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viernes, 26 de noviembre de 2010

La señora Irlanda acepta ayuda





Teódulo López Meléndez


Nuestras miradas estaban centradas en las manifestaciones de París y en segundo lugar en las que ocurrían en Italia, cuando se produjo la sorpresiva declaración de Angela Merkel proclamando la muerte de la Alemania multicultural.

La reflexión debe comenzar por alguna parte y la primera que nos viene a la mente es la crisis económica, que es apenas un ángulo dentro de una crisis humana, psicológica y cultural. Mueren más europeos de los que nacen y eso absorbe ingentes sumas en jubilaciones –detonante aparente de la crisis francesa- que se pretenden reducir con aplazamiento de la edad de retiro.

Los tres países que nos motivan inicialmente –Francia, Italia y Alemania- han estado violando el pacto de estabilidad acordado cuando se lanzó el euro. Los repetidos No a la Constitución Europea, el retorno de los viejos complejos nacionalistas entre los sectores excluidos del bienestar, un reclamo desde los más ricos por sus aportes en beneficio de los más pequeños, enfrentamientos o discordias en materia de política exterior, son algunos de los elementos a enumerar en esto que llamaremos la crisis de Europa.

La huida hacia los nacionalismos evidencia un fracaso. Por otro lado se argumenta que no han sabido las élites construir una verdadera Europa sino una especie de patchwork institucional basado sobre equilibrios que en nada contribuye a la mejoría real de la vida. Hay, pues, una crisis de confianza. Y la vertiente económica que afecta al empleo y las prestaciones sociales. Surgen así los ultranacionalistas, con tintes xenófobos y claramente fascistas. El paro, las privatizaciones de algunos servicios públicos y sobre todo la impotencia política hacen mella.

No se pueden negar los esfuerzos hechos sobre estas vertientes sociales. Desde el 2008 fue anunciado un paquete de 200.000 millones de euros por la Comisión Europea en noviembre de 2008; se han simplificado los criterios del Fondo Social Europeo (FSE), y en el Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización (EGF), así como se ha instituido un Instrumento Europeo de Microfinanciación y la Estrategia Europea de Empleo, que es uno de los pilares de la estrategia que sigue proporcionando un marco para que los Estados miembros emprendan una acción coordinada para fomentar el empleo en el contexto de la crisis; si alguien advirtió fue Felipe González, que dirige el Grupo de Reflexión sobre el Futuro de Europa. González pintó un panorama realmente crudo ante los dirigentes socialistas europeos reunidos en Madrid. Subrayó la debilidad de la Unión por la crisis institucional, la crisis económica que en su opinión "no se resolverá en 2009 ni en 2010", y advirtió de "la pérdida de competitividad y productividad, sin la cual no habrá cohesión social". Y puso al descubierto las torpezas de la UE en política migratoria al recordar que "habría que agradecer a los inmigrantes que los europeos tuviéramos pensiones". Frente a esta advertencia Francia expulsa a los gitanos y Merkel proclama que ha muerto la Alemania multicultural.

Surgieron problemas graves en Grecia y menos vistosos en Portugal y España. Los mercados financieros siguieron inquietos: grandes franjas del sistema bancario europeo estaban ampliamente subcapitalizadas. De acuerdo con las estadísticas del BCE, los bancos de la eurozona tenían alrededor de 20 euros de pasivo (incluida deuda interbancaria) por cada euro de capital y reservas. Esto implica que por cada pérdida de capital de un euro en algún banco, habría aproximadamente 20 euros de deuda dudosa.

En pocas palabras, Europa se convirtió en el segundo escenario de la crisis financiera global, a pesar de la creación de un Instrumento de Estabilidad Financiera Europea (EFSF por su sigla en inglés). Tal vez porque el dinero se utilizó para financiar gobiernos que necesitaban financiar a sus bancos. Por otra parte los países de Europa Oriental se dividieron entre avanzados y atrasados Hungría, Rumania y los países del Báltico recibieron la mayor presión. El proteccionismo económico y la xenofobia nacionalista de las grandes potencias europeas han establecido una fisura con los países del Este. The Times sentenció: “El sistema bancario es insolvente, el desempleo se acelera, los ingresos por impuestos caen, los mercados están en un estado de choque, la construcción se derrumba, los déficits aumentan vertiginosamente y la confianza de los consumidores sufre una masiva contracción en todo el sistema que podría salirse de control". En este contexto se produjo una primera decisión irritante de Francia al conceder préstamos y subsidios a sus fabricantes de automóviles (6.000 millones de euros), pero con la condición de que las empresas mantuviesen el empleo en Francia y bajo ningún pretexto llevaren parte de su producción a República Checa, Eslovaquia y Rumania, países donde Peugeot-Citroën y Renault tienen plantas de ensamblaje. Suecia también siguió medidas similares. Italia, que tiene a Fiat operando en Polonia, también ha dado incentivos al sector en el mismo sentido, mientras que Alemania -con producción en Eslovaquia, República Checa, Hungría y Polonia- puso en marcha un plan similar.

Los jóvenes huyen de España por millares, en general no encuentran manera de hacer carrera ni recursos para la investigación ni salarios atractivos. Europa vive lo que parecía un mal endémico latinoamericano: la fuga de cerebros. Europa se hunde en nacionalismos chauvinistas, en odios étnicos o a las divisiones como las que parecen deseosos de protagonizar flamencos y valones. Hay una subyacente barbarie política que no encuentra alivio en su extraordinaria historia cultural del pasado. Italia se consume en el consumismo, valga el pleonasmo y ya no es el esplendoroso hogar de la poesía o de la filosofía. Francia no se reconoce en los inmigrantes. La señora Merkel cede antes las encuestas que muestran la creciente xenofobia. Europa ya no es un ejemplo.

Algo menos de cien mil millones de euros para salvar a Irlanda y la estabilidad monetaria europea. Falta el acuerdo para salvar la estabilidad del alma europea.

teodulolopezm@yahoo.com

lunes, 22 de noviembre de 2010

Hombres y dioses



Edgar Cherubini Lecuna
París, Francia

En Francia, aún supuran las heridas dejadas por la guerra de independencia de Argelia, así como algunos oscuros episodios ocurridos durante la guerra civil que asoló ese país entre 1991 y 2002. El secuestro y asesinato de los monjes del monasterio cisterciense de Tibérihine en 1996, es tema de debate en estos días. Para los jóvenes franceses, este caso se ha convertido en una revelación, luego del estreno del film “Des hommes et des dieux”, para otros en una repentina desazón. Tan es así, que el presidente Sarkozy ha ordenado desempolvar los archivos y documentos de un proceso que nunca se cerró. Nuevos e inusitados testimonios arrojan luces sobre la posibilidad de una manipulación del ejército y de los servicios secretos argelinos junto con el grupo terrorista GIA, una de las primeras ramas de Al-Quaeda en el Magreb. Para tratar de entender lo ocurrido, es necesario hacer un poco de historia.

La lucha por la independencia de Argelia

Argelia, colonia francesa desde 1830, inicia su guerra de independencia en 1954 con la fundación del Frente de Liberación Nacional (FLN), que junto a su brazo militar, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), posibilitaron la unión de todas las organizaciones y facciones nacionalistas que luchaban contra la ocupación francesa. Siendo un ejército irregular, empleó la táctica de guerra de guerrillas, efectuando acciones terroristas contra blancos franceses, tanto militares como civiles. Fue una “guerra a muerte”, pues el FLN asesinaba por igual a franceses y a argelinos sospechosos de colaborar con el ejército de ocupación. Durante la guerra de liberación se estima en 50.000 las bajas francesas y el triple del lado argelino, sin entrar a narrar los intensos episodios de la batalla de Argel. En 1962, luego de la independencia, cerca de un millón de “pied-noir” habían abandonado el país. Esta era una denominación despectiva que se daba a los ciudadanos franceses, judíos o de origen europeo que residían en Argelia.

El FLN se transformó en el partido único bajo el liderazgo de Ahmed Ben Bella, implantando el socialismo como modelo. Desde ese entonces, comenzó una lucha de facciones, seguida de golpes de estado y complots por el poder.

La guerra civil argelina

La guerra civil transcurrió entre 1991 y 2002. Este episodio de la convulsionada historia de Argel, es el escenario donde ocurrió la desgracia de los monjes cistercienses. Uno de los actores políticos involucrados, fue el Frente Islámico de Salvación (FIS), organización de carácter islamista, fundada luego de su protagonismo en la revuelta estudiantil de 1989, que instaba al gobierno para que Argelia adoptara el islamismo como modo de vida. Bajo estos postulados, el FIS ganó las elecciones municipales de 1990. En las elecciones generales de 1991, tras obtener un porcentaje considerable en la primera vuelta, dejando atrás al FLN, el presidente Chadli Benyedid dio un autogolpe para impedir que triunfaran los islamistas, declarando el estado de excepción y anulando el proceso electoral. Disolvió el FIS y encarceló a sus dirigentes. El brazo armado del FIS, el Ejército Islámico de Salvación (EIS), constituido por diferentes grupos armados, inició acciones terroristas contra el gobierno, así como ataques y secuestros de extranjeros, especialmente franceses. Los principales grupos que lucharon contra el gobierno y que pertenecían al EIS, fueron el Movimiento Islámico Armado (MIA) y el Grupo Islámico Armado (GIA) o al-Jama'ah al-Islamiyah al-Musallaha. En 1994 cuando culminaban las negociaciones entre el gobierno y los líderes del FIS, el GIA declaró la guerra al FIS y a sus partidarios. Esto dio paso a una guerra a tres bandas, un “todos contra todos”. El GIA cometió una serie de masacres en diversos pueblos, así como secuestros y asesinatos de civiles. Algunas evidencias sugieren que, en algunos casos, hubo la participación, omisión o colaboración de facciones militares. El número de muertes que arrojó la guerra civil se estima entre 150.000 y 200.000, incluyendo a 70 corresponsales de prensa extranjeros.

En medio de este conflicto, un grupo de monjes cistercienses franceses del monasterio de Tibérihine, en los montes Atlas, se desenvolvía en sus faenas agrícolas y de trabajo social en los barrios pobres de la comunidad vecina y la atención de un ambulatorio. El 27 de marzo de 1996, el convento fue asaltado por un grupo armado, secuestrando a los monjes. Tres meses después, el gobierno argelino anunció el descubrimiento de las cabezas de las víctimas, sin que hasta el presente hayan aparecido los cuerpos. La responsabilidad de esta acción terrorista recayó sobre el Grupo Armado Islámico GIA, una de las facciones en pugna y ala de Al-Quaeda en Argel. Pese a que todo apunta a este grupo terrorista, Francia y Argelia mantienen abierta la investigación desde el año 2003, aún sin resolver, pues son oscuras las circunstancias de este caso así como la identidad de los asesinos.

La pasión de los monjes de Tibérihine es un estigma de la justicia
El testimonio de un general francés en situación de retiro, que estuvo adscrito al servicio secreto y se desempeñó como agregado militar en Argelia en el momento de los hechos, ha colocado en entredicho tanto las declaraciones del gobierno argelino, como a los servicios de investigación franceses. El General François Buchwalter, declaró al juez de instrucción antiterrorista que dirige la investigación, haber recibido informaciones de militares argelinos que señala como presuntos culpables de la masacre a un grupo comando de las fuerzas armadas argelinas, que patrullaba en helicóptero la zona de Tibérihine y que en la espesura del bosque confundió al grupo de monjes con terroristas. Dándose cuenta del error, decidieron falsear lo ocurrido, enterrando los cuerpos acribillados sin las cabezas.

“Los cuerpos de los monjes fueron mutilados para borrar las pruebas de esa terrible equivocación”, declaró el general sin citar a sus informantes. Otras fuentes dicen que, efectivamente, fueron los terroristas del GIA los asesinos, pero que fue una acción conjunta con militares, pues este grupo actuaba a la sombra de una facción del ejército para dañar al gobierno de Argel. El testimonio del general, así como otras informaciones que han salido a la luz pública, han provocado serias dudas y han colocado en aprietos a ambos países, ya que sugieren que el ejército y posteriormente el gobierno argelino manipularon sin escrúpulos un caso tan grave. Por otra parte, inculparían al gobierno francés por encubrimiento, debido a que importantes funcionarios estaban al tanto de lo ocurrido. Por estas razones, se avizora un escándalo político y diplomático en los próximos meses. Los estigmas de la pasión de estos monjes claman por justicia.

Des hommes et des dieux

Es el título de un reciente film dramático del director francés Xavier Beauvois, inspirado en este caso. Aunque lo sugiere entre líneas, no propone ninguna hipótesis en particular sobre las circunstancias que envolvieron la muerte de los monjes. Apegado a la historia real de la vida en el convento de Tibérihine, luego de una extensa investigación documental de varios años, el film relata los días previos a la tragedia, reconstruyendo la vida cotidiana, el rigor y misticismo de la orden cisterciense. Los monjes se habían compenetrado con los creyentes musulmanes del pueblo vecino, sin imposiciones de ningún tipo. Por lo contrario, en el filme se aprecia una cierta concordancia entre la actitud vital de estos monjes y los lugareños que practican pacíficamente sus creencias, pues para un musulman, la oración es personal y creen que el hombre existe como exponente supremo de la creación de Alá y que cada quien debe construir su propio destino. Las vicisitudes de la guerra civil son sólo referencias que nos llegan en boca de los personajes, debido a sus preocupaciones por la presencia de los terroristas en los bosques aledaños, sus incursiones y asesinatos en aldeas vecinas. Las dudas y razonamientos sobre la decisión de huir o permanecer al lado del pueblo al que sirven con desvelo, es el argumento principal de la obra.

El film, refleja en un tono sostenido, los entretelones del combate interior de un grupo de hombres de carne y hueso, con personalidades y motivaciones diferentes, pero que al final permanecen unidos ante una decisión mística y ética. El tema católico del sacrificio como redención, es en esta historia el de la escogencia del destino como liberación. La escena de la última cena en la cocina del convento, es una alegoría demasiado humana y enternecedora. El film, a través de planos medios y cerrados, integra en forma magistral al espectador al diálogo que sostienen los monjes sobre el misterio católico de la Encarnación, pues éstos asumen y viven en carne propia dos naturalezas, dos entendimientos, el divino y el humano. ¿Cuál de las dos escoge permanecer fiel a sus votos de humildad, pobreza y generosidad, a riesgo de perder la vida? El humano, sin duda, esa es la moraleja.

Este film, debido al proceso judicial pendiente sobre este caso, pero también por haber mostrado la espiritualidad de una orden religiosa, una de las más originales, independientes y auténticas, fundada en Francia por Roberto de Molesme en el año 1000, ha estremecido a una sociedad no creyente como la francesa, con una juventud bastante indiferente en materia espiritual. Fue estrenado en septiembre y en apenas un mes había superado los tres millones de espectadores.

La investigación sobre los hombres y las atrocidades que en nombre de sus dioses son capaces de cometer, sigue abierta. Esperemos que se haga justicia aquí en la tierra.

edgar.cherubini@gmail.com

jueves, 18 de noviembre de 2010

El pensamiento como forma de realidad





Teódulo López Meléndez

I

El mundo parece un paciente diagnosticado al cual no se le ofrecen demasiadas esperanzas. Desde la organización mundial o regional de los Estados hasta el problema del agua, desde enfermedades sociales hasta el problema de los refugiados, por doquier se enlistan las calamidades y los desajustes.

La queja recurrente sobre el agotamiento de la ONU o sobre la inoperancia de la OEA son respondidas con ofertas de cambio que no se materializan. Estos mal llamados organismos internacionales, dado que no son otra cosa que intergubernamentales, padecen los latidos de sus integrantes en busca de oxígeno.

No obstante, en este período de transición de viejas formas a formas aún borrosas, los organismos intergubernamentales cumplen una función esencial como lo es la de tratar de coordinar esfuerzos sobre este paciente llamado planeta.

Durante la Cumbre del Milenio celebrada en la ciudad de Nueva York, en septiembre de 2000, los 189 estados miembros de Naciones Unidas adoptaron la Declaración del Milenio. Este documento contenía un grupo de metas y objetivos clave, algunos de los cuales fueron redefinidos más adelante en una proyección de trabajo plasmada en la Declaración del Milenio. Las ocho metas fijadas son harto conocidas: Erradicación de la pobreza extrema y el hambre, acceso universal a la educación primaria, promover la igualdad de géneros, reducción de la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/SIDA y otras enfermedades, asegurar la sostenibilidad medioambiental y desarrollar asociaciones globales.

Sobre cada una de estas metas se han redactado extensos documentos de análisis y señalado las fallas de su implementación, así como mediciones necesariamente diversas sobre los avances logrados. Personalidades e instituciones u ONGs han incidido señalando particularidades como la desigualdad en el reparto de la riqueza antes que falta de ella, definiciones sobre exclusión, menciones sobre la feminización de la pobreza, los gastos militares, el acceso a la educación, el trabajo infantil, el derecho a la salud, esto es, un enriquecimiento de los conceptos sobre Derechos Humanos que se extienden desde lo civil y político, hasta lo económico, social y cultural.

A ello se suman los cientos de miles de refugiados que han debido abandonar sus hogares, las migraciones que desafían el concepto de espacio delimitado, la degradación del medio ambiente, todo lo cual implica la necesidad de una nueva colaboración todavía afectada por prácticas inefectivas, la implementación de nuevos y audaces métodos que permitan equilibrar de manera pareja la reducción de la pobreza y de la hambruna y un uso extensivo de la tecnología de la comunicación en ese combate.

Por encima de los listados afloran planteamientos de fondo, muchos de los cuales se ven obviados en la terca hipocresía de las relaciones mundiales.

II

La economía, alzada por encima de la política, puede conducirnos –de hecho nos conduce- a un aumento de las desigualdades entre países y entre seres humanos. Ya se ha señalado el peligro del surgimiento de una “sociedad disociada”.

Los patrones económicos cambian mientras los líderes mundiales se comportan como si todo se limitara a una crisis puntual, persistente pero superable con procedimientos habituales. Continuamos explotando fuentes de energía fósil con una voracidad creciente, pero paralelamente afectamos los mares, la agricultura y los bosques. El rendimiento de los alimentos, considerados por hectárea, han subido, pero generalmente a un precio nada deseable. Los medios de producción han cambiado a tecnología intensiva. Aquello que llamábamos campesinos sobreviven en zonas reducidas del planeta y no hay quien absorba la mano de obra sobrante por causa de la técnica o por mudanzas a zonas nacionales de mano de obra barata. Ha aparecido por todas partes lo que se ha dado en denominar “economía informal”, la cual ocupa en los países en desarrollo algo más del 50 por ciento de la población, dependiendo de continentes y zonas. Para producir se necesitan cada vez más conocimientos y ellos no parecen alcanzar a la parte del mundo donde hay que reducir la pobreza. Atraer la tecnología parece exigir condiciones que sólo países como aquellos que integran el BRIC u otros asiáticos logran ofrecer. Estados con gran burocracia –el Estado como supremo empleador- han tenido que afrontar disminuciones dramáticas para enfrentar déficits que hacían inviables sus economías. Por lo demás cabe recordar una vez la pérdida de poder de los Estados-nación inmersos en un proceso de reorganización política mundial que no termina de cuajar.

Frente a las metas del milenio crece la desigualdad entre países. Y es aquí, seguramente, donde brota en toda su dimensión la crisis política de un mundo globalizado que carece de mecanismos mundiales de poder efectivo, que funciona con organismos de posguerra y no de tercer milenio. Y, más aún, con una crisis conceptual de la política, con un envejecimiento inocultable de sus métodos y procederes que contrasta en años luz con los avances de la ciencia y de la técnica.
A pesar de los buenos propósitos de los objetivos del milenio la polarización entre ricos y pobres sigue estando allí, entre naciones, entre hombres y mujeres, causando serios planteamientos sobre la permanencia de la democracia e, inclusive, sobre la preservación de la paz. Las guerras parecieran no amenazar al siglo XXI desde la óptica tradicional. Ahora vienen de conflictos interétnicos (África ha sido un ejemplo patético), del racismo, de la xenofobia, del terrorismo, de los nacionalismos extremos renacidos como fogatas, de la intolerancia religiosa como se manifiesta en asesinatos masivos del otro.

Zonas específicas del planeta –caso Europa- deberán enfrentar el envejecimiento de su población mientras en ella aumenta la xenofobia hacia sectores migratorios a los que deben buena parte de su estado de bienestar. Ya dijimos que la palabra “campesino” abarca cada día a menos gente, lo que indica una concentración urbana cada vez mayor, al tiempo que las migraciones se le asemejan en volumen y en características. Al mismo, en muchas ciudades se forman barriadas casi sometidas a aun apartheid y que, de cuando en vez, estallan, produciendo destrozos generalizados. Se entremezclan los problemas, como lo hacen migración y urbanización. Como lo hacen unos y otros con el deterioro medioambiental que se manifiesta en los mares, en el aire y en la tierra. Parece asomarse la ética como tarea prioritaria.

La globalización avanza como fenómeno que se justifica a sí misma, un avance indetenible, mientras la política se estanca, o mejor se sumerge, para dar paso a tendencias autoritarias, a un eventual brote generalizado de totalitarismo. Hemos abogado por un encuentro de culturas, por un respeto a la pluralidad y a la diversidad. Sólo con tecnología no se puede, aunque la usemos para el bien del conocimiento y como una oportunidad única de aprender a respetarnos por el saber que adquiramos del otro.

III

Escasean los inventores de mundo. Se requieren protagonistas de la visión teórica de la política. Aquí las verdades se han derruido y hay que ir sobre las nuevas formas de la organización social. Lo que preside al mundo es la incredulidad. Los discursos viejos están deslegitimados. Alguien ha hablado de un cielo ahistórico. Si no hay planteamiento filosófico-político emancipatorio en el sentido de dotar al sueño de un corpus de ideas tampoco habrá emancipación de los graves problemas que nos afectan.

Nadie habla de un encierro. La filosofía se hace de teoría y praxis. Hay que desconstruir los viejos paradigmas y realizar los nuevos modelos partiendo de la realidad del hoy. Los que se dedican a cultivar el pasado pierden la capacidad de pensar. Este ser humano inteligente está por alzarse del envoltorio terrestre hacia la búsqueda de una nueva casa y debe reorganizarse hacia la aparición de un nuevo orden social. El que no se de cuenta que ha terminado una época jamás estará en condiciones de iniciar otra. El fracaso de las ideologías se debió al intento totalitario de envolver la historia, la naturaleza y la vida. Debemos hacernos de un pragmatismo atento a las incitaciones del presente y a los desafíos de las circunstancias teniendo en la mano las respuestas de una filosofía política renovada. El amontonamiento de hechos y más hechos al que nos fuerza este presente de transición exige pensamiento.

El origen unitario de la vida nos obliga a la concepción de un humanismo global hacia un comunitarismo de entendimiento y aceptación de la diversidad. La diversidad del mundo nos obliga a revalorizar la solidaridad en un gran gesto de conciencia. Tenemos deudas pendientes por saldar: el diálogo intercultural, la admisión y el respeto de las diferencias, la ruptura de los lastres a las viejas formas de organización política. El hombre de este tiempo vive la ruptura con un mundo que se tambalea. Hay que darle respuestas partiendo del principio de que el pensamiento es una forma de realidad.

La teoría política debe, pues, enfrentar al siglo XXI. Quizás el vacío provenga de la aplicación a las ciencias políticas del principio de que aquello que no fuese empíricamente demostrado quedaría fuera de significado. Es menester una pluralidad de ángulos de visión que la urgencia de encontrar una certidumbre sepultó. Ya no se requiere un corpus homogéneo, lo que se requiere es un intercambio fluido y permanente de diversas comprensiones. Algunos hablan de ofrecer no una mirada sistemática sino sintomática. Hablamos sobre una realidad, no sobre la inmortalidad del cangrejo. Es lo que otros denominan la teorización de la política y la politización de la teoría. Por ello hablamos de los problemas del mundo.

Tiene que haber una relación entre la teoría política y el funcionamiento de las democracias, hay que darle una respuesta común a las exigencias cotidianas de la democracia, por la muy sencilla razón de que la globalización ha tenido un efecto particular: todos los hombres, en buena medida, se están enfrentado a los mismos problemas, lo que para nada lleva al olvido de las particularidades, las que, por el contrario, se hacen manifiestas al pedir políticas de reconocimiento.

Sin pensamiento democrático renovado la tendencia será fuerte al enfrentamiento y al totalitarismo.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Entrevista con el escritor Jorge Majfud





Ismael Alonso (*)

“Una sociedad no se define como desarrollada por la riqueza que tiene sino por la pobreza que no tiene”.


IA: Sería repetido comenzar diciendo que el mundo ha cambiado de forma drástica en los últimos años. Pero considerando estos cambios, ¿cómo ve el devenir mundial en las próximas décadas?

JM: ¿Asumo que te refieres al aspecto económico, no?

IA: Sí.

JM: Claro. Hoy en día nadie habla de otra cosa que de economía y de producto bruto interno. Pero voy a tu pregunta. A fines del siglo pasado muchos pensábamos que el próximo siglo debía ser chino, ya que el gigante estaba despertando. Lo que no habían logrado los imperios europeos en el siglo XIX, ni Japón ni el maoísmo en el siglo XX, lo iba a lograr el capitalismo en el siglo XXI. Es cierto que el optimismo de que “el siglo XXI va a ser de América latina” también se había vuelto un lugar común entre aquellos que alertábamos del engaño del exitismo neoliberal de los noventa, su cercano fracaso y el arribo de la gran crisis del sistema de aquel momento. Publicamos mucho sobre eso…

IA: Resultó que estaban en lo cierto.

JM: Bueno, toda predicción es en parte engañosa y en parte verdad. No es solo que uno acierta y se equivoca cuando hace predicciones; también la realidad se equivoca con frecuencia.

IA: Pero es claro que el mundo está cambiando de una forma impensada.

JM: No hay duda de que China será la principal economía de este siglo, pero el optimismo es engañoso también. Tal vez porque soy por naturaleza contra o desconfiado, prefiero hablar de “exageraciones del momento”. Que China sea la mayor economía del mundo con una población de 1.300 millones no significa mucho para la mayoría de su población. Significa mucho para los miedos occidentales, para el fin de la “pax americana”, que muchas veces de “pax” ha tenido poco, muy poco o nada. Significa el probable reemplazo de una democracia imperial, el estilo de la Atenas de Pericles, por un imperio espartano, como lo sería China si tuviese la hegemonía total. Yo creo que más que equilibrio estamos enfrentando una nueva escalada de tensiones edulcoradas con palabras, como las más recientes de Ben Bernanke en nuestra universidad, de que el desarrollo de los emergentes es bueno para los países desarrollados y viceversa. Suena amistoso, es verdad hasta cierto punto según los mercados, pero a la larga no es creíble si el mundo sigue funcionando como ha funcionado en los últimos treinta mil años. Yo no soy tan optimista. Pero sería saludable que Estados Unidos pierda su hegemonía. Probablemente sería bueno para los norteamericanos y para el resto del mundo también. Además, qué más quieren que el altísimo nivel de vida que tienen aún en plena crisis.

IA: Hay otros países que van a liderar el mundo…

JM: Ojalá que ninguno. Hay demasiada fanfarria, un peligroso triunfalismo hoy en día, ¿no?

IA:¿Qué es lo que tiene Estados Unidos para ofrecer al mundo hoy?

JM: El aspecto que define la actual ventaja estratégica de la cultura norteamericana es su poder de innovación. Siempre criticamos las carencias culturales de su clase media, pero hay que reconocerles una gran fortaleza en su cultura de innovación práctica. Desde los Franklin, los Edison, los Wright, los Bill Gates y los Steve Jobs, pasando por el malquerido Ford, las principales innovaciones que han dado forma a nuestro mundo posmoderno han pasado por allí. Inglaterra, Francia y Alemania dominaron el campo de las innovaciones en el siglo XIX, pero el siglo XX fue un siglo americano y aún hoy sigue en vanguardia en ese aspecto, nos guste o no. China ha derramado mares de dólares sobre sus universidades y aun se lamentan de no obtener resultados. Pienso que los resultados llegarán, pero todavía falta mucho en comparación a su omnipresente industria que cada día multiplica el consumo de basura barata en el mundo.

IA: Internet fue un invento americano.

JM: Claro, es la revolución más reciente. Pero casi toda la revolución digital, de la que se benefician hoy las economías emergentes, ha surgido en algún garaje o en el dormitorio de un estudiante de algún campus norteamericano. Internet, IBM, Microsoft, Yahoo, Google, Hewlett Packard, youtube, hasta las más envenenantes invenciones que tienen enfermo de narcivoyeurismo a medio mundo, como Facebook y Twitter pasando por proyectos menos lucrativos pero más innovadores y democráticos como Wikipedia, etc. La lista es más larga. ¿Nos fastidia a los de afuera o a los que estamos de paso reconocerlo? A muchos sí, pero eso no cambia la realidad. Hoy en día, con la inundación de capitales que el gobierno chino ha hecho en la educación no ha habido avances. En algunos planos ha habido retrocesos. A eso súmele que China, como Japón y gran parte de Europa, son países envejecidos o en un dramático proceso de envejecimiento. Estados Unidos e India son hoy en día las dos grandes potencias con reservas de juventud. Brasil estaría en un sitio intermedio. Y la demografía es esencial en cualquier futurismo. Fue fundamental en el boom norteamericano de mediados y fines del siglo XX y lo es en China e India hasta ahora, sobre todo en base a la revolución digital nacida de la cultura americana y en parte europea, que ha puesto una importante cuota de poder en manos de cada individuo en el rincón más remoto del planeta. China será la mayor potencia en términos globales solo gracias a ese “despertar virtual” de las masas.

IA: ¿Es el caso de Brasil?

JM: Si. Pero su economía todavía es muy pequeña en comparación a China y ni que hablar de Estados Unidos. Por otro lado, su educación, en pleno boom económico, ha decaído en términos relativos. Ya no me refiero a la innovación, sino a la educación tradicional. Imagino que eso tendrá a cambiar, pero por el momento es lo que hay. Muy poco, aunque todo el mundo repite lo contrario. Tal vez con los nuevos petrodólares haya más inversiones para la educación.

IA: ¿Pero es mejor el mundo de hoy?

JM: El Brasil de hoy es mejor porque ha sacado a millones de personas de la pobreza. Lo mismo India. Pero por otro lado estamos pagando el precio de la americanización de culturas no americanas. Hoy hasta los peces hablan de PIBs y todo el éxito gira en torno a esa simplificación de la existencia humana.

IA: ¿Podemos decir que el BRIC es el nuevo bloque desarrollado del mundo?

JM: Solo mientras sirva como propaganda y no surjan los inevitables conflictos de intereses. Además, una sociedad no se define como desarrollada por la riqueza que tiene sino por la pobreza que no tiene. Y en esto los BRICs tienen un camino de varias décadas por delante. La teoria de Deng Xiaoping (la trickle-down theory), base del milagro económico de China en los últimos treinta años, no se diferencia mucho de la de Ronald Reagan y Margaret Thatcher: los pobres se benefician cuando la riqueza desborda hacia los de abajo. Tiene razón Eduardo Galeano cuando dice que China hoy es la combinación de lo peor del comunismo y los peor del capitalismo. Luego debemos analizar más en profundidad qué entendemos por desarrollo. Dentro del marco actual, en el mejor de los casos desarrollo significa “sociedad de consumo y bienestar”. Desde un punto de vista más amplio, desarrollo para mí significa el avance de las libertades humanas, lo que, en el fondo, como lo entendía un marxista indio, Manabendra Roy, creo que en 1959, “freedom is real only as individual freedom”, es decir, al fin de cuentas la libertad es pura abstracción si no se traduce en libertad individual. Si el individuo no es libre cualquier otra libertad, por ejemplo la libertad de los pueblos, es una abstracción. Y una libertad que no sea concreta es como un perfume sin olor. Pero como toda libertad está siempre condicionada por factores externos e internos al individuo, sólo podemos aspirar a la mayor expansión de una “libertad relativa”. Relativa al medio, relativa a otro individuo, relativa a otra sociedad. Y esta libertad es el resultado de factores materiales, psicológicos y espirituales. Hoy en día no se habla de otra cosa que de la libertad material, en el mejor de los casos, ya que no es algo menor. En la mayoría de los casos es simplemente un desborde de testosterona, es decir, la libertad de vencer, de emerger, de sumergir, de sentirme superior al resto que deseo se hunda en términos relativos para satisfacer mi ego. Obviamente eso no es libertad ni para el vencedor. Eso es una perfecta prisión, una ilusión de nuestros tiempos, como la ilusión de estar comunicados por Facebook o alguna otra droga cultural que nos arrastra a la deshumanización en nombre de la libertad o la liberación.

IA: ¿Qué será de Europa y Estados Unidos cuando China domine la economía mundial en pocos años?

JM: Por muchas décadas Estados Unidos seguirá siendo una de las mayores potencias mundiales y por mucho más una de las naciones más desarrolladas en términos económicos. Estratégicamente veo una alianza de Estados Unidos con Europa, dos aéreas geográficas y culturales que todavía se ven como rivales, sobre todo por la puja del euro con el dólar. Pero Europa y Estados unidos comparten algunos valores que se evidenciarán en el sentimiento de su población a medida que China comience a surgir más como una amenaza que como una oportunidad de negocios. Ya dijimos que todavía falta una crisis china, pero de cualquier forma se convertirá en uno de los mayores jugadores en el tablero internacional. Eso nadie ni nada lo va a evitar. Así que, por lo menos, yo veo un progresivo acercamiento entre Estados Unidos y Europa, sobre todo con Inglaterra. A nivel puramente estratégico, las alianzas serán entre el bloque anglosajón, incluyendo Canadá y Australia, con Japón e India. Pero, claro, siempre hay que tener en cuenta que cada vez que el mundo llega a un conceso sobre el futuro de algo, un día el presente se encarga de mostrar lo contrario. No hay sorpresas en la historia pero el futro está lleno de imprevistos. Y los imprevistos sobre todo son importantes porque son imprevistos.

Ismael Alonso
Escritor
Mexico, DF.

Renato Sandoval: "Ahora, estoy por relanzar la Editorial Nido de Cuervos y empiezo a preparar el Primer Festival Internacional de Poesía de Lima"





RENATO SANDOVAL (Lima, 1957) poeta y traductor. Ha publicado, entre otros, los notables libros Nostos, El reves y la fuga y Susuki blues, los cuales han sido incluidos este año en una compilación llamada Trípode.

Ha traducido a Pavese, Rilke, Roberto Paoli, Osamu Dazai, entre otros varios. La mayoría publicados luego en proyecto editorial Nido de cuervos, el que pronto, anuncia, será relanzado.

1) Estimado Renato, quisiera iniciar esta entrevista conversando acerca de tus años universitarios. ¿Con qué poetas o intelectuales compartías aulas? ¿Cómo eran los movimientos poéticos en esos años?

Luego de haber pasado por varias facultades (Derecho, Historia, Filosofía, Antropología en la PUC, y Geología en San Marcos, carreras que casi termino), entre 1979 y 1982 estuve en Literatura en la Católica. Eran tiempos en que aún se realizaban grandes recitales que colmaban las aulas de la Facultad y se editaba revistas que duraban más allá del primer número. Tal es el caso de, por ejemplo, “Calandria”, revista que formé con José Antonio Mazzotti, Milka Rabasa, José Alberto Bravo de Rueda, Eduardo Gargurevich y Fernando Hermoza, y que llegó al sexto número, aunque sin mucha recordación, a decir verdad. En la Facultad estaban, unos entrando, otros ya saliendo, Eduardo Chirinos, Raúl Mendizábal, Lucho Rebaza, Peter Elmore, Roberto Forns, Carlos Schwalb, entre tantos otros. Muchos de ellos se fueron a EEUU y ya no volvieron, cosa que sigue sucediendo hasta hoy día; los menos se quedaron en el Perú, y yo decidí hacer vida de la literatura y me fui a viajar por todo el mundo para tratar de hacer realidad, a como diera lugar, todo lo que había leído. Primero fui marinero en un barco sirio que solía circunnavegar las costas del Mediterráneo, de África Occidental y Oriental, hasta llegar a Goa en la India. Más tarde, recalé en Finlandia, donde, ya en tierra, estudié un doctorado en Filología Románica y, aparte, algunas lenguas orientales. Luego viví un tiempo a caballo entre Lima y Alemania, Italia, Argentina, hasta que volví al Perú definitivamente (es un decir), donde he enseñado en la PUC y también en un colegio. Ahora, estoy por relanzar la Editorial Nido de Cuervos y la revista Fórnix, y empiezo a preparar el Primer Festival Internacional de Poesía de Lima, que está previsto para el próximo octubre y que en su primera edición (será anual) tendrá a más de veinte poetas de primera línea de América y Europa, además de poetas del Perú, incluidos de de lenguas indígenas.

2) ¿Y cuáles eran tus lecturas recurrentes?

En esa época, como hasta el día de hoy, leía de todo; no solo literatura sino también filosofía, historia, política, si bien no tenía método alguno o, para decirlo más exactamente, mis lecturas eran variadas, inconexas y sin orientación. Como sea, creo que nunca he leído con tanta intensidad y durante tantas horas diarias como en mi época universitaria, hasta el punto de que, paradójicamente, casi no asistía a clases por quedarme en casa o en un café leyendo hasta ya no poder más. Recuerdo, incluso, para la incredulidad de no pocos, que por lo menos un par de veces salió sangre de mis ojos por el esfuerzo que hacía. Y es que novelas de cientos o miles de páginas como las de los rusos, alemanes, ingleses, italianos o franceses del siglo XIX solo podía leerlas de un tirón (o dos). Naturalmente, ese ritmo era imposible de mantener en el caso de la poesía, lo que sin embargo no me impedía quedarme hasta altas horas de la noche con poetas a los que hasta ahora vuelvo, y que son los que todos mencionan. Además, ya desde entonces me dio mucha curiosidad por los autores de otras tradiciones literarias que por entonces no se leían tanto, como la nórdica, la eslava, la medieval europea, la medieval y contemporánea japonesa y china, la africana contemporánea en lenguas europeas y, en la última década, la literatura oral, de diversos pueblos aborígenes de América.

3) Cuéntanos un poco de tu recorrido por la poesía. ¿Cómo fue la aventura del primer libro?

Si bien empecé a escribir algo que pretendía ser poesía en mis dos últimos años escolares, no fue sino hasta la facultad en que empecé a sospechar por dónde se llegaba hasta ella. Mucho me ayudó estar siempre con gente de la PUC que tenía los mismos intereses (y pretensiones), como con los poetas de San Marcos (Patricia Alba, Mariella Dreyffus…) con los que solíamos encontrarnos y con los que establecimos una buena amistad y camaradería. Yo trataba de participar en la medida en que mis continuos viajes mochileros como mi proverbial timidez de aquella época me lo permitían. De cualquier modo, creo que recién sentí que “estaba en algo” en 1985, cuando publiqué mi primer libro (Singladuras), con poemas que había escrito una vez salido de la universidad. Hoy, a punto de publicar mi sétimo poemario, considero ese libro y los dos que lo siguieron parte de mi prehistoria poética, lo que no necesariamente significa que abjure de ellos.

4) Sin duda tu libro más celebrado, el cual recibió incluso comentarios elogiosos de J.E. Eielson, Nostos, fue el que más satisfacciones te ha traído. ¿Cuál consideras que es el núcleo de este libro? No sé si “satisfacción” sea el término más apropiado, aunque en varios países latinoamericanos la crítica entendida lo haya saludado calurosamente, o que con su aparición en danés haya sido considerado como el mejor poemario del año publicado en Dinamarca, país que tiene una interesante tradición poética. Lo que sí creo es que para mí fue un punto de inflexión en mi forma de escribir, pues el paso del poema corto y de versos breves a un poema extenso, de largo aliento apoyado en el uso del versículo me permitió, entre otras cosas, liberarme del corsé que limitaba, cortésmente, mi expresión, para dejar correr a raudales no solo mi propia experiencia de la vida, sino también mi experiencia con la poesía, con la tradición occidental que, creo, rezuma entre sus líneas, como real retorno (“nostos”) tanto a lo vivido como a lo leído, procesado y vuelto a vivir. En otras palabras, me parece que en verdad llegué a mí mismo, tras un largo y penoso pero también excitante camino. Solo que, por cierto, llegar a uno mismo, por lo menos en mi caso, no ha sido ningún premio, pues su proceso de escritura me produjo mucho pesar al ir sumergiéndome en lo autobiográfico y, en consecuencia, al revivir, poéticamente, los muchos sucesos críticos y lacerantes que, como a todos, me ha tocado vivir. Por lo mismo, si me preguntas por el núcleo de este libro, yo diría que simplemente es el dolor, la vida como dolor, sin cortapisas ni mitificaciones, sin importar el tiempo ni el lugar.

5) A propósito, conociste a J. E. Eielson. ¿Supiste cuál fue la razón para no desear en sus últimos años de vida realizar el "Nostos" hacia su país?

De Eielson, con quien tuve una muy buena amistad y que es una de las personas a quien más admiro (uso el presente constante), de las muchas cosas que te puedo decir en ese sentido, sé que siempre tuvo deseos de volver al Perú, pero sus múltiples ocupaciones y compromisos hicieron que postergara repetidas veces viajes ya comprometidos a Lima. Por cierto, como muchos, él tenía una relación de amor-odio con nuestro país, lo que no significa que prácticamente toda su obra, escrita o no escrita, esté impregnada de su presencia y que lo siga estando indefinidamente.

6) Siguiendo con poetas cumbres en la poesía peruana, sabemos que tienes un ensayo sobre J. M. Eguren. ¿Qué sitio ocupa, crees tú, en la tradición poética peruana?

No se entendería gran parte de la poesía actual sin Eguren, quien recuperó el misterio, el poder sugestivo, el claroscuro, el temblor que la buena poesía debe tener. En mi libro sobre Eguren (El centinela de fuego) abordo su quehacer desde la perspectiva de Heidegger, en parte como una manera de demostrar que no era ni banal ni inocuo como entonces, y aun ahora, lo creían. A nivel vital, Eguren es de una consecuencia absoluta con su visión purista de la poesía y el arte en general. Yo he hecho mi lema lo que él respondió cuando una vez le preguntaron en qué consistía para él la felicidad: “En vivir un ideal y en morir joven”. En verdad, yo desearía eso para mí.

7) ¿Cuáles crees que son los grandes temas de la poesía peruana? ¿Existirá algún hilo conductor, o quizá varios, entre las diversas generaciones de poetas peruanos?

Se sabe que tanto aquí como en cualquier otro lado, hay corrientes y tendencias, lo mismo que modas o programas, sobre lo cual se ha hablado y discutido hasta el exceso. Independientemente de los estilos particulares que, de hecho, se debe desarrollar, lo que me interesa y aprecio especialmente es la envergadura del proyecto de cada poeta así como la consecuencia que este tenga con su propia propuesta. Solo en el tiempo se apreciará las incongruencias y, de paso, las imposturas. Todo lo demás no tiene la menor importancia.

8) ¿A cuáles poetas peruanos te sientes más cercano?

Eguren, Vallejo y Martín Adán. Además, cierta poesía oral de los pueblos andinos y amazónicos del Perú.

9) Y para finalizar, ¿cuál crees que sea el rumbo de la poesía en un mundo cada vez más tecnológico, más rápido y menos lector?

No creo que la tecnología se oponga necesariamente a la Poesía, que por suerte siempre correrá libre e independiente, ya sea por los cauces habituales de la voz y del papel, o de los infinitos senderos y encrucijadas de bytes y software de esta era digital. En realidad, la tecnología puede potenciar el espíritu de búsqueda innato que tiene la Poesía y que, como sabemos, apunta “siempre a lo Desconocido”.
Cortesía de http://www.ohpalabrasvirgenes.blogspot.com/
Lima, Perú

jueves, 11 de noviembre de 2010

La ausencia de la función imaginante




Teódulo López Meléndez

Hemos tenido grandes avances en la informática, la tecnología espacial o la biología y en una creciente demanda a favor de los derechos de los homosexuales. Desciframiento del mapa genético, celulares con 3G, GPS y WiFi, la manipulación de embriones o la web 2.O, pero la política ha planteado retos que no han sido abordados con pensamiento complejo capaz de trazar coordenadas en este momento de la historia y de la cultura universal. Ha faltado, diría, la razón poética, esto es, la posibilidad de soñar las nuevas formas de organización comunitaria del hombre desde la luz de la conciencia hasta la creación de un cuerpo especular, lo que se llamaría la función imaginante.

La proclamación de la victoria de la técnica, la falta de sentido como nuevo sentido y la prevalencia del pensamiento débil debe ser contrarrestada con el fuerte resurgir del pensamiento. Es una caída vertical que venimos sufriendo desde más allá de esta década que termina en zona oscura. Si el ciudadano de este siglo deja de padecer como víctima y se decide a realizar las nuevas formas son bastantes probables los nuevos surgimientos, en especial en la política y en las ideas que deben envolverla.

Quizás podamos definir a esta sociedad de la primera década del nuevo milenio como una sociedad enmascarada que vive su sojuzgamiento como víctima. Es menester transgredir la oscuridad. Se transgrede en momentos de crisis. Ya Tucídides utilizaba la palabra en la Guerra del Peloponeso. Crisis las ha habido de todos los tipos y de todas las duraciones. Si la palabra crisis cabe se debe a causas endógenas en lo institucional, en lo cultural y en lo político, como lo hemos señalado en ya cinco ensayos donde hemos abordado la lectura del nuevo milenio. Está claro que esta turbulencia del presente es transicional hacia un nuevo mundo, pero el sistema social padece ahora tal sacudimiento que debe conducirnos a desechar componentes y a incorporar las indispensables innovaciones. De esta presente decadencia puede venir el colapso con la reaparición plena del totalitarismo o un renacimiento sobre las nuevas ideas y las nuevas formas políticas. Este es un tiempo de decisión, de empujones que alienten los nuevos caminos.

Los pasados supuestamente enterrados adquieren vitalidad en situaciones como la presente, lo que parecen olvidar los conservadores a ultranza que sólo confían en lo conocido que precisamente nos condujo a este punto. La acumulación de fallas puede conducir a una crisis general que se manifestaría en todos los ángulos, en el conjunto de lo que podríamos llamar la reproducción social, esto, es, lo que se acostumbra llamar ‘crisis mixta”, pero que en la presente década tiene como causa fundamental la política. Las crisis civilizatorias se enfrentan no con retornos sino con saltos hacia adelante. Con rigidez no se superan los marcos civilizacionales agotados. La economía siempre ha sido un factor político, aunque hayamos vivido su imposición por encima de la política, de manera que como concepto político hay que superar un modo de producción y arribar a una economía humana y solidaria. En otras palabras, estamos en un mundo envejecido y no podemos pretender que sólo con la técnica basta para el escape. No es posible la colocación de parches. No podemos responder así a la era de la incertidumbre. Esto es un laberinto fáustico, muy propio de las acciones humanas. Todo determinismo está excluido. No hay una determinación histórica causalista. La disutopía en que estamos envueltos abre las espitas para el pensamiento y las nuevas prácticas sociales. Hay que convencerse de que el pasado ha perdido su función, a no ser el propio de un muestrario de los caminos que nos condujeron hasta la situación presente. Los escenarios a desarrollar deben partir del ahora. Estamos inmersos en un presente que parece eternizarse y al cual debemos administrar una intensa dosis de pragmatismo e ideas. Carecer de estrategias derivadas de un pensamiento en ebullición equivaldría a sujetarlo a la espera del quiebre.

teodulolopezm@yahoo.com
En Twitter: @teodulolopezm

martes, 9 de noviembre de 2010

LA CIVILIZACIÓN DEL TIEMPO






Pablo Paniagua

El tiempo no existe, es una invención del hombre; las cosas suceden, nada más. El tiempo lo abarca todo pero no tiene materia ni sustancia, es un concepto abstracto. Por esta razón decidí vivir sin él y no contabilizar nunca más, ni segundos ni minutos ni horas ni días ni semanas ni meses ni años ni siglos ni eras… Con observar el cielo y las estrellas, la metamorfosis lunar, me sería suficiente, para ver salir el Sol por el Este y ocultarse por el Oeste; así, volvería a mi esencia natural.
Fue cierto día cuando me dio por pensar en estas cosas, y todo como consecuencia de un acto fortuito. Estaba caminando por la ciudad y de repente hubo un apagón. Era de noche y las calles se quedaron a oscuras, bajo la ocasional luminiscencia vehicular que palpitaba por las arterias de asfalto. Aunque eso, sin embargo, no fue lo que llamó mi atención, ni siquiera el sonido de las alarmas que aullaban molestamente con su intermitencia rompiendo toda armonía, pues sobre mi cabeza, por encima de los altos edificios, pude ver un cielo estrellado que me sorprendió con la magnitud de su belleza. Entonces, me pregunté: “¿Cuánto hacía que no me paraba a mirar el cielo como si fuera un paisaje?” “Años”, fue la respuesta.

Ahora las personas viven separadas de sus orígenes y ya no alzan la vista al cielo para ver las estrellas, ya no saben lo que es respirar un aire limpio y transparente, vivir en armonía con la naturaleza, con su esencia, con lo inmanente que palpita en toda la creación. Hoy el tiempo lo contabiliza todo y es el símbolo de la escisión del hombre con su entorno. Pero en un principio, cuando aún no se había inventado, las cosas sucedían porque sí, no se buscaba una explicación del acontecer por el espacio, era lo normal, y el transcurso del día a la noche y viceversa, los ciclos estacionales y demás ordenamientos planetarios no necesitaban ser desentrañados. ¿Qué somos ahora que inventamos el tiempo? ¿Hacia dónde caminamos bajo su influencia?

La respuesta es simple: “La especie humana, desde entonces, se comporta como una verdadera plaga pretendiendo acabar con lo que le rodea.”

“Yo no seré cómplice de esta barbarie y abandonaré la civilización del tiempo”, me dije; y al mirar mi brazo izquierdo puede ver en él, rodeando la muñeca, un reloj suizo de un valor aproximado de trescientos cincuenta euros. Rápido me lo quité, con la intención de librarme de su dominio, y por un instante pensé en regalárselo a la primera persona que pasara por mi lado, pero luego recapacité y concluí no hacer semejante daño al prójimo, y acabé arrojándolo por una alcantarilla. He de admitir que en un primer momento me sentí aliviado, pero enseguida tomé conciencia de la responsabilidad de mi decisión y de que tirar el reloj no bastaría para superar el nefasto influjo del tiempo. En consecuencia, al día siguiente, y tratando ser lo más congruente posible, decidí despedirme de la empresa donde trabajaba como ejecutivo, con un sueldo de cinco mil euros mensuales, además de dejar mi bonita casa con jardín, totalmente equipada, aunque con una hipoteca pagadera a treinta años (ahí quedaba el sueño que ya quisieran muchos, un modo de vida generalizado construido bajo las leyes del tiempo). Tomé la precaución, como es de suponer, de sacar todo mi dinero del banco, para así pegarle un literal y definitivo corte de mangas a toda mi existencia anterior. Muchos eran los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los años, que había vivido bajo la perspectiva y la sumisión de un sistema ficticio, algo tan artificioso como el valor de todos aquellos papeles de colores a los que se les asigna una cantidad, un dinero tan falso como la materia del tiempo, un engaño para que el hombre siga oprimiendo a sus semejantes. Nadie se da cuenta de esto y por tanto nadie hace nada, y el balido de toda la Humanidad resuena en los ecos de su ignorancia: ¡Beee, beee, beee, beee, beee…!

El siguiente paso, dentro de mis planes, fue comprar un par de cabras y unas gallinas, para luego tomar rumbo, con unos cuantos enseres más que metí dentro de una mochila, hacia las montañas del norte de mi ciudad. A un lado de la carretera abandoné el automóvil, no sin antes prenderle fuego con los quince mil y pico euros que ya no necesitaba. Total, me quedaban tres años de letras para terminar de pagarlo (ya valores, en tiempo y cantidad, sin ningún sentido), y ardió soltando al aire la tremenda humareda de su impagable deuda. Casi me dieron ganas de proferir una carcajada, pero me limité a pegarle otro literal corte de mangas al último vestigio de mi vida: un BMW último modelo ahora envuelto en llamas. Y ahí lo dejé, entre el crujir y las chispas de su combustión, cuando por un camino de tierra me interné con mis dos cabras y mis gallinas, y con la mochila a la espalda.

No tardé en llegar, tras un tiempo ahora impreciso e inmedible, hasta las faldas de un pequeño cerro por donde discurría un arroyo haciendo eses entre rocas, zarzas de mora y otro tipo de vegetación que desconozco, salvo las matas de orégano y tomillo que se extendían por ahí. Grandes grupos de rocas graníticas se amontonaban, como si se hubieran desprendido desde lo alto de la montaña, formando a su antojo un paisaje singular entre el verdor de la hierba y el azul de un cielo inmaculado. Respiré hondo, para llenar mis pulmones con el aroma de la naturaleza, y al exhalar supe que por mi boca salían los últimos segundos de un tiempo ya extinguido. Por fin me sentía totalmente libre, con las dos cabras y las gallinas, envuelto por aquel paraje que ahora sería mi nuevo hogar. Busqué una gruta y no tardé en encontrarla, lugar idóneo para protegerme de las inclemencias del clima, y allí me instalé de lo más feliz con mis pocas pertenencias. Até las cabras a un árbol, y con unas cuantas piedras, unas ramas y una tela de alambre, construí un corralito para las gallinas.

Aquel día, sentado en la entrada de mi gruta, en lo alto, pude ver cómo el sol cubría el mundo de naranja. Luego, no tardaron en aparecer las estrellas, con una Luna diminuta que era como un arañazo en el cielo, mientras los grillos cantaban desde su escondrijo a la noche de verano. Me tumbé con la espalda reposando sobre la piedra, para ver el mapa celeste que centelleaba en toda su amplitud, y me di cuenta de que allí estaba Dios arropándome con su abrazo.

Fue poco lo que tardé en acostumbrarme a los nuevos quehaceres, a mi nueva rutina, como lavarme por la mañana en el riachuelo, alimentar a los animales, procurar los alimentos y dedicarme a observar complacido la naturaleza. Me sentía totalmente limpio, puro como el aire que ahora respiraba, viendo salir el Sol por las mañanas y ocultarse por las noches, dándome perfecta cuenta, también, de la evolución lunar. Ahora podía escuchar el lenguaje de la naturaleza, el susurro de la brisa y el grito del viento, diciéndome cosas que se dejaban intuir, cuando ante mi vista cada mínimo detalle adquiría un significado concluyente, pues lo que me rodeaba era partícipe de una esencia compartida. Todo esto, concluí, era lo que me había robado mi antigua civilización, lo que ahora suponía mi mayor tesoro.

Y así fue pasando el tiempo sin tiempo, sin mayor novedad, hasta que al final del verano apareció un grupo de muchachos, todos montados en bicicletas y al alboroto del griterío del que eran partícipes. Traté de esconderme para que no me vieran, pero todo intento fue inútil, pues casi llegaron hasta la puerta de mi refugio y los tuve que echar de allí con los mismos gritos que ellos expresaban. Su reacción fue, además de los insultos, lanzarme todo tipo de piedras (munición por ahí más que abundante), entre las risotadas que se concedían a costa de burlarse de mi presencia. No pude más que taparme los oídos y esperar a que se fueran, ya cuando el Sol estaba a punto de ocultarse. Entonces me invadió una sensación extraña, de como si me hubieran desprovisto de algo sustancial, quizá la tranquilidad, mi recién conquistada armonía con el mundo, y sentí algo parecido al miedo, un mal presentimiento.

Al día siguiente, cuando el Sol ya estaba en su cenit, regresó el grupo de muchachos, con sus bicicletas y sus gritos, pero esta vez en mayor número. Rápido empezaron con su deleznable estrategia de lanzar, hacia el lugar donde me encontraba, toda arma arrojadiza al compás de risas e insultos. Aguanté como pude, lanzando más de una piedra, hasta que por suerte logré descalabrar al que los comandaba. Entonces me serví de celebrar la victoria envuelto en alaridos y corriendo hacia ellos, de tal modo que su reacción fue la de agarrar las bicicletas y huir pedaleando a toda prisa, dejando una polvareda tras de sí. Esta vez sentí la satisfacción por defender aquello en lo que creía, por expulsar a los futuros vasallos y ya integrantes de la civilización de tiempo, y disfruté con una sonrisa la puesta del Sol y el resurgir de las estrellas.

Pasé dos días bastante tranquilo, con la rutina acostumbrada de ordeñar las cabras, recoger los huevos puestos por las gallinas, rebuscar algún que otro tubérculo silvestre, cazar saltamontes para el aperitivo, con el baño en el río y el retozar bajo la sombra de algún árbol, entre el canto de los pájaros y el sonido de las hojas movidas por la brisa, hasta que a lo lejos divisé varios vehículos acercándose. Rápido corrí hacia mi refugio, para agazaparme detrás de una roca y observar a los intrusos que cada vez estaban más cerca. Pararon en el rellano de antes de iniciar la leve subida al cerro, a unos cincuenta pasos de distancia, cuando ya podía distinguir al grupo de niños rezagados en bicicleta. El corazón lo sentía ligero y la inquietud me dominaba, de tan sólo pensar en que yo era el objeto de tal expedición de reconocimiento. De los coches bajaron algunas personas, en su mayoría pertrechadas con cámaras fotográficas, que no dudaron en mirar y caminar hacia donde un chiquillo les indicó. El dilema era el siguiente: huir o enfrentarme a ellos. Me decidí por lo segundo, y no vacilé en subirme a una roca para gritar: “¡Por favor, déjenme en paz! ¡Sólo quiero vivir tranquilo!”; y así lo repetí en varias ocasiones, de una manera no ofensiva pero a la vez con cierta determinación. Y el resultado fue que no siguieron avanzando, pero, en cambio, me enfocaron con los objetivos de sus cámaras fotográficas y teléfonos móviles, para tomar un registro visual de lo que para ellos suponía un insólito acontecimiento. Los niños de las bicicletas, que ahora parecían más silenciosos, se juntaron con los mayores. Esta vez, por lo menos, no se repetiría el acoso de pedradas e insultos, pues en ningún momento consideré que mi integridad física pudiera correr algún riesgo, a pesar de presentir que el mundo se quebraba bajo los pies. Seguí repitiendo mi reclamo hasta que, después de un rato, igual que habían llegado se fueron, primero los adultos en los coches y los niños dando pedaleadas por detrás.

Aquella tarde recibí la noche sin ver ocultarse el Sol, pues el horizonte estaba lleno de oscuros nubarrones. Más tarde tampoco pude observar el cielo nocturno, porque las espesas nubes cubrieron todas las estrellas y la Luna sólo se dejaba percibir por un halo tenue y difuso. La preocupación me asaltó para dar paso al insomnio y a un sinfín de pensamientos negativos que, a su vez, me conducían directo hacia las esferas de la obsesión, en una dinámica retroalimentada por sí misma buscando una salida sin retorno, como una espiral que ansiaba buscar el infinito. “Ya nada sería igual”, pensé, como más tarde así sucedió.

Día a día, y de manera creciente, todo cambió respecto a mi relación con los alienados del tiempo y, a fin de cuentas, con mi nuevo proyecto de vida, pues cada vez fue en aumento el número de intrusos y curiosos que se acercaban a los pies de mi refugio, todos provistos de cámaras fotográficas y de vídeo, con la intención evidente de arruinar mi nueva armonía, en algo que interpreté como una lucha contra todo lo que yo ahora representaba. La civilización destructora de la naturaleza, el humano aniquilador, no perdían la oportunidad de enterrar cualquier expresión contraria a las leyes del tiempo que les regía, de acorralar como una animal perseguido y en extinción a quien osara a rebelarse contra la autoridad inmoral de toda una historia plagada de guerras fraticidas. Por eso me negué a marchar a otro lugar, a huir como un cobarde, pues siempre, una y otra vez, volvería a suceder lo mismo. Lo mejor sería aceptar mi destino y luchar por mantener mi independencia frente a los esbirros del tiempo, y dar la vida, si fuera preciso, por mis ideales.

Ahora me sabía un héroe en defensa de todas las especies del planeta, el último vestigio de una razón perdida, cuando a mis pies ya entusiastas multitudes se juntaban para verme como si fuera una atracción de circo. No se hicieron esperar los reporteros de letra impresa y televisión, y ya me imaginé como portada de revistas y tema de noticiarios y otras tertulias destinadas para una audiencia “subnormalizada”. Cuando salía de mi refugio, y me dejaba ver, las gargantas exclamaban asombradas; pero si alguien osaba acercarse demasiado a gritos y pedradas lo alejaba. Ellos, en cambio, me arrojaban piezas de fruta y cacahuates.

Un día, que ahora puedo determinar con exactitud en su fecha, toda mi existencia tomó los derroteros de la incertidumbre, por no haber sido capaz de librarme en su totalidad del predominio de esa cultura del tiempo que lo empapa todo y que, por consiguiente, se volvió a apoderar de mis más preciados pensamientos, pues los estados de ánimo y todo acto ya dependían de la pugna en la que me veía inmerso, y así no me pude contener cuando empujé al camarógrafo de un programa de televisión que tuvo la osadía de llegar hasta la puerta de mi refugio, que luego cayó aparatosamente para romperse el cuello y morir.

Ahora estoy encerrado en una celda, acusado de homicidio imprudencial y otros delitos, mirando los barrotes que me separan del mundo, contando sin remedio los segundos, los minutos, los días, las semanas, los años, para poder recuperar la libertad y siempre bajo la inevitable permanencia del tiempo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Pendencia ricardiana contra el «Método Científico»






«Afirmo que el Método Científico es la conjunción del Empirismo, la reflexión en su derredor y la posterior e inteligible formulación destinada a la trascendencia del conocimiento cuando recién irrumpe»


Por Alberto JIMÉNEZ URE

No es frecuente que un escritor de nuestro tiempo experimente placer con el estudio de la Filosofía, algo que me parece insólito. En el curso del S. XX, por ejemplo, pudimos advertir el profundo respeto y adhesión hacia la disciplina mayor del conocimiento que mostraron: Albert Camus (1913-1960, Nobel 1957), Jean Paul Sartre (1905-1980, Nobel 1964) y Octavio Paz (1914-1998, Nobel 1990). Tres muy notables: pero, hubo más hacedores, tan admirables como los citados, igual seducidos por la «Mater» de la «Inteligencia Antropomórfica». Entre ellos, con efusión menciono a Mario Vargas Llosa (1936, flamante Nobel 2010): un hombre de la «resistencia intelectual» en Ultimomundano, hostigado por la «Cofradía de Petropredadores del Siglo XXI»

En Mérida, una ciudad que ha sido la más hermosa y más anhelada para vivir por intelectuales y artistas de Venezuela, Ricardo Gil Otaiza (1961, un vanguardista que ininterrumpidamente se ha forjado su propio mundo) no temió a la Literatura ni a la Filosofía. Tampoco a la indagación científica, advierto: y de ello ha dejado testimonio mediante su libro intitulado Breve Diccionario de Plantas medicinales (que suscitó polémica periodística).

Ahora, en el 2010, nuestro amigo publica Tiempos complejos/¿Fin del Método Científico? (Edición premiada de la «Asociación de Profesores de la Universidad de Los Andes», Mérida, Venezuela). Leámoslo: «Desde el ámbito científico-académico, el cambio de paradigma trae consigo importantes implicaciones que podrían dar un giro de 180 grados a lo que hasta ahora ha sido el conocimiento científico» (p. 13)

Los «paradigmas» a los cuales se refiere Gil Otaiza son los preceptos, las categorías o aparenciales axiomas que rigen a la Ciencia durante determinado lapso en comunidades específicas. Frente a la cíclica interrogante respecto a qué es la verdad, el filósofo A. I. Ulómov sostuvo: «A lo largo de los siglos, ha imperado el criterio de que la veracidad y la falsedad no son inherentes al pensamiento en cualquier forma: sino, tan sólo en la forma de los juicios» (La Verdad y cómo llegar a su conocimiento. «Ediciones Pueblos Unidos», Buenos Aires, 1976, p. 53)

Al imponer su postura, las reflexiones de Ricardo no son las de quien fallidamente emplea «paralogismos» tras intentar fundar una tesis que presume indiscutible. Su propósito es señalar que los cimientos de la Sabiduría están resquebrajándose. Centra sus lucubraciones en el discurso que propugna lo «Holístico», esa especie de «fenomenología» propia de la percepción postmoderna del Conocimiento Científico: según la cual es menester deducir a partir de la profusión de informaciones de diversa procedencia.

No es difícil entender que, cuando no deviene de Naturaleza, todo suceso humano acaece en virtud de actos ulteriores a complejos procesos psíquicos que los individuos motorizamos. Si es inobjetable que a veces la Naturaleza es la «Reina del Caos», los racionales somos «complejos» y «complicamos». Irremediablemente, propendemos a ello: a profanar las aguas buceando en ellas, siempre desesperados por hallar las causas de la existencia en sus profundidades y sin mirar lo que flota en la superficie (conforme al adagio «In mari multa animalia sunt») (1)

Infiero que algunas de sus afirmaciones pudieran parecer falaces ante el análisis precisamente paradigmático, y transcribiré un ejemplo porque de tan escabrosos asuntos tratan las disquisiciones gilotaizianas: «Que la mente y las manos vayan más allá de lo palpable y lo comprensible para internarse en otras dimensiones que nos permitan ser cada día más universales y, por supuesto, más reales» (Ob. cit. p. 15).

Sería igual lícito refutarlo y aseverar que todo es «real»: en la universalidad y su contrario (Lat. «localis»). No se trata de un «anverso» y «reverso», no: es la existencia, inanimada o no, y el pensamiento que le es inmanente al «homo sapiens» (con probabilidades de trascendencia u ocultación) y no a la «Materia Inerte». Está ahí, palpable o no, empero «idéntica a sí misma», y proseguirá más allá de nuestros sentidos. Aun cuando no nieve donde residamos, ese estado del agua existe: es real, desciende y embellece los paisajes invernales. Si yo experimentase que nieva encima de mi cabeza, mientras permanecen impolutos quienes me rodean, entonces padezco esquizofrenia. El mundo no nació ni extinguirá conmigo, pero en tanto yo no haya escindido me cobijará.

Ricardo Gil Otaiza cuestiona, severamente, la institucionalidad del «Método Científico». Si yo le preguntase de cual «antitésica» manera pudo haberse establecido la más elemental «Metodología Matemática», esa que suma y obtiene un resultado universalmente aceptado, ¿qué me respondería? Si convenimos que la Matemática es una de las ciencias del conocimiento humano, y su ejecución cien por ciento precisa: ¿podría una sencilla resta calificarse como especulación? Él enuncia que «la realidad se hizo compleja, que el método y la experiencia científica lucen disociados de lo globalizado» (Idem, p. 43)

No lo olvidemos, atentos a la propia iconoclasia gilotaiziana: «Él», libertario e intelectualmente apto, pronuncia «su antojo»: y, nosotros, sus lectores, en igualdad de condiciones, tras comulgar con sus creencias o combatiéndolas, somos profesos del «Principio de la Razón Inmutable». Cuando se ignoraba y aun en los tiempos de la «Ilustración», la «Metodología Científica» ha existido fuera de nuestros sentidos porque es parasitaria al Juicio. Sin enfado, aludiré al honorable W. Wallace: «Los métodos científicos procuran eliminar deliberadamente el punto de vista individual del científico, y están concebidos como reglas que permiten adecuarse a versiones específicas del mundo. Distinción, en suma, entre el productor de un enunciado y el procedimiento por el cual es producido» (The Logic of Sciencie in Sociology. Aldhine Atherton, Chicago, 1971, p. 11).

Concedo y celebro que sea difícil oponerse a la conjetura ricardiana según la cual «como hombres y mujeres que caminamos entre dos siglos, entre dos mundos, nos corresponde aprender a vivir con la incertidumbre» (Ibídem, p. 130). Y, por tal causa, añado, la pendencia de Gil Otaiza en perjuicio del «Método Científico» es situacional. Así lo escruto, así lo comprendo, así íntimamente lo sentencio legítima la falta de respeto de Gil Otaiza hacia lo paradigmático: ello a pesar de colocarme, similar a los pontífices, en un «pedestal» para someter su compendio a las inclemencias de la crítica filosófica.

Nota.-
(1) En el mar pululan los animales (Lat.)
[*] Universidad de Los Andes (jimenezure@hotmail.com/albertjure2009@gmail.com)

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Poemario "De la Nostalgia"de Antonio Pérez Carmona




DE LA NOSTALGIA

Antonio Pérez Carmona


DE LA NOSTALGIA

Una existencia en el oleaje, tal la del náufrago que va empalmando sus brazadas en el aire, asido a las ramas de la infancia, de la juventud y la madurez, trepidado por los ecos de las cosas, seres y paisajes desdibujados, olorosos a tristeza, conforma esta atmósfera que invita, a través de un estilo cristalinamente descriptivo, a sumergirse en ese mundo lírico, pero no por ello menos brumoso y angustiado, que es el De la nostalgia.

Poesía ésta, la de Antonio Pérez Carmona, nacida de su soledad y de los elementos vivenciales como un enfrentamiento a la vida para esculpir el mensaje, nada órfico ni onírico, sino profundamente personal en lo circundante, triturado lentamente por la melancolía y la muerte.

En un lenguaje alado y denso a la vez, el poeta va englobando o tejiendo el levantamiento catastral de los aluviones que a ras de su niñez hasta hoy, están depositados en su memoria, en las concavidades misteriosas de su ser.

Y desde los bosques, el pozo, la noche, el contacto estremecedor con la pequeña ciudad, el conocimiento trágico de los grandes poetas y las oraciones a los amigos fugados al inmenso reino, se respira en este hermoso libro, una especie de vaho luctuoso, que como las fragancias nocturnas, aprisiona al lector.

Seguros estamos del magnífico reconocimiento que en el ámbito nacional obtendrá de parte de la crítica calificada, esta bella y auténtica obra poética De la nostalgia.

Dámaso Ogaz (1983)




De la nostalgia, del poeta Don Antonio Pérez Carmona

Al “huésped más puro y silencioso”

De la nostalgia es un libro profundo y conmovedor, donde las imágenes del pasado y el presente se funden para proyectar una visión integradora del mundo del poeta. En esa visión vemos su infancia resplandeciente y su adolescencia clara y nostálgica. Una nostalgia causada por la contemplación y reflexión de la vida, pues el poeta no se aparta nunca del recuerdo de familiares y amigos, ni del paisaje de su pueblo, ni de la flora y la fauna, ni de la noble convivencia cotidiana que enaltece de humanidad su obra poética. Llama la atención el sentimiento que subyace en cada palabra, el tratamiento de los temas y motivos que configuran la estructura total del libro. Con un lenguaje impregnado siempre de un intenso lirismo, Pérez Carmona nos muestra el camino más exacto para llegar al alma de las cosas: el amor como un oleaje relampagueante, la familia, los hijos, los amigos y las experiencias de la vida matizadas por una mirada amorosa y nostálgica. De esa nostalgia le llega como un manotazo terrible el sentimiento de la muerte y en la espesura del tiempo siente la silenciosa presencia de otros poetas (Keats, Shelley, Novalis, Verlaine, Baudelaire, Poe) como si fueran acompañantes en la continuidad de su poesía: “Somos los hombres que echamos una mirada al pasado, / allí donde el oleaje escribió bellas historias, / allí donde el corazón fue amor, paz; / donde únicamente hubo ternura para conquistar el mundo”, nos dice.

Y es que lo que hallamos en la poesía de Pérez Carmona es el hallazgo de un lenguaje que trasforma nuestra percepción del mundo y de la vida; el sentimiento de una expresión poética que deja en los ojos el permanente asombro que nace de lo más hondo del espíritu como aquel “himno gigante y extraño” que quería Bécquer que fuera la poesía.

De la nostalgia representa la imagen de ese himno que transforma nuestra manera de sentir la realidad y en cuya esencia la vida del poeta resplandece igual que “esa frágil ave del paraíso” que va por el cielo de sus versos.

David Cortés Cabán
Nueva Cork, 22 de marzo del 2007



I PARTE

DE LA NOSTALGIA


“Los dioses destinaron a los míseros mortales
a vivir en la tristeza”.

La Ilíada. Canto XXIV




AQUELLOS DÍAS LEJANOS

A Heberto, Nelson
y Alfredo Pérez Carmona,
mis hermanos


I

Henos aquí, hermanos del alba y del ocaso, donde flota el amor y el dolor, la luz y el llanto.
Henos aquí, en este tránsito hermoso y terrible donde la aurora se besa con la noche para proclamar la historia efímera del hombre.
Porque si grito al mundo mi canto, que yo poeta, solitario y dionisíaco, creo
que es de maravilla, no estoy sino asistiendo como actor a una farsa para
imponer la belleza a golpe de herida lacerante.
Traigo a vosotros un teatro cincelado en imágenes, con arabescos fastuosos,
máscaras y escenarios ridículos.
Es ella una pieza fascinante, pero triste como la partida de la madre y de la
amada.
Sin embargo hablaré en este primer acto de cosas dulces, de recuerdos frágiles,
para no destruir la esperanza y las rutas del ensueño de quienes adoran al planeta tierra.
Porque yo poeta, cantor y dionisíaco, tiro a la oscuridad, a lo remoto, la
muerte y la soledad, enarbolando las banderas del amor, de la nostalgia y la
victoria.


II
Ignoro el espectáculo del día cuando eclosioné en fruto
y mis padres me inscribieron en el correr de los años para darme arquitectura
material.
Hubo el festejo solemne: un brindis tan semejante al del ciego que recobra la
luz para quedar deslumbrado ante el paisaje matutino.
De esa historia nada sé, pero posiblemente armé una fábula de sonrisas, de
besos, de gritos y jolgorios.
Mi madre campesina y mi padre desbocado juntáronse en viejas tradiciones
para colocarme un nombre totalmente contrapuesto a mis futuros devaneos
anárquicos y báquicos.
Confieso que nunca he tenido rencor contra ellos, y ni el fuego y ni las
cascadas de mi espíritu, han tocado los límites de esa amable pureza.
Sentí los primeros encantos en sus manos y sus voces, y de pronto se me abrió
el mundo de la infancia, convite de pájaros y albercas, de mariposas y
“caballitos del diablo”.
Había un jardín silvestre y un bello “pan de año”, un pozo donde minúsculos
peces jugaban al amor.
Una senda abierta que concluía en la casa de La Viuda, quien nos
alimentaba con pomarrosas y dulce de toronja.
Extraña estampa donde la soledad cantaba la oración más triste.
Por eso cuando furiosamente aniquilado por la angustia, me cruzo en un patio
de malabares y jazmines, siento un horrible palpitar hacia los años idos.
Y me pregunto: ¿Dónde estará el plato decorado con lotos y mujeres japonesas?
Y escucho el llanto y las palabras de la niña que hablaban del padre moribundo.
Fue el encuentro inicial con la nostalgia y el manto de la lluvia.
Ah infancia, maravillosa y encantadora infancia, únicamente empapada por
esas gotas de vinagre.
Infancia que murió en un viaje neblinoso, en un camino inmensamente
melancólico.


III
Mi abuelo tenía los ojos azules y narraba que había venido de un lejano país.
En las tardes color vino me tomaba entre sus piernas y dejaba escapar sus
risueñas historias.
Una noche enmudeció y me llevaron a besar su rostro, pero no vi su mirada
bondadosa.
Después tocole ese extraño viaje a mi hermana que tenía los cabellos de trigo.
Y les advierto, hermanos del alba y el ocaso, que siendo niño tuve grandes
deseos de morir.
¿Habéis visto acaso un niño macerado en el dolor?
Y esta fue la primera herida de mi infancia, y ella continúa presente en una
nave gris que designan nostalgia.
Barca de pájaros jumíes, sin bosques ni albercas, ni narcisos ni perfumes.
Gigantesca catedral de música y oraciones lacrimosas,
de altares pintados con mi sangre,
de cuerpos y memorias perdidos en el vacío.


IV
Después vino el hallazgo de la ciudad.
Mi madre absorta, hundida entre el humo y los falsos sortilegios
y yo descubriendo los colores de exóticas naciones en libros arbitrarios.
Atrás habían quedado el musgo y las cigarras, los azulejos y las brujas,
que no obstante aparecían en las lluvias y relámpagos de junio.
Pero yo, ingenuo adolescente, iba transitando otros reinos, otros ámbitos.
Conocí, por ejemplo, en la margen del río, las flores del sexo
y fui ángel y lobo en esas ceremonias de espumas, alcoholes y manzanas.


V
Hubo la cita en el invierno y me presentaron a los héroes.
Vi a Alejandro, hermoso príncipe de veintiún años, conquistando toda Persia.
Vi las más bellas mujeres rasgándose las vestimentas de tul en una danza de la maravilla y la poesía.
Pero el hijo de Filipo díjome que era infeliz.
Y hablé con César y éste me confesó su soledad.
Napoleón, ebrio de amargura en Santa Elena, negose a narrarme sus victorias y su gloria.
Y al fin, cortando las espesas nubes, divisé a Bolívar.
Y a gritos que estallaban en el cielo, le exigí el relato de lo eterno.
Y Bolívar, mi padre, con tono melancólico, expresó: Mirad mis ojos tristes
porque los hombres jamás aprenden la lección de la vida.
Y desapareció, fragmentándose en espejo de colores.


VI
Este es el primer acto del teatro innavegable,
porque bien podría abrir las cortinas con la presencia de la muerte.
Pero hace un tiempo exquisito, intervalo no apto para cadáveres y fantasmas.