lo criticó sabiéndose más inteligente que cualquier otro. Este tipo de desengaño (esta manera de explicar tal desengaño) sólo puede provenir de una sensibilidad como la del hombre occidental[19]. Dürckheim[20] explica que la miseria del hombre occidental radica en su “conciencia objetiva” con que se afianza y erige en dueño absoluto del mundo, fijándose a sí mismo como un “yo soy yo” que le permite fijar cada cosa que le rodea, definiéndola (y con ello toda la realidad del mundo) de una manera incontestable y sin ambigüedades. Con esto comparece el ansia de posesión, de prestigio y de poder. Una vía que conduce al hombre al sufrimiento debido a la perpetua mutabilidad del entorno, la inestabilidad a la que todo está sujeto y la muerte misma que amenaza las absurdas pretensiones de orden y perfección objetiva, «miseria tanto mayor cuanto el hombre viene a ser víctima de un mundo que él mismo ha creado como expresión (…) de afirmación de sí mismo y que tiene que dominar técnicamente, el mundo en el que se nos amenaza con quedar pulverizados por él».

La voz del hombre representado en Suzuki Blues es amarga pero carece del aparato cínico y apático del nihilismo. A este hombre le duele (de ahí la amargura, la tragedia) el estado general del mundo en el que creyó. Prisionero de sí mismo y de lo que le rodea, consciente de que habla por última vez de un mundo física, mental y espiritualmente putrefacto), sigue pues erigiéndose como un sujeto que no pierde su precaria aunque muy lúcida conciencia objetiva, la que le permite en última instancia ser tres entes a la vez: culpable, testigo y juez de sí mismo. Así y todo, su mayor contradicción quizá consista en que si le preguntaran cuál es el camino a seguir no lo sabría.

En Suzuki Blues no hay paradojas a la manera Zen. Hay sí por momentos afirmaciones de carácter antitético y racional que sin embargo, por yacer bajo el velo de una densa materia simbólica, produce una no univocidad referencial. Esta carencia de certeza sobre el objeto, el hecho o el sentido de la afirmación produce muchas veces un efecto de bruma incierta (igual que la que en varios poemas es respirada por los humanos decadentes que los pueblan) y por tanto una serie de posibilidades o matices que debe el lector desentrañar según su sensibilidad y posibilidades. No hay pues en Suzuki Blues una ausencia de sentido. No ha sido anulado el yo racional antropocéntrico. Cada verso tiene un sentido: polivalente, sí, en contraposición con otros, sí, pero pasible de ser comunicado. Y no hay tampoco identidad de los contrarios, como en el Tao y el Zen[21], sino oposición de ideas o imágenes cuyo propósito es dar cuenta de una realidad des-integrada y destruida. Vuelvo a decirlo: el poeta es un hombre occidental[22]. El constante descoyuntamiento de imágenes es reflejo de su espíritu: hecho trizas, como el mundo del que habla. Si la poesía oriental está inclinada a la angustia, a la reflexión sobre el fluir del tiempo, no ha estado compuesta por este tipo de obsesión cuestionadora, por este grito desesperanzador hacia el todo, por una desolación tan marcada de hastío y, a veces, de rabia. Esta amargura existencial cargada de algo que puede ser descrita como un deseo humano de revancha hacia la humanidad es en última instancia una batalla verbal contra el logos hacedor (mal hacedor) de la civilización occidental.

Suzuki Blues es un punto de quiebre ontológico. En cada poema se encapsula el camino sin salida que el hombre labró para sí mismo y se perenniza el aquí y ahora de la existencia desahuciada. Suzuki Blues es el último parte de la guerra que desarrolla la humanidad contra sí misma. Esta toma de conciencia sobre qué somos ocurre en un momento en que este conocimiento es tan inutilizable como el conocimiento en sí mismo: el logos que engloba todas las parcelas de la creación humana que sucumbe silenciosamente entre las páginas de este libro.

Lima, julio de 2011


[1] SANDOVAL, RENATO, Trípode. Lima: Lustra Editores, 2010. Todos los versos citados en el presente artículo provienen de este libro que recoge, íntegros, los siguientes poemarios del autor: Nostos, El revés y la fuga y Suzuki Blues.

[2] Ibid, p. 21

[3] Cfr. El héroe de las mil caras. Psicoanálisis del mito. México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 2010. pp. 35-40.

[4] Ibid

[5] SANDOVAL, RENATO. Op. Cit. 34-35.

[6] Ibid, p. 39

[7] Ibid

[8] Ibid, p. 46

[9] Ibid, p. 47

[10] Ibid, p. 49

[11] Ibid, p. 59

[12] Ibid, p. 62

[13] Ibid, p. 44

[14] Ibid, p. 51

[15] Poesía china: del siglo XXII a. C. a las canciones de la Revolución Cultural. Madrid: Alianza Editorial, 1973. p. 14.

[16] Ibid, p. 16

[17] Ibid, p. 14

[18] PAZ, OCTAVIO. “Tres momentos de la literatura japonesa”. Las peras del olmo. 2da. Edición. Barcelona: Seix Barral, 1974. pp. 115-117

[19] Propongo la misma dicotomía oriente-occidente de Dürckheim y de Suzuki. Ver nota 20. En mi análisis destaco el carácter occidental del sujeto enunciador (en oposición al oriental) porque así lo definen y demandan los diversos elementos constructivos de Suzuki Blues.

[20] DÜRCKHEIM, KARLFRIED GRAF. El Zen y nosotros. 3ra. Edición. Bilbao: Ediciones Mensajero, 1987. pp. 24-40 passim. Al respecto de estas ideas confróntese también las ideas de Suzuki en SUZUKI, D. T. y ERICH FROMM. “I. Oriente y Occidente. Conferencias sobre Budismo Zen”. Budismo Zen y Psicoanálisis. Trad. Julieta Campos. Decimonovena reimpresión. México: FCE, 1964. pp. 9-19.

[21] Al respecto dice Suzuki: «Occidente trata de lograr la cuadratura del círculo. Oriente trata de hacer que un círculo equivalga a un cuadrado. Para el zen el círculo es círculo y el cuadrado es un cuadrado y a la vez el cuadrado es un círculo y el círculo es un cuadrado. […] En Occidente “sí” es “sí” y “no” es “no”; “sí” nunca puede ser “no” o viceversa. Oriente hace que el “si” se oriente hacia el “no” y el “no” hacia el “sí”; no hay una división precisa entre “sí” y “no”. Es la naturaleza de la vida la que es así. Sólo en lógica es inerradicable la división. La lógica fue creada por los hombres para contribuir a las actividades humanas.» SUZUKI, D. T. y ERICH FROMM. Op. Cit. 18.

[22] Vid nota 19

Hueso Húmero, nº 57